{"id":40330,"date":"2013-05-22T00:00:00","date_gmt":"2013-05-22T05:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.fmreview.org\/falisse-niyonkuru-2-2\/"},"modified":"2025-07-01T07:09:17","modified_gmt":"2025-07-01T12:09:17","slug":"falisse-niyonkuru-2-2","status":"publish","type":"fmr_content","link":"https:\/\/www.fmreview.org\/fr\/falisse-niyonkuru-2-2\/","title":{"rendered":"Aldeas de paz para repatriados en Burundi"},"content":{"rendered":"<p>Desde 2005 en Burundi se han edificado aldeas especialmente construidas para acoger a los repatriados sin tierra y &ldquo;desarraigados&rdquo; que retornan del exilio en Tanzania. Algunos fueron refugiados desde 1972 y otros desde 1993. Aunque la mayor&iacute;a de los refugiados pudieron retornar a su propia tierra, algunos de ellos no ten&iacute;an a d&oacute;nde ir. Los &ldquo;repatriados hutu de 1972&rdquo; apenas ten&iacute;an algunos v&iacute;nculos con su pa&iacute;s de origen y no conoc&iacute;an su tierra o la tierra de sus padres en Burundi.<\/p>\n<p><span style=\"line-height: 1.5em;\">Finalmente esto motiv&oacute; la idea de construir aldeas para albergar a quienes hab&iacute;an recurrido a la ocupaci&oacute;n de las oficinas de las autoridades administrativas, exigiendo una soluci&oacute;n a su dif&iacute;cil situaci&oacute;n. Los twa (el tercer mayor grupo &eacute;tnico de Burundi) sin tierra, los desplazados internos tutsis y otras categor&iacute;as de personas vulnerables tambi&eacute;n fueron invitados a asentarse en las aldeas con el objetivo de reavivar la diversidad social. Esto les vali&oacute; el t&iacute;tulo de &ldquo;aldeas de paz&rdquo;. Con la continua afluencia de refugiados, exist&iacute;a una necesidad cada vez m&aacute;s urgente de encontrar una soluci&oacute;n permanente para los repatriados. Para ello el ACNUR cooper&oacute; con el gobierno para crear una primera generaci&oacute;n de 19 aldeas en todo el pa&iacute;s entre 2004 y 2007, a pesar del hecho de que el concepto de aldea es ampliamente desconocido en el panorama burund&eacute;s, donde las casas est&aacute;n generalmente dispersas en las laderas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"line-height: 1.5em;\">Una evaluaci&oacute;n de la primera generaci&oacute;n de aldeas de paz sugiere que no s&oacute;lo las edificaciones se estaban deteriorando, sino que las aldeas no lograron proporcionar a sus habitantes ning&uacute;n modo para reintegrarse en el entorno socio-econ&oacute;mico local. Entonces se decidi&oacute; la construcci&oacute;n de una segunda generaci&oacute;n de aldeas, ya no para ofrecer simplemente un alojamiento sino tambi&eacute;n agua y condiciones sanitarias decentes, as&iacute; como medios de subsistencia, tierras aptas para el cultivo y actividades de generaci&oacute;n de ingresos para los habitantes. Ocho nuevas aldeas conocidas como Aldeas de Paz Rurales Integradas fueron construidas en las provincias del sur del pa&iacute;s entre 2007 y 2010.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"line-height: 1.5em;\">Cinco o incluso, en algunos casos, diez a&ntilde;os despu&eacute;s de la construcci&oacute;n de las aldeas de paz, su &eacute;xito puede verse, en el mejor de los casos, como parcial. La reintegraci&oacute;n es una realidad geogr&aacute;fica m&aacute;s que social y el riesgo es que, en muchos lugares, los habitantes de las aldeas ser&aacute;n vistos como ciudadanos de segunda clase por al menos otra generaci&oacute;n. Ninguna de las aldeas parece haber impulsado la reintegraci&oacute;n en el grado que fue prometida. Muchas aldeas siguen dependiendo de la ayuda alimentaria del Programa Mundial de Alimentos y del Ministerio de Solidaridad Nacional, y la actividad econ&oacute;mica apenas parece haber comenzado en algunas aldeas. En la pr&aacute;ctica, las aldeas no son entidades econ&oacute;micamente viables, son presa de la especulaci&oacute;n inmobiliaria y existen tensiones emergentes con las comunidades locales. Las aldeas en &aacute;reas de baja fertilidad se esfuerzan por atraer a los <\/span>repatriados<span style=\"line-height: 1.5em;\">, quienes prefieren permanecer en centros de alojamiento temporal del ACNUR.<\/span><\/p>\n<p><strong>&iquest;El c&iacute;rculo vicioso de la fragilidad?