Su apellido es “refugiado”: retorno y activismo local

El retorno sostenible de los refugiados sólo puede realizarse en Bosnia-Herzegovina cuando la gente común y los activistas de derechos humanos sean incluidos como participantes plenos en el proceso de recuperación.

Como resultado de la guerra de 1992-1995, más de dos millones de personas –la mitad de la población de Bosnia-Herzegovina– fueron desplazadas. De esa cifra, más de un millón de personas huyeron a decenas de países en todo el mundo. El resto –desplazados internos– terminó en centros colectivos, casas abandonadas pertenecientes a otras personas desplazadas, o alojados con parientes en las entidades controladas por su grupo étnico: los serbios en la República Srpska (RS), y los croatas y bosnios (bosnios musulmanes) en la Federación.

Aunque los croatas y los bosnios se aliaron formalmente al finalizar la guerra, la Federación también fue dividida étnicamente. El territorio que terminó bajo el control de las fuerzas bosnio-croatas llegó a ser cerca del 20% de Bosnia-Herzegovina, y otro 30% quedó bajo control bosnio. Serbo-bosnios controlaban la otra mitad del país. La homogeneización étnica de estos territorios era casi completa y, por primera vez, croatas, bosnios y serbios fueron designados, cada uno, como “minorías” en aquellas áreas donde su propio grupo étnico no detentaba el poder.

“Pobre gente, pobre gente. Todos se separaron, todos repartidos por todas partes”.

(Raba, 70 años, Sarajevo)

Evaluación de los daños a nivel de terreno

Las personas desplazadas que encontré en Bosnia-Herzegovina después de la guerra[i] vivían en centros colectivos (escuelas, cuarteles y hoteles transformados temporalmente para este uso) y en casas de familiares o en casas  y apartamentos abandonados. Si bien pudieron residir durante algunos años en un hogar “temporal”–que, con frecuencia, antes de la guerra era la casa de alguien que ahora se encontraba desplazado en otro lado de la línea fronteriza entre las entidades– muy pocos desplazados estaban instalados cómodamente, y muchos vivían en condiciones paupérrimas. Esto, combinado con la nostalgia, fue el impulso para volver a casa.

En la ciudad de Goražde, al oriente de Bosnia, los bosnios que habían sido desplazados desde el suburbio industrial de Kopači y los alrededores de Višegrad se aglomeraban dentro de los límites de la ciudad. En la parte noroeste del país, bosnios desplazados de Prijedor y Kozarac habían regresado de Croacia, pero aún eran desplazados internos. Muchos de ellos volvieron a Sanski Most –no muy lejos de sus hogares, pero aún del otro lado de la línea fronteriza entre entidades. Los desplazados de Srebrenica que no habían huido al extranjero estaban viviendo en condiciones de pobreza en Tuzla y en las afueras de Sarajevo. Mientras tanto, los croatas que habían sido expulsados ​​(por las fuerzas serbias o, más tarde, por las bosnias) de sus hogares ancestrales en el centro de Bosnia-Herzegovina fueron desplazados hasta el occidente de Bosnia-Herzegovina o a partes de Croacia. Allí, ocuparon casas que pertenecían a los serbios que habían sido expulsados. Y los serbios de Mostar, Sarajevo y el centro de Bosnia-Herzegovina habían sido reasentados en algunas partes de la entidad controlada por serbios.

Ahora, todas estas poblaciones reconcentradas étnicamente formaban bloques homogéneos de votantes con cuyo apoyo podían contar los líderes de las tres partes. Por consiguiente, esos líderes tenían poco o ningún interés en ayudarles a regresar a los hogares que tenían antes de la guerra. A esto siguió un período en el que, en el mejor de los casos, muchos políticos hacían solo vanas promesas sobre el retorno de los refugiados; fue mucho más común la obstrucción abierta al retorno en cualquier dirección.

“La mayoría de nosotros quisiera volver a casa. En cuanto a mí, cuando me despierto cada mañana me pregunto, ‘¿Qué estoy haciendo aquí?’ El pueblo de Tuzla se ha cansado de nosotros. Aquí somos ciudadanos de segunda clase. Nuestro apellido es ‘refugiado’”. (Zehra, desplazada de Bratunac a Tuzla)

Se dejó en las manos de las personas comunes, defendidas por activistas comunitarios, la lucha contra las divisiones geográficas y políticas de la posguerra que las mantenían impotentes. Muy poco después del final de la guerra, miles de personas desplazadas se movilizaron para regresar a los hogares que tenían antes de la guerra, pero esta iba a ser una ardua batalla. Estos activistas locales formaron organizaciones para promover su propio retorno y el de sus comunidades. Muchas de estas organizaciones fueron apoyadas tanto por la población local como por la comunidad internacional, pero los potenciales retornados enfrentaron obstrucción e intimidación de las autoridades locales y de otros actores que encubiertamente sabotearon los esfuerzos de retorno. Viviendas dañadas fueron reconstruidas sólo para ser bombardeadas de nuevo, y los repatriados fueron asesinados o los intimidaron para que se dieran por vencidos y se fueran de nuevo. Se plantaron minas en las carreteras de Gacko y Stolac. A finales de 1999, uno de los primeros retornados a Srebrenica, quien era empleado del consejo municipal, fue apuñalado de muerte en el edificio municipal. En ese mismo período, decenas de casas reconstruidas en Srebrenica fueron incendiadas.

