El papel de la gobernanza y la investigación

La migración forzada no es nueva en la República Democrática del Congo pero su magnitud y consecuencias siguen siendo escandalosas. Buena gobernanza e investigación deben desempeñar papeles importantes para mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos de la República Democrática del Congo.

La migración forzada es uno de los fenómenos que ha hecho famosa a la República Democrática del Congo (RDC) por razones equivocadas. Esto se debe a la inmensa población afectada, los contextos que subyacen en esta migración y su naturaleza inhumana. Millones de congoleños han sido repetidamente  obligados a abandonar sus hogares huyendo del sonido de las botas marchando, porque una catástrofe les ha dejado sin nada o, simplemente, porque no tienen más opción que partir. Lo único que podemos hacer es ofrecer un breve resumen de algunos de los factores que se encuentran detrás de estas migraciones forzadas: las crisis políticas y las guerras.

Crisis políticas y guerras

Esas son, en efecto, las razones que se encuentran tras la mayoría de las migraciones forzadas de la RDC. La primera crisis política pisó rápidamente los talones de la independencia: el motín de la Force Publique(julio de 1960); la secesión de Katanga (1960-63); la secesión de Kasai (agosto de 1960). Después se sucedieron diversas guerras de liberación, a menudo calificadas de rebeliones por los gobiernos en ese momento en el poder: la rebelión de Mulele en Kwilu en 1964; la rebelión lumumbista en el este del país; las dos guerras del Shaba (1977 y 1978); la Primera Guerra del Congo de la Alianza de Fuerzas Democráticas para la Liberación del Congo(AFDL) en 1996; la llamada guerra de agresión de 1998 a 2003 por la Coalición Congoleña para la Democracia (RCD, por sus siglas en francés), el Movimiento para la Liberación del Congo (MLC) y otros; y la rebelión del Congreso Nacional para la Defensa del Pueblo (CNDP) liderada por Laurent Nkunda. Las guerras más recientes han obligado a desplazarse a casi 3,4 millones de personas, según cálculos de la OCHA. Un gran número, de hecho, mayor que toda la población de algunos países africanos. Sólo en las provincias del este del país (Kivu del Norte y Kivu del Sur, Katanga del Norte, Maniema) se han desplazado 1,4 millones de personas.

Pero ¿por qué huyeron estas personas cuando se suponía que eran los soldados quienes luchaban? La respuesta es que las Fuerzas Armadas Zaireña (FAZ), hoy conocidas como Fuerzas Armadas de la República Democrática del Congo (FARDC), eran y son incapaces de proteger a la población contra los "agresores". En lugar de ello, sus mismos miembros perseguían a muchas personas a las que se supuestamente protegían. Así que la población civil huía para salvarse de asesinatos, violencia sexual y todo tipo de crueldades. A menudo son objeto de represalias si existe la más mínima sospecha -aunque sea injustificada- de que han alojado a soldados del bando contrario, si simplemente han estado cerca de ellos, o sin razón alguna. Les queman las casas y roban sus pertenencias. A los jóvenes se les obliga a transportar cargas o son reclutados de manera forzosa en los ejércitos. En cuanto a mujeres y niñas, son objeto de la más terrible violencia sexual. UNICEF declara que proporcionó atención a 37.000 víctimas de violencia sexual en 2007 y MSF declara que, sólo en el primer trimestre de 2009, se hizo cargo  de 2.800 víctimas. De modo que huyen, pero nunca están totalmente a salvo, puesto que los nuevos lugares  suelen estar también infestados de soldados, ya sean "agresores" o de las FARDC. Así que vuelven a marcharse sin saber realmente hacia dónde van, llevándose consigo lo más esencial que puedan transportar. Caminan decenas, cientos de kilómetros, bajo la lluvia o el sol, dejando en el camino a aquellos que no pueden continuar. Los más fuertes suelen acabar en campos de refugiados: poblados de tiendas de campaña donde les esperan la promiscuidad, las enfermedades, las violaciones y todo tipo de males asociados a su precaria situación. Ansían volver a sus pueblos pero no podrán hacerlo hasta que no estén seguros de que ya no hay soldados allí. Este es un verdadero drama humanitario, reconocido como tal por la comunidad internacional aunque ella misma sea incapaz -o tal vez no esté dispuesta- a evitarlo.

