La reducción de riesgos de violencia de género mediante la mejora del diseño de los programas de alojamiento

Un buen programa de alojamiento debe incluir medidas paliativas a través del ciclo del proyecto para reducir los riesgos de violencia de género. 

Los alojamientos deben ser habitables y proporcionar seguridad física y un espacio adecuado, y protección contra las condiciones climáticas. También son hogares en los que las personas buscan bienestar y seguridad, en especial si se encuentran en una situación de desplazamiento. En esencia, los alojamientos ofrecen protección. Sin embargo, construirlos no es suficiente. Estos alojamientos, y los asentamientos en los que se construyen, también deben ofrecer protección contra la violencia, incluida la violencia por razón de género.[1]

Las intervenciones potenciales para mitigar los riesgos de violencia de género en los programas de alojamiento deben ser informadas mediante un análisis de género y de riesgo que se lleve a cabo al comienzo del programa. De esta manera, los profesionales que trabajan en los alojamientos tienen más posibilidades de identificar los riesgos antes de que causen daño de forma accidental. La inclusión adecuada, por ejemplo, del género y de la participación de las mujeres en los proyectos tiene el potencial no solo para mejorar la situación de la mujer en la sociedad, sino también para reducir los riesgos que pueden conducir a la violencia de género. Sin embargo, cuando esto se hace sin una evaluación adecuada del funcionamiento del género y de los roles, la participación de las mujeres puede conducir, de forma involuntaria, a una disminución en el control de los hombres en el proceso de recuperación, lo que contribuye a la violencia doméstica, por parte de la pareja y a otros tipos de violencia de género.

El conocimiento de situaciones de violencia de género debe ayudar a lograr mejores proyectos de alojamiento que tengan como objetivo evitar o reducir el daño. Es una estrategia y un proceso que puede ayudar al personal, incluido el personal del alojamiento, a reducir las vulnerabilidades de las poblaciones afectadas. Un enfoque en la mitigación del riesgo de la violencia de género y en las necesidades y capacidades específicas del género garantiza más asistencia de alojamiento relevante que satisfaga las necesidades de las personas.

Tifón Haiyan, 2013

Después del paso del tifón Haiyan en Filipinas, la comunidad humanitaria internacional promovió una serie de mensajes para reconstruir las viviendas de forma más segura y ofreció capacitación profesional en construcción.[2] Los hombres tradicionalmente desempeñaban los roles de construcción, lo que limitaba la participación de las mujeres en el diseño de los alojamientos que cubrirían sus necesidades. En un programa de alojamiento, las mujeres contaban con una persona a cargo que decidía el diseño de los alojamientos con el fin de garantizar la inclusión de elementos para proteger su privacidad y dignidad, como divisiones internas para crear dormitorios separados, materiales opacos para las paredes y espacios para actividades de lavado y saneamiento. A través de la inclusión de las mujeres y las niñas, este proyecto de alojamiento pudo tomar medidas para mitigar los riesgos de violencia de género relacionados con la construcción y el diseño de los alojamientos.

 

El punto de partida de cualquier programa de alojamiento se encuentra a nivel de asentamiento, donde se consideran cuestiones tales como la superpoblación y la densidad del lugar, y el acceso a servicios de saneamiento, mercados y artículos de socorro de emergencia. Para garantizar con éxito el acceso a servicios y oportunidades, los programas de alojamiento deben integrar consideraciones de género y de violencia de género antes y durante la implementación; en esto se incluyen la planificación de evaluaciones, la orientación y la distribución de los lugares, la priorización de las personas en la distribución de los lugares, el traslado futuro de materiales, los sistemas de comentarios y reclamos, y el personal adecuado para garantizar el acceso seguro de grupos vulnerables durante dichas actividades, como las distribuciones.

Terremotos de Nepal, 2015

Después de los terremotos que se produjeron en abril y mayo de 2015 en Nepal, un alojamiento y el programa WASH de agua, saneamiento e higiene integraron un enfoque de género para aumentar el acceso de las mujeres y las niñas a artículos domésticos esenciales y para reducir los riesgos de protección.[3] Las mujeres que integraban el personal evaluaron las funciones y responsabilidades de las mujeres y las niñas para diseñar puntos de distribución que garantizaran un acceso seguro y equitativo. Las medidas para controlar a la muchedumbre durante los momentos de distribución y en lugares cerrados también reforzaron la seguridad.

