{"id":40235,"date":"2012-08-14T00:00:00","date_gmt":"2012-08-14T05:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.fmreview.org\/lihemo-2-2\/"},"modified":"2012-08-14T00:00:00","modified_gmt":"2012-08-14T05:00:00","slug":"lihemo-2-2","status":"publish","type":"fmr_content","link":"https:\/\/www.fmreview.org\/ar\/lihemo-2-2\/","title":{"rendered":"J\u00f3venes y separados de sus familias en el Congo oriental"},"content":{"rendered":"<p>Unos 62 ni&ntilde;os y j&oacute;venes de entre 7 y 22 a&ntilde;os, todos separados de sus familias, viven actualmente en una comunidad eclesi&aacute;stica en la localidad de Ango, en el este de la Rep&uacute;blica Democr&aacute;tica del Congo. Algunos viven con familias adoptivas; otros en refugios diminutos que han construido en los terrenos que la iglesia les ha ofrecido. La mayor&iacute;a no han tenido contacto con sus padres desde que se exiliaron. Viven con unos pocos fragmentos de informaci&oacute;n acerca del paradero o el estado de sus familias, que reciben de comerciantes o a trav&eacute;s de comunicaciones de radio de la polic&iacute;a de Ango. &quot;La mayor&iacute;a de nosotros s&oacute;lo recibe informaci&oacute;n cuando un miembro de la familia est&aacute; enfermo o ha fallecido&quot;, dice Patrick, un joven de 18 a&ntilde;os que lleva un a&ntilde;o viviendo en un hogar adoptivo de Ango.<\/p>\n<p>Se estima que a finales de 2011 hab&iacute;a 471.000 desplazados internos en la Provincia Oriental, en el este de la Rep&uacute;blica Democr&aacute;tica del Congo. De ellos, unos 321.000 se hallaban en los distritos del Alto y Bajo-Uele tras haber huido de sus hogares por temor a las atrocidades &ndash;asesinatos, mutilaciones y secuestros &ndash; llevadas a cabo por el Ej&eacute;rcito de Resistencia del Se&ntilde;or (LRA). Han buscado refugio en lugares como la localidad de Ango, que se estima que en la actualidad es hogar de 20.000 personas, 12.000 de las cuales son o han sido desplazados internos. La gran mayor&iacute;a tiene un acceso muy limitado al agua potable, a los alimentos, las semillas para cultivar, al alojamiento o a los cuidados sanitarios. La falta de seguridad, la lejan&iacute;a del lugar y una red de carreteras muy deficiente han dejado a la poblaci&oacute;n residente en Ango marginada de la asistencia humanitaria.<\/p>\n<p>Cuando los j&oacute;venes empezaron a llegar a Ango algunos apenas sab&iacute;an de parientes que vivieran en la zona; para otros, su &uacute;nico contacto era una comunidad eclesi&aacute;stica similar a la que conoc&iacute;an cuando estaban en casa. A trav&eacute;s de la comunidad eclesi&aacute;stica y de las ONG que trabajan all&iacute;, a los j&oacute;venes se les asignaron familias adoptivas, incluso algunas que ya estaban al l&iacute;mite de su capacidad y no pod&iacute;an alimentar a sus propios hijos.<\/p>\n<p>Dada la naturaleza prolongada del conflicto, la reunificaci&oacute;n de sus familias parece improbable. Mientras tanto sus vidas se encuentran en el limbo, en una continua lucha por la supervivencia. Han desarrollado mecanismos para arregl&aacute;rselas, agrup&aacute;ndose con otros j&oacute;venes que se encuentran en similar situaci&oacute;n y ligados a la comunidad eclesi&aacute;stica por una fe compartida, y buscan mentores que les orienten dentro de ella. Los l&iacute;deres de la iglesia les ayudan a resolver disputas e intervienen en su nombre cuando hay tensiones entre ellos o con la comunidad de acogida. Sin embargo, estos l&iacute;deres no est&aacute;n en posici&oacute;n de responsabilizarse totalmente de ellos.<\/p>\n<p>Las familias adoptivas ya ten&iacute;an sus propios hijos y ahora tienen tres o cuatro m&aacute;s, normalmente adolescentes. Adem&aacute;s de la presi&oacute;n de tener que alimentarles, los j&oacute;venes necesitan que alguien les gu&iacute;e y oriente adecuadamente. Patrick dice que su madre adoptiva le trata como si fuera su propio hijo y asegura que &eacute;l sigue en la escuela y que se comporta con decoro. Otros tienen que aprender a comportarse fij&aacute;ndose en quienes les rodean.