La defensa de la autorrecuperación

La mayoría de las familias que se recuperan de una catástrofe por culpa de un desastre reconstruyen sus propias casas. Esta práctica de autorrecuperación por parte de las comunidades no desplazadas puede servir también para las poblaciones desplazadas. 

Al igual que más de medio millón de familias filipinas Erica, John Rey y sus doce hijos vieron cómo el tifón Yolanda arrasaba su casa. Dos años después ya la habían diseñado y reconstruido. Recibieron algunos materiales, una pequeña cantidad de dinero en efectivo y asistencia técnica de una ONG internacional que trabajaba con un socio local pero, en esencia, fueron ellos mismos quienes se encargaron de llevar el control, tomar las decisiones y trabajar en la construcción día tras día. Se estaban “autorrecuperando”. Los organismos de ayuda internacionales y nacionales tienden a llegar solo hasta el 10 o 20 % de aquellas personas cuyas viviendas han sufrido daños o han quedado destruidas en un desastre importante[i]. Esto implica que el 80-90 % se autorrecuperan. Con escaso o ningún apoyo exterior, estas familias en la mayoría de los casos reconstruirán sus casas con las mismas vulnerabilidades y malas prácticas en cuanto a construcción se refiere que han contribuido a que sufran daños, pérdidas económicas, heridas o muertes.

Cada vez más, el sector del alojamiento se ha ido dando cuenta de que el enfoque convencional hacia la recuperación de las viviendas tras el desastre solo es parcialmente válido. Este enfoque se caracteriza por una fase de emergencia que suele durar tres meses, seguida por una recuperación temprana y, luego, por la reconstrucción. La adopción de alojamientos provisionales o de transición ha sido popular en las últimas emergencias. Se trata de viviendas de una sola habitación para salir del paso durante unos pocos años hasta que la familia reconstruya una casa permanente pero que, con frecuencia, agotan el presupuesto de la ayuda y que suelen convertirse por tanto en hogares a largo plazo que no cumplen con las normas básicas. Por otro lado los programas de autorrecuperación proponen que toda la ayuda se dirija hacia el fin último de construir una vivienda permanente que sea más segura. Aunque el proceso apenas está asimilado actualmente, el sector del alojamiento está empezando a desarrollar enfoques efectivos y apropiados para respaldar esta práctica.

Filipinas destacó muchas de las ventajas y algunos de los obstáculos del programa de autorrecuperación tras el tifón Yolanda. El primero de sus puntos positivos fue el control, la voluntad y las elecciones que ejerce la familia. La prueba visual más asombrosa de la sensación de ser propietario estimulada por la autorrecuperación, son los paneles de bambú tejido con un diseño delicioso y la abrumadora variedad de macetas con plantas que adornan la fachada de todas las casas. Un enfoque de autorrecuperación también concilia la elección y el control con el énfasis en métodos de construcción más seguros a través de la formación y del acompañamiento de la comunidad. Al formar a los albañiles autóctonos en técnicas de reconstrucción más seguras, se deja un legado de mejores prácticas de construcción y de reducción del riesgo de desastres a largo plazo. Cada familia construye según sus necesidades (y también, por supuesto, según sus propios medios, lo que es potencialmente negativo). Mientras tanto, el enfoque de tipo “talla única” de muchos programas convencionales pugna por asimilar este abanico de necesidades.

Muchas familias filipinas del entorno rural complementan sus ingresos con las pequeñas tiendas de ultramarinos que se insertan fácilmente en esas casas autoconstruidas y autodiseñadas, por lo que el control sobre el diseño supone una importante contribución a la recuperación de los empleos. La autorrecuperación tiene el potencial de ser rápida y efectiva: en poco tiempo se puede llegar a un número muy grande de familias para darles dinero en efectivo, algunos materiales, asistencia técnica y formación. Como la cantidad de dinero en efectivo que se les da es mucho menor que el coste real de la casa, el presupuesto puede llegar a muchos más hogares que un programa convencional de vivienda completa. La inversión en viviendas autoconstruidas en Pakistán tras las inundaciones de 2010 resultó ser comparable, por casa, al coste de una tienda de campaña[ii].

