Centros juveniles en El Salvador: oferta de alternativas al desplazamiento

Benjamin J Roth

Cada vez más jóvenes se exilian de El Salvador, uno de los países más violentos del mundo, y viajan solos hacia la frontera de EEUU y México. Se han establecido centros juveniles en El Salvador para intentar mejorar las condiciones de sus colonias y animarles a que se queden.

El número de menores no acompañados de El Salvador, Guatemala y Honduras que intenta cruzar la frontera estadounidense ha aumentado de forma drástica en los últimos años, con un crecimiento que va de 2304 personas en 2012 a casi 47 000 en 2016[1]. Muchos dejan sus hogares por la amenaza de la violencia y el miedo a la actividad de las bandas criminales en sus colonias[2]. Es evidente que la política estadounidense debería responder ante esta crisis humanitaria reconociendo las solicitudes legítimas de estos menores de recibir protección como refugiados, pero los esfuerzos de desarrollo internacional deben seguir abordando los factores de expulsión dentro del país. La cuestión es cómo hacerlo efectivo y eficiente.

Hoy en día, en El Salvador, los problemas de pobreza, corrupción, actividad de las bandas criminales, violencia y tráfico de drogas tienen múltiples facetas y están interrelacionados entre sí. La pobreza y el desempleo sirven de caldo de cultivo para el reclutamiento por bandas criminales, que expanden su territorio y hacen que aumenten las tasas de criminalidad[3]. Aunque su larga guerra civil se resolvió hace 25 años, décadas de inestabilidad en El Salvador desde entonces han dado lugar a unas instituciones civiles subdesarrolladas y a un limitado apoyo internacional para la resolución de sus duraderos problemas económicos y sociales.

Los niños y jóvenes de familias con bajos ingresos se ven muy afectados por la calidad de sus comunidades. La violencia en las colonias y la actividad de las bandas criminales les hacen vulnerables y los jóvenes corren mayor riesgo de sufrir abusos policiales. La combinación de estas circunstancias y de las condiciones de la colonia expone a los jóvenes a sufrir victimización, a verse implicados en bandas criminales y a otros peligros que menoscaban su esperanza.

Los centros juveniles en El Salvador

El modelo de centro juvenil es un enfoque basado en la comunidad para prevenir la violencia. Estratégicamente situados en colonias con altos niveles de violencia, los centros —de los que hay más de 160— pretenden crear un espacio seguro en el que los jóvenes puedan jugar, aprender y desarrollarse[4]. Estos acuden a los centros antes o después de clase y reciben ayuda con los deberes, juegan a juegos, asisten a talleres periódicos y participan en muchas otras actividades. Aunque un centro pueda atender a cientos de jóvenes, en general no son espacios grandes; más bien, el modelo se basa en la idea de que el centro debería funcionar como un segundo hogar (su lema es “mi segunda casa”) para los jóvenes a los que atienden. Muchos están situados en pequeñas viviendas con un salón remodelado en el que se han puesto mesas para ayudarles con los deberes y un pequeño patio trasero presidido por una mesa de ping pong.

Cada centro tiene un empleado a tiempo completo —un coordinador, generalmente un miembro de la comunidad que vive en la misma calle— que cuenta con la ayuda de numerosos voluntarios y con un comité asesor formado por líderes de la comunidad y representantes de las instituciones locales claves, especialmente iglesias.

En 2016 llevamos a cabo una evaluación independiente de los centros mediante encuestas en línea con los coordinadores y los jóvenes, visitas a los lugares, grupos de muestra y entrevistas con los administradores de la financiación[5].

