Las labores domésticas colectivas durante el período de tránsito

Las actividades cotidianas de los residentes y voluntarios del centro de alojamiento para los refugiados City Plaza Refugee Accomodation Centre de Atenas y la organización del espacio contribuyen a crear una sensación positiva de hogar

Activistas y defensores de la capital griega, Atenas, han ocupado edificios vacíos de la ciudad en solidaridad con los miles de refugiados atrapados en el país por el cierre de fronteras. Han transformado edificios en alojamientos okupas para alojar a los refugiados como forma de resistencia a las políticas autoritarias del Gobierno y como alternativas a los centros de internamiento y a los campos de refugiados.

Un ejemplo de espacio de alojamiento autoorganizado es el “City Plaza” del centro de Atenas. Se trata de un antiguo hotel que llevaba siete años cerrado y del que se hizo cargo en abril de 2016 la iniciativa Economic and Political Refugee Solidarity (solidaridad económica y política con los refugiados) junto a los voluntarios y refugiados, quienes lo reconvirtieron en un centro de alojamiento[1]. Acoge de forma permanente a familias que experimentan dificultades para encontrar un lugar donde quedarse en la ciudad después de haber sido reubicadas desde los campos de refugiados de las islas griegas. Los residentes reciben tres comidas al día, hay una clínica y los niños pueden estudiar en los colegios locales. Los principios subyacentes por los que se rige la gestión del City Plaza son la solidaridad y la participación colectiva de los residentes y voluntarios en las actividades cotidianas. El lema y la filosofía de este espacio se basan en el principio de unidad: “Vivimos juntos. Trabajamos juntos. Luchamos juntos”[2].

Esperaba encontrar residentes que tuvieran poco o ningún respeto por los demás y que vivieran separados del resto debido a sus diferentes orígenes, ya que había afganos, iraquíes, iraníes, sirios, kurdos, palestinos y pakistaníes conviviendo en las siete plantas del edificio. Pero lo que encontré fue que casi todo el mundo compartía las nociones de “una gran familia” y “un segundo hogar después de la patria”. El amigable ambiente del edificio ocupado con su norma no escrita de respeto a los demás a pesar de las diferencias nacionales o religiosas y de los conflictos que hubiese en sus lugares de origen, buscaba crear el concepto de un espacio compartido y recrear la sensación de tener un hogar.

Pero, ¿qué significa “hogar” y cuáles son las prácticas que “crean un hogar” cuando uno se encuentra de paso?

La organización del espacio

Los factores externos como la ubicación del edifico ocupado cerca del centro de la ciudad y la propia naturaleza de dicho edificio desempeñaron un papel importante en la buena adaptación de los migrantes forzados. Los griegos y los voluntarios a menudo manifiestan su opinión de que los que viven en el City Plaza son “afortunados” y de que es un “centro okupa de cinco estrellas”. En comparación con los campos, en los que la gente reside en tiendas de campaña a pesar del frío, las condiciones del City Plaza son, de hecho, lujosas. A los miembros de una misma familia se les asigna una habitación individual con aseo, armario, mesa y balcón. Por tanto, hay privacidad para los residentes —uno de los principales componentes del concepto de hogar— dado que ya no tienen que esperar en largas colas para poder darse una ducha compartida con gente desconocida.

Se está mejor que en un campo, donde no tienes privacidad y tus parientes están separados en diferentes tiendas de campaña. Además, había peleas en el campo en el que estábamos y la Policía no hacía nada siempre que se produjeran dentro del campo. (Hombre pakistaní de 20 años de edad. Llegó al City Plaza en abril de 2016).

La seguridad de día y de noche hace que los refugiados se sientan a salvo. La noción de seguridad manifestada no se refería solo al edificio sino al país en general.

Al menos aquí no me da miedo ir al parque con mis hijos ni mandarlos a la escuela. (Padre de dos niños, procedente de Quetta, Pakistán)

Los intentos de crear un sentimiento compartido de pertenencia pueden verse en la filosofía oficial del lugar, cuya descripción oficial presenta el centro como un hogar: “400 refugiados, 7 plantas, 1 hogar”. La primera persona del plural se utilizó con frecuencia durante las entrevistas —por ejemplo, “vivimos juntos”— y hay fotografías de los actuales y antiguos residentes en las paredes de la recepción y en el bar, que son los dos espacios públicos más frecuentados. La noción de “gran familia” se crea a través de este tipo de detalles visuales.

Las habitaciones individuales también parecen pequeños hogares dentro de uno más grande. Hay fotos de familia en las paredes, mantas o alfombras en el suelo, y juguetes infantiles. Algunos, al describir su habitación actual, hablaban de espacios en los que podían relajarse después de haber estado fuera o ayudando a alguien del centro. La posibilidad de que los miembros de una familia vivan juntos en una habitación ayuda a crear un sentimiento de pertenencia.

También hay unas pocas personas que no tienen parientes y se les pone juntos en un par de habitaciones en el centro. Lo normal es que haya hasta cinco residentes por habitación y, en esos casos, la sensación de privacidad se limita a la propia cama y al pequeño espacio que la rodea:

Somos tres en la habitación. Mi cama es mi hogar. Me gusta tumbarme y ver películas después del turno en la cocina. (Hombre iraní de 26 años de edad. Llegó al City Plaza en abril de 2016).

La realización diaria de actos familiares

Como a los refugiados no se les permite trabajar oficialmente mientras aguardan la resolución sobre su solicitud de asilo, los que no van al colegio o a clases de griego, por ejemplo, tienen mucho tiempo libre. Hay actividades obligatorias en las que cada familia ha de participar, como turnos en la cocina: los residentes cocinan juntos para todos los que viven en el centro. Preparar la comida, servirla y luego lavar los platos y fregar el suelo les lleva, al menos, cuatro o cinco horas. Otra obligación es la de limpiar los pasillos y las escaleras, que se lleva a cabo semanalmente. Estas actividades pueden considerarse un intento de crear la sensación de un espacio compartido o, en otras palabras, de entenderlo como “estar en casa”, una casa que debe mantenerse limpia y cómoda. Entre las actividades informales organizadas por los residentes o voluntarios se incluyen la proyección de películas, excursiones al casco histórico de la ciudad, partidos de fútbol y fiestas dentro del centro o en uno de los bares. A través de esas actividades formales e informales, los residentes y voluntarios intentan mantener unos hábitos domésticos positivos.

Cuando las familias se marchan (porque las han reubicado), los residentes les organizan fiestas de despedida. Algunas lloran porque no quieren marcharse; otras intentan seguir en contacto incluso cuando ya se han mudado. (Voluntario en el City Plaza desde julio de 2016)

 

Alexandra Koptyaeva alex.koptyaeva95@gmail.com
Estudiante, Universidad de Linköping, Suecia https://liu.se/en

 

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