La experiencia en Filipinas también muestra algunos de los retos a los que se enfrenta el programa de autorrecuperación. La inconsistencia de la calidad técnica es el más evidente. La idea de “reconstruir de forma más segura” se promovió en este caso mediante cuatro sencillos mensajes de construcción pero su nivel de cumplimiento variaba. Las familias beneficiarias estuvieron sujetas a un proceso de selección que inevitablemente excluyó a una importante parte de la población, por lo que el legado de unas mejores prácticas de construcción no consiguió calar en toda la comunidad: muchas familias reconstruyeron sus casas sin mejorar la seguridad. Aunque el alojamiento y los trabajos estaban integrados, el agua y el saneamiento no lo estaban. Se perdió la oportunidad de recolectar agua de lluvia con los nuevos tejados metálicos y de impulsar la campaña del Gobierno de “cero defecación al aire libre”.

Lo que funciona bien en Filipinas puede no hacerlo en otros lugares. También es cierto que la extendida práctica de la comunidad de ayudarse los unos a los otros en Filipinas y que el acceso bastante fácil a los mercados crean unas buenas condiciones para un enfoque basado en la autorrecuperación. Sin embargo, los últimos desastres provocados por tormentas, terremotos e inundaciones en diversos contextos han demostrado que el enfoque basado en la autorrecuperación suele ser apropiado. Las comunidades nunca son pasivas y la iniciación de la reconstrucción y la recuperación en un proceso inevitable.

En 2015 el ciclón Pam devastó las islas del sur de la nación de Vanuatu, en el Pacífico. Algunos pueblos perdieron casi todas las casas. En cuestión de días las familias estaban recuperando material, secando tejados de palma y empezando a reconstruir sus hogares. No hay mercados y solo unas pocas carreteras en la isla de Tanna —la más afectada— y estaba claro desde el principio que el dinero en efectivo no sería lo más apropiado. Las casas allí están hechas casi por completo de materiales naturales recogidos de los bosques cercanos. A pesar de los considerables retos logísticos, en pocas semanas se inició un programa de formación junto con la distribución de un kit de fijación (clavos y cinta ciclónica) para dar apoyo al proceso de autorrecuperación.

Por contra, la autorrecuperación tras el terremoto de Gorkha, en Nepal en 2015 fue un peor ejemplo. Numerosos factores influyeron en el propio proceso de autorrecuperación y en el respaldo organizativo recibido: la construcción en piedra de las viviendas, la logística del terreno montañoso, el retraso en la entrega de las subvenciones del Gobierno, y la necesidad de cumplir con los códigos y normas de construcción.

Autorrecuperación para las poblaciones desplazadas

Los estudios sobre la autorrecuperación tras un desastre son bastante recientes y se centran sobre todo en las comunidades rurales que han sido afectadas por fenómenos “naturales” como tormentas, terremotos e inundaciones. En su conjunto, esas familias no fueron desplazadas aunque estos desastres también suelen ser una causa de las migraciones forzadas. Existen diferencias claras entre la familia que ha perdido su casa en una tormenta y la familia refugiada o desplazada interna que tiene que huir de su hogar. La primera puede volver a construir en sus propias tierras; la segunda tendrá que asentarse en un campamento o a las afueras de una ciudad en una situación precaria. Sin embargo, ¿existen potenciales beneficios en buscar soluciones de alojamiento para las poblaciones desplazadas y migrantes desde el punto de vista de la autorrecuperación?

Solo el 30 % de los refugiados y desplazados internos del mundo están alojados por organizaciones internacionales. El 70 % restante se encuentra en alojamientos de alquiler, acogidos por familiares y amigos, durmiendo en la calle o en algún alojamiento casero fabricado por ellos mismos. De un modo u otro se están “autorrecuperando”, si lo entendemos como un proceso de recuperación, o de afrontamiento, empleando los recursos propios de la familia sin una intervención externa significativa y con un grado de control considerable sobre su propio camino hacia la recuperación. Hay muchos ejemplos de refugiados, desplazados internos y personas desplazadas por desastres —sobre todo en entornos urbanos— que, de acuerdo con esta definición, se han autorrecuperado.

