{"id":40239,"date":"2012-08-14T00:00:00","date_gmt":"2012-08-14T05:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.fmreview.org\/dona-2-2\/"},"modified":"2012-08-14T00:00:00","modified_gmt":"2012-08-14T05:00:00","slug":"dona-2-2","status":"publish","type":"fmr_content","link":"https:\/\/www.fmreview.org\/ar\/dona-2-2\/","title":{"rendered":"Ser joven de etnia mixta en Ruanda"},"content":{"rendered":"<p>Muchos j&oacute;venes de etnia mixta crecen bajo la sombra de la guerra y el genocidio. Se enfrentan a muchas decisiones, elecciones y retos. Sus ra&iacute;ces mestizas influyen sobre sus identidades sociales, emociones, amistades, relaciones amorosas y el acceso a los recursos. Est&aacute;n &lsquo;fuera de lugar&rsquo; a muchos niveles: educativo, econ&oacute;mico, social y emocional.<\/p>\n<p>Sin embargo, mientras aprenden a moverse por el complejo panorama social de Ruanda tras el genocidio, en su actitud se hace evidente que eligen qu&eacute; desvelar y qu&eacute; mantener en secreto cuando conocen gente nueva, se unen a clubes deportivos, asisten a la universidad o a una entrevista de trabajo; en su elecci&oacute;n de los amigos y compa&ntilde;eros, a la hora de decidir abandonar su vecindario, su pueblo o su pa&iacute;s e irse a otro lugar donde su complicada historia sea menos relevante; buscan estrategias que minimicen su sufrimiento y se centran en lo que la sociedad valora como la educaci&oacute;n y la familia.<\/p>\n<p>Tanto dentro de Ruanda como fuera, las iniciativas para la reconciliaci&oacute;n a nivel de comunidad ofrecen a estos j&oacute;venes la oportunidad de compartir su sufrimiento, de revelar su sentimiento de aislamiento y controlar la estigmatizaci&oacute;n. La religi&oacute;n y la fe les sirve a muchos para dar sentido al pasado y tener esperanza en el futuro. Las iniciativas para la salud mental tambi&eacute;n les ayudan a expresar sus complejos sentimientos y a trabajar con ellos. En el exilio, las conmemoraciones compartidas para todos los que murieron de forma violenta les ayudan a dignificar la p&eacute;rdida de sus seres queridos.<\/p>\n<p>El genocidio de 1994<\/p>\n<p>Aunque hab&iacute;a muchas familias de etnia mixta, estas no exist&iacute;an oficialmente porque el registro &eacute;tnico se hac&iacute;a al nacer junto con las l&iacute;neas de descendencia patrilineal, lo que significa que los ni&ntilde;os tomaban la etnia del padre. A medida que la violencia se intensific&oacute; a lo largo de los a&ntilde;os noventa se persigui&oacute;, atac&oacute; y oblig&oacute; a exiliarse a los miembros de las familias de etnia mixta para evitar la muerte. Durante los conflictos entre etnias, las familias de etnia mixta se encontraban entre las primeras v&iacute;ctimas de la violencia porque representaban una amenaza para las ideolog&iacute;as divisoras.<\/p>\n<p>A los j&oacute;venes chicos y chicas que crec&iacute;an en familias de etnia mixta donde el padre era hutu (y la madre tutsi) se les consideraba hutus. Por tanto no eran directamente elegidos como objetivos a asesinar pero se les obligaba a elegir entre una de las partes y, a menudo, a participar de la violencia. Como otros j&oacute;venes hutus, a los hombres j&oacute;venes de estas familias se les exig&iacute;a que participaran en controles de carretera y patrullas para identificar, detener, arrestar y matar a los tutsis. Si se negaban les multaban, les obligaban a exiliarse o les asesinaban bajo la acusaci&oacute;n de ser c&oacute;mplices del enemigo. A veces se les obligaba a presenciar la violencia ejercida sobre sus primos o parientes tutsis, incluso sobre sus propias madres, sin que fueran capaces de intervenir. Otras veces arriesgaban sus vidas para proteger a sus seres queridos.