Las perspectivas de los refugiados sobre el regreso a Somalia

MSF preguntó hace poco a los refugiados somalíes en el campo de Dagahaley en Dadaab acerca de sus condiciones de vida y de lo que piensan sobre su posible regreso a Somalia en un futuro próximo. Las respuestas sugieren que las malas condiciones de vida en el campo no les llevan a querer regresar a pesar de lo extendida que está la creencia contraria.

A pesar de la generosidad de Kenia en la acogida de los refugiados somalíes, las autoridades keniatas últimamente empiezan a ver su presencia como algo problemático. Tras la ofensiva del ejército keniata contra Al-Shabaab en Somalia que tuvo lugar en 2011, las autoridades keniatas empezaron a proponerse repatriar a los refugiados somalíes. Un acuerdo tripartito firmado el 10 de noviembre de 2013 por Kenia, Somalia y ACNUR define los procedimientos prácticos y jurídicos para la repatriación voluntaria a Somalia de cientos de miles de refugiados.

Médicos Sin Fronteras (MSF) estuvo presente en los campos keniatas entre 1991, fecha en que se instaló allí, y 2003. MSF trabaja desde 2009 en el campo de Dagahaley. En 2013 realizó una encuesta en sus instalaciones sanitarias para recabar datos sobre las condiciones de vida y los problemas de salud experimentados por los refugiados, así como sus opiniones sobre una posible repatriación a Somalia.[1] El resultado general mostró las condiciones de vida de extrema pobreza experimentadas por los refugiados, y en especial por aquellos que se habían asentado en el campo después de 2011, cuando la violencia y las repercusiones nutricionales de la sequía en Somalia produjeron un gran aumento en el número de refugiados somalíes. Estas condiciones de vida parecían ser peores que las que experimentaron los refugiados que llegaron entre 2007 y 2010, cuando la creciente inseguridad (derivada de la confrontación entre Al-Shabaab y las tropas etíopes y somalíes) y las condiciones de la sequía en Somalia provocaron nuevas oleadas de desplazamientos. También parecían peores que las condiciones de aquellos que llegaron antes de 2006, cuando los campos fueron más o menos establecidos.

Las condiciones de vida y sanitarias

Aunque en un principio se planificó que Dagahaley (Dadaab) acogiera a 30.000 personas, en la actualidad alberga a 100.776 y las consecuencias de este exceso de ocupación en términos de alojamiento, agua, saneamiento y condiciones de salubridad y de vida son obviamente problemáticas.

La encuesta demostró que cuanto más tarde hubiesen llegado los refugiados a Dagahaley, más posibilidades había de que su unidad de vivienda no fuera adecuada para protegerlescontra la lluvia. Los motivos de esta diferencia probablemente se basen en los diversos procesos de asentamiento de los refugiados en Dagahaley. A los últimos en llegar se les suele alojarmás frecuentemente en unidades de vivienda construidas con materiales reciclados en vez de hacerlo en refugios fabricados con las materias primas proporcionadas por ACNUR, que ofrecen mayor protección contra la lluvia.

Un mayor porcentaje de aquellos que llegaron después de 2011 carecía también de acceso a agua y letrinas, probablemente debido a que la mayoría de las llegadas posteriores a 2011 se establecieron en los bordes de la tierra cedida a ACNUR. Estas áreas carecían (y todavía carecen) de infraestructuras esenciales como letrinas y pozos de sondeo. Del mismo modo, el acceso al agua es igualmente irregular a lo largo del campo. Los últimos en llegar jugaban también con desventaja a este respecto, lo que significaba que los mismos colectivos eran propensos no sólo a tener un alojamiento pobre sino también un acceso escaso al agua y al saneamiento.

La proporción de encuestados que afirmaban tener suficientes alimentos era más baja entre aquellos que habían llegado después de 2011 en comparación con los que lo habían hecho antes de 2006 y entre 2007 y 2010. Por último, la condición sanitaria autoproclamada parece estar significativamente relacionada con el momento de su llegada a Dagahaley, dado que el porcentaje de entrevistados que declaraba estar “dentro de la media” o tener “mala salud” era más alto entre aquellos que llegaron en 2011 que entre los que habían llegado antes de 2010. Esta percepción coincide con los datos médicos totales aportados por los equipos de MSF sobre el terreno y por los encuestados. Pero, ¿cómo afecta esta realidad a la intención de retorno de los refugiados?

Intención de retorno

Existe sobre todo una correlación entre las condiciones de extrema pobreza y la intención de retorno; contra toda intuición, experimentar unas malas condiciones de vida parece debilitar la intención de abandonar el campo y regresar a Somalia en vez de reforzarla. Sólo el 20% de los entrevistados declararon que se sentían preparados para regresar a Somalia dadas las actuales condiciones de este país. La intención de retorno estaba relacionada con numerosos factores y parecía más frecuente entre los refugiados que experimentaban mejores condiciones de vida en términos de seguridad y acceso al agua y a las letrinas.

Entre quienes se sentían a salvo, el 21% estaba dispuesto a repatriarse frente al 14% de los que no. Del mismo modo, el 21% de los que tenían acceso a las letrinas y el 20% de quienes tenían acceso al agua estaban dispuestos a repatriarse frente al 8% y al 13% respectivamente de los que no tenían acceso.[2]

Mirado desde el punto de vista de los refugiados, la correlación entre unas mejores condiciones de vida y su predisposición a repatriarse parece racional. Los habitantes de Dagahaley debilitados por la falta de acceso a servicios esenciales como alimentos, agua y cuidados sanitarios suelen carecer de los recursos materiales e internos que les permitirían regresar a Somalia. Por otro lado, los refugiados “acomodados” por la asistencia humanitaria al menos se pueden plantear el viaje de vuelta.

Por supuesto que esta consideración no es sino una de las muchas que los residentes en el campo tendrán en cuenta; sin embargo, las cifras nos llevan a una conclusión principal: que cuanto peor están los refugiados, menos propensos son a repatriarse de manera voluntaria.

 

Caroline Abu Sa’Da caroline.abu-sada@geneva.msf.org es jefa de la unidad de investigación de Médicos Sin Fronteras Suiza. Sergio Bianchi sergio.bianchi@geneva.msf.org es investigador en Médicos Sin Fronteras Suiza www.msf-ureph.ch

La evaluación en la que se basa el presente artículo está disponible para el público general a petición de los autores.



[1] En las dos primeras semanas de agosto de 2013, se entrevistó a 1.009 pacientes adultos y cuidadores.

[2] Se empleó la prueba de Pearson con un intervalo de confianza del 95% para verificar la existencia de relaciones estadísticamente significativas. 

 

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