Acoger a los desplazados... y ser acogidos

Que una familia autóctona acoja a una familia desplazada en su hogar se está convirtiendo en una forma muy habitual de alojamiento durante el desplazamiento. Entender cómo experimentan la acogida las personas desplazadas y quienes les acogen puede ayudar a los Gobiernos y a las agencias humanitarias a diseñar actividades que favorezcan el éxito y sostenibilidad de sus programas.

La acogida de familias desplazadas por parte de familias autóctonas puede ser espontánea o planificada, el primer paso o uno más dentro de las distintas fases en el alojamiento de los desplazados, y a menudo empieza antes de que los actores humanitarios lleguen y dura hasta mucho después de que se marchen. Las razones por las que hay gente que acoge a otras personas —sin expectativas de recibir a cambio remuneración alguna— incluyen preceptos culturales sobre la hospitalidad, expectativas normativas acerca de ayudar a quienes lo necesitan, o reciprocidad por la asistencia que una vez se recibió. Las familias de Sri Lanka que acogieron espontáneamente a familias desplazadas por la guerra señalaron que su decisión de acoger se basó en su falta de certidumbre acerca de su propio futuro: “¿Y si nos pasa lo mismo a nosotros? Deberíamos acogerlos”. La acogida ha demostrado ser indispensable tras el tsunami del Océano Índico de 2004, el terremoto de Haití de 2010, en conflictos como los de Gambia, Pakistán y la República Democrática del Congo (RDC), y más recientemente para los desplazados sirios que viven en el norte del Líbano.

La acogida asume diversas formas entre las que se incluyen: permitir a la familia desplazada que construya un refugio en la propiedad de la familia de acogida; destinar una zona de la casa para una familia, compartir la misma casa o habitación con una familia, permitir que se ocupe un edificio anexo a la vivienda de quien acoge o que utilicen su segunda residencia u otra vivienda de su propiedad. Sin embargo, a pesar de las pruebas del creciente papel de la acogida, se ha escrito poco acerca de cómo experimentan las personas que se encuentran en relaciones de acogida esa nueva circunstancia. Las interacciones en un entorno donde dos familias deben aprender a convivir en una relación de acogida son muy diferentes de las interacciones sociales en los campamentos.

Los tres factores prominentes de la experiencia de acogida —la duración de la estancia, la presencia de niños y la necesidad de compartir— no existen de forma aislada. Cada uno de ellos tiene que ver con los otros, lo que potencialmente influirá en cuánto tiempo puedan vivir juntas las dos familias y en la calidad de la relación de acogida.

La duración de la estancia

Normalmente no se sabe cuánto tiempo necesitará quedarse una familia desplazada con su familia anfitriona, por lo que resulta complicado fijar una fecha para el fin de la acogida. La negociación de la duración de la estancia puede ser una conversación incómoda, dado que están en juego el estatus y la generosidad. En Sri Lanka, las familias de acogida normalmente decían: “Prometemos que una vez que acaben los conflictos, nos iremos a casa”. En Haití, la duración de la acogida rara vez se discutía. Aproximadamente la mitad de las familias de acogida entrevistadas había acogido a una familia refugiada durante más de un año sin determinar hasta cuándo sería.

La incertidumbre con respecto a la duración de la estancia y la posibilidad de una permanencia excesiva producía ansiedad a ambas familias. Organismos como Cruz Roja recomiendan que la duración de la estancia se acuerde entre las familias anfitrionas, sus huéspedes y una autoridad de la comunidad de acogida y que dure entre uno y tres años. Otras directrices sugieren un acuerdo a cuatro partes entre la familia anfitriona, sus  huéspedes, la agencia implementadora y la autoridad local. Sin embargo, no se ha realizado ninguna investigación independiente que demuestre hasta qué punto una fecha de finalización de la acogida acordada de antemano reduce la ansiedad, ni su influencia sobre la calidad o la experiencia de la misma.

El “problema” de los niños

La presencia de niños puede amenazar la estabilidad de la relación de acogida. Los acogidos señalaron el reto que suponía ir con niños y manifestaron lo siguiente: “Solo podemos quedarnos uno o dos meses con nuestros parientes; si no, los niños se pelean. Las familias que nos acogen tienen más dinero y nuestros hijos se enfadan porque ven que los otros niños comen o tienen cosas que nosotros no podemos darles. Son demasiado pequeños para entenderlo”. Otra mujer aseguraba que “los nuestros son pequeños y molestan a los niños más mayores de nuestros parientes. No nos sentimos bien cuando nuestros hijos molestan a los demás”. Aunque los manuales sugieren que la acogida es la opción preferible para mantener a la familia junta, los estudios de caso de todo el mundo demuestran que eso no siempre es así. Las familias desplazadas en Sri Lanka y el este de la República Democrática del Congo aseguran que enviaron a sus hijos con diferentes familias de acogida. La separación aumentará las preocupaciones, dado que la separación entre hijos y padres es un reconocido factor de estrés para los niños desplazados y refugiados, y para sus padres.

La necesidad de compartir

Ya sea de forma espontánea u organizada a través de una agencia, ni los que acogen ni los acogidos pueden saber si se van a llevar bien en su día a día. Lo que es evidente es que acoger conlleva unas dinámicas sociales complicadas al compartir tres aspectos concretos: espacio, recursos y actividades.

Compartir el espacio: Una evaluación llevada a cabo por el Consejo Danés para los Refugiados en 2012 sobre los refugiados sirios en el norte del Líbano halló que un importante porcentaje de familias acogidas habían abandonado a sus familias de acogida y se habían mudado a un alojamiento de alquiler debido a la insostenibilidad de la relación o porque la casa era demasiado pequeña. Las familias de Sri Lanka a las que se les preguntaba si acogerían una familia en el futuro dijeron que lo harían solo si la familia acogida “tuviese que atenerse a una legislación y normativas” y “vivir bajo nuestro control”.