<\/p>\n<p><em>La joven de 19 a&ntilde;os Anumbue Bipuna presenci&oacute; en 2010 como el LRA asesinaba a su padre y a varias personas m&aacute;s de su pueblo, en Sukadi. Secuestraron a mucha gente y el pueblo fue saqueado por los rebeldes. Ella consigui&oacute; huir hacia el oeste con sus tres hermanos peque&ntilde;os y su prima de tres a&ntilde;os. Cuando llegaron a Ango, a unos 80 kil&oacute;metros de distancia, descubrieron que su madre hab&iacute;a huido por el norte hacia la Rep&uacute;blica Centroafricana. No la han visto desde entonces aunque en unas cuantas ocasiones han conseguido contactar con ella por radio de alta frecuencia.<\/em><\/p>\n<p><em>Como hermana mayor que es, Anumbue se vio obligada a asumir la responsabilidad de sacar adelante a su familia de cinco miembros. No s&oacute;lo es la sustentadora de la familia sino que tambi&eacute;n tiene que impartir disciplina entre los m&aacute;s peque&ntilde;os y supervisar cualquier trabajo que sus hermanos puedan realizar para conseguir unos ingresos extra, todo ello al mismo tiempo que cuida de su prima peque&ntilde;a que ahora la ve como a una madre. Para poder atender tantos frentes abiertos ha tenido que sacrificar sus propias ambiciones y abandonar sus estudios. &quot;Ahora estoy centrada &uacute;nicamente en mis hermanos. No puedo pensar en mi propia formaci&oacute;n; tengo que darles prioridad a ellos&quot;, afirma. &quot;Les ense&ntilde;o a valerse por s&iacute; mismos. Puede que alg&uacute;n d&iacute;a se encuentren solos y necesiten saber c&oacute;mo sobrevivir&quot;.<\/em><\/p>\n<p>Desfavorecidos<\/p>\n<p>La responsabilidad de poner comida sobre la mesa o de pagar la escuela recae de lleno en los j&oacute;venes. Pueden arregl&aacute;rselas para conseguir trabajos de una jornada pero reciben un salario menor por realizar la misma cantidad de horas y tareas que los miembros de las comunidades de acogida y hay mucha competencia para acceder al empleo. Algunos se ven obligados a realizar trabajos duros a cambio de alojamiento y comida, o simplemente las familias de acogida sobrecargadas les piden que se marchen.<\/p>\n<p>Los j&oacute;venes desplazados se ven obligados a asumir responsabilidades propias de los adultos para sobrevivir en las nuevas circunstancias en que se encuentran. La mayor&iacute;a de las oportunidades de trabajo disponibles exigen realizar tareas arduas como la construcci&oacute;n o el cultivo de los campos, lo que evidentemente favorece a los chicos. Las chicas tienen menos opciones laborales y a menudo acaban realizando tareas como fabricar aceite de palma o cortar madera para venderla en el mercado, de forma que no ganan tanto dinero.<\/p>\n<p>Como consecuencia, algunas de las chicas desplazadas est&aacute;n expuestas a la prostituci&oacute;n y a la manipulaci&oacute;n entre la comunidad de desplazados y por parte de los miembros de la familia de acogida. A pesar de las campa&ntilde;as de concienciaci&oacute;n sobre el sexo seguro y los peligros de la prostituci&oacute;n, han adoptado este estilo de vida debido a la falta de fuentes de ingresos alternativas, lo que ha exacerbado el riesgo de sufrir posteriores abusos, embarazos no deseados y matrimonios prematuros.<\/p>\n<p>Oscar Musi Sasa, presidente del comit&eacute; de desplazados internos en Ango, coincide en que a las chicas a menudo se las solicita para el sexo. &quot;He visto a ni&ntilde;as de hasta 12 a&ntilde;os a las que ya se les solicitaba para el sexo. Se les obliga a entregarse a los chicos porque se ha convertido en su modo de sobrevivir&quot;, asegura.