Preámbulo: Abordar el legado de la violencia

El objetivo de crear pequeños Estados étnicamente homogéneos se frenó en Dayton pero no ocurrió lo mismo con la predominancia de políticas étnicas
 

La devastación orquestada por los líderes políticos, militares y paramilitares de hace una generación sigue influyendo negativamente en la región occidental de los Balcanes mucho después de que sus responsables hayan sido condenados por sus crímenes. El legado de las violaciones, asesinatos y genocidios cometidos durante el conflicto dejaron a la región tan profundamente marcada como envenenados quedaron diversos sectores de la sociedad por la ideología nacionalista “etnoterritorial”.

Esta es una cuestión compleja que exploraremos en este número de Revista Migraciones Forzadas. Las colaboraciones reflejan las percepciones y los aprendizajes de los profesionales e investigadores en el transcurso de su participación en investigaciones en la región occidental de los Balcanes durante los últimos 20 años. Este enfoque práctico nos da herramientas para ser más efectivos a la hora de afrontar los problemas a los que se enfrenta la comunidad internacional en esta región y más allá, y por eso este trabajo cuenta con todo mi apoyo.

La lucha contra la división étnica

El objetivo de crear pequeños Estados étnicamente homogéneos en Bosnia-Herzegovina se frenó en Dayton pero no ocurrió lo mismo con la predominancia de políticas étnicas. En muchos sentidos quedaron arraigadas. Aunque el Acuerdo de Paz de Dayton proclama de forma explícita el regreso de todas las personas refugiadas y desplazadas a sus hogares de antes de la guerra y exige a las autoridades que respalden y faciliten este proceso, también lo confía a su buena voluntad y con frecuencia habrá intereses políticos para que se mantenga la división étnica.

Un importante número de personas han ejercido su derecho a regresar; es importante que recordemos este éxito. Pero también es cierto que las élites poderosas se siguen resistiendo a la reintegración del país, actuando claramente fuera de las disposiciones del acuerdo constitucional. Los cargos públicos ‒desde los secretarios municipales a los altos cargos‒ han estado poniendo trabas al proceso de retorno. De hecho, una década después de la guerra, los Altos Representantes tuvieron que intervenir para acabar con esas trabas. Pero había algo más: la intención de cimentar la etnicidad como único pilar político y social. Es una política que debemos seguir rechazando.

En muchos casos, los que han intentado consolidar los resultados de la migración forzada parecen creer que sus esfuerzos están fundados. Aceptan el argumento de que las personas con diferentes costumbres y creencias no pueden convivir en paz. Se equivocan. Su visión, su narrativa, va en contra de las pruebas concluyentes que existen en otros lugares del mundo en los que las sociedades que incluyen identidades complejas y entremezcladas pueden florecer y, de hecho, lo hacen. También contradice el historial que registra Bosnia-Herzegovina, una sociedad que durante siglos fue un modelo de convivencia pacífica ‒y a menudo fructífera‒ entre diferentes religiones y tradiciones culturales.

Creo que la aceptación irracional de un principio de división refuerza muchos de los problemas que vamos a debatir en las siguientes páginas. Las migraciones forzadas ‒“depuraciones étnicas”‒ realizadas en la región occidental de los Balcanes durante la década de los años 90 aún no se han asumido del todo a nivel mundial como un fracaso moral y político, y su legado de suspicacia y rencor continúa frustrando los esfuerzos de revertir las distorsiones demográficas creadas por la violencia. Es un reto principal que tendrá que afrontarse en el futuro de forma más directa.

Muchas de las personas de Bosnia-Herzegovina, trabajando con el apoyo activo de la comunidad internacional, están determinadas a abordar este reto político y les debemos a ellas y a las víctimas de la guerra, y por supuesto a las futuras generaciones, el seguir apoyándoles. Es una lucha larga y dura pero estoy seguro de que, a largo plazo, la reintegración prevalecerá sobre la división.

 

 Valentin Inzko es Alto Representante para Bosnia y Herzegovina. Si desea obtener más información, puede contactar con nosotros a través de sarajevo.rd@ohr.int

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