Sin embargo, el elemento de disuasión más eficaz contra el retorno no fue violento, sino “trabas burocráticas” masivas perpetradas por los tres lados. Slavenka, quien fue desplazada de Sarajevo, describió el calvario al que se enfrentó cuando trató de retornar:

“Cuando volví, me enteré de que había alguien en mi apartamento. El hombre que vivía allí [...] me envió un mensaje diciendo que nunca me iba a devolver el apartamento. Fui a la policía y les hablé de esa persona. Ellos me dijeron: ‘¿Y qué debemos hacer, echarlo? Nosotros no podemos ayudarle’. Fui a las oficinas municipales y a los ministerios, toqué todas las puertas, en todas partes, y no pasó nada. Todos supuestamente llenaban formularios y escribían cartas pero simplemente me estaban mintiendo. Di vueltas y vueltas durante casi un año tratando de que me devolvieran mi apartamento. [...] me estaban pateando como a una pelota”.

Campamentos de tiendas de campaña

Los activistas comunitarios que lideraban decenas de asociaciones locales que abogaban por el retorno persistieron en sus esfuerzos. Cuando fueron rechazados por las autoridades locales e ignorados por las agencias internacionales, establecieron campamentos de tiendas de campaña en los pueblos donde deseaban regresar o en sus cercanías.

Uno de los primeros retornos organizados fue el de bosnios a Jusici, un pueblo no muy lejano de Zvornik en el oriente de la RS. En octubre de 1996, con el apoyo del destacado activista por el retorno Fadil Banjanović[ii], decenas de retornados establecieron tiendas de campaña y se pusieron a trabajar limpiando los escombros de sus granjas demolidas. Debían reparar una carretera de acceso al pueblo y tener cuidado de las minas, que dificultaron la siembra de sus primeras cosechas. Durante ese mes “había más policías que retornados para demostrarnos que no éramos bienvenidos, ni siquiera entre las ruinas”, informó un lugareño. A pesar de amenazas y ocasionales disparos, los retornados persistieron.

En la primavera de 1998, más de la mitad de la población existente antes de la guerra en este pueblo había regresado. En ese momento, estaba empezando el retorno a numerosos pueblos de esa parte de la República Srpska. En Jusici, los retornados empezaron a instalar postes de teléfono con el fin de acceder a la energía eléctrica de la Federación, pero las autoridades de la RS ordenaron que los postes fueran retirados. Los niños retornados eran transportados en bus a través de la línea fronteriza entre entidades para asistir a las escuelas de la Federación. Con el tiempo, la situación de seguridad en torno a Jusici mejoró, pero el transporte y el abastecimiento de agua siguieron siendo un problema durante varios años.

Los activistas por el retorno encontraron maneras de atraer la atención y el apoyo de funcionarios internacionales, haciendo manifestaciones frente a las embajadas y cerca de la sede de la Oficina del Alto Representante. A finales de 1999, durante los meses de nevadas, el establecimiento de un asentamiento de tiendas de campaña, cerca de la línea fronteriza entre entidades que separaba Goražde de la RS, generó críticas por parte de algunos funcionarios internacionales. El campamento de tiendas, que albergaba a docenas de personas que deseaban retornar, se asentó en lo alto de una colina sobre Kopaci; en los signos pintados a mano en las tiendas de campaña se leía “Kopaci es la clave del Anexo 7” y “Kopaci es la clave para retornar”. En su oficina en Tuzla, Fadil Banjanović me dijo: “No existe otra alternativa que retornar. Estamos a favor del retorno en todas las direcciones. No vamos a llamarlo retorno en dos sentidos, ni retorno de minorías –sólo retorno. Somos una organización que no realiza mesas redondas ni publica declaraciones idealistas”.

En respuesta a este tipo de presión, los funcionarios internacionales finalmente comenzaron a hacer cambios significativos para apoyar el retorno en 1999[iii]. Se promulgaron leyes contra la obstrucción y algunos de los peores delincuentes fueron expulsados de sus cargos. A finales de la década de 1990, el retorno remontó y en el siguiente par de años alcanzó su punto máximo y varios cientos de miles de personas desplazadas se las arreglaron para retornar a las viviendas que tenían antes de la guerra. No sólo retornaron los bosnios a partes de la entidad controlada por los serbios y al occidente de Bosnia-Herzegovina; también serbios y croatas retornaron a las casas que tenían antes de la guerra.

