Realidades urbanas de mujeres y niñas desplazadas

Un creciente número de PDI vive en asentamientos informales en los principales centros urbanos de Afganistán, sin embargo, las formas en las cuales las mujeres y niñas desplazadas son vulnerables en tales asentamientos no son suficientemente entendidas y abordadas.

El sentido común podría inducir a creer que, en general, las mujeres y las niñas en las zonas urbanas pueden tener mayor acceso a servicios y oportunidades sociales en comparación con su entorno de origen rural previo al desplazamiento, debido a las actitudes más progresistas de las zonas urbanas y la mayor disponibilidad de servicios de educación (y de proveedores de servicios) de los grandes, y más seguros, centros urbanos. Sin embargo, una nueva investigación sugiérelo contrario[1]. Se reveló que las jóvenes y niñas desplazadas en los asentamientos urbanos de Kabul, Kandahar y Jalalabad se enfrentan a desafíos significativamente mayores y cualitativamente diferentes en términos de acceso a educación, salud y empleo respecto a sus homólogos masculinos; lo que más llamó la atención fue la significativa pérdida de libertad y capital social, y la extrema marginación que experimentan.

Marginación y aislamiento: Las jóvenes y niñas desplazadas con frecuencia son segregadas y no se les permite alejarse, o incluso salir de la casa; esto reduce drásticamente su acceso a la educación, los servicios de salud y las oportunidades de conseguir medios de subsistencia. Durante las entrevistas, sólo el 40% de las encuestadas declaró que las mujeres y las niñas podían obtener el permiso de salir de casa para visitar a sus amigas. Al menos un tercio declaró que tenían que estar acompañadas por un hombre de la familia todas las veces que salían. Las restricciones de movimiento también impiden que las jóvenes y niñas tengan acceso a la educación y a las oportunidades de conseguir medios de subsistencia. Los obstáculos culturales parecieron constituir un factor determinante de tal marginación y aislamiento, con normas conservadoras que se revelaron profundamente arraigadas en los asentamientos urbanos informales.

“Nos hace mucha falta el mundo exterior y nos sentimos como prisioneras aquí. La prisión es mejor; por lo menos te alimentan bien”. (Mujer de 24 años).

La pérdida de redes de apoyo: Dado que a las mujeres no se les permite salir de sus casas, no pueden pedir ayuda a las demás mujeres. Las jóvenes se quejaron con frecuencia de la imposibilidad de compartir sus problemas con otras mujeres en su barrio y comunidad, o de construir redes de apoyo dentro de sus comunidades en los asentamientos informales. Los vecinos a menudo amenazan a las familias con el desahucio en caso de que violen las normas sociales de la comunidad y concedan libertades a las mujeres y niñas (incluida la educación).

“En todo el día no tenemos casi nada que hacer. Si se nos permitiera acceder a la educación y conocer a otras personas, podríamos trabajar en el ámbito cultural y político... lo único que hacemos es que entre las chicas de las tiendas cercanas nos reunimos para quejarnos de la vida que tenemos, nada más que eso”. (Mujer de 25 años)

Angustia y depresión: Como resultado de su situación, parece que muchas mujeres y niñas desplazadas en zonas urbanas están sufriendo de depresión severa y con frecuencia hablan de preferir la muerte a su vida actual. Algunas PDI mencionaron la falta de asistencia en salud mental, y que no existe ninguna persona u organización a quienes pudieran recurrirlas personas que sufren trastorno de estrés postraumático y otros trastornos psicológicos (incluyendo a quienes consideran autolesionarse).

Orientando la ayuda

Muchas mujeres y niñas indicaron que sentían pena por haber sido desplazadas y con frecuencia comparaban su difícil situación actual con las vidas más agradables que llevaban en sus pueblos de origen en zonas rurales. El sentimiento predominante era de opresión, falta de oportunidades e imposibilidad de encontrar una salida. Muchas jóvenes también cuestionaron la utilidad de las entrevistas, si después nadie iba a proporcionarles asistencia, y las jóvenes desplazadas de Kandahar se quejaron de que cuando la asistencia llegó, esta fue llevada por hombres y entregada a hombres.

Para responder mejor a las vulnerabilidades específicas de las jóvenes y las niñas en los entornos urbanos, se recomienda que todas las evaluaciones de PDI incluyan un componente de necesidades de salud mental (con la identificación y remisión rápida de los casos en mayor riesgo). El personal humanitario no especializado, incluyendo el personal local, debe ser sensibilizado y capacitado para identificar los problemas de salud mental y entender cómo remitirlos casos adecuadamente. El análisis de género debería ser llevado a cabo de manera transversal en las evaluaciones y estrategias de respuesta para los asentamientos informales, y las mujeres y niñas deberían recibir un paquete de asistencia mixto, desde los servicios de apoyo psicosocial especializado, a un mayor apoyo por parte de la comunidad y la familia, pasando por la prestación de servicios básicos.

Los actores humanitarios deben explorar cómo restablecer la prestación de la educación formal o informal tan pronto como sea posible en el ciclo del desplazamiento, incluyendo, por ejemplo, actividades domiciliarias de formación profesional y apoyo a la generación de medios de subsistencia. Además, se deben aumentar las actividades de coordinación y promoción para las PDI en zonas urbanas, lo que a su vez requiere una sistemática elaboración de perfiles de las PDI en zonas urbanas y de sus necesidades y el establecimiento de mecanismos de remisión y respuesta.

Dan Tyler dan.tyler@nrc.no es Asesor Regional para Protección y Promoción del Consejo Noruego para Refugiados www.nrc.no. Susanne Schmeidl susanne.schmeidl@tlo-afghanistan.org es cofundadora y asesora de The Liaison Office (TLO) en Afganistán www.tloafghanistan.orge investigadora visitante del Colegio de Diplomacia de Asia-Pacífico de la Universidad Nacional de Australia www.anu.edu.au



[1] El informe del Consejo Noruego para Refugiados y The Liaison Office sobre jóvenes desplazados en zonas urbanas será publicado a mediados de 2014. Todas las entrevistas con las jóvenes y niñas desplazadas han sido realizadas por mujeres y adolescentes de la zona circundante. Primero se obtuvo el permiso de los ancianos para realizar las entrevistas en sus comunidades dentro de los asentamientos informales, y después de los hombres de cada familia para hablar con las mujeres y niñas de su familia.

 

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