 

Una vez decididos los enfoques de asentamiento y de ubicación, el centro de los programas de alojamiento se traslada al hogar. La violencia de género no solo ocurre fuera de la vivienda. Para muchas personas, el hogar no es un lugar seguro; la violencia de pareja y la violencia doméstica, por su propia naturaleza, tienden a ocurrir en privado, detrás de puertas cerradas y entre miembros de la familia. La provisión de diseños de vivienda y de espacios de descanso adecuados para los diferentes miembros de la familia, según sus prácticas culturales, puede ayudar a mitigar algunos actos de violencia de género en el hogar. Proporcionar suficiente espacio cubierto por persona reduce riesgos asociados con el hecho de compartir espacios con personas que no son miembros de la familia.

Terremoto en Haití, 2010

Inmediatamente después del terremoto que azotó a Haití en enero de 2010, un proyecto de alojamiento transitorio tuvo como objetivo proporcionar alojamientos seguros para las personas desplazadas, y prestó especial atención a las necesidades de las mujeres y las niñas. Los equipos del proyecto en los que trabajaban mujeres evaluaron las necesidades especiales a través de grupos de enfoque específicos. Como resultado, una puerta adicional fue agregada a la parte posterior de los alojamientos; no solo era tradicional tener dos entradas, sino que la otra también servía como una salida secundaria de la vivienda si un miembro de la familia necesitaba escapar de un acto de violencia.[4] Además, algunas mujeres también se sentían más seguras en hogares con puertas que se abrían hacia el exterior, ya que consideraban que sería más difícil para alguien forzar la puerta que abrirla de una patada. constructionTraditionally construction.

 

Un buen programa de alojamiento que tiene en cuenta la violencia de género no solo se centrará en los aspectos prácticos de la construcción, sino que también se asegurará de que las familias vulnerables se sientan seguras en sus comunidades y que puedan, por ejemplo, cubrir los gastos del alojamiento (tales como el alquiler, las facturas, el mantenimiento y las reparaciones).

Cada vez son más los miembros de los alojamientos y del personal de protección, incluidos los especialistas en violencia de género, que trabajan juntos para identificar y mitigar los riesgos en los programas de alojamiento. Además, todo el personal del lugar debe estar capacitado para saber cuándo y cómo actuar si presencian o escuchan acerca de un caso de violencia de género, para así minimizar impactos negativos adicionales en las supervivientes y facilitar el acceso a servicios de apoyo disponibles para supervivientes de violencia de género. Esto requiere que las personas que trabajan en los alojamientos entiendan los conceptos de confidencialidad, consentimiento y protección infantil y, al mismo tiempo, se adhieran a los protocolos de remisión para apoyar a los supervivientes.[5]

Medir el impacto de las intervenciones en los alojamientos para mitigar la violencia de género puede ser difícil. A pesar de esto, ofrecer privacidad, dignidad y una sensación de seguridad puede influir mucho en el acceso de las familias a servicios y a un bienestar más amplio. Por lo tanto, la integración de la violencia de género no debe considerarse una tarea adicional para agregar a la lista de "pendientes" de los profesionales que trabajan en los alojamientos; se debe comprender más bien como una parte integral de la planificación que incluye los principios fundamentales del análisis de riesgo, participación, inclusión, consulta y compromiso con las comunidades afectadas.

 

Amelia Rule Rule@careinternational.org

Asesora de alojamientos de emergencia, CARE International UK www.careinternational.org.uk

 

Jessica Izquierdo jizquierdo@iom.int

Especialista en capacitación contra la violencia de género, OIM, la Agencia de la ONU para las Migraciones http://www.iom.int/es

 

Alberto Piccioli apiccioli@iom.int

Especialista en alojamientos y asentamientos, OIM, la Agencia de la ONU para las Migraciones www.iom.int/es

Para obtener material de lectura adicional, visite http://sheltercluster.org/gbv y http://gbvguidelines.org/es/inicio/



[1] IASC (2015) Guidelines for Integrating Gender-Based Violence Interventions in Humanitarian Action [Directrices para la integración de las intervenciones contra la violencia de género en la acción humanitaria] http://gbvguidelines.org/

[2] Véase el artículo en este número de Bill Flinn, Holly Schofield y Luisa Miranda Morel

[3] Estudio de caso A.5 en Shelter Projects 2015-2016 [Proyectos de refugio 2015-2016] www.shelterprojects.org/shelterprojects2015-2016.html

[4] Rees-Gildea P y Moles O (2012) Lessons Learnt and Best Practice, IFRC Shelter programme in Haiti 2010-2012  [Lecciones aprendidas y mejores prácticas, Programa de refugio de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (IFRC) en Haití, 2010-2012]

http://www.ifrc.org/PageFiles/95899/120531_Haiti_IFRC_Shelter%20Lessons%20Learned%20FINAL.pdf

[5]  GBV Constant Companion, una herramienta útil con consejos prácticos y paso a paso sobre cómo reaccionar ante una situación de violencia de género, está disponible junto con otros recursos en: www.sheltercluster.org/gbv

 

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