Los refugiados sirios en Uruguay: un tema incómodo

Raquel Rodríguez Camejo

Solo un año después de instaurado el Plan de Reasentamiento de Refugiados Sirios, las familias reasentadas manifestaron la intención de abandonar el país. Las expectativas no se han cumplido.

Uruguay ha sido el primer país de América Latina desde que se inició la guerra en Siria, en reasentar ciudadanos sirios refugiados en el Líbano. Sin embargo, lo que nació en 2014 como un gesto solidario se ha convertido en una incómoda temática para el actual gobierno e instituciones que participaron en el mismo.

En 2006, Uruguay establece la Ley del derecho al refugio y a los refugiados en el país, y en el año 2007 se adhiere al Programa de Reasentamiento Solidario (PRS) regional, contando en la actualidad con más de 400 refugiados y solicitantes de asilo de diferentes países de América Latina, África, Asia y Europa. En 2014 el gobierno uruguayo expresó su voluntad a ACNUR de reasentar hasta 120 refugiados sirios del Líbano, en respuesta a la crisis humanitaria derivada de la guerra en Siria. La duración del programa —conocido como Programa de Reasentamiento de Personas Sirias Refugiadas (PRPSR)— se fijó en dos años (2014-2016), con un  presupuesto de alrededor de dos millones y medio de US dólares. La preselección de familias de refugiados en territorio libanés fue apoyada por el ACNUR, siguiendo la preferencia expresada por el gobierno uruguayo de familias con perfil rural, 60% de menores  en cada familia y al menos un adulto en condiciones de trabajar. Tras ser entrevistados por una delegación uruguaya en Beirut, se seleccionaron cinco familias, con un total de 42 integrantes, de los cuales 33 eran menores de edad.

Si bien no era la primera vez que Uruguay ofrecía reasentamiento a refugiados, fue la primera práctica con un grupo tan numeroso y de características tan diferentes a los refugiados de la región latinoamericana. Debido a ello, se hizo hincapié en dar a conocer, previo a la selección definitiva de las familias, la realidad socio-económica del país y aspectos clave como la obligatoriedad y laicidad del sistema educativo.  El departamento de Antropología Social de la Universidad de la República (UDELAR) colaboró con el PRPSR en la elaboración de material informativo y acompañamiento en el proceso de selección y desde la cátedra de Lengua Árabe se impartieron cursos de idiomas para las personas que participaron en la ejecución del  programa de reasentamiento.

Desde su llegada a Uruguay en octubre de 2014, los refugiados sirios recibieron alojamiento, servicios de traductor, acceso al sistema de salud, inserción en el sistema educativo con apoyo de traductores, capacitación laboral e introducción a la cultura y costumbres uruguayas.  Durante los dos años del programa, se les asignó una vivienda y una mensualidad económica variable dependiendo de la cantidad de hijo/as menores. El gobierno les proporcionó documentos de identidad y de viaje de acuerdo al Estatuto del Refugiado de 1951. Los refugiados sirios reasentados en Uruguay tienen residencia permanente en el país, así como protección legal, física y los mismos derechos civiles, económicos, sociales y culturales que brinda el país a sus ciudadanos.

Expectativas no cumplidas

En septiembre de 2015, las cinco familias reasentadas manifestaron dificultades a la hora de encontrar trabajo, inseguridad (hurtos callejeros), alto costo de vida del país y problemas económicos, aun recibiendo el subsidio monetario estipulado en el programa. Protestaron públicamente y dijeron no abandonar la protesta hasta que el gobierno encontrara una solución a sus reclamos.

“Vamos a morir aquí o en Siria. Aquí morimos porque no tenemos plata (dinero) y en Siria morimos por la guerra”[1].

El representante de PRPSR, Javier Miranda, manifestó: “Creemos que con este plan de acogida ellos pueden hacer una vida digna. El Estado los apoya durante dos años, más no se puede hacer. Que Uruguay es un país caro, es cierto. Es caro. Y las ofertas laborales a las que acceden ellos, son las mismas a las que acceden la mayoría de los uruguayos.”

Los testimonios de las cinco familias reasentadas reflejan su preocupación y desesperación, “Escapamos de la muerte, de la guerra,  y llegamos a la pobreza”. Otra de las quejas generales apunta al “engaño” de parte de las autoridades uruguayas en la información facilitada en el Líbano. “Nos prometieron una vida fácil pero todo es caro [...] vivir pobre es peor que la guerra”. La única salida que ven frente al problema es irse al Líbano o “a cualquier país de Europa”, dónde consideran tendrán una mejor calidad de vida.  Una de las familias intentó viajar al continente europeo pero fue detenida en el aeropuerto de Turquía y deportada a Uruguay.

