Regresar de Irán

Entender los factores que repercuten en la decisión de los refugiados sobre su retorno y en la capacidad de las personas para reintegrarse tras ello resulta de vital importancia a la hora de planificar programas previos y posteriores al retorno para los refugiados afganos en Irán.

Aunque los factores clave que dificultan el retorno están claros (seguridad, oportunidades económicas y acceso a la vivienda y a los servicios básicos) siguen existiendo importantes lagunas de conocimiento en lo que respecta a muchos aspectos sociales y personales de las fases de retorno y reintegración en el ciclo de desplazamiento de los refugiados afganos. Una mejor comprensión del mismo podría hacer que las opciones programadas en las fronteras estuviesen mejor documentadas con el fin de equipar mejor a los refugiados afganos –quienes podrían haber estado muchos años en el exilio– con las destrezas y conocimientos necesarios para retornar y reintegrarse con éxito.

Un estudio que se llevó a cabo a finales de 2013 para el Consejo Noruego para los Refugiados ofrece claros indicadores de que para muchos que hace poco que se han repatriado desde Irán los retos para su reintegración en Afganistán se componen de dos circunstancias clave y previas al retorno: a) Los débiles lazos sociales y económicos que mantienen en su watan (país de origen) y b) su incapacidad para tomar decisiones razonables y bien fundadas acerca de su retorno[1].

El surgimiento de factores de expulsión negativos

Las redes transfronterizas de parientes, amigos y negocios a menudo se consideran enlaces básicos entre la población afgana en Irán y en Afganistán[2]. Nuestras entrevistas en las zonas con un alto nivel de retornos de Balj y Sar-e Pul sugieren no obstante que la función e influencia de estas redes han disminuido desde la última gran oleada de retornos a Afganistán a mediados de la década de 2000. Son menos los hogares afganos en Irán que parecen tener recursos en Afganistán o que pueden permitirse enviar remesas de dinero a su país, debido a la exorbitante devaluación del rial iraní frente al dólar estadounidense como resultado de la hiperinflación y la recesión en Irán.

La vida del refugiado en Irán es compleja; la burocracia es más restrictiva que nunca y las normativas cambian frecuentemente. Por ejemplo, la creación en 2008 de zonas de interdicción en Irán –lugares que de repente pasan a ser zonas vedadas para los refugiados por razones de seguridad nacional, interés público o salud– hacen que les resulte más complicado conservar su trabajo, mantener lazos sociales, enviar a los niños a la escuela o permitirse una vivienda. Agravadas por un menguante poder adquisitivo para comprar comida y cubrir otras necesidades, estas presiones obligan a la mayoría de las familias retornadas a sustituir una opción de retorno planificada por una decisión improvisada fruto de la frustración y del agotamiento psicológico.

Una vez que están de vuelta en Afganistán, los retornados se dan cuenta de que tras haber estado lejos entre siete y treinta años se han quedado en gran medida excluidos de las relaciones con parientes, de negocios y del apoyo que hubieran tenido en Afganistán diez años antes. Por ejemplo, los retornados declaran que no tienen garantías de poder procurarse un trabajo a través de parientes o amigos porque no pertenecen a una red de apoyo con acceso a recursos. Esto no sólo hace que sus vidas sean económicamente insostenibles sino que también da lugar a muchos síntomas de crisis de identidad entre los retornados. Solían ser extranjeros que luchaban por encajar en la sociedad iraní; ahora son extraños en su propio país y luchan para revivir relaciones sociales frágiles que ya no les proporcionan beneficios materiales ni les ofrecen protección.

¿Decisiones bien fundadas o riesgo calculado?

