Voluntarios y solicitantes de asilo

Serhat Karakayali y J Olaf Kleist

La gente de las comunidades donde han llegado solicitantes de asilo y refugiados les ofrece diversas formas de apoyo ya que los Estados no les han provisto ni siquiera de lo esencial. 

Con el aumento de la cifra de solicitantes de asilo que están llegando a las costas europeas en los últimos años, las instalaciones dedicadas a la recepción y tramitación de procedimientos –especialmente en los primeros países de llegada– a menudo están saturadas. Los solicitantes de asilo se encuentran con infraestructuras insuficientes para su recepción e integración, lo que muchas veces provoca una migración secundaria. Durante años, en las calles de Atenas y en las islas de Lampedusa y Sicilia, en la estación de tren de Milán y en la “Jungla” de Calais, a menudo han tenido que gestionarse ellos mismos.

La percepción a nivel público y político era que las políticas migratorias de esos países, el Sistema Europeo Común de Asilo y el Acuerdo de Dublín habían fracasado. Bruselas, Estrasburgo y muchas capitales no se enfocaban en la situación a nivel local sino en normas y principios para restablecer un sistema de asilo ordenado, lo que obligaba a los países a acatar las normativas existentes o a crear un nuevo sistema.

Mientras tanto, los habitantes de Sicilia ayudaban a continuar su viaje a los solicitantes de asilo dándoles indicaciones, comprándoles billetes de tren o incluso llevándoles en sus vehículos particulares. Los voluntarios que se encontraban en zonas de tránsito conflictivas como Milán, Atenas y Calais ayudaban distribuyendo ropa y alimentos y ofreciendo asesoramiento jurídico o asistencia médica.

Estas colaboraciones por parte de los voluntarios –ciudadanos y no ciudadanos por igual– se produjo en las sombras; los beneficiarios eran, después de todo, considerados básicamente migrantes irregulares. Los habitantes de estos lugares que son testigos de la desesperación y las necesidades de los solicitantes de asilo en sus comunidades se unen cada vez más a los activistas tradicionales. Hubo un caso en particular en el que los solicitantes de asilo y refugiados fueron distribuidos por localidades que no habían recibido contingentes antes y que disponían de pocas infraestructuras y recursos más allá del alojamiento disponible. Sus habitantes se acercaban a donar productos básicos pero también a conocer a los nuevos residentes. Por tanto, los voluntarios se convirtieron sin querer en una fuerza integradora.

Asumir los deberes del Estado

La colaboración de los habitantes de la localidad con los solicitantes de asilo en los barrios se convirtió en un fenómeno muy extendido en Alemania, en cuanto a que un mayor número de solicitantes de asilo significaba que había que encontrar alojamiento para ellos en nuevas ubicaciones, a veces remotas. Las organizaciones que trabajan con refugiados en Alemania estimaron un incremento medio del 70% del interés en realizar voluntariado para los refugiados durante un período de tres años y más de un tercio de los voluntarios funcionaban a través de colectivos e iniciativas organizadas por ellos mismos más que por las ONG establecidas[1]. Esto es distinto a cualquier otro voluntariado. Según muestra nuestro estudio, los voluntarios con refugiados son, predominantemente, mujeres en la veintena o de más de sesenta años y frecuentemente con un trasfondo migrante y no religioso con respecto a la media de la sociedad. Para ellas su compromiso no consiste en el voluntariado en sí sino en ayudar específicamente a los refugiados. Lo que documentamos en nuestro estudio fue el movimiento generalizado de voluntariado para los refugiados que se estaba estableciendo en la sociedad.

En verano de 2015, miles de personas se unieron en las ciudades para ayudar a los solicitantes de asilo ya que los organismos burocráticos eran incapaces de censar, alojar y alimentar a los recién llegados. Las principales tareas de los voluntarios habrían consistido en facilitar las visitas y la comunicación con los funcionarios, traducir y darles clases de idiomas, asesorarles y darles apoyo para que se integrasen. Pero los voluntarios pasaron entonces a donar y distribuir alimentos, ropa y otros productos básicos. La solidaridad y la hospitalidad que la gente ofreció aportaron una dimensión de bienvenida a la recepción de los refugiados que las instituciones estatales no podían ofrecer. Por un lado se trataba de ayudar a los refugiados y por otro suponía relevar al Estado de sus funciones principales; al final los voluntarios tomaban el testigo cuando la burocracia fallaba. A veces las instituciones estatales delegaban intencionadamente en los voluntarios.

Los críticos han advertido de políticas neoliberales para externalizar y delegar en los voluntarios las obligaciones estatales para con los refugiados. A la larga, habrá que definir con mayor precisión su papel. Es importante que éstos no sustituyan al Estado en el cumplimiento de sus obligaciones sino que participen en la acogida de refugiados en su nueva sociedad. Con sus acciones están creando una sociedad civil abierta y que acepta a nuevos miembros. De hecho, muchas de las tareas que los voluntarios realizan cubren elementos esenciales de los procesos de integración de los refugiados.

En 2015, la colaboración civil con los refugiados se había extendido por toda Europa. Los europeos han sido solidarios con los refugiados sin tener en cuenta las fronteras nacionales de un modo que los políticos europeos no han hecho desde hace mucho tiempo. El reto que surge a raíz de este activismo de base es cómo prolongar la solidaridad demostrada más allá de la situación de emergencia que han creado las políticas “arriba-abajo” fallidas. Muchos voluntarios señalan que el apoyo ad hoc que ofrecen adolece de una organización ineficiente. Habría que establecer estructuras efectivas y sostenibles para los voluntarios. Las ONG y empresas pueden aportar experiencia y conocimientos no sólo para reforzar y aumentar las capacidades y la efectividad del voluntariado sino también para adecuarse a las expectativas de todos los implicados.

La Unión Europea podría beneficiarse del movimiento voluntario tanto como los refugiados. Debería financiar las estructuras organizativas pero sin tomar el control de la participación de la sociedad civil. Los Gobiernos llevan mucho tiempo subestimando el amplio potencial de recepción, integración y protección de los refugiados en la sociedad europea. Los Estados europeos deberían seguir el ejemplo de los voluntarios y orientar las políticas para los refugiados hacia las necesidades de los solicitantes de asilo con el fin de hacer posible una sociedad europea “de acogida”.

 

Serhat Karakayali serhat.karakayali@hu-berlin.de

Investigador, Instituto Berlinés de Investigación sobre Migración e Integración, Universidad Humboldt de Berlín www.hu-berlin.de/en?set_language=en

 

J. Olaf Kleist j.olaf.kleist@outlook.com

Investigador adjunto, Centro de Estudios para los Refugiados, Universidad de Oxford www.rsc.ox.ac.uk



[1] De una encuesta a más de 460 voluntarios y más de 70 organizaciones. Karakayali S. and Kleist J. O. (2015) EFA-Studie: Strukturen und Motive der ehrenamtlichen Flüchtlingsarbeit in Deutschland, 1. Forschungsbericht: Ergebnisse einer explorativen Umfrage vom November/Dezember 2014. Berliner Institute für empirische Integrations- und Migrationsforschung, Humboldt-Universität zu Berlin www.bim.hu-berlin.de/media/2015-05-16_EFA-Forschungsbericht_Endfassung.pdf

 

RMF 51
Enero 2016

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