Albanos pobres que acogieron a kosovares desplazados

Beryl Nicholson

Al menos una aldea de Albania preferiría no repetir la experiencia de acoger a kosovares desplazados.

Un día del año 2001 visité a una exvecina en Albania en su pequeña casa de dos habitaciones.

Su álbum de fotografías familiares incluía imágenes de la familia de kosovares[1] que habían acogido después de ser expulsados de Kosova a finales de marzo de 1999. Cada una de las familias de cuatro integrantes había logrado entrar en una pequeña habitación, y compartían el único fregadero y grifo de la diminuta cocina y el baño primitivo fuera de la casa. Era difícil imaginar cómo habían vivido de esa manera durante dos meses.

Los kosovares que llegaron en 1999 que tenían parientes de los que se habían separado durante la era comunista en Albania se quedaron con ellos, pero la mayoría recibió acogida de personas que no conocían, como en el caso de mi vecina. La hospitalidad, sobre todo cuando se demuestra a extraños, es el principio más importante del derecho consuetudinario no escrito de Albania y su mayor virtud. Es una articulación de lo que se considera digno y correcto, algo que mide la reputación de una familia y, no menos importante, algo con lo que se miden ellos mismos.

Tras la llegada y durante un día o dos, los anfitriones atenderán a sus huéspedes, aunque las mujeres ayudarán con las tareas. Luego, se llega a algún tipo de acuerdo acerca de cómo los invitados contribuirán con la casa. En el pasado, cuando los desconocidos que estaban de paso se albergaban en una casa privada porque no había ninguna posada en las proximidades, pagaban como si se tratara de una. Asimismo, es posible que se espere que los extraños paguen su estadía, ya que se considera justo que contribuyan con los gastos si tienen las posibilidades. En general, los kosovares se encontraban en mejores circunstancias económicas que sus anfitriones albaneses, en especial aquellos que recibían remesas de familiares en otros lugares. Sin embargo, la familia que mi vecina acogió había perdido su fuente de ingresos con la expulsión de Kosova, por lo que ella los alimentó.

Incluso en épocas normales, la familia de mi vecina vivía de forma muy precaria. El esposo tenía un empleo mal remunerado y su pequeño trozo de tierra solo producía heno para alimentar a la vaca que tenían y legumbres y otras verduras para satisfacer sus propias necesidades, pero no para mucho más. Por otra parte, los kosovares llegaron al final del invierno, cuando lo que se había recolectado durante la cosecha del año anterior se estaba agotando.

Cuando a las personas del pueblo se les pidió que acogieran a refugiados, se les hizo entender, según el relato de mi vecina, que recibirían algún tipo de ayuda financiera. ACNUR, la Agencia de la ONU para los refugiados, se había comprometido a pagar la modesta suma de US$ 10 por persona por semana a las familias que acogieran a refugiados como una contribución con sus gastos. Fue un factor que los habitantes tuvieron en cuenta al momento de evaluar si podían hacerlo. Pero el dinero no llegó. Con cada semana que pasaba, la situación financiera de la familia de mi vecina se volvía cada vez más precaria. Tarde o temprano, llegaron a un punto en el que no solo no podían alimentar a sus invitados, sino que tampoco podían alimentar a sus propias familias. Esto se hizo evidente para los huéspedes, que notaron que había menos cantidad de alimento en sus platos. El hecho de creer que causaban dificultades debe haberlos avergonzado. Un día,después de dos meses y sin ningún aviso previo, le informaron a mi vecina que se marchaban. Habían acordado mudarse a la casa de otra familia. Así que se marcharon y, según lo que dijo mi vecina, ni siquiera dijeron "gracias". Eso fue lo que más la hirió. Cuando le pregunté si había recibido el dinero que supuestamente debía estar disponible, susurró "no", y eso también debe haberla lastimado.

El dinero que se pagó como parte del esquema de ACNUR no llegó a las personas a las que estaba destinado hasta junio, cuando la mayoría de los refugiados ya había regresado a Kosova. Algunos pueblos directamente no recibieron nada. Esto sin duda causó más dificultades que lo que valoró la comunidad internacional de ayuda. Es posible que lo que ACNUR vio como algo poco importante fuera una pérdida mayor para las personas afectadas. Después de más de una década, un periódico albanés informó que un pensionista de una aldea de las afueras de la ciudad de Kukës, donde sí se había pagado el dinero prometido mientras que las aldeas de los alrededores no habían recibido nada, se había encargado él mismo de demandar a la Organización de las Naciones Unidas. Era un caso perdido, pero para los aldeanos era algo muy serio.

 

Beryl Nicholson beryl6b@yahoo.co.uk  

Sociólogo e historiador social www.beryl-nicholson.co.uk



[1] Se ha utilizado la ortografía albanesa de Kosova/kosovares tal cual la emplearon todas las personas mencionadas; ahora es la ortografía albanesa oficial para el estado de Kosova y su pueblo.

 

 

RMF 55
Junio 2017

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