<\/strong><\/p>\n<p>Mientras que las pol&iacute;ticas de &quot;aldeizaci&oacute;n&quot; en la regi&oacute;n oriental y central de &Aacute;frica son memorables por el hecho de que con frecuencia involucraron la coerci&oacute;n (como en Etiop&iacute;a, Uganda, Tanzania, Ruanda y en la d&eacute;cada de 1990 en el propio Burundi), estos aldeas son, t&eacute;cnicamente, la vivienda s&oacute;lo de aquellos que viven all&iacute; voluntariamente. Sin embargo, su naturaleza &ldquo;voluntaria&rdquo; sigue siendo cuestionable, dada la situaci&oacute;n en que se encontraban las personas antes de mudarse a una aldea, un desplazamiento que con frecuencia se hac&iacute;a con la promesa de una vida digna. Las Aldeas de Paz de Burundi construidas entre 2004 y 2010 tambi&eacute;n se caracterizan por su doble objetivo siendo no s&oacute;lo lugares de reintegraci&oacute;n, sino tambi&eacute;n, en la ret&oacute;rica oficial, ejemplos de desarrollo en uno de los pa&iacute;ses m&aacute;s rurales del mundo. Se considera que las viviendas dispersas en las laderas de Burundi no contribuyen al desarrollo econ&oacute;mico del pa&iacute;s, debido a que es m&aacute;s f&aacute;cil prestar servicios sociales b&aacute;sicos a una poblaci&oacute;n m&aacute;s densamente concentrada. La ret&oacute;rica es, de hecho, bastante similar a la utilizada en el programa de &quot;aldeizaci&oacute;n&quot; <em>ujamaa<\/em> en Tanzania y el programa <em>imidugudu<\/em> en Ruanda.<\/p>\n<p><span style=\"line-height: 1.5em;\">Fundamentalmente, el proyecto de reintegraci&oacute;n de las aldeas de paz es incre&iacute;blemente ambicioso. Para tener &eacute;xito a largo plazo, requiere efectivamente que el Estado (y no la ayuda internacional) est&eacute; en capacidad de ofrecer a sus habitantes un nivel adecuado de servicios sociales b&aacute;sicos y un grado de seguridad &ndash; precisamente dos de las caracter&iacute;sticas cuya ausencia define a un pa&iacute;s fr&aacute;gil.<\/span><\/p>\n<p>Aunque la seguridad en las aldeas no siempre es tan buena como podr&iacute;a ser, es un problema menor respecto a la falta de servicios sociales b&aacute;sicos que respondan a las necesidades espec&iacute;ficas de los habitantes de las aldeas. Un ejemplo t&iacute;pico es la educaci&oacute;n primaria. Como resultado de su estancia en Tanzania, la mayor&iacute;a de los ni&ntilde;os en las aldeas ha aprendido swahili en lugar de kirundi, que es el idioma nacional de Burundi y el idioma en que se imparte la ense&ntilde;anza primaria. A menos que tengan la suerte de beneficiarse de uno de los proyectos organizados por las organizaciones internacionales de ayuda que proporcionan apoyo para la educaci&oacute;n, los ni&ntilde;os de las aldeas tienen pocas posibilidades de tener &eacute;xito en el sistema educativo de Burundi. Por otra parte, el Estado no est&aacute; en condiciones de proporcionar en las &aacute;reas aleda&ntilde;as el mismo nivel de servicios sociales b&aacute;sicos ofrecido a las aldeas &ndash; como suele ser el caso del agua &ndash; y esto da lugar a disputas comunitarias, pudiendo llegar incluso al sabotaje de la infraestructura.<\/p>\n<p><span style=\"line-height: 1.5em;\">La falta de legitimidad del Estado tambi&eacute;n puede verse en las aldeas de paz por la limitada capacidad de las instituciones locales de mantener relaciones comunitarias pac&iacute;ficas. Los repatriados, sin embargo, representan una potencial fuente de desarrollo. La mayor&iacute;a de ellos, por ejemplo, habla swahili y tiene alg&uacute;n conocimiento de ingl&eacute;s, que son importantes recursos para un pa&iacute;s que se ha unido a la Comunidad del &Aacute;frica Oriental a pesar de no compartir las dos lenguas francas de la regi&oacute;n.