Los refugiados de la antigua colonia española del Sáhara Occidental viven en campamentos de Argelia desde 1976. El duro clima desértico y su herencia nómada requieren unas soluciones muy específicas a sus necesidades de alojamiento. Con unas temperaturas que alcanzan los 50º C durante el día pero son frías por la noche, los saharauis tienen dos viviendas: una gran tienda de campaña verde y una casa de ladrillo de adobe con ventanas cerca del suelo para que se ventile y refresque. La solidez y la masa térmica de los ladrillos de adobe y la tienda bien ventilada ofrecen una adecuada combinación de ambientes. Las ONG internacionales y los colectivos solidarios les entregan lonas para las tiendas de campaña pero son los refugiados quienes controlan por completo el diseño, la fabricación y la colocación. En términos de control, elección y voluntad —al menos con respeto a sus viviendas— se están autorrecuperando.

En el campo de refugiados de Kakuma, abierto en el noroeste de Kenia en 1992, muchos residentes sienten un profundo orgullo por sus casas. Las han decorado según sus gustos y valores particulares, y han plantado árboles y flores fuera. Incluso compiten con los vecinos por la personalización de los espacios vitales[iii]. Estas acciones demuestran de qué manera la autorrecuperación, como la entendemos aquí, también se da en situaciones de desplazamiento prolongado.

Es evidente que la autorrecuperación en el contexto de un desastre natural es un proceso espontáneo. También es evidente que muchas poblaciones desplazadas también eligen y controlan sus opciones de alojamiento. Con frecuencia, los refugiados y desplazados internos no tienen más remedio que salir adelante ellos solos. Tanto el potencial de los programas de autorrecuperación como los beneficios de un enfoque que tiene más que ver con el empoderamiento que con la construcción real podrían ser relevantes —aunque innegablemente diferentes en cuando al matiz, detalle y contexto de las situacions que siguen a un desastre— para las circunstancias de los refugiados, desplazados internos y para los desplazados por un desastre.

 

Flinn, Bill Flinn@careinternational.org

Asesor superior de alojamiento, CARE International UK, y director del programa de investigación “Promoting Safer Building: supporting self-recovery” (La promoción de una construcción más segura: el apoyo a la autorrecuperación) http://promotingsaferbuilding.org/

 

Holly Schofield hschofield@careinternational.org

Investigadora, CARE International UK

 

Luisa Miranda Morel MirandaMorel@careinternational.org

Asistente de investigación, CARE International UK

 www.careinternational.org.uk

El estudio es una colaboración entre CARE UK, el Instituto de Desarrollo de Ultramar, la University College London, y el Servicio Geológico Británico, y está financiado por el Global Challenges Research Fund.



[i] Parrack C, Flinn B, Passey M (2014) “Getting the Message Across for Safer Self-Recovery in Post-Disaster Shelter” [Captar el mensaje para una autorrecuperación más segura en el alojamiento tras un desastre], Open House International 39 (3) https://radar.brookes.ac.uk/radar/items/b0bd437a-4aec-4849-a849-fb3f8fc2f0ce/1/

[ii] Hendriks E, Basso M, Sposini D, van Ewijk L, Jurkowska H (2016) “Self-built housing as an alternative for post-disaster recovery” [Las viviendas autoconstruidas como alternativa para la recuperación tras el desastre]. ETH Zurich www.ethz.ch/content/dam/ethz/special-interest/conference-websites-dam/no-cost-housing-dam/documents/Hendriks_final.pdf

[iii] Feyissa Demo A (2009) “Montados en una tortuga” Revista Migraciones Forzadas número 33 p.12 www.fmreview.org/es/situaciones-prolongadas

 

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