Nueva Orleans: una lección de resiliencia tras un desastre

Se ha identificado que los factores que fomentan la cohesión social en las comunidadescomo redes compartidas durante un largo plazo y una identidad comunitaria común, una organización central a la cual se adhiere la comunidad, y una sólida confianza–son fundamentales para la resiliencia y la recuperación tras un desastre.

La inundación de la ciudad de Nueva Orleans en septiembre de 2005 durante el huracán Katrina provocó el desplazamiento permanente de residentes afrodescendientes, básicamente los más pobres, y en gran parte mujeres. Muchos de quienes fueron evacuados antes y después del huracán no pudieron volver a Nueva Orleans.[1]

El Gobierno de los EE.UU. llamó oficialmente “evacuados” a los residentes de Nueva Orleans que dejaron la zona antes, durante o después del huracán Katrina. Con frecuencia los gobiernos han opuesto resistencia a la designación de “refugiado” debido a que temen la consiguiente necesidad de ofrecer las mismas protecciones e intervenciones a las víctimas de los desastres que las reservadas para los refugiados políticos. El término “evacuado” suena menos urgente y sugiere una menor necesidad de intervención y ayuda estatal.

Los desastres efectivamente pueden crear una tabula rasa para que los Estados y los inversores de capital de riesgo aprovechen y potencialmente vuelvan permanente el desplazamiento de las personas marginadas.[2] Después del Katrina, en Nueva Orleans se privatizaron tres sectores cruciales: vivienda, educación y salud. En el año 2007 el Ayuntamiento aprobó por unanimidad la destrucción de 4500 unidades de vivienda pública de bajos ingresos (de un total de 5100 unidades existentes antes del Katrina), erradicando así la posibilidad de vivienda pública para la mayoría de las familias de migrantes forzados de bajos ingresos. El sistema de escuelas públicas se reorganizó radicalmente y ahora más de la mitad de los niños en edad escolar asisten a escuelas privatizadas.

En cuanto a la atención de salud, se cuenta con un sólo hospital público en Nueva Orleans para atender las necesidades de los residentes de bajos ingresos. Aunque inicialmente fue inundado, el hospital se consideró en condiciones de ser reabierto después de que los militares de los EE.UU. lo limpiaran totalmente. Sin embargo, el Consejo de la Universidad Estatal de Luisiana, propietaria del edificio, se negó a permitir la reapertura del hospital, dejando a los residentes de bajos ingresos prácticamente sin ningún hospital. De esta manera, a las personas con bajos ingresos forzadas a migrar por el desastre y que dependían de la asistencia pública se les prohibió efectivamente retornar a Nueva Orleans debido al cese de la asistencia pública en estos sectores esenciales. Independientemente de los efectos reales sobre las personas, estos cambios fueron racionalizados como un medio para proteger el bienestar de los evacuados “por su propio bien”, subsumiendo cualquier cuestión de derechos ciudadanos y recursos a la justicia.

La recuperación de Nueva Orleans después del desastre también originó la migración forzada de comunidades enteras debido  un proceso conocido como “espacio verde”, con el cual los planificadores urbanos designaron zonas residenciales bajas y vulnerables como áreas de parque no residenciales. Aunque al final los planes no llegaron a término, muchas comunidades se desanimaron a reconstruir. Sin embargo, una comunidad se negó a aceptar las razones para reubicarse y regresó a reconstruir su comunidad.

En 1975, los católicos del norte de Vietnam asentados en campamentos de refugiados en los EE.UU. fueron invitados por el Arzobispo de Nueva Orleans a formar una comunidad. En 1980, como resultado de ello, se formó una parroquia con aproximadamente 6000 residentes vietnamitas llamada Nueva Orleans del este. La actividad se centró en torno a su iglesia principal, la Reina María de Vietnam. Haciendo caso omiso de la ordenanza del Ayuntamiento de convertir a Nueva Orleans del este en una zona verde no residencial, la mayoría de los residentes vietnamitas regresaron a sus hogares menos de cinco meses después del huracán. El sacerdote de la iglesia local, el padre Vien, y los trabajadores de la iglesia demostraron un tenaz liderazgo, trabajando incansablemente para abrirse paso a través de la ciénaga burocrática municipal, estatal y federal para conseguir la infinidad de permisos y fondos necesarios para la reconstrucción de su comunidad. Los miembros de esta comunidad, hasta ese entonces tranquilos y obedientes, se convirtieron en activistas comunitarios que rechazaban la designación de espacio verde y casi inmediatamente después de regresar retomaron la reconstrucción de su comunidad con sus propias manos. Lo más importante fue que la reconstrucción de su comunidad respondió a las necesidades y los deseos específicos de la comunidad, un desarrollo que sólo podía ser ejecutado efectivamente dentro de la comunidad. Ninguna otra comunidad en Nueva Orleans llegó tan lejos, no sólo por haber regresado, sino  por reconstruirse bajo sus propios términos, en lugar de “participar” pasivamente en los planes del Ayuntamiento.

La confianza social que ha sido esencial para la cohesión de la red de esta comunidad, antes como después de la catástrofe, se encontraba gravemente deteriorada después del Katrina en muchas otras comunidades cuyos residentes fueron privados de sus derechos, incluso en comunidades étnicamente homogéneas como la antes citada. Esta comunidad vietnamita hondamente cohesionada está conformada por tres generaciones de familias de refugiados que emigraron juntas a los EE.UU. y han compartido redes durante un largo plazo y comparten una identidad comunitaria. Además, la cohesión fue fomentada por la insularidad de una comunidad cuyo compromiso común con una iglesia contribuyó a fortalecer la identidad comunitaria y a establecer la confianza. Así, estos recursos de la comunidad vietnamita de Nueva Orleans del este, que la diferencian de otras comunidades afectadas en Nueva Orleans, pueden haber sido esenciales para su notable resiliencia y recuperación tras el desastre.

 

Paul Kadetz paulkadetz@gmail.com es profesor asistente y coordinador del programa de salud pública mundial del Colegio Universitario de la Universidad de Leiden. www.lucthehague.nl.  También es investigador asociado del Centro de Estudios sobre Refugiados de la Universidad de Oxford. www.rsc.ox.ac.uk


[1] Este artículo se basa en 155 entrevistas detalladas semiestructuradas con una muestra intencional de actores interesados llevadas a cabo durante un período de dos años.

[2] Klein, N. (2007) La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre. Nueva York: Henry Holt.

 

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