La integración de la resiliencia en el sur de Asia

Las comunidades pueden aumentar su resiliencia a través de la reducción del riesgo de desastres, la adaptación al cambio climático y las medidas de reducción de la pobreza. 

La complejidad de los detonantes que hacen que las comunidades se desplacen aumenta los peligros relacionados con futuros riesgos naturales y exacerba sus vulnerabilidades actuales. Las comunidades pueden reducir su vulnerabilidad al desplazamiento preparándose mejor de cara a los desastres y al cambio climático; así, si se produjera un desplazamiento, las comunidades con una mayor capacidad de recuperación serían capaces de reducir los riesgos relacionados con él a través de un restablecimiento más eficiente de sus estructuras y funciones básicas. Lo que confiere esa resiliencia a la comunidad cambia de un lugar a otro porque intervienen factores como la geografía, el clima, la economía, la política, las personas, etcétera. Por simplificar, cuanto mayor sea el nivel de resiliencia de una comunidad, menores serán los riesgos y las repercusiones de los desplazamientos.

Cada vez hay más consenso acerca de la necesidad de integrar la reducción del riesgo de desastres (RRD), la adaptación al cambio climático (ACC) y la reducción de la pobreza (RP). Por todo el sur de Asia se suelen compartimentar y encomendar por separado estas áreas de acción a diferentes instituciones o a departamentos independientes dentro de ellas, pero para las comunidades expuestas a los riesgos del cambio climático las distinciones conceptuales entre la RRD, la ACC y la RP son meramente académicas. Para las comunidades situadas en entornos de múltiples riesgos resulta confuso cooperar con distintas organizaciones que trabajan por separado con diferentes programas. Trabajar en "compartimentos estancos" dentro de estos sectores puede dar lugar a intervenciones contradictorias o contraproducentes, y a la duplicidad de esfuerzos.

En el sur de Asia se establecieron o reestructuraron muchos organismos de gestión de desastres después del tsunami del Océano Índico de 2004 pero, por lo general, se trataba de órganos administrativos y a menudo carecían de la autoridad y el estatus necesario para influir en los programas de planificación y de desarrollo. La mayoría de los organismos nacionales y regionales que trabajan en el contexto de los desastres deben persuadir a sus gabinetes ministeriales para que incorporen estrategias eficientes de RRD a su funcionamiento cotidiano y para que les faciliten fondos para ello. Su falta de recursos y de influencia hace que la concepción de los organismos de gestión de desastres de sus propias tareas sea limitada, y la gestión de desastres se convierte a efectos prácticos en una especie de medida de respuesta en caso de que se produzca uno. Se deben consolidar los organismos de gestión de desastres de este tipo ya que tienen el potencial de integrar la RRD para no repetir los errores del pasado, y la ACC para anticiparse a las repercusiones del cambio climático previstas y poder mitigarlas.

Las comunidades afectadas por los desastres a menudo reducen su riesgo de desplazamiento a través de la migración. Ciertos miembros de la familia son elegidos para trasladarse a centros urbanos o al extranjero ‒yendo y viniendo o permaneciendo temporalmente‒ para diversificar sus fuentes de recursos más allá de la agricultura o de las tierras afectadas por los desastres.

Los niveles de concienciación acerca de los riesgos y de iniciativas relacionadas con su nivel de resiliencia varían de unas comunidades a otras. En muchos casos existen prácticas y conocimientos tradicionales que pueden contribuir a atenuar los riesgos, aun cuando las comunidades no los relacionen con el cambio climático. En Afganistán, por ejemplo, las comunidades con experiencia previa en inundaciones disponen de sistemas de alerta temprana basados en mecanismos de aprovechamiento compartido del agua donde un mirab avisa a los pueblos a lo largo del río de la inminencia de inundaciones. En cambio, los refugiados retornados carecían de conocimientos sobre las inundaciones repentinas, no disponían de estrategias de respuesta de emergencia y sufrieron grandes pérdidas tanto en vidas humanas como de almacenes de alimentos.

Aunque las soluciones basadas en la comunidad deben contar con los autóctonos y la participación activa de las comunidades en la identificación de las necesidades, vulnerabilidades y soluciones, pueden incorporarse nuevas tecnologías para aumentar los conocimientos existentes. El sistema del mirab, por ejemplo, puede complementarse o adaptarse compartiendo conocimientos técnicos y la experiencia de otros para mejorar la gestión de los recursos hídricos, especialmente durante las sequías.

Muchas estrategias de resiliencia de la comunidad se basan en asegurar los recursos existentes y diversificarlos. Del mismo modo, los Gobiernos deberían fijarse como objetivo la diversificación de sus estrategias de financiación de riesgos y la creación de mecanismos para compartir los costes.

 

Mi Zhou m.zhou@praxis-labs.com y Dorien Braam d.braam@praxis-labs.com son directores y asesores principales de Praxis Labs. www.praxis-labs.com

 

 

 

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