Desarrollo y riesgos de desplazamiento

El cambio climático tiene implicaciones tan significativas para las emergencias que a veces se pasa por alto la faceta de desarrollo durante el evento. Sin embargo, el impacto del cambio climático provoca patrones sistémicos de erosión socioeconómica que también afectan las dinámicas del desplazamiento por desastres y que requieren respuestas paralelas.

Es ampliamente reconocido que la mayoría de las personas desplazadas viven en la línea de pobreza o por debajo de ella, y que los grupos con menores ingresos se ven desproporcionadamente afectados por los desastres relacionados con el clima. Además, aparte de los desastres, múltiples consecuencias, también asociadas con el cambio climático, debilitan la resiliencia, especialmente de los grupos que practican la agricultura de subsistencia, y de ese modo generan más vulnerabilidad. Estos, pues, son factores amplificadores de la migración desde las zonas rurales a las urbanas, aún cuando las cuestiones climáticas estén ocultas en gran medida por las explicaciones “económicas” de los flujos migratorios y ambos grupos de migrantes suelan terminar en los mismos barrios marginales[1].

Días más calurosos, estaciones secas más largas y más intensas y en general menos lluvia, pero, por otra parte, aguaceros más copiosos, ​​generan significativas presiones para las comunidades rurales de bajos ingresos. La salud, por ejemplo, sufre debido a condiciones más favorables para las enfermedades transmitidas por alimentos, agua y vectores. Temporadas de cultivo más cortas y menos predecibles, menos lluvias y más inundaciones reducen la producción agrícola, mientras que el incremento del número de días de calor extremo hace que el trabajo al aire libre (la gran mayoría de todos los trabajos en las comunidades agrícolas de subsistencia) sea menos productivo y más peligroso debido al agotamiento y la deshidratación. Como se vuelve más difícil para los agricultores cultivar, producir y trabajar, crece la inseguridad alimentaria y, normalmente, suelen aumentar en paralelo las tasas de malnutrición infantil.

Erosión rural en la región nororiental de Ghana

Los efectos del aumento del calor en las comunidades de subsistencia han sido más pronunciados en esta región de Ghana, la que una vez fuera el granero del país. Una forma de compensar la disminución de las estaciones de cultivos o la capacidad productiva es ampliar la cantidad de tierra cultivada; sin embargo, esto se hace frecuentemente a expensas de los árboles y, por tanto, a expensas de la biodiversidad, la estabilidad del suelo y la sombra para los agricultores y los cultivos. La deforestación y la degradación de los árboles y los bosques no sólo contribuyen a un mayor cambio climático mediante la pérdida de sumideros de carbono, sino que también pueden intensificar la vulnerabilidad frente al calor, la sequía y las inundaciones a nivel local. Además, solo las tierras menos productivas quedan sin ser cultivadas, así que estas disminuciones de cultivos tienen un elevado costo.

Las pérdidas de ingresos privados igualmente afectan los servicios públicos. La disminución de la inversión en infraestructura hídrica local es particularmente problemática porque reduce el área de tierra cultivable disponible durante la estación seca, llevando a que más personas realicen migraciones estacionales. Las señales de tensión social también son evidentes. Por ejemplo, como los pequeños agricultores tienen menos ganado, también recurren menos a los servicios de los pastores nómadas fulani que frecuentan las tierras marginales de la región. Anteriormente dependían del mutuo beneficio del intercambio de servicios de pastoreo por alimentos o salarios, sin embargo, la erosión de este intercambio demuestra cómo los impactos a los medios de subsistencia de las comunidades asentadas se pueden transmitir a través de las cadenas económicas, dañando los lazos sociales tradicionales.

 

La capacidad de gobierno define la resiliencia

Condiciones difíciles como estas son comunes en las comunidades rurales de todas las regiones tropicales en desarrollo. Son especialmente vulnerables los países y las comunidades con elevadas contribuciones del sector agrícola a la producción económica o mano de obra, y numerosos hogares en el umbral de la pobreza. Aunque las características específicas varían, el resultado suele ser el mismo: las personas, especialmente jóvenes, aceleran el deterioro al irse masivamente a las ciudades y sus barrios marginales. Los problemas no sólo se transponen al ámbito urbano; el proceso también agrava los riesgos para las comunidades tanto de origen como de destino.

