Búsqueda y salvamento en el Mediterráneo central

Aunque la gente es consciente de los riesgos que conlleva cruzar el mar, no hay nada que pueda prepararles realmente para la experiencia. 

Solo en 2015, 140 000 personas han realizado el peligroso viaje que se conoce como la ruta del Mediterráneo central, un tramo de mar que se encuentra entre Libia y Sicilia. Muchas de ellas llevaban los números de teléfono de familiares que se quedaban en tierra escritosen la ropa, en los antebrazos o en los chalecos salvavidas por si su barco volcaba y recuperaban sus cadáveres. 

John es un niño eritreo que fue rescatado de una barca de madera en la que viajaba hacinado con 323 eritreos a primerosde septiembre de 2015. Arriesgó su vida en el mar junto a su madre y su hermano pequeño para huir de la persecución por parte de un régimen opresivo en su lugar de origen. John habla inglés muy bien y es muy maduro para su edad. Ha visto demasiado para la edad que tiene. Está aterrado. Sólo tiene 9 años.

Grace procede de la República Democrática del Congo. Fue rescatada en agosto de una balsa de goma donde viajaba hacinada con 112 africanos subsaharianos. Abandonó su país tras años y años de conflicto que afectaron a su pueblo en la provincia de Kivu del Norte. Había sufrido agresiones sexuales por parte de las milicias armadas. Antes de subirse a la balsa había cruzado la República del Congo (Brazzaville), Camerún, Nigeria, Burkina Faso, Níger y Libia. Durante el viaje volvieron a violarla cuando estaba en manos de los traficantes. Tiene 28 años y viaja sola.

Ahmed y Amira son una joven pareja de Damasco, en Siria. Les rescataron en mayo de una barca de madera en la que viajaban hacinados con 563 personas de muchas nacionalidades diferentes. Llevaban en brazos a sus dos hijos pequeños, a los que agarraban lo más fuerte que podían. La familia ha pasado por cuatro años de guerra, de las bombas de barril del régimen a la brutalidad del grupo yihadista que llegó para controlar su barrio. Primero viajaron a Jordania y luego a Egipto. Ninguno de esos países les ofrecía oportunidades para sobrevivir. Así que decidieron confiar en los contrabandistas para que les llevaran a Libia e intentaron cruzar el mar hasta Europa.

 

Entre mayo y septiembre de 2015, y solo en este área del Mediterráneo, los barcos de Médicos Sin Fronteras (MSF) rescataron y ofrecieron asistencia a más de 16 000 personas de 20 países diferentes. John, Grace, Ahmed y Amira se encuentran entre esas personas.

MSF dispone de programas a largo plazo en la mayoría de los países de los que la gente está huyendo y suele ser testigo de primera mano de las condiciones que estas personas dicen que les han empujado a huir de sus hogares. Aunque muchos de los debates públicos europeos giran en torno a una distinción entre “refugiados” y “migrantes económicos”, ésta es muy difícil de sostener en realidad. Sean cuales sean sus antecedentes y sus lugares de origen, todos ellos comparten una motivación: la esperanza de un futuro más seguro y próspero. Las motivaciones que la gente cita son diversas y a menudo dispares: desde el conflicto, la opresión y la persecución política a la abrumadora pobreza extendida. A menudo se trata de una mezcla de varias razones que tienen poder suficiente para empujar a las personas a jugarse la vida en viajes organizados por redes criminales de contrabandistas.

Las historias que escuchamos de personas procedentes de Siria, Afganistán, Eritrea, Somalia, Yemen, Sudán, Irak y Pakistán pertenecen a personas que han huido de la violencia, del conflicto armado, de la persecución, de regímenes opresivos, del temor a los reclutamientos forzados o de encarcelamientos arbitrarios. También hay una gran número de personas procedentes de países subsaharianos y de África Occidental como Nigeria o Mali que, tras haber sido inmigrantes en Libia, huyen de allí por culpa del acoso, las agresiones y la violencia, las violaciones, los trabajos forzosos, la detención y el secuestro por dinero que sufren por parte de los grupos armados y de los contrabandistas.

El viaje en barco

Aunque la gente es consciente de los riesgos que conlleva cruzar el mar, no hay nada que pueda prepararles para esa experiencia. Primero los trasportan hasta la costa libia en camiones para luego subirlos en mitad de la noche a los botes, a veces a punta de pistola. Los contrabandistas sobrecargan sistemáticamente dichas embarcaciones para maximizar sus beneficios; a menudo llevan una carga diez veces superior a su capacidad real. Para la mayoría no hay chaleco salvavidas y no saben nadar. La gente que viaja bajo la cubierta a veces no se da cuenta de lo peligrosamente abarrotado que va el bote hasta que amanece. Es entonces cuando se hace evidente la precariedad y cuando se instauran el miedo y el pánico.

