Conflicto y desplazamiento continúan en el sur de Afganistán

Debido a que la lucha y la inseguridad parece que van a seguir siendo características predominantes del panorama afgano en un futuro inmediato, el desplazamiento seguirá fluctuando.

Miles de familias de Helmand, Kandajar, Uruzgán y de numerosas otras provincias del sur de Afganistán declararon haber regresado recientemente a sus distritos de procedencia desde las ciudades en las que habían estado refugiadas durante meses e incluso años. Sin embargo, las condiciones que les obligaron a huir siguen vigentes en muchos lugares y de manera importante, lo que significa que muchos seguirán desplazados. Este patrón persistirá y algunas familias decidirán quedarse en las ciudades hasta que se solucionen los problemas de seguridad subyacentes.

Muchas familias huyeron en un principio por la expansión de las operaciones militares de las Fuerzas Nacionales de Seguridad Afganas (ANSF, por sus siglas en inglés) y de las Fuerzas Militares Internacionales (IMF, por sus siglas en inglés) como consecuencia del “levantamiento” militar que se produjo en 2009, del aumento de las búsquedas puerta a puerta y del acoso, y de la presión que sufrían por temor a los arrestos, y que en general dificultaban su día a día, así como su incapacidad para cultivar sus tierras porque no se les permitía trabajar en torno a bases militares por cuestiones de seguridad o porque se las habían quitado las fuerzas internacionales para establecer nuevas bases. Aquellos que han regresado a sus hogares lo han hecho motivados por el elevado coste de vida en la ciudad y por la escasez de oportunidades laborales en un entorno urbano con el que no están familiarizados. Además, al haber previsto una estancia corta, muchos no han llegado nunca a integrarse por completo en la vida en la ciudad.

Lugares como el distrito de Char Chino en la provincia de Uruzgán experimentaron un influjo de desplazados internos procedentes de las ciudades de Kandajar y Lashkar Gah, de Nimruz e incluso de Pakistán cuando las Fuerzas Nacionales de Seguridad Afganas y las Fuerzas Militares Internacionales se retiraron de la zona. Además, el patrón de los retornados a muchas otras zonas sugiere que los desplazados internos esperaban la retirada de esas fuerzas como primer paso para reunir la confianza suficiente para regresar a casa.

Panorama de conflicto y desplazamiento

Los patrones y la prevalencia del desplazamiento varían dependiendo del actual panorama de conflicto. En áreas consideradas como zonas en disputa –entre las Fuerzas Nacionales de Seguridad Afganas/Fuerzas Militares Internacionales y los actores armados no estatales– el desplazamiento es, por lo general, mayor. En estas localizaciones, donde todos los días hay combates, grandes cifras de residentes huyen para escapar de ellos y porque no pueden trabajar, cultivar o regar sus tierras. Estos distritos en disputa probablemente seguirán siendo las zonas de las que procedan la mayoría de los desplazados internos en los próximos dos años en el sur de Afganistán. Los residentes revaluarán su situación continuamente, como ya lo han hecho en el pasado. Si consideran que el combate durará sólo un tiempo relativamente corto (hasta dos semanas) se irán, como muy lejos, al pueblo seguro más cercano con su familia y, si es posible, también con su ganado y algunas provisiones básicas. Pero en las zonas muy disputadas los residentes se prepararán para abandonar sus pueblos a largo plazo, normalmente para marcharse a uno de los centros urbanos más grandes del sur o incluso a Kabul o a Quetta, en Pakistán. Estos desplazados internos apenas podrán llevar consigo posesiones o ganado.

Además, muchas familias se marchan por temor a ser asesinadas en represalia. Cuando se entrevistó a los residentes autóctonos del distrito de Zhari, en la provincia de Kandajar, afirmaron que si un soldado del Gobierno muere las fuerzas gubernamentales acusan a los ciudadanos locales de cooperar con los talibanes o de ayudarles y se vengan por ello. Del mismo modo, si alguien del bando talibán muere, éstos registran el pueblo en busca de un supuesto espía al que castigar.

