La participación de los refugiados en las economías de acogida en Uganda

El trabajo de campo en regiones múltiples de Uganda permite un análisis exhaustivo de los complejos patrones de participación entre las actividades económicas de los refugiados y las economías locales, en entornos urbanos, de emergencia y de contextos prolongados.

El Gobierno de Uganda logró que la autosuficiencia fuera un aspecto central del enfoque del país para acoger refugiados. En la actualidad, Uganda acoge a más de un millón de refugiados de diversas nacionalidades, incluyendo la República Democrática del Congo (RDC), Somalia, Sudán del Sur y Rwanda, que viven tanto en campamentos rurales como en zonas urbanas. Por lo general, los refugiados en Uganda gozan del derecho al trabajo, tienen libertad de circulación dentro del país y acceden a servicios básicos. Estas políticas desempeñan un papel importante porque facilitan la participación de los refugiados en actividades comerciales y permiten su inserción en los mercados y las industrias locales y nacionales en Uganda.

Entre 2013 y 2015, mis colegas y yo realizamos un estudio sobre la vida económica de los refugiados, en el que observamos su interacción con comunidades locales de acogida en cuatro regiones con tres contextos diferentes: Kampala, la capital; Kyangwali y Nakivale, que son campamentos establecidos hace mucho tiempo; y Rwamwanja, un campamento establecido hace poco[i]. Esta investigación multirregional ofrece una interesante comparación de las relaciones económicas entre los refugiados y los ciudadanos del país de