Retos para la protección

Los comités de protección locales de Kivu del Sur y del Norte están abordando -con cierto éxito- una serie de retos para la protección.

Desde junio de 2010 el pueblo de Mukungu 1 en Kalehe (Kivu del Sur) ha recibido a 1.150 familias de desplazados que huían de los ataques de las FDLR (Fuerzas Democráticas para la Liberación de Ruanda) 2 que tuvieron lugar durante las operaciones militares en la zona.  Un batallón del ejército nacional llegó hace poco; establecieron puestos de control en los que exigen el pago de unas tasas, no hablan ninguna de las lenguas locales y se han instalado con familias del lugar sin su consentimiento. Los trabajos forzados y los arrestos arbitrarios están a la orden del día. Al mismo tiempo, los autóctonos no pueden cultivar en los campos que hay junto al bosque puesto que los soldados de las FDLR violan a las mujeres que lo intentan y han llegado a matar a sus acompañantes. La comunidad local acoge a los desplazados internos pero advierte de que los recursos son limitados.

La vida en muchas comunidades del este de la República Democrática del Congo parece una constante negociación entre diferentes amenazas. Las comunidades denuncian saqueos, robos, violaciones, trabajos forzados, asesinatos, secuestros, incendios de viviendas y destrucción de los campos; incluso en zonas en las que el Estado sigue teniendo algún control, las comunidades son vulnerables ante la instalación de puestos de control ilegales, pago de tributos, arrestos y extorsión. Entre los autores no sólo se incluyen multitud de grupos armados, sino también aquellos que deberían proteger a los civiles: miembros del ejército nacional (FARDC), de la policía, del gobierno local y líderes tradicionales.3

La respuesta humanitaria en este contexto se enfrenta a numerosos retos. ¿Cómo podemos abordar semejante gama de abusos? ¿Cómo podemos priorizar cuando toda la población suele ser vulnerable? ¿Cómo podemos evitar la discriminación y la creación de estigmas entre los miembros de la comunidad? ¿Cómo podemos evitar que se promueva la dependencia?

Para tratar de abordar estas cuestiones, Oxfam trabaja con comités locales para la protección en 33 comunidades a lo largo de Kivu del Sur y del Norte. Durante las evaluaciones anuales sobre la protección de 2007 a 2009, las comunidades identificaron las barreras clave para su protección como la falta de información sobre el derecho nacional e internacional, las dificultades para acercarse a las autoridades militares y civiles y la falta de conocimientos acerca de adonde remitir a las víctimas de los abusos. Desde entonces Oxfam ha trabajado con socios locales para:

  • garantizar unas elecciones transparentes en los comités de protección locales
  • apoyar a las comunidades para identificar las amenazas, analizar los riesgos e implementar actividades para combatirlas
  • formar a los miembros de la comunidad y a las autoridades en cuestiones jurídicas y de derechos humanos, así como sobre cómo concienciar al resto de la comunidad local sobre éstas
  • mejorar las relaciones entre los miembros de la comunidad y las autoridades
  • ofrecer información básica sobre los servicios de referencia locales.

Una reciente revisión de este progreso sugiere, de forma provisional, que mediante  apoyo e información flexibles para reforzar tanto las iniciativas locales, como sus capacidades, las comunidades podrían encontrar modos de abordar diversos problemas. Las consecuencias han sido variadas, con resultados en áreas que no habíamos previsto, como el empoderamiento de las mujeres, la ayuda a los desplazados internos para su integración en sus comunidades de acogida y el interés por una mayor seguridad en las zonas de retorno. Creemos que esto se debe a que la comunidad está detrás del proyecto. En un caso, una comunidad entera que había sido desplazada negoció con los jefes locales para pedir patrullas de las FARDC en su zona con el fin de desalentar los ataques de las FDLR. Otra comunidad ha mediado en disputas sobre tierras entre desplazados y autóctonos y ha negociado el retorno de los desplazados acusados de colaborar con las FDLR en sus lugares de procedencia. A las mujeres que con el desplazamiento y la separación de sus maridos tuvieron que buscar la protección de otro hombre, se les permite volver con sus maridos cuando regresen a su comunidad. En Mukungu al menos tres desplazadas que fueron víctimas de violaciones durante los ataques de las FDLR y abandonadas por sus maridos han sido alojadas con miembros del comité.

