La cooperación internacional en la crisis de los refugiados norcoreanos

El mayor reto en lo que concierne a los refugiados norcoreanos es que, por el momento, no existe un marco internacional que marque las pautas sobre cómo responder una vez que estas personas cruzan la frontera.

Cruzar el tan vigilado paralelo 38 que divide Corea del Norte y Corea del Sur es prácticamente imposible, así que la mayoría de los refugiados intenta viajar a través de China hasta alcanzar el sureste asiático. Los factores de expulsión, tales como las extendidas infracciones de los derechos humanos, el hambre, los problemas económicos, los desastres medioambientales y la guerra se ven reforzados por fuertes factores de atracción como pueden ser las condiciones de vida aparentemente mejores de otros países.

Sin embargo, China sigue ejecutando la repatriación forzada de todos los norcoreanos que han salido de Corea del Norte y se encuentran ahora dentro de sus fronteras. Antaño los norcoreanos arrestados dentro de las fronteras de otros países –entre los que se incluyen Tailandia, Vietnam y Laos– habrían sido entregados a representantes del Gobierno surcoreano. El acuerdo informal que existe entre Corea del Sur y terceros países parece ahora insostenible, al igual que el “ferrocarril subteráneo” que se empleaba para sacar a los refugiados norcoreanos de China. Sin embargo, la comunidad internacional no ha hallado una opinión coherente por la que condenar las acciones de los chinos y encontrar o imponer un modo mejor, más humano, de abordar esta crisis. Una y otra vez son las cuestiones del llamado “panorama general” las que predominan en los titulares y el intercambio entre los poderes de la región. Ya es hora de que la comunidad internacional solicite acciones, empezando por exigir que los derechos humanos de estos individuos se incluyan en el orden del día de cualquier futuro debate.

Una vez en China, todos los norcoreanos se quedan sin protección ni recursos legales. Al no disponer de manera legítima de ningún medio de subsistencia en China los refugiados norcoreanos no sólo son vulnerables ante la repatriación forzada cuando son arrestados por la policía china sino que también resultan presas fáciles para los traficantes de personas.

La crisis de los refugiados norcoreanos es una crisis de género, ya que la mayoría de las mujeres norcoreanas que llegan a Corea del Sur denuncian haber sufrido algún tipo de abuso sexual durante su viaje. Más del 70% de las personas que abandonan Corea del Norte son mujeres –debido principalmente al mayor espacio de que disponen las mujeres norcoreanas para realizar actividades fuera del hogar–, muchas de las cuales sufren abusos sexuales al caer en manos de intermediarios que trafican con migrantes al margen de la ley y convertirse en víctimas de la trata de personas. Muchas mujeres norcoreanas son vendidas a hombres chinos como futuras esposas u obligadas a ejercer la prostitución para pagar las deudas acumuladas durante su huida de Corea del Norte. Unas pocas mujeres víctimas de la trata de personas son algo más “afortunadas” y consiguen escaparse, a menudo ayudadas por organizaciones de ayuda humanitaria, y completan su camino a Corea del Sur, pero todavía allí continúa su lucha, ya que temen hablar por miedo a ser estigmatizadas por haber sido prostituidas.

El cambio podría comenzar por lo que ya hay, o dicho de otra forma, por formalizar las redes de contactos informales con las que los norcoreanos han emprendido su camino hacia China y hacia el sureste asiático. Esto implicaría crear un número determinado de lugares de refugio protegidos y gestionados por la ONU en países que ya refugien a norcoreanos, aunque sea en unas poco cómodas celdas de prisión. El papel del Gobierno chino debería ser simplemente no hacer nada; es decir, cesar las repatriaciones de norcoreanos.

El próximo paso sería la regulación de la industria ilegal de tráfico de personas que actualmente opera a lo largo y ancho de toda la región. Aunque existe una verdadera necesidad de los servicios que proporcionan, la naturaleza oscura de esta industria sigue resultando muy problemática. Lo ideal sería que los traficantes de personas e intermediarios que trafican con migrantes estuvieran registrados por organismos oficiales como un consulado, o que al menos un funcionario del Gobierno tuviera conocimiento de quién está operando y cuándo se encuentran en proceso de guía.

Dada la excesiva introspección con respecto a la probabilidad de la caída de Corea del Norte y la consiguiente oleada de refugiados, la comunidad internacional debería estar dispuesta y preparada para gestionar las crisis de los refugiados norcoreanos que se están produciendo en la actualidad. Para las naciones de la región el mayor reto será convencer a China de los beneficios de hacer la vista gorda en vez de contribuir al problema al repatriar forzosamente a los norcoreanos hacia un destino incierto. Pero esto sólo puede ocurrir si la comunidad global está dispuesta a aceptar que esto constituye una crisis humanitaria y China y los demás se comprometen con este problema.

 

Markus Bell mpsbell@gmail.com es doctorando de la Universidad Nacional Australiana.

Geoffrey Fattig grfattig@gmail.com es estudiante de posgrado de la Escuela de Relaciones Internacionales y Estudios para la Paz de la Universidad de California en San Diego.

 

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