La carretera de Kabul

Un nuevo estudio de ACNUR investiga las motivaciones y retos asociados en la migración de jóvenes afganos a Europa.

 

Un antiguo proverbio afgano da título al nuevo estudio de ACNUR que examina las experiencias de los menores afganos no acompañados que han realizado el largo trayecto por tierra hasta Europa. Los árboles sólo se mueven con el viento (que significa que nada ocurre sin una buena causa) intenta explicar el porqué del creciente número de niños afganos a los que sus familias animan e incluso obligan a emprender este caro y arduo viaje, normalmente a manos de traficantes de personas sin escrúpulos.

Los riesgos que entrañan las migraciones para los menores no acompañados quedan, al parecer, contrarrestados por la posibilidad de trasladarse desde un país afectado por un conflicto armado, con graves infracciones de los derechos humanos, discriminación étnica, desempleo y corrupción, a un lugar del mundo que, a ojos de estos niños y sus familias, ofrece libertad y respeto por los derechos humanos. La educación y el empleo también constituyen una importante motivación, debido a que los niños que se trasladan a Europa se consideran una futura fuente de apoyo económico para los miembros de la familia que se quedan en Afganistán.

Aunque no sólo son los niños afganos quienes emprenden este tipo de trayectos de larga distancia (los jóvenes iraquíes y somalíes también lo hacen), la falta de información certera y actualizada sobre estos niños, sumada a las actuales medidas de los gobiernos europeos para devolverlos a sus países de origen, impulsaron el estudio de ACNUR. Alrededor de 150 jóvenes varones afganos fueron entrevistados (no se encontró ninguna niña) en seis países europeos para determinar por qué y cómo se tomó la decisión de dejar Afganistán y saber cómo se les había tratado (o maltratado) durante el trayecto.

Aunque las circunstancias específicas que les llevaron a partir diferían mucho de un niño a otro, el estudio demostró la dificultad de etiquetar a los menores afganos como "refugiados" o "migrantes"; en la mayoría de los casos, las familias tienen múltiples motivos para enviar a sus hijos a Europa.

A pesar de la creencia común de que muchos de los niños afganos son huérfanos, el estudio muestra que muchos de los padres todavía viven y que han pagado hasta 15.000 dólares estadounidenses para que los traficantes llevasen a sus hijos por Pakistán, Irán y Turquía antes de entrar a Europa, normalmente a través de Grecia. El uso habitual de traficantes de personas pone a los niños en un gran peligro. El pago del viaje suele hacerse a plazos; si el pago se retrasa en algún punto del trayecto, al niño se le suele obligar a quedarse donde está -normalmente en condiciones peligrosas y desagradables- hasta que se reciba el dinero. Nadie sabe cuántos jóvenes salieron de la carretera de Kabul pero no completaron el viaje. 

Sorprendentemente, algunos niños describieron el viaje como una aventura que implicaba una caminata nocturna para cruzar las montañas de Turquía. Otros fueron menos entusiastas y declararon que tanto policías armados, como miembros de la población civil les robaron, sin mencionar que les hicieron cruzar el mar Egeo en pequeñas barcas hacinadas. Muchos de los niños se mantuvieron firmes en su idea de que no habrían emprendido semejante viaje si hubiesen sabido el trato que iban a recibir en manos de traficantes y autoridades.

La falta de información disponible para los niños se hizo patente también por el hecho de que algunos partieron hacia Europa sin tener realmente ni idea de cuál sería su destino final. Por lo general, quienes tenían en mente un destino en concreto preferían Noruega o los países nórdicos, donde es sabido que los servicios de la seguridad social son de gran calidad, o  el Reino Unido (especialmente en el caso de los pashtunes), por su población afgana bien establecida, así como por las aparentes oportunidades laborales y educativas de este país. 

La llegada de menores no acompañados afganos se ha convertido en motivo de creciente preocupación para los Estados europeos, algunos de los cuales consideran establecer centros de recepción en Kabul a fin de permitir  la repatriación de los niños (involuntariamente).

Naturalmente a ACNUR le preocupa que esto pueda suponer la devolución de niños con una solicitud válida  del estatus de refugiado o la de aquellos a quienes por otras razones de “interés superior" se les debería permitir permanecer en Europa. Otro aspecto alarmante de este fenómeno es la ansiedad sufrida por los jóvenes afganos a los que se les permite quedarse mientras sean menores, pero con la posibilidad de ser deportados tan pronto como cumplan 18 años. No es de extrañar que, dadas las circunstancias, algunos afganos falseen su edad. Esta situación ha originado una extraña e inexacta nueva ciencia de "determinación de edad" que suele implicar exámenes detallados del esqueleto y los dientes. Los afganos que sean considerados mayores de 18 años y  enviados de vuelta a su país vivirán con un sentimiento de fracaso personal y de traición a su familia, debido a las grandes sumas de dinero invertidas en su viaje hacia occidente.

Una conclusión clave  de este estudio es que la responsabilidad de la apremiante situación de los menores no acompañados afganos en Europa recae en varios actores diferentes. Mientras que las autoridades afganas sigan haciendo la vista gorda a la migración irregular, las familias y las comunidades seguirán animando a los niños a emprender estos peligrosos viajes. Y encontrarán los medios para hacerlo mientras tengan a mano a traficantes profesionales que saquen provecho de la inseguridad y las dificultades humanas.

Los Estados europeos a los que llegan estos niños también tienen obligaciones jurídicas y morales que deben cumplirse de manera más efectiva. Muchos no han conseguido establecer procedimientos de determinación del interés superior para proteger los derechos de los niños afganos, mientras  las diferencias en la provisión de servicios sólo sirven para animar a los jóvenes afganos a viajar de un país a otro. Y mientras que el enfoque de "centros de traslado y recepción" propuesto por algunos gobiernos europeos no debería pasar por alto a jóvenes afganos que no necesitan de la protección internacional, muchas de las cuestiones prácticas y a largo plazo asociadas con esta estrategia siguen todavía sin resolver.

Lucia Cipullo (cipullo@unhcr.org) y Jeff Crisp (crisp@unhcr.org) trabajan en el Servicio de Evaluación y Elaboración de Políticas de ACNUR.

Trees Only Move in the Wind: A Study of Unaccompanied Afghan Children in Europe (Los árboles sólo se mueven con el viento: un estudio sobre los niños afganos no acompañados en Europa) se encuentra disponible (en inglés) en:http://www.unhcr.org/4c1229669.html.

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