Las economías sirias: ¿un boom temporal?

Algunas personas desplazadas y sus comunidades de acogida se han beneficiado económicamente de las consecuencias del conflicto en la provincia siria de Al Raqa. Otras necesitan ayuda de un tipo que irá variando a medida que cambien las circunstancias.

Cuando estalló la guerra civil en 2011, Al Raqa, en el noreste de Siria, no participó directamente en el conflicto y, por lo tanto, muchos sirios de otras provincias como Deir ez-Zor, Homs y Hama se exiliaron a Al Raqa. Éstos se asentaron principalmente en la ciudad del mismo nombre, donde la población anterior a la guerra, de unos 220 000 habitantes, casi se duplicó en 2012 por la afluencia de desplazados internos, lo que supuso una gran presión sobre la frágil infraestructura de Al Raqa, pero también creó oportunidades de empleo para muchas personas. Cuando Al Raqa fue tomada por el grupo autodenominado como Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés) en 2014, la ciudad gozó de un auge en su actividad comercial durante un corto período de tiempo debido a dos factores principales: primero, porque Al Raqa se convirtió en la capital de una zona muy extensa de Siria e Irak controlada por el ISIS y, en segundo lugar, ISIS no impuso un precio específico para los bienes ni exigió el pago de impuestos (excepto el azaque[i]).

Pero el boom comercial de la ciudad duró poco. Muchos civiles se vieron obligados a abandonar la ciudad debido al aumento de los ataques aéreos. Algunos se trasladaron al Líbano o a Turquía, pero muchos de ellos viajaron hasta ciudades y pueblos cercanos y se quedaron con parientes suyos. Ciudades como Al Mansura, Al Rashid, Al Qahtaniyah y Al Jurnia asumieron el rol económico que la ciudad de Al Raqa desempeñaba antes. La población de esas localidades aumentó, proliferaron los bazares, los comercios pequeños disfrutaron de un aumento en las ventas y se construyeron nuevas tiendas. Algunas familias consiguieron una nueva fuente de ingresos alquilando habitaciones a los desplazados.

La gente se aprovechó no sólo de las nuevas oportunidades económicas creadas por la presencia de personas desplazadas, sino también de la falta de una autoridad fuerte en la zona. Durante décadas, la gente había tenido que pedir permiso al Gobierno central de Damasco hasta para construir una pequeña tienda en sus propios terrenos, y conseguir ese permiso no era fácil ni barato. Así que aprovecharon que se esos obstáculos ya no existían para construir viviendas y comercios, especialmente en las zonas rurales de Al Raqa.

Pero además de ganadores también hubo perdedores, por supuesto. Muchos se vieron privados de su fuente de ingresos por culpa de la guerra, como aquellos que comerciaban entre las zonas rurales y la ciudad, y los que dependían del alquiler de tierras e inmuebles, mientras que miles de personas tuvieron que huir de Al Raqa con poco más que la ropa que llevaban puesta. La ayuda que llega es escasa. En un año, familias desplazadas de Al Jurnia, al igual que las de otras ciudades de Al Raqa, solo han recibido un par de pequeñas ayudas financieras. Como consecuencia, los hijos de estas familias no tienen más remedio que vender verduras y pan por la calle. A las mujeres que han perdido a sus maridos les afecta especialmente, ya que eso también suele significar la pérdida del sustentador de la familia, y muchas viudas se han visto obligadas a volver a casarse.

Desde la salida del ISIS de Al Raqa a finales de 2017, el efímero boom ha llegado a su fin y las circunstancias han vuelto a cambiar para todos. El mayor error que ha cometido la comunidad internacional con respecto a la situación humanitaria actual en Al Raqa es que la asistencia proporcionada normalmente se compone de alimentos y pequeñas sumas de dinero. Este tipo de ayuda se consume rápidamente. La asistencia debería centrarse más bien en la reconstrucción de las infraestructuras: carreteras, sistemas de irrigación, hospitales y centros escolares (y, finalmente, en limpiar la ciudad de Al Raqa de las minas terrestres que colocó el ISIS). Así la gente podrá producir lo que necesite y volver a crear empleo en vez de depender de la ayuda externa.

Ahmad Al Ajlan ahmad.ajlan@uni-bielefeld.de

Oriundo de la provincia de Al Raqa, actualmente es investigador en el Instituto de Estudios Interdisciplinares sobre Conflictos y Violencia de la Universidad de Bielefeld. www.uni-bielefeld.de/ikg/

 

[i] El azaque es una forma de limosna recogida en el islam como una obligación o impuesto religioso.

 

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