<\/p>\n<p>La violaci&oacute;n se utiliza com&uacute;nmente como arma de guerra para &lsquo;diluir&rsquo; la pureza &eacute;tnica del grupo de las v&iacute;ctimas, para humillar a sus mujeres y avergonzar a sus hombres. Los beb&eacute;s nacidos como consecuencia de violaciones durante la guerra se convierten en adultos de etnia mixta que est&aacute;n &lsquo;fuera de lugar&rsquo; en muchos aspectos: crecen sin padre, a menudo la familia de la madre los rechaza, y son estigmatizados por la sociedad.<\/p>\n<p>Durante el genocidio de 1994 se produjeron violaciones por individuos y tambi&eacute;n por parte de bandas; los ni&ntilde;os nacidos de estos encuentros sexuales forzados son ahora adolescentes de etnia mixta. Estos j&oacute;venes est&aacute;n enfadados y confusos, luchando para dar sentido a su propia identidad personal y social, que conlleva estigma y verg&uuml;enza. Se encuentran &lsquo;fuera de lugar&rsquo; en la Ruanda posterior al genocidio, donde les resulta dif&iacute;cil reconciliar sus m&uacute;ltiples identidades: son v&aacute;stagos hutus aunque les hayan criado madres tutsis y a la vez son hijos de quienes perpetraron el genocidio criados por sus v&iacute;ctimas. Los que crecieron pensando que eran &lsquo;hu&eacute;rfanos del genocidio&rsquo; tienen que integrar la disonante realidad de que tambi&eacute;n son &lsquo;hijos de una violaci&oacute;n&rsquo;, un descubrimiento que tiende a afectar a la manera en que abordan el amor y sus futuras perspectivas de matrimonio.<\/p>\n<p>Ser capaces de dar sentido a la tragedia es uno de sus mayores retos y, a medida que van creciendo, estos j&oacute;venes tienen que mantener econ&oacute;micamente a sus padres encarcelados mientras guardan luto por la p&eacute;rdida de sus madres. En el d&iacute;a a d&iacute;a sus condiciones de vida son comparables a las de los hu&eacute;rfanos. Los hermanos mayores de repente tienen que asumir el papel de cabeza de familia con todas las responsabilidades y limitaciones que eso conlleva.<\/p>\n<p>La supresi&oacute;n de la propia identidad (mestiza).<\/p>\n<p>Para los refugiados en general y para los j&oacute;venes refugiados de etnia mixta en particular, las pol&iacute;ticas de identidad y las experiencias pasadas siguen siendo un problema en el exilio. Los j&oacute;venes ruandeses de etnia mixta se encontraban a&uacute;n m&aacute;s &lsquo;fuera de lugar&rsquo; en los campos, donde se les presionaba para que enfatizaran una de sus etnias y minimizaran u ocultaran la otra.<\/p>\n<p>Algunos de los que huyeron de la violencia junto con otros supervivientes y llegaron a campos de refugiados en la frontera de Burundi se sintieron aislados y amenazados cuando los supervivientes les acusaron de haberse compinchado con los hutus que ocupaban los puestos de control para evitar que los exiliaran.<\/p>\n<p>Los que huyeron con la poblaci&oacute;n hutu se encontraron con que cuando acab&oacute; el genocidio, en los campos de refugiados de la regi&oacute;n y especialmente en los situados en el este del Zaire, donde los l&iacute;deres del genocidio se refugiaron junto a la poblaci&oacute;n civil, a&uacute;n prevalec&iacute;a una fuerte ideolog&iacute;a hutu. Aqu&iacute; la gente joven de etnia mixta ten&iacute;a que suscribir la versi&oacute;n hutu extremista de la violencia, valorar su identidad hutu a expensas de su identidad tutsi, y menospreciar y distanciarse de los victoriosos enemigos tutsis que estaban en Ruanda. Esta tarea resultaba m&aacute;s f&aacute;cil para los j&oacute;venes que crec&iacute;an en familias lideradas por un hutu, ya que les ver&iacute;an como a otros hutus pero era mucho m&aacute;s dif&iacute;cil para los j&oacute;venes (especialmente chicos) que se hab&iacute;an exiliado con sus madres y familia materna hutu tras la muerte de su padre tutsi.