Sin embargo, el hecho de que los señores de la guerra y sus herederos políticos se mantuvieran en el poder significó que el retorno no se produjera a gran escala. En algunos lugares, como en Višegrad, no se llevó a cabo un retorno significativo, y en otros, como en los  municipios de Prijedor y Zvornik, el momento máximo del retorno sólo ascendió a cerca del 50% de la población desplazada antes de la guerra.

Dificultades con la recuperación

Después de que el retorno se estabilizó, el mapa demográfico de Bosnia-Herzegovina se afirmó en un 10% a 20% de retornados que vivían en las casas que tenían antes de la guerra. La edad de los retornados se inclinaba hacia la parte más anciana de la población. Las personas más jóvenes que pasaron una significativa parte de sus años de formación en sus nuevos hogares encontraron maneras de permanecer allí, y miles de personas abandonaron definitivamente el país desde la guerra. Los resultados preliminares del censo nacional de otoño de 2013 registraron una población existente de 3,7 millones, en comparación con la población anterior a la guerra de 4,4 millones[iv]. Así, en la última década, la discusión pública sobre el retorno se refiere a la sostenibilidad del retorno que ya ha tenido lugar, en lugar de un retorno adicional significativo. Pero existen tres problemas notables que frustran la recuperación en Bosnia.

El problema más sobresaliente es la falta de recuperación de la economía, dado que la tasa oficial de desempleo entre todas las etnias sigue siendo mayor al 40%. En los lugares donde existe población retornada, los retornados son los últimos en recibir los pocos trabajos que están disponibles, y quienes quisieran crear un negocio propio enfrentan  trámites burocráticos y costos de permisos prohibitivos. Cuando se implementan los proyectos de desarrollo local, se da prioridad a la etnia dominante.

La discriminación en la educación es un grave problema adicional. En la Federación, a los alumnos croatas y bosnios se les enseña por separado en el sistema de “dos escuelas bajo un mismo techo” en más de 50 localidades[v]. En Stolac, dominado por croatas, los alumnos bosnios entran por la puerta de atrás y los croatas por el frente.

La separación entre las etnias que hablan el mismo idioma y que tienen casi la misma historia y costumbres mantiene una caldeada tensión, y es en este ambiente, prevaleciente en Bosnia-Herzegovina, que los activistas se esfuerzan por unir a las personas en torno a la causa de los derechos de los ciudadanos y contra la corrupción. Durante el período de retorno de los refugiados, los activistas más efectivos colaboraron a través de las divisiones étnicas y abogaron por retorno en todas las direcciones. Hoy en día, la lucha contra la corrupción y la discriminación también es más efectiva, ya que los retornados pueden aunar esfuerzos con los miembros jóvenes de la etnia mayoritaria. Los casos de los jóvenes que expresan su conciencia se han incrementado en los últimos años; Odisej en Bratunac, aunque ahora ya no está en funcionamiento, fue un ejemplo de colaboración entre grupos étnicos[vi], y en Prijedor, la organización Kvart[vii] goza de una ejemplar colaboración entre inteligentes y sinceros jóvenes serbios y activistas retornados.

Es difícil tener esperanza en Bosnia-Herzegovina, cuando la camisa de fuerza de Dayton refuerza la separación y los líderes del país siguen aplicando las metas de guerra de sus predecesores por medios cuasi legales. En última instancia, la recuperación vendrá cuando una nueva generación de líderes nacionales se concentre en el bienestar de la gente común. Igualmente importante, el cambio no ocurrirá sin la participación de la masa de gente común, dirigidos por activistas en quienes puedan confiar. Con el aumento de la cooperación entre los retornados y la población local de mente abierta de todas las etnias, la verdadera recuperación puede llegar a suceder.

 

Peter Lippman pl52ip@hotmail.com

Activista de derechos humanos e investigador independiente especializado en la antigua Yugoslavia.

http://balkanwitness.glypx.com/journal.htm



[i] Viví en Bosnia-Herzegovina desde mediados de 1997 a mediados de 1999 y, desde entonces, he visitado el país durante largos períodos como investigador centrado en las campañas populares de derechos humanos –la campaña por el retorno y luego otras campañas como las de memorialización y contra la discriminación.

[ii] El entonces Director de la Oficina del cantón de Tuzla para el retorno de los desplazados.

[iii] En virtud de los poderes de Bonn decretados en diciembre de 1997 por el Consejo de Aplicación del Acuerdo de Paz establecido por Dayton, la Oficina del Alto Representante estaba facultada para promulgar leyes para Bosnia-Herzegovina, así como para retirar de su cargo a los políticos nacionales.

[iv] Hasta agosto de 2015 no habían sido revelados los resultados finales.

[v] Ver el artículo de Perry V. “Una división de tiempos de guerra en las escuelas de tiempos de paz”, págs. 26-7.

 

 

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