<\/span><\/p>\n<p>Una de las causas de la fundamental fragilidad de Burundi y otros pa&iacute;ses de la regi&oacute;n es la tierra. Las aldeas &ndash; debido a que ocupan la tierra y la ponen a disposici&oacute;n de sus habitantes para la agricultura de subsistencia &ndash; a&ntilde;aden un nivel adicional de problemas a una situaci&oacute;n donde existe un limitado n&uacute;mero de mecanismos de resoluci&oacute;n de conflictos. El setenta por ciento de los litigios ante los tribunales locales en Burundi involucran la tierra y el tama&ntilde;o promedio de las parcelas se ha reducido a lo largo de las sucesivas generaciones a 0,3 hect&aacute;reas. Se piensa que casi un 18% de las tierras del pa&iacute;s son objeto de controversia. A pesar de sus recientes esfuerzos, el propio Estado lucha por aclarar la situaci&oacute;n de numerosas extensiones de tierra. A nivel local, las autoridades est&aacute;n permanentemente abrumadas de trabajo.<\/p>\n<p>Si la fragilidad del Estado es un obst&aacute;culo importante para el &eacute;xito de la reintegraci&oacute;n por medio de las aldeas de paz, las propias aldeas tambi&eacute;n traen consigo el riesgo de perpetuar esa misma fragilidad. &Eacute;stas amenazan con deslegitimar al Estado, que parece no estar en capacidad de manejar la situaci&oacute;n. Al mismo tiempo, mientras las aldeas sigan siendo lugares donde los ciudadanos de segunda clase dependen de la asistencia humanitaria para vivir, estos representan una fuente de frustraci&oacute;n. La situaci&oacute;n parece imposible de resolver, ya que la &ldquo;soluci&oacute;n&rdquo; que propone la aldea trae sus propios problemas, creando un c&iacute;rculo vicioso de fragilidad.<\/p>\n<p><span style=\"line-height: 1.5em;\">Las aldeas son un tema espinoso y es muy f&aacute;cil simplemente descartar por completo todos los esfuerzos que se han hecho hasta la fecha. La reintegraci&oacute;n de m&aacute;s de 5.000 familias desarraigadas que llegaron casi de golpe es un gran desaf&iacute;o para cualquier pa&iacute;s, y tanto m&aacute;s para Burundi, una naci&oacute;n fr&aacute;gil que apenas est&aacute; recuper&aacute;ndose de una sangrienta guerra civil. Un enfoque caso por caso, basado en la reintegraci&oacute;n familia por familia, colina por colina, pareciera menos problem&aacute;tico, pero es una tarea monumental. Y m&aacute;s a&uacute;n cuando otros 35.200 ciudadanos burundeses retornaron a finales de 2012 cuando el campamento Mtabila en Tanzania fue cerrado. El error cometido con las aldeas como soluci&oacute;n para la reintegraci&oacute;n fue tal vez una cuesti&oacute;n de tratar de pensar demasiado en grande, demasiado r&aacute;pido y de poner la carreta delante del caballo. La historia parece indicar que las ciudades y las aldeas no conducen al desarrollo econ&oacute;mico; sino que es el desarrollo econ&oacute;mico el que impulsa la creaci&oacute;n de ciudades y aldeas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"line-height: 1.5em;\">El fortalecimiento de la capacidad del Estado &ndash; que es una parte necesaria para sacar al pa&iacute;s de su fragilidad &ndash; requiere la confianza de sus ciudadanos, pero desafortunadamente la historia de las aldeas de paz, tal y como se ha venido desarrollando desde hace unos diez a&ntilde;os, sigue ilustrando la incapacidad del sistema de ganar su confianza y as&iacute; salir de la fragilidad. No tenemos una soluci&oacute;n milagrosa para las aldeas, excepto la esperanza de que la actividad econ&oacute;mica finalmente repunte y logre transformar las aldeas, que en la actualidad se mantienen vivas por la asistencia, en comunidades estables y sostenibles donde se respeten los derechos humanos fundamentales.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Jean-Beno&icirc;t Falisse <a href=\"mailto:jean-benoit.falisse@qeh.ox.ac.uk\"><em>jean-benoit.falisse@qeh.ox.ac.uk<\/em><\/a> es investigador de St Antony&#39;s College, Oxford. Ren&eacute; Claude Niyonkuru <a href=\"mailto:rcniyo@yahoo.com\"><em>rcniyo@yahoo.com<\/em><\/a> es investigador sobre pol&iacute;ticas agrarias y estudiante de maestr&iacute;a en el Instituto de Pol&iacute;tica y Gesti&oacute;n del Desarrollo, Universidad de Amberes, B&eacute;lgica.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Desde 2005 en Burundi se han edificado aldeas especialmente construidas para acoger a los repatriados sin tierra y &ldquo;desarraigados&rdquo; que retornan del exilio en Tanzania. Algunos fueron refugiados desde 1972 y otros desde 1993. Aunque la mayor&iacute;a de los refugiados pudieron retornar a su propia tierra, algunos de ellos no ten&iacute;an a d&oacute;nde ir. 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