Las deficiencias del empleo como solución duradera

El régimen de asistencia a los refugiados que prevalece en la actualidad parece insistir en que la mejor solución, o la única, para las situaciones prolongadas de refugiados se basa firmemente en mejorar el acceso al empleo. Sin embargo, está claro que este enfoque favorece a algunos y excluye a otros, mientras que también desestima las cuestiones políticas y sociales más profundas en juego.

Cada vez más se considera que el empleo y la inversión de capital representan la solución a las situaciones prolongadas de refugiados. Los organismos de ayuda esperan que los migrantes forzados sean buenos emprendedores y que se vuelvan autosuficientes al encontrar empleo o creando un negocio. Esto deposita la responsabilidad de “tener éxito” en los hombros de los refugiados. Sin bien esto (todavía) no es una solución duradera oficial, la integración local se entiende cada vez más como un concepto que implica poder participar en la actividad económica.

No cuestiono los deseos y las aspiraciones de los refugiados de convertirse en personas autosuficientes, ni la necesidad de prestar apoyo a los refugiados para acceder a oportunidades laborales, pero me preocupan las implicaciones más profundas de este cambio de actitud. La “necesidad de los individuos de ayudarse a sí mismos en lugar de depender del Estado[1]”se ve fomentada por dos tendencias principales en el humanitarismo contemporáneo: en primer lugar, por el creciente énfasis que ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, y otros organismos depositan en los programas económicos de medios de subsistencia y en la autosuficiencia económica y, en segundo lugar, por el crecimiento de las alianzas público-privadas en los programas de asistencia a los refugiados.

Esto impone a los refugiados la responsabilidad de crear su propia solución duradera a través del empleo. En este marco, las soluciones duraderas oficiales —que se basan en la idea de crear de nuevo el vínculo de una persona con el Estado y la posibilidad de la ciudadanía— se vuelven obsoletas. La solución al desplazamiento ahora se redefine en términos de desarrollo y se convierte en una cuestión económica, en lugar de tratarse de un asunto político y social.

Este enfoque de la asistencia y la protección de los refugiados también termina homogeneizando a las personas y excluyendo a quienes no cumplen con los “requisitos de ingreso”. Está claro que las intervenciones y el apoyo basados en el dinero en efectivo para ingresar al mercado laboral (aunque los organismos internacionales no clasifiquen como empleos a la mayoría de los trabajos del mercado informal) parecen ser formas más dignas de proporcionar ayuda que la sola entrega de material de asistencia, ya que permite a los refugiados  una elección. Sin embargo, esto solo ayuda a unos pocos. Una gran variedad de razones — ya sea relacionadas con situaciones y experiencias personales o con el desempleo estructural— pueden impedir que una persona trabaje.

Despolitizar la protección de los refugiados

La transferencia de responsabilidad de “tener éxito” a la propia condición de refugiado ya es perceptible en Burkina Faso, donde realicé una investigación etnográfica con refugiados urbanos malíes en Bobo-Dioulasso.

Aminata, una refugiada malí de unos 80 años de edad que padecía discapacidades físicas y cuya salud era delicada, compartía una vivienda con su nieta. ACNUR categorizó a Aminata como una refugiada vulnerable, al igual que a su nieta, ya que era menor de edad y vivía con una abuela anciana y enferma. Recibieron asistencia en efectivo y alimentos casi todos los meses durante tres años y medio, pero en enero de 2016 la asistencia interrumpió. ACNUR y el Programa Mundial de Alimentos (PMA) en Burkina Faso, que proporcionaban esta asistencia, alegaron falta de fondos y el hecho de que no es necesario proporcionar asistencia a los refugiados urbanos, sino que esta se puede proveer si existen fondos y voluntad suficientes. Cuando se tomó la decisión de dejar de suspender la asistencia, los representantes de los organismos prometieron que esta se continuaría brindando a los refugiados clasificados como vulnerables. A pesar de esta promesa, Aminata y su nieta no recibieron ningún otro tipo de ayuda. A su edad y con la responsabilidad de cuidar a su nieta, ¿cómo se suponía se iba a beneficiar de “todas las oportunidades que los refugiados tienen en las ciudades” (una visión generalizada, que diversos agentes humanitarios me repitieron cuando hablábamos sobre la ayuda que nunca llegó)? Por lo general, se cree que los refugiados urbanos, incluso aquellos calificados como vulnerables, están rodeados de oportunidades laborales —especialmente en un lugar como Burkina Faso, donde los malíes tienen derecho a trabajar— o que cuentan con alguien de su red cercana que tendrá un empleo y, por lo tanto, podrá apoyarlos.

Existen numerosos estudios que analizan los motivos por los que una idea de desarrollo como crecimiento económico, en todas sus formas, no puede funcionar, sobre todo en el largo plazo, sino que más bien sirve para favorecer a algunos y excluir y marginar a otros[2].El “problema de los refugiados” se convirtió en una cuestión de acceso al mercado laboral en lugar de ser una cuestión política sobre las desigualdades, la exclusión, el conflicto, la explotación, las relaciones asimétricas de poder, etc. Los problemas humanos, sociales y políticos son sustituidos por soluciones de mercado. Esta visión despolitizada construye las dificultades de los refugiados como si estas se debieran a una falta de acceso a empleos, y de ninguna manera aborda el modo y los motivos por los que estas personas se convirtieron en refugiadas en primer lugar.

Durante más de dos décadas, una serie de estudios sobre migración y refugiados forzados han cuestionado la categoría de “refugiado” y cómo se representan y retratan estas personas dentro de ella, para poner de relieve el impacto de las etiquetas, las representación y el lenguaje en las vidas de los refugiados, así como las prácticas y las políticas que se derivan de tales discursos. En la actualidad, numerosos investigadores tienden a centrarse en demostrar cómo los refugiados poseen voluntad económica, o a proporcionar datos sobre cómo apoyarlos en sus medios económicos de subsistencia. Lo que, al parecer, se considera ahora algo menos importante —y que, sin embargo, sigue siendo fundamental— es lo que esto significa en términos de protección, y qué impacto tienen dichos discursos y prácticas neoliberales en la vida de los refugiados.

Nora Bardelli nora.bardelli@qeh.ox.ac.uk

Doctoranda[3], Departamento de Desarrollo Internacional de Oxford, Universidad de Oxford www.qeh.ox.ac.uk

 

[1] Scott-Smith T (2016) “Humanitarian neophilia: the ‘innovation turn’ and its implications”, Third World Quarterly 37(12), pág. 2238 http://tandfonline.com/doi/abs/10.1080/01436597.2016.1176856

[3] Becaria de Doc.Mobility, Fundación Nacional Suiza para la Ciencia.

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