La migración a la UE tras el conflicto en Afganistán y Somalia

Hay detonantes de la migración de los afganos y somalíes a Europa que no están suficientemente reconocidos, provocados por décadas de conflicto. Aunque oficialmente se catalogan como “posconflicto”, la realidad es muy diferente.

Los somalíes y los afganos todavía figuran entre las diez primeras nacionalidades en cuanto a cantidad de solicitantes de asilo registrados en la Unión Europea (UE). A más de un tercio de los solicitantes de asilo de ambos países no se les concedió la condición de refugiados en 2014 pero tampoco se consideró que tuvieran la opción de un retorno en condiciones de seguridad[i]. La salud mental de los solicitantes de asilo afganos en Europa y de los retornados en Afganistán es delicada por lo que requieren de asistencia psicosocial, y los somalíes se ven obligados a entrar en el ciclo de la migración irregular a una edad muy temprana. Estos son los detonantes menos visibles de la migración posconflicto de afganos y somalíes a la UE.

El término “posconflicto” se ha utilizado para describir a las economías y Gobiernos de Afganistán y Somalia y ha sido empleado por los Estados de la UE para denegar las solicitudes de asilo presentadas por somalíes y afganos. Entre las razones que arguye el Gobierno del Reino Unido para denegar dichas solicitudes se incluyen la “estabilidad” y la “suficiente protección” disponibles en Afganistán, y toman como prueba de ello la existencia de programas de ayuda humanitaria y al desarrollo financiados por la UE, por lo que se infiere que se les proporciona protección en su hogar y, por tanto, no la necesitan fuera.

La realidad migratoria es diferente. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados registró 77 731 solicitudes de asilo en Europa en los primeros seis meses de 2015, el triple que en 2014. Muchos de los somalíes y afganos que llegan a la UE son hombres jóvenes de entre 15 y 24 años de edad. Los registros de las solicitudes de asilo, las órdenes judiciales y las encuestas sobre el retorno muestran un perfil cada vez más vulnerable entre ellos. Los afganos que presentan solicitudes de asilo muestran signos de trastorno por estrés postraumático (TEPT) y otros problemas de salud mental y manifiestan su necesidad de asistencia psicosocial, algo de lo que carecen en su lugar de origen. Los somalíes entrevistados aseguran que no tienen elección: dar el salto al tahrib (migración irregular) es su única oportunidad de conseguir una vida segura y digna.

La salud mental de los afganos

En 2010, Mustafá llegó a Francia a los 15 años de edad para buscar protección y atención médica a través de una solicitud de asilo. Le habían diagnosticado TEPT y esquizofrenia en 2011, enfermedades para las que no hay tratamiento en Afganistán. En agosto de 2015 le denegaron la solicitud de asilo y Francia le deportó allí. Las personas que le apoyaban señalaron el posible peligro extremo para un afgano con una enfermedad mental al repatriarlo a su país de origen, donde ya no le quedaban contactos.

Otro joven afgano, Omed, recibió una respuesta más positiva en junio de 2015. Su familia había solicitado sacarle de Afganistán porque era objeto de agresiones físicas y palizas que podían costarle la vida. Aunque llevaba desde 2011 en Reino Unido, ya se le había denegado el asilo con anterioridad. Sólo tras apelar, aportar pruebas de su trastorno mental y de su TEPT, su incapacidad para vivir de forma segura en Afganistán y la falta de protección oficial de la que disponía allí, se le concedió la condición de refugiado en el Reino Unido.

Cada vez llegan más jóvenes afganos a los países europeos que muestran claros signos de problemas de salud mental que hacen que sus vidas corran peligro en su lugar de origen. Afganistán dispone de tres psiquiatras y diez psicólogos con formación para una población de 30 millones de personas[ii] y no dispone de amplios programas psicosociales para dar apoyo a los que han sufrido durante el conflicto. Los problemas de salud mental y de TEPT —consecuencias del conflicto prolongado— se quedan sin resolver y, a su vez, generan más violencia: maltrato y violencia contra los que padecen enfermedades mentales, y discriminación.

Los estudios disponibles sugieren que un gran segmento de los jóvenes y adolescentes afganos tienen problemas de salud mental que no están siendo tratados y que provienen de los traumas y del estrés derivados del conflicto, del desplazamiento, de la pobreza y de la constante inseguridad. Los problemas de salud mental se ven exacerbados por el trauma del desplazamiento, de las repatriaciones forzadas y de la migración. Un análisis de los indicadores de seguridad y salud en una muestra de 2 000 jóvenes que sobrevivieron en Kabul confirma que la situación de los deportados es especialmente alarmante. A los deportados se les estigmatiza, lo que podría tener consecuencias fatales, en especial para aquellas personas que carecen de estatus económico o social[iii].