<\/p>\n<p>Dentro de Ruanda se produjo el fen&oacute;meno inverso. Debido a que el Gobierno prohibi&oacute; legalmente cualquier referencia expl&iacute;cita a la etnia, las nuevas categor&iacute;as sociales <em>r&eacute;scape <\/em>(superviviente tutsi del genocidio) y <em>g&eacute;nocidaire <\/em>(perpetradores hutu del genocidio) ganaron importancia. A los j&oacute;venes de etnia mixta que regresaron y a los que se hab&iacute;an quedado atr&aacute;s les pareci&oacute; ventajoso enfatizar su conexi&oacute;n con la etnia tutsi y dejar de lado su identidad y relaciones hutus. Esta tarea resultaba m&aacute;s sencilla para los adolescentes cuyo padre era tutsi, que pod&iacute;an autoidentificarse como &lsquo;supervivientes del genocidio&rsquo; y por tanto acceder a los fondos para supervivientes o adquirir la condici&oacute;n social de &lsquo;superviviente del genocidio&rsquo; o &lsquo;hu&eacute;rfano del genocidio&rsquo;. Resultaba m&aacute;s complicado para aquellos cuyo padre era hutu porque entonces tambi&eacute;n se les consideraba a ellos como tales.<\/p>\n<p>Los ruandeses en general son conscientes de que la gente joven de etnia mixta se enfrenta a muchos retos y a menudo aseguraban que era &quot;muy dif&iacute;cil&quot; para estos j&oacute;venes pertenecer a alg&uacute;n lugar porque ambas partes de su familia les daban de lado. Cada parte los consideraba miembros de la otra parte y, por tanto, sospechosos.<\/p>\n<p>Estas percepciones tambi&eacute;n pueden influir en c&oacute;mo se desarrollan sus relaciones amorosas entre etnias y en c&oacute;mo tienen lugar los matrimonios. En la cultura ruandesa las familias pueden influir en el tipo de pareja con la que uno sale, pueden aprobar o rechazar las relaciones y pueden aumentar o dificultar las posibilidades de matrimonio. El n&uacute;mero de matrimonios mixtos ha descendido de forma dr&aacute;stica desde 1994. Las elecciones de los j&oacute;venes se ven restringidas cuando las familias de los supervivientes o de los retornados descubren que a un miembro de la familia se le acusa de estar implicado en el genocidio, y se dice que los j&oacute;venes adultos de etnia mixta tienden a casarse con miembros del grupo hutu, donde est&aacute;n menos marginados. Cuando tiene lugar un matrimonio mixto, las j&oacute;venes familias tienen que lidiar con las cr&iacute;ticas o la oposici&oacute;n de sus familias.<\/p>\n<p>Reconciliaci&oacute;n, conmemoraci&oacute;n, duelo y justicia<\/p>\n<p>Mediante la conmemoraci&oacute;n, las sociedades posconflicto recuerdan su pasado violento, lloran a sus muertos y se esfuerzan por alcanzar una recuperaci&oacute;n social. El Gobierno ruand&eacute;s que se form&oacute; tras el conflicto de 1994 design&oacute; abril como el mes nacional de la conmemoraci&oacute;n del genocidio y de aquellos que murieron en &eacute;l. A los j&oacute;venes de etnia mixta les cuesta lidiar con este tipo de ceremonias conmemorativas. Se les anima a que lloren p&uacute;blicamente la muerte de sus familias y parientes tutsis que perecieron durante el genocidio, y eso reaviva su sufrimiento.