A pesar de que la vida en Irán es difícil, al ser la discriminación y el acoso unas características cotidianas, los refugiados afganos parecen considerarla “llevadera”. Hay seguridad, es relativamente fácil encontrar trabajo y existen opciones para acceder a la sanidad y a la educación. Por el contrario, la vida en Afganistán parece caracterizarse por no serlo, ya que está llena de inseguridades y es económicamente inviable; y siguen si cubrirse las necesidades básicas de los hogares. Los refugiados necesitan restablecer y reforzar los lazos familiares y sociales, integrarse en redes de apoyo para encontrar trabajo, y volver a aprender el modo afgano de hacer las cosas, con unas infraestructuras ruinosas y un Gobierno débil.

Paradójicamente, aunque la vida material sea “llevadera” en Irán, psicológicamente parece agobiante hasta el punto de paralizar la capacidad de los refugiados para tomar decisiones importantes. Éstos tienen que aprender a moverse en una sociedad con una burocracia, unas infraestructuras y unos servicios sociales operativos, todos ellos orientados a repatriarlos a su lugar de origen. Y aunque la vida material sea excesivamente complicada en Afganistán, los retornados parecen valorar los lazos familiares y sociales y podrían hallar consuelo en el hecho de que el Gobierno afgano, en su ineptitud y corrupción, no discrimine.

Con estos antecedentes, la mayoría de los refugiados no parecen ser capaces de tomar una decisión consciente y planificada sobre su retorno. De los datos recopilados en nuestra entrevista se desprenden pruebas de que la historia del retorno a menudo consiste en una mezcla malinterpretada de coacción, un acontecimiento que lo desencadene, esperanza y agotamiento. Nuestro análisis sugiere que:

·         Aunque los refugiados en Irán con o sin tarjetas Amayesh (que les otorgan derechos de residencia) viven en mundos diferentes (es decir, “de forma legal” frente a “de forma ilegal”, con todas las diferencias con respecto a la vulnerabilidad y las oportunidades que ello conlleva), su regreso resulta igual de arduo. Los preparativos para el retorno son mínimos y las menciones a la inseguridad y a los problemas de trabajo tras el retorno prevalecen en las narraciones.

·         Aunque repatriarse pueda parecer la salvación de una existencia agotadora y degradante como refugiado en un país en el que están a merced de un Gobierno determinado a enviarles de vuelta a casa, los retornados anhelan la seguridad y el trabajo de que disfrutaban en Irán.

·         El estado mental de los refugiados afganos en Irán y la decisión de regresar a Afganistán están intrínsecamente relacionados. En el primero se sufren los síntomas de una crisis de identidad mientras que la segunda casi se queda paralizada debido a la gran dificultad de esa tarea.

 

Aunque sólo son indicativos, los hallazgos preliminares del estudio sugieren que debería volver a examinarse el funcionamiento de las relaciones transfronterizas. Las remesas, el tráfico transfronterizo, las redes familiares, de amigos y de negocios y las percepciones de la vida futura de los refugiados en su watan merecen una mayor investigación. Entender por qué la mayoría de los retornados no parecen haber retenido lazos sociales y económicos útiles en su país de origen y abordar enfoques de programación transfronterizos para reforzar esos lazos podría permitir a los refugiados afganos tomar decisiones razonables y bien fundadas sobre su retorno y mejorar sus perspectivas de una reintegración sostenible.

 

Armando Geller armando@scensei.ch y Maciej M. Latek maciej@scensei.ch son cofundadores de Scensei. www.scensei.ch

 


[1] El estudio implicó la recopilación de datos de retornados recientes a las provincias afganas de Balj y Sar-e Pul, y la creación de perfiles demográficos, económicos y de vulnerabilidad de la población afgana en la provincia de Kermán (Irán) que acoge a un gran número de refugiados, por medio de una innovadora mezcla de técnicas de fusión de datos y una simulación social.

[2] Véase por ejemplo Monsutti, A. (2008) “Afghan Migratory Strategies and the Three Solutions to the Refugee Problem” (Estrategias migratorias afganas y las tres soluciones al problema de los refugiados), Refugee Survey Quarterly, Vol. 27, Nº 1. http://rsq.oxfordjournals.org/content/27/1/58.full.pdf+html

 

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