Compartir recursos: Aun en el caso de vivir en un refugio separado en la propiedad de las familias de acogida, en medio de la economía política del desplazamiento y su escasez, compartir los recursos podría suponer una fuente de conflicto entre los acogidos y quienes les acogen. Una mujer explicó lo siguiente: “Nuestros parientes no hacen mucho así que les pedimos que compartan la leche en polvo, ellos se quejan de que tenemos demasiados hijos”[1]. Las familias de acogida de Sri Lanka hacían la siguiente observación: “Estamos compartiendo el aseo y el pozo, pero no hay electricidad. Tenemos que utilizar más queroseno ahora que hay más niños estudiando. Es difícil”.

Compartir actividades: Cocinar, hacer las tareas domésticas y estudiar son actividades que los miembros de las familias de acogida y las acogidas hacen juntos. Los miembros de la familia acogida también ayudan con tareas del hogar como la colada, el cuidado de los niños y la jardinería. Colaborar en las tareas del hogar les ayuda a sentirse útiles y reduce la sensación de endeudamiento.

Pagar el precio de acoger o de ser acogido

Aunque a las familias hospedadas les preocupa ser una carga para quienes les acogen, también expresan su gratitud. Una mujer de Sri Lanka declaró lo siguiente: “Nuestros parientes han estado cuidándonos de su propio bolsillo durante los últimos dos meses”. Las familias de acogida también pueden ser pobres y necesitar asistencia humanitaria para poder alojar a la familia acogida. Hay seis paquetes comunes de asistencia financiera para respaldar los planes de acogida:

  • Incentivos en efectivo para las familias de acogida que ofrezcan alojamiento a familias desplazadas.
  • Asistencia en especie que consiste en materiales de construcción para ampliar la casa de las familias de acogida.
  • Reembolso retroactivo a las familias de acogida por las mejoras realizadas en la vivienda para alojar a una familia.
  • Transferencias de efectivo a las familias acogidas para, por ejemplo, pagar el alquiler o las facturas de servicios.
  • Trabajo a cambio de dinero u otros planes de generación de ingresos para que las familias hospedadas puedan sufragar los costes de la acogida.
  • Asistencia humanitaria a ambas familias (la que acoge y la acogida) como “familias solidarias”: El modelo de familia solidaria trata a ambas familias como una unidad familiar y como una única receptora de la ayuda[2]. Todo bajo un acuerdo contractual por escrito de mutuo acuerdo en el que se describe qué ayuda recibirán la familia hospedada y la que la acoge por el período de acogida y cómo se dividirá entre ambas.

 

Anticiparse a respaldar la acogida

Acoger como refugio a corto y a largo plazo es una práctica que va en aumento y los actuales estándares y directrices de refugio ofrecen pasos prácticos para implementar los acuerdos de acogida[3]. Reconocen que la distribución de ayuda podría provocar resentimiento entre las familias acogidas y sus anfitriones o que los miembros de ambas familias podrían explotar a los de la otra o abusar de ellos. Sin embargo, no existen pruebas que demuestren si esto ya ocurre o no, bajo qué condiciones es más probable que ocurra y cómo evitarlo. Aunque las directrices ofrecen descripciones detalladas de los criterios de selección para la asistencia a la acogida, falta entender hasta qué punto los paquetes de asistencia tienen cualquier tipo de efecto en el bienestar de los que acogen y los que son acogidos.

Se asume que este sistema ofrece a las personas desplazadas la oportunidad de socializarse e interactuar con la comunidad de acogida pero el coste emocional de vivir en una relación de acogida puede ser alto, especialmente si se combina con el hecho de que te digan, directa o indirectamente, que eres una carga. Para aumentar la sostenibilidad de la acogida como opción de refugio, deberá investigarse más acerca de cómo “experimentan” la relación los acogidos y quienes les acogen.

 

Cynthia Caron CCaron@clarku.edu

Profesora adjunta, International Development, Community and Environment (Desarrollo Internacional, Comunidad y Medio Ambiente), Universidad Clark www.clarku.edu



[1] UNOPS (2010) Needs Assessment of Vanni IDPs Returning to Jaffna District, Velanai Divisional Secretariat Division: Based on Qualitative Data [Evaluación de las necesidades de los desplazados internos de Vanni que regresan al distrito de Jaffna, en la división territorial de Velanai: basada en datos cualitativos]

[2] IFRC (2012) y Shelter Projects (2009) DRC, Goma – 2009 –Conflict Displaced Case study: Urban host families, vouchers [RDC, Goma 2009 — Estudio de caso de las personas desplazadas por el conflicto: familias de acogida urbanas, vales] www.sheltercasestudies.org/shelterprojects2009.html

[3] Corsellis T y Vitale A (2005) Transitional Settlement, Displaced Populations [Asentamiento transitorio, poblaciones desplazadas] www.ifrc.org/PageFiles/95884/D.01.06.%20Transitional%20Settlement%20Displaced%20Populations_%20OXFAM%20and%20Shelter%20Centre.pdf; Davies A (2012) IDPs in Host Families and Host Communities: Assistance for Hosting Arrangements [Desplazados internos en familias y comunidades de acogida: asistencia para los acuerdos de acogida] www.refworld.org/docid/4fe8732c2.html; e IFRC (2012) Assisting Host Families and Communities after Crisis and Natural Disaster: A step-by-step guide [Asistir a las familias y comunidades de acogida tras las crisis y desastres naturales: guía paso a paso] www.ifrc.org/PageFiles/95186/IFRC%20DRC%20Assisting%20host%20family%20guidelines-EN-LR.pdf

 

 

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