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo, las muertes de sus familiares y parientes hutus que perecieron a causa de sus creencias pol&iacute;ticas &lsquo;moderadas&rsquo; o porque no quisieron participar en la violencia y protegieron a los tutsis, se marginan en estas conmemoraciones p&uacute;blicas. Los j&oacute;venes adultos de etnia mixta tienden a sufrir m&uacute;ltiples p&eacute;rdidas por ambos lados de la familia en diferentes lugares y momentos. Para ellos resulta muy dif&iacute;cil tener que llorar de forma colectiva a todos sus seres queridos que perecieron de forma violenta. Un superviviente cuya madre tutsi hab&iacute;a sido asesinada y a cuyo padre hutu hab&iacute;an matado mientas intentaba proteger a los tutsis, declar&oacute; que durante las conmemoraciones oficiales &quot;la gente cree que lloro por ellos pero lloro por m&iacute; mismo&quot;.<\/p>\n<p>Mientras que la justicia sigue su curso, en Ruanda tuvieron lugar iniciativas para la reconciliaci&oacute;n, al igual que fuera del pa&iacute;s entre los refugiados de la di&aacute;spora. Para promover la reconciliaci&oacute;n, el Gobierno pidi&oacute; a los <em>g&eacute;nocidaires <\/em>que pidieran perd&oacute;n y a los <em>r&eacute;scapes <\/em>que se lo concedieran. Para los j&oacute;venes de etnia mixta es dif&iacute;cil aceptar el hecho de que pertenecen a ambos grupos: el que se espera que pida perd&oacute;n y el que se espera que perdone. En conversaciones sobre el perd&oacute;n, un joven ruand&eacute;s declar&oacute; que para &eacute;l es dif&iacute;cil entender el significado de perd&oacute;n: &iquest;qui&eacute;n perdona a qui&eacute;n y por qu&eacute;?, &iquest;c&oacute;mo puede uno distinguir entre el perd&oacute;n formal y el sincero?, &iquest;se puede elegir no perdonar?<\/p>\n<p>Estos j&oacute;venes se encuentran &lsquo;fuera de lugar&rsquo; en una narrativa nacional sobre la justicia y la reconciliaci&oacute;n que no necesariamente contempla la posibilidad de tener m&uacute;ltiples identidades, lealtades divergentes y circunstancias vitales complejas. S&oacute;lo en espacios informales como con familia o entre amigos &iacute;ntimos, o a veces durante las reconciliaciones a nivel de comunidad puede la gente joven de etnia mixta expresar abiertamente sus emociones ambivalentes, dar a conocer sus complejas circunstancias y recibir el apoyo de los dem&aacute;s.<\/p>\n<p>Es importante que los legisladores, la sociedad civil y las agencias humanitarias que trabajan en entornos posconflicto y en contextos de refugiados reconozcan los retos espec&iacute;ficos que encuentran los j&oacute;venes de etnia mixta y su forma de actuar. Esta es la mejor manera de ayudarles a negociar sus m&uacute;ltiples identidades, gestionar sus lealtades ambivalentes, desarrollar relaciones amistosas y amorosas, recordar el pasado e implicarse plenamente en los procesos de reconciliaci&oacute;n por el futuro.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Giorgia Don&aacute; <a href=\"mailto:g.dona@uel.ac.uk\">g.dona@uel.ac.uk<\/a> es profesora adjunta de Estudios sobre Refugiados en la Universidad de East London.<\/p>\n<p>El presente art&iacute;culo hace uso del trabajo de la autora como profesional del sector e investigadora con ni&ntilde;os en Ruanda desde 1996 a 2000 y posteriores visitas. Gracias al Leverhulme Trust, ha llevado a cabo m&aacute;s recientemente un trabajo adicional con ruandeses que se encuentran en el pa&iacute;s y con otros que se hallan en la di&aacute;spora.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Muchos j&oacute;venes de etnia mixta crecen bajo la sombra de la guerra y el genocidio. 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