La creación del sentimiento de pertenencia

Los jóvenes y los coordinadores que participaron en nuestro estudio temían por su seguridad física. Al 69 % de los jóvenes les preocupaba mucho o algo que alguien les parara por la calle y les amenazara o les hiriese. Un porcentaje similar estaba preocupado por la seguridad de sus familiares. Dado este contexto, el éxito de los centros juveniles radica en su capacidad de ofrecerles un espacio atractivo en el que puedan sentirse seguros. Los jóvenes encuestados manifestaron un fuerte sentimiento de conexión social con su centro, promovido especialmente allí, en parte, por los fuertes lazos sociales entre los coordinadores/voluntarios y los jóvenes. Como explicó uno de ellos: “La atención [que recibo aquí] me hace sentir que soy especial y aquí es donde me dejan decir lo que pienso y siento”. La mayoría de los jóvenes creen que al menos un adulto del centro los conoce lo suficientemente bien como para notar que están lidiando con algo.

Aunque los centros no pretendan disuadir a los jóvenes de migrar, su éxito a la hora de establecer confianza y relaciones —capital social— contribuye a mejorar las condiciones de la colonia, lo que podría hacer que una persona joven decidiera quedarse en lugar de exiliarse.

Formar líderes, crear oportunidades

El liderazgo y la autonomía son importantes para el desarrollo de los jóvenes, en parte porque les empodera para que tomen más iniciativas a la hora de dirigir su propio futuro. El 82 % de los encuestados declaró que están más capacitados para lidiar con sus problemas y retos cuando se les presentan a causa de su implicación en el centro. Dado el nivel de violencia comunitaria y de la actividad de las bandas criminales en sus colonias en combinación con su propia situación económica y las altas tasas de desempleo, cabría esperar que expresaran una visión negativa sobre su futuro. En su lugar, la mayoría indican que sienten que tienen posibilidades y que están relativamente seguros de que pueden definir su futuro. Es importante observar que estos jóvenes atribuyen esta forma de ver las cosas a su implicación en el centro.

Dicha implicación también ha tenido una repercusión tangible en las oportunidades de movilidad social para los jóvenes, unos resultados que pueden paliar los factores de expulsión que les podrían llevar a migrar. El 32 % dijo que había encontrado un trabajo mejor gracias al centro, y el 78 % declaró que le había ayudado a sacar mejores notas en la escuela. Por ejemplo, una joven encuestada dijo que sus deberes le resultaban más fáciles gracias a las destrezas informáticas que había adquirido en el centro. Esta es una contribución significativa a las oportunidades de vida de estos jóvenes y, en última instancia, a la estabilidad de sus familias y colonias. Aunque deberíamos tener cuidado de no exagerar el impacto directo que los centros pueden tener sobre las trayectorias académicas y laborales de los jóvenes hasta que hayamos completado una evaluación más rigurosa de dichas repercusiones, es importante observar que la influencia que tienen sobre estos ámbitos es positiva.

La intervención con los que son más propensos a migrar

Algunos de los jóvenes de estos centros se enfrentan a mayores riesgos que otros, entre ellos, a la involucración en bandas criminales y al abuso de estupefacientes. En comparación con sus homólogos que corren menores riesgos, vemos que los jóvenes que se encuentran más expuestos son significativamente más propensos a planear migrar. El personal del centro a menudo interviene en las vidas de estos jóvenes. Por ejemplo, un coordinador explicó que se había reunido con el líder de una banda criminal local en diversas ocasiones para defender a jóvenes que participaban en las actividades del centro. Esto requirió que fuera hasta una zona de la ciudad que es muy violenta para pedir que un joven del centro fuera liberado de sus lazos con la banda, una petición que podría haber tenido consecuencias mortales para el coordinador. Otros coordinadores compartieron ejemplos similares de cuando intervinieron en la vida de un joven en riesgo. A causa de la complejidad de estas intervenciones, es necesario contar con formación adicional y más recursos para tejer de manera más efectiva la prevención y la intervención en el modelo de centro juvenil.