Otro de los resultados obtenidos es que todas las comunidades curiosamente declaran que se han producido menos casos de violación que el año pasado. El mero hecho de hacerles saber que la violación es ilegal parece haber reducido su grado de incidencia. También se declara que los hombres no abandonan a sus esposas si son violadas y que saben que deben buscar atención médica rápidamente. Varias comunidades han informado de hombres que traían a mujeres a los centros de salud después de sufrir una violación. Al mismo tiempo, las comunidades declaran que también se ha producido un importante descenso en el número de puestos de control ilegales a nivel local y que ha aumentado el grado de concienciación acerca de las leyes. En una de las comunidades los parientes ya no son arrestados por los presuntos crímenes de otros y el comité ha persuadido a las autoridades carcelarias para que aloje a hombres y mujeres por separado. Todas las comunidades informan de una mejora en las relaciones con las autoridades, especialmente entre las mujeres de las cuales el 30% declara que mantienen unas relaciones razonables con las FARDC, en contraste con el 10% que lo hacía antes. Por otro lado, hay problemas que no pueden resolver, como los saqueos y los incendios de viviendas llevados a cabo por las bandas armadas. Pero sí que pueden, y de hecho lo hacen, tomar algunas medidas para tratar de mitigar el problema, como pedir a las autoridades locales que hablen con éstas, pedir a las FARDC que patrulle, etc.

La motivación de los voluntarios de los comités, un reto continuo en los programas basados en la comunidad, sigue siendo admirable. (Como la mayoría de las organizaciones que adoptan este modelo, seguimos preguntándonos cosas tales como si deberíamos pagar incentivos a los voluntarios.) Éstos continúan apoyando a las víctimas de la violencia sexual proporcionándoles alimentos mientras reciben tratamiento médico; caminan 20 km para hablar sobre las leyes nacionales en los pueblos vecinos; desafían tenazmente a las autoridades y sus arrestos arbitrarios; visitan pueblos lejanos para averiguar más sobre la situación de los desplazados internos allí; y siguen insistiendo en que la influencia del proyecto debería llegar más allá de los centros de población.  Aseguran que el proyecto les da un estatus en la comunidad y que ellos y otros pueden ver los resultados. Las mujeres en concreto declaran que pueden negociar de una manera más efectiva y persuadir a los hombres para que se hagan cargo de sus cometidos.

No tenemos todas las respuestas. Los abusos masivos a los que se enfrentan las comunidades en la RDC son complejos y extenuantes. Pero cuando se proporciona información a las comunidades y un espacio para encontrar soluciones, lo hacen. Creemos que hasta la fecha este proyecto ha conseguido éxitos en parte porque no se centra en ningún grupo en concreto de supuestas víctimas o en abusos específicos, sino que permite que las comunidades detecten todo un espectro de cuestiones que les afectan y les den respuesta. Los hombres asumen problemas que en un principio se veían como que sólo afectaban a las mujeres porque las cuestiones son identificadas por el comité al completo; las comunidades de acogida apoyan a los desplazados internos no porque una ONG les pida que lo hagan, sino porque ellos mismos han señalado el problema. Los programas de protección en la RDC están teniendo algún éxito gracias a que apoyan a miembros de la población y autoridades locales en la creación de espacios para que se reúnan y encuentren sus propias soluciones a un amplio abanico de problemas de seguridad.

Aun con todo, nos queda mucho camino que recorrer. Fue un día triste cuando llegamos a Mukungu para una reunión con el comité y sus miembros estaban reconstruyendo la casa de un comandante de las FARDC. Se entregaban cupones: la prueba de haber trabajado en la casa; pobre de ti si no tienes cupón cuando pasen por tu casa a comprobarlo mañana...

Emma Fanning (EFanning@oxfam.org.uk) es encargada  de protección de la República Democrática del Congo con Oxfam GB.

1 No dicen su verdadero nombre para proteger a los testigos.

2 Forces démocratiques de libération du Rwanda/Fuerzas Democráticas para la Liberación de Ruanda.

3 Informe de evaluación de protección de Oxfam y Socios en Kivu del Sur y del Norte, 2010 (en inglés) en: http://tinyurl.com/3xnu5mx

 

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