Mientras que las comunidades rurales afectadas por el clima en el África subsahariana, América del Sur, Asia y hasta el Medio Oriente aportan constantemente nuevos habitantes para los barrios marginales de las zonas urbanas, áreas geográficamente similares del suroeste de los Estados Unidos o de Australia, por ejemplo, no se ven afectadas de la misma manera a pesar de las presiones climáticas análogas. Este hecho subraya la importancia de la capacidad comunitaria y los sistemas de gobierno para hacer frente a dicho cambio.

Renovación rural

Se han desarrollado múltiples medidas y enfoques de adaptación al cambio climático, como se destaca, por ejemplo, por la amplitud de las actividades previstas en los Programas Nacionales de Acción para la Adaptación[2]. Entre las comunidades predominantemente de subsistencia, sin embargo, el factor fundamental que restringe las respuestas es la falta de medios confiables para iniciar y mantener tales medidas. Semillas de mejor calidad y más resistentes a la sequía, la mejora de las instalaciones de agua o planes de microseguros meteorológicos, entre otras iniciativas, suelen exigir gastos efectivamente inalcanzables, lo que circunscribe el acceso a las personas que tienen más condiciones para beneficiarse.

No todas las iniciativas de adaptación al cambio climático requieren recursos, pero el aumento de la capacidad y los enfoques basados ​​en la resiliencia amplían considerablemente la posible escala de respuestas. En el caso concreto del norte de Ghana (ver recuadro), revertir la tendencia de la erosión de los medios de vida es un paso decisivo para garantizar la inversión en infraestructura de agua y riego, para el mantenimiento de zonas de conservación, para el acceso a seguros y las otras innumerables medidas que podrían estar a mayor alcance a medida que la capacidad se expande.

Si bien los gobiernos pueden estimular el cambio a través de incentivos fiscales o campañas de educación, muchas partes interesadas, como los grupos de interés de la comunidad o las organizaciones religiosas, también tienen oportunidades para fomentar la resiliencia y la renovación rural en cara al cambio climático. Además, una economía rural más dinámica permitiría obtener mayores dividendos de la migración estacional y permanente, aumentando la probabilidad de que el intercambio de conocimientos, vínculos comerciales y remesas sean de auténtico beneficio local. De esta manera, la migración puede ser parte de una estrategia de adaptación en lugar de ser simplemente una medida de último recurso.

Conclusión

El Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas (PNUD) ha hecho de la resiliencia al cambio climático y los desastres naturales los puntos centrales su Plan Estratégico 2014-2017 y el Banco Mundial está poniendo cada vez más énfasis en la adaptación al cambio climático y su mitigación. El PNUD también ha participado activamente en los esfuerzos para proporcionar soluciones de desarrollo a los actuales desafíos de desplazamientos cada vez más prolongados a través de iniciativas como la Alianza para Soluciones y el Plan Regional para los Refugiados y la Resiliencia en respuesta a la crisis en Siria (3RP)[3].

Los países y las comunidades más vulnerables al cambio climático se enfrentan, sin embargo, al gran reto de superar la tendencia al deterioro rural y la presión migratoria a medida que el cambio climático y medioambiental avanza rápidamente. La comprensión de la naturaleza evolutiva de los desplazamientos relacionados con el clima requerirá pensar en términos de desarrollo, priorizando la eficacia de las respuestas de desarrollo con el fin de alcanzar soluciones duraderas para estos desafíos.

 

Glaucia Boyer glaucia.boyer@undp.org es Especialista en Políticas de Soluciones de Desarrollo para Desplazamiento y Matthew McKinnon matthew.mckinnon@undp.org es Especialista de Apoyo al Foro de Vulnerabilidad Climática de la Oficina del PNUD de Apoyo a Políticas y Programas.

www.undp.org/content/undp/es/home/ourwork/climate-and-disaster-resilience/overview.  



[1] Véase RMF 34 “Desplazamiento urbano” www.fmreview.org/es/desplazamiento-urbano.

[2] Véase el artículo de Warner y otros en la página 8-9

[3] www.3rpsyriacrisis.org y www.solutionsalliance.org. Tenga en cuenta que el No. 51 de la RMF cubrirá este tema:  www.fmreview.org/es/soluciones

 

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