¿Existe alguna solución?

Las migraciones forzadas suelen ser imprevisibles. Sólo una vez que se producen, las organizaciones humanitarias, más que los gobiernos, pueden tratar de abordar las consecuencias. Los migrantes forzados lo pierden casi todo y tienen que reconstruir sus vidas de la nada. Tienen necesidades urgentes: acceso a agua potable, alojamiento, asistencia sanitaria, educación para sus hijos. Numerosas instituciones han desarrollado programas para ayudarles pero sus necesidades siguen siendo mucho mayores que la ayuda ofrecida. UNICEF, por ejemplo, introdujo un programa de rehabilitación basado en la comunidad y en la familia para niños afectados por el conflicto armado en 2006. Este programa incluía la identificación, el cuidado temporal, la reunificación de la familia y la rehabilitación socioeconómica y educativa, pero sólo el 10% de los niños se ha beneficiado de esta iniciativa. Existen muchas dificultades para proporcionar ayuda a los congoleños desplazados debido a la vastedad del país, a los problemas para acceder a los lugares de refugio y a los obstáculos en el acceso impuestos por los militares. 

Entonces ¿cuál es la solución? Seguramente la solución reside en la prevención y la buena gobernanza. Las migraciones forzadas se producen por razones políticas, económicas y medioambientales. Por lo que si conocemos sus causas es posible evitarlas. Hasta los desastres naturales pueden predecirse. Para conseguirlo necesitamos procesos de seguimiento y estudios que den la voz de alarma e inviten al Gobierno a tomar las precauciones necesarias para evitar las causas o gestionar las consecuencias. Sin embargo esto exige  buena gobernanza: un gobierno responsable que dé prioridad a los intereses del pueblo, que promueva  condiciones de no-guerra y no-agresión, una vida de paz para su pueblo. Y también un gobierno que se adhiera a la Convención para la Protección y Asistencia de las Personas Desplazadas Internas en África (la Convención de Kampala). Esto es lo más importante puesto que la RDC nunca adoptó ni implementó su propia Política Nacional de Población, a pesar de que el primer borrador se redactó en ... ¡1988!

Aquí es donde entra el papel de la investigación, porque creemos que no puede haber buena gobernanza sin los aportes de la investigación. La investigación debería ayudar a hacer saltar la alarma, asignar responsabilidades, evaluar perjuicios y proponer soluciones. Desgraciadamente la investigación en general, y los estudios sobre migración en particular, parecen sufrir de una especie de embargo por parte del gobierno congoleño. No hay financiación para ella. No hay prestigiosos estudios científicos  que informen sobre los fenómenos observados. No hay conferencias científicas para debatir acerca de este fenómeno. No hay estudios a escala nacional para obtener estadísticas sobre los niveles, tendencias y características de las migraciones a nivel nacional. Incluso los trabajos sobre migraciones en la RDC de las universidades no se conocen bien (de hecho, más bien se ignoran altivamente). Una falta de interés similar en apoyar la investigación congoleña parece estar presente también en la amplia comunidad internacional. Como consecuencia, se sabe relativamente poco acerca de la migración congoleña y se está haciendo menos para mejorar esta situación a pesar de ser constituir un rasgo esencial en la vida congoleña.

Bernard Mumpasi Lututala (bmlututala@gmail.com; bernard.lututala@codesria.sn) es Secretario Ejecutivo Adjunto de CODESRIA (Consejo para el Desarrollo de la Investigación en Ciencias Sociales en África), Dakar, Senegal. El profesor Lututala fue Rector de la Universidad de Kinshasa de 2005 a 2009.

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