Expansión y sostenibilidad

El apoyo financiero para los centros difiere de una comunidad a la siguiente pero casi todas ellas reciben financiación de diversas fuentes. USAID ofrece algún apoyo financiero mientras el centro se pone en marcha y cada uno de ellos recibe algún tipo de apoyo del Ayuntamiento. Otras organizaciones basadas en la comunidad ayudan a financiar los centros y asumen algunas otras funciones importantes como el asesoramiento a los coordinadores. Del mismo modo, puede que las iglesias locales no donen mucho dinero pero son fundamentales para el modelo. Como explicó uno de los encuestados, la iglesia local proporciona una “autoridad moral que protege al centro” y le otorga credibilidad a ojos de los padres y de los miembros de la comunidad.

Los centros son sostenibles porque sus costes suelen ser bajos pero por contra el espacio suele ser inadecuado para atender a las grandes cifras de jóvenes o para ofrecer distintos servicios. La demanda excede de la capacidad y muchos jóvenes pidieron que los centros abrieran el fin de semana y también durante la semana.

¿Una alternativa viable?

Nada indica que el aumento de la seguridad fronteriza haya reducido el flujo de menores no acompañados desde el Triángulo Norte de Centroamérica[6] hasta EEUU, y la construcción de vallas fronterizas ha demostrado históricamente ser ineficaz a la hora de disuadir las entradas ilegales. Tras haber enmendado la política de inmigración de EEUU y la práctica para conceder asilo a los jóvenes no acompañados que huyen de la violencia, resulta imperativo que los encargados de la formulación de políticas mejoren su apoyo al desarrollo, la gobernanza y la seguridad en El Salvador, Guatemala y Honduras.

Los centros juveniles de El Salvador, en efecto, no son una solución global al complejo problema de la actividad de las bandas criminales, del tráfico de drogas y de la violencia criminal en la región pero nuestro estudio sugiere que representan una alternativa viable al autoritario enfoque del “puño de acero”—basado en unas tácticas policiales más agresivas y en penas de prisión más largas— que en el pasado se puso a prueba en El Salvador sin éxito. Operan con el apoyo de la comunidad local en la que están integrados, disponen de un modelo que se adapta fácilmente a las necesidades de una localidad determinada y exigen un apoyo mínimo para su mantenimiento. Con recursos adicionales y, junto con una inversión más amplia en infraestructuras y en educación, los centros podrían ser más efectivos a la hora de intervenir en las vidas de un mayor número de jóvenes que están más expuestos y son más proclives a plantearse si el coste de quedarse es mayor que los riesgos de migrar.

Benjamin J Roth rothbj@sc.edu
Profesor adjunto, Universidad de Carolina del Sur www.sc.edu

 


[2] ACNUR (2014) Niños en fuga: Niños no acompañados que huyen de Centroamérica y México y la necesidad de protección internacional www.unhcr.org/56fc27037;

Kennedy E (2014) No Childhood Here: Why Central American Children are Fleeing Their Homes, American Immigration Council www.americanimmigrationcouncil.org/research/no-childhood-here-why-central-american-children-are-fleeing-their-homes

[3] Shifter M (2012) Countering Criminal Violence in Central America, Consejo de Relaciones Exteriores www.cfr.org/americas/countering-criminal-violence-central-america/p27740

[4] Los centros forman parte de unos esfuerzos más amplios respaldados por USAID para prevenir la delincuencia en la región.

[5] Un total de 77 individuos participaron en las entrevistas y los grupos de muestra.

[6] También conocido ahora como el Norte de Centroamérica.

 

construyendo sobre una tradición de protección
RMF 56
Octubre 2017

Contents

Renuncia de responsabilidad
Las opiniones vertidas en los artículos de RMF no reflejan necesariamente la opinión de los editores, del RSC o del IUDESP.
Derecho de copia
Cualquier material de RMF impreso o disponible en línea puede ser reproducido libremente, siempre y cuando se cite la fuente y la página web. Véase www.fmreview.org/es/derechos-de-autor para más detalles.