Una vez a bordo, la gente queda expuesta a diversos riesgos. La primera amenaza y también la más letal es que vuelquen.Una gran ola o el movimiento de la gente de un lado a otro en un bote tan sobrecargado pueden provocar que vuelque de repente y que se produzca un inevitable ahogamiento masivo en cuestión de minutos. La gente que se mete debajo de la cubierta queda expuesta a la expulsión de gases del motor y hemos visto casos de muerte por asfixia. La mayoría de las muertes, 2 800 de las cuales se han producido hasta la fecha en 2015 en el Mediterráneo central, están relacionadas con estos factores.

Los barcos de MSF trabajan junto con el Centro de Coordinación de Salvamento Marítimo de Roma para rescatar y asistir a la gente. Los que son rescatados a menudo sufren asfixia, deshidratación leve o moderada, dolores y malestar general, infecciones, quemaduras químicas por la contaminación del combustible en la ropa, sarna y pequeñas heridas. Las heridas suelen tener que ver con la violencia mantenida en Libia y van desde disparos o laceraciones a huesos rotos. La mayoría tienen semanas pero también puede haber heridas nuevas que requieran un tratamiento más urgente, y muchos necesitan ser derivados a centros médicos en Italia. Siempre hay mujeres y niños, mujeres embarazadas, menores no acompañados que hacen viajes increíblemente peligrosos ellos solos. Intentamos proporcionar cuidados y apoyo personalizados para ellos y para las supervivientes de la violencia sexual.

Una cuestión común es la aflicción psicológica que la gente ha desarrollado durante un período de tiempo. Es una montaña rusa de emociones, desde las motivadas por abandonar su hogar y a su familia; por el trayecto por tierra hasta Libia; los abusos y el caos de este país; el hecho de quedar expuestos ante las bandas de contrabandistas; el ser trasladados de un lado a otro como animales con los que se comercia. Cuando la gente llega a la seguridad del barco de salvamento se produce a menudo un estallido emocional de alivio. Estas personas pueden estar totalmente rendidas y abrumadas. Nuestro foco inmediato se centra en garantizar que tengan sus necesidades básicas cubiertas: agua, alimentos, cuidados médicos, ropa seca y la seguridad de que están a salvo y de que les llevaremos a un puerto italiano.

¿Qué hace falta?

En muchos países Europeos su narrativa se ha centrado en reforzar ciertas políticas a sabiendas de que exacerban la crisis más que en asistir a las personas y prevenir que se expongan a semejante sufrimiento y riesgos. Para el Mediterráneo central, la respuesta se sigue centrando únicamente en los síntomas –tomando como objetivos las redes de contrabando y los barcos–más que en eliminar las restricciones sobre el asilo y la migración que en un primer lugar son lasque ponen a la gente en manos de los contrabandistas. Se han propuesto disposiciones para ofrecer alternativas a la gente que huye en busca de seguridad y protección y regímenes migratorios más progresivos[1]. Pero mientras tanto resulta vital un enfoque proactivo y preventivo de búsqueda y salvamento en el mar. Cuanto más tiempo esté la gente expuesta a las terribles condiciones a bordo, antes se deteriorará su salud y más alto será el riesgo de fallecimiento en el mar.

Se han cambiado los nombres de las personas mencionadas en el presente artículo.

 

Hernan del Valle Hernan.del.Valle@amsterdam.msf.org Jefe de defensa de la causa y comunicaciones operacionales

Rabia Ben Ali rabiaben@gmail.com Oficial de asuntos humanitarios

Will Turner will.turner@oca.msf.org Coordinador del socorro de emergencia

Médicos Sin Fronteras www.msf.org



[1]Véase el informe del Relator Especial sobre los derechos humanos de los migrantes, François Crépeau, para la Asamblea General de las Naciones Unidas, 8 de mayo de 2015. “Contar con la movilidad de toda una generación: seguimiento del estudio regional sobre la administración de las fronteras periféricas de la Unión Europea y sus repercusiones sobre los derechos humanos de los migrantes”.

www.un.org/ga/search/view_doc.asp?symbol=A/HRC/29/36&referer=http://reliefweb.int/report/world/report-special-rapporteur-human-rights-migrants-fran-ois-cr-peau-ahrc2936&Lang=S

 

 

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