Aun teniendo en cuenta las dificultades propias de inserción e integración en un país nuevo,  con  idioma y cultura diferente, la adaptación normalmente se consideraría como cuestión de tiempo. Los refugiados sirios provenían de un país en guerra, con lo cual se argumentó que las dificultades que pudiesen encontrar en el país de acogida serían insignificantes con el valor potencial de vivir en paz. Pero, ¿qué significa realmente la paz? ¿Es posible tener paz en un entorno donde uno no puede ganar lo suficiente para llevar una vida digna?

“Lo que hay en Uruguay es paz. Paz es lo que busca todo el mundo, pero si hay paz y no tenés algo para vivir, para mí no es paz. … no hay tranquilidad. Siempre se está pensando, pensando para adelante y así es muy difícil, más difícil que en la guerra.” (Ibrahim Alshebli, refugiado sirio reasentado en Uruguay)

La mayoría de estas familias tenían unas condiciones de vida muy diferentes antes de la guerra en Siria. Negocios propios, ingresos suficientes y bajo costo de vida en un país dónde era posible la manutención de una gran familia con solo un salario. En Uruguay la realidad es distinta. Un alto costo de vida, bajos salarios y dificultades para conseguir trabajo — razones dadas por los refugiados para desear irse— son experimentados diariamente por la población local, quienes se sienten de acuerdo y a la vez reacios a las reclamaciones de los refugiados. El gobierno enfatiza que “…en acuerdo o en desacuerdo, [..] la angustia de las familias no deja de ser legítima y por esto consideramos que esta situación crítica no debe fomentar la estigmatización o discriminación, sino motivarnos a involucrarnos todos por un país integrado”.

¿Cómo medir el éxito o el fracaso?

El PRPSR se planificó en dos etapas: cinco familias al principio, y luego otras siete familias, pero la segunda etapa no se implementó. Fuentes gubernamentales mencionaron las dificultades que tenían los refugiados en la adaptación, inserción laboral y autosuficiencia económica, además de las dificultades propias del PRPSR como experiencia piloto en este ámbito, y la necesidad de hacer una evaluación de resultados del programa antes de reasentar más familias.

El expresidente José Mujica, promotor del PRPSR, señaló el beneficio en la inserción de familias campesinas con muchos hijo/as, que solventaría en parte la población envejecida y escasez de mano de obra rural en el país. La frase de su autoría, “Yo pedí campesinos y me trajeron clase media, relativamente acomodada”, refleja el descontento con la elección de las familias y la conveniencia política en determinado perfil de las mismas[2].   

Hiram Ruiz señala, que el “éxito” o “fracaso” de los programas de reasentamiento debe considerarse desde muchas facetas: el país que lo ofrece, aquellos que lo ejecutan y aquellos que como beneficiarios, lo reciben[3]. El programa uruguayo de reasentamiento fue creado con la intención de apoyar a los afectados por la crisis humanitaria de Siria. Aun cuando algunas de las familias de refugiados quieran abandonar el país, el programa no debería ser calificado de fracaso, ya que ha brindado educación gratuita permanente en todos los niveles educativos y ha facilitado la inserción social, mediante traductores, trabajadores sociales y psicólogos a los refugiados reasentados. No obstante, la generalizada falta de empleo y escasez de recursos económicos para los refugiados sirios reflejan uno de los puntos débiles del PRPSR, que deberían tomarse en cuenta para futuros programas de reasentamiento.

 

Raquel Rodríguez Camejo miraro8@hotmail.com
Periodista https://largocaminoaeuropa.blogspot.com.es



[1] Citas procedentes de El Observador www.elobservador.com.uy y El Universo www.eluniverso.com

[2]  El Observador TV (2015) ‘Los sirios que se quieren ir y el Uruguay imperfecto’ www.elobservadortv.uy/video/5536343-los-sirios-que-se-quieren-ir-y-el-uruguay-imperfecto

[3] Hiram Ruiz (2015) Evaluación de Programas de Reasentamiento en Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, UNHCR www.acnur.org/t3/fileadmin/Documentos/BDL/2016/10252.pdf

 

construyendo sobre una tradición de protección
RMF 56
Octubre 2017

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