La migración irregular somalí a Europa

En cientos de entrevistas realizadas en Somalilandia, Puntlandia y en la zona centromeridional de Somalia, todos los encuestados mencionaron a alguien —familiar o amigo— que había migrado de forma irregular hacia Europa. Nuestra investigación muestra que un importante detonante es la abrumadora presencia de magafes, traficantes de personas, que convierten la migración forzada en migración irregular.

La mayoría de los somalíes primero buscará seguridad y oportunidades en casa, pero los efectos continuados de la guerra, la incertidumbre y el conflicto se traducen en una economía débil y en que las familias no puedan sacar adelante a sus hijos. Los repetidos ciclos de la migración forzada nos llevan ahora y cada vez más a la única opción que queda: la migración irregular hacia Europa.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma que uno de cada tres somalíes ha sido afectado por algún tipo de enfermedad mental tras haber sufrido “palizas, tortura, violaciones o heridas de por vida”[iv]. Además, tanto la OMS como Human Rights Watch denuncian que a las personas que sufren enfermedades mentales a menudo se las encadena o encarcela. Solo cinco centros ofrecen servicios de salud mental. La mayoría no reciben ayuda y se quedan marginadas y aisladas, por lo que se convierten en presas fáciles para los magafes, que les prometen una vida mejor en Europa.

Los magafes son un recurso y una amenaza para los que necesitan solicitar asilo. Han contribuido al aumento de la migración irregular al permitir a algunos marcharse sin necesidad de ningún pago. Reclutan a personas jóvenes y no les piden dinero pero, cuando llegan a su destino los traficantes llaman a sus familias y les amenazan para que paguen. El hecho de que sus métodos aglutinen físicamente a gente de varias categorías jurídicas —los solicitantes de asilo, refugiados y migrantes económicos comparten el mismo viaje a Europa— complica la protección en el punto de llegada.

Un obstáculo para la protección

Los afganos son el mayor grupo de solicitantes de asilo en Noruega; los somalíes, en Finlandia y Dinamarca, y también se encuentran entre los mayores grupos de solicitantes de asilo fallidos que acaban siendo retornados. Hasta que llegó 2013 y se renovaron las inversiones internacionales por la condición de “posconflicto” del país, tenían más oportunidades de que se les concediera asilo o protección subsidiaria para quedarse en los países de destino: pero ahora se están promoviendo los retornos. Los estándares para conceder asilo a los somalíes han sido revisados y se ha revocado la suspensión de los retornos. Del mismo modo, la categorización de Afganistán como “posconflicto” ha significado que se le considerara seguro para llevar a cabo los retornos. Aunque la violencia y la inseguridad hayan ido aumentando de forma constante (en especial desde 2007) la etiqueta “posconflicto” prevalece sobre las evaluaciones de seguridad sobre el terreno.

La etiqueta “posconflicto” y las intervenciones internacionales enmascaran las necesidades de protección claves entre los solicitantes de asilo y migrantes: sus necesidades psicosociales, o que caigan en las garras de los traficantes y delincuentes. No basta con decir que su país está en una fase posconflicto para borrar los efectos de las crisis prolongadas de afganos y somalíes que se enfrentan a trastornos de estrés postraumático, a un maltrato por parte de la sociedad y a la falta de protección estatal.

 

Nassim Majidi nassim.majidi@samuelhall.org

Codirector y Jefe de Investigación sobre la Migración, Samuel Hall www.samuelhall.org

 

El presente artículo se basa en una investigación realizada en Europa, Afganistán y Somalia dirigida por Samuel



[i] Oficina Europea de Apoyo al Asilo (2015) Informe anual de 2014 sobre la situación de asilo en la Unión Europea https://easo.europa.eu/wp-content/uploads/EASO-Annual-Report-2014.pdf

[ii] Cifras del Fondo de datos de 2014 del Observatorio Mundial de la Salud de la OMS www.who.int/gho/database/en/

[iii] Schuster L. and Majidi N. (2014) “Deportation Stigma and Re-migration” [El estigma de la deportación y la vuelta a la migración], Journal of Ethnic and Migration Studies www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/1369183X.2014.957174

 

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