En las zonas en disputa, los talibanes a menudo colocan artefactos explosivos improvisados (IED, por sus siglas en inglés)  en las carreteras principales para bloquear el acceso a las Fuerzas Nacionales de Seguridad Afganas o a las Fuerzas Militares Internacionales; en algunos casos puede que informen a los ciudadanos locales de qué carreteras deben evitar, pero como hacer uso de dichas carreteras es una necesidad para ellos, supondrá otro motivo para el desplazamiento. En la provincia de Kandajar, al noroeste, las carreteras de acceso al centro llevan cortadas desde mediados de 2013. Esto no sólo ha impedido la entrega de alimentos y otros suministros sino que también ha obligado a la gente a huir puesto que no se podía transportar la cosecha o no era seguro ir al hospital por carretera, por ejemplo. En este caso, como en otros, los ciudadanos autóctonos saben que el Gobierno no entregará el distrito a los grupos armados, por lo que muchos prevén que la situación irá a peor en el futuro, ya que ni los grupos armados ni el Gobierno afgano tienen la intención de dar su brazo a torcer.

La gente quiere vivir en un entorno seguro, en el que pueda trabajar con independencia de quién ostente el control. Hay muchas posibilidades de que varias zonas que les fueron arrebatadas a grupos armados en el pasado y que actualmente se encuentran bajo el control del Gobierno sufran intensos brotes de violencia debido a que esos grupos intentarán aumentar su influencia en esas zonas con el fin de recuperar el territorio. ¿Qué implica esto para los desplazados internos? Quienes se estaban planteando regresar esperarán hasta finales de 2014 a ver qué pasa. Si mejora la seguridad, habrá desplazados internos que regresen a sus lugares de origen. Si la seguridad no mejora o empeora, no sólo no regresarán sino que se producirán nuevos desplazamientos.

Por ejemplo, en Helmand, en el centro, muchos desplazados internos regresaron a sus pueblos cuando se produjo el alzamiento militar a causa de la mejora de la seguridad y por las oportunidades de empleo con las Fuerzas Militares Internacionales. Ante la perspectiva de que se reanuden los combates en estas zonas, es posible que muchos de los residentes que aceptaron estos trabajos formen parte de una nueva oleada de desplazados internos en los próximos dos años. Miles de personas del distrito de Marja fueron contratadas por varias delegaciones de USAID y otros proyectos financiados por donantes en la provincia de Helmand. Como consecuencia, los grupos armados miran a estos residentes con desconfianza y pueden castigarles de distintas maneras. Alrededor de 1.500 hombres autóctonos fueron enrolados en los grupos milicianos anti insurgentes en Marja. Más tarde, cuando las Fuerzas Militares Internacionales quisieron integrar a estos milicianos en la plantilla de la Policía Local afgana, el Ministerio del Interior sólo pudo comprometerse a aceptar a un total de 450 policías y aquellos  que no fueron incorporados al cuerpo se encuentran potencialmente expuestos a las represalias de los grupos armados.

Las zonas que se encuentran bajo el control de grupos armados son particularmente susceptibles de generar desplazamientos, en especial porque el Gobierno está decidido a recuperar el control o realiza operaciones cada cierto tiempo. Dados los peligros que abundan durante las operaciones militares, muchos residentes de la zona se desplazaron durante el levantamiento y se esperan dinámicas similares en los próximos dos años en las áreas del sur de Afganistán que se encuentran bajo el control de insurgentes armados o en las que los grupos armados tienen influencia.

Existen claros indicadores de que el número de desplazados internos tenderá a aumentar en los próximos dos años a medida que el Gobierno afgano refuerce su posición en la mayoría de las zonas mediante la introducción de más fuerzas. Mientras, los talibanes tenderán a aprovecharse de la partida de las Fuerzas Militares Internacionales. Puesto que las zonas de conflicto son rurales, la mayoría de los desplazados internos procederán de este tipo de territorios y no estarán acostumbrados a la vida en la ciudad ni podrán ganarse la vida si no es mediante la agricultura. Es importante disponer de un sistema para llevar un registro de los nuevos desplazados internos con el fin de garantizar que los vulnerables reciban rápidamente una asistencia que les ayude a sobrevivir.

 

Rahmatullah Amiri amiri.rahmat@gmail.com es investigador social y político, y periodista autónomo instalado en Kabul.

 

 

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