<\/p>\n<p>En la zona la tierra se hereda de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n, as&iacute; que hay pocas posibilidades de que las familias de acogida dejen sus tierras como herencia a sus hijos &quot;extranjeros&quot;. Poseer tierras para cultivar proporciona un sentido de identidad y una forma de ganarse la vida. Algunos de los j&oacute;venes que llevan mucho tiempo viviendo entre la comunidad han conseguido que les asignen algunas tierras para cultivar. Sin embargo, el temor a los ataques del LRA implica que la gente sea reacia a desplazarse lejos de la ciudad y eso reduce la cantidad de tierras cultivables. Los desplazados internos a menudo acaban disponiendo de menos campos f&eacute;rtiles. En algunos casos, despu&eacute;s de que algunos hayan conseguido cultivar con &eacute;xito, los miembros de la comunidad de acogida han reclamado la propiedad de la cosecha.<\/p>\n<p>Marginados por la asistencia humanitaria<\/p>\n<p>Aunque unas pocas organizaciones humanitarias asisten a las personas desplazadas en Ango, por ejemplo mediante los servicios gratuitos de salud o ayuda para pagar la tasas escolares, los j&oacute;venes desplazados no son adultos ni est&aacute;n casados y por tanto no re&uacute;nen los criterios de vulnerabilidad establecidos para ser beneficiarios y no se les permite acceder a la distribuci&oacute;n de alimentos o semillas para sembrar.<\/p>\n<p>El territorio del Bajo-Uele es una zona sin seguridad y la mayor&iacute;a de las donaciones son para emergencias m&aacute;s que para el desarrollo, pero estos ni&ntilde;os desplazados necesitan intervenciones que se centren m&aacute;s en el desarrollo que en las emergencias. Aunque los j&oacute;venes se benefician de determinados grados de asistencia humanitaria &mdash; como el acceso a la distribuci&oacute;n de alimentos para quienes viven con familias adoptivas, el acceso a cuidados sanitarios, asistencia psicol&oacute;gica y educaci&oacute;n &mdash; las soluciones de m&aacute;s largo plazo que podr&iacute;an ayudarles a reducir el riesgo de ser sexualmente explotados a la vez que les ofrecer&iacute;an la posibilidad de tener un futuro mejor podr&iacute;an conllevar repercusiones negativas, como un aumento del n&uacute;mero de menores que se separan de forma voluntaria de sus tutores para beneficiarse de dichas intervenciones.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n<p>Aunque sus actuales condiciones de vida parezcan dif&iacute;ciles, creen que la situaci&oacute;n es incluso peor en los campos de refugiados en que se encuentran sus padres en la Rep&uacute;blica Centroafricana. Entre la posibilidad de una reunificaci&oacute;n familiar que les permita reencontrarse con ellos o quedarse en Ango, donde tienen la posibilidad de encontrar trabajo y asistir a la escuela, la mayor&iacute;a prefiere quedarse. &quot;Puede que la vida no sea mejor aqu&iacute; pero sigo estando en mi propio pa&iacute;s. No puedo imaginarme viviendo como refugiado en otro pa&iacute;s&quot;, dice Jean Pierre, un joven de 23 a&ntilde;os.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Este art&iacute;culo se basa en entrevistas con 23 j&oacute;venes desplazados de entre 7 y 22 a&ntilde;os que han sido separados de sus padres. Las opiniones aqu&iacute; vertidas han sido extra&iacute;das de sus comentarios as&iacute; como de los de las familias adoptivas, l&iacute;deres religiosos, el presidente de la comisi&oacute;n de desplazados internos y algunas ONG que trabajan con esta comunidad.<\/em><\/p>\n<p>Gloria Lihemo (<a href=\"mailto:fco-congo@medair.org\">fco-congo@medair.org<\/a>) trabaja como oficial de campo especializada en comunicaciones para Medair (<a href=\"http:\/\/www.medair.org\/\">www.medair.org<\/a>) en la Rep&uacute;blica Democr&aacute;tica del Congo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Unos 62 ni&ntilde;os y j&oacute;venes de entre 7 y 22 a&ntilde;os, todos separados de sus familias, viven actualmente en una comunidad eclesi&aacute;stica en la localidad de Ango, en el este de la Rep&uacute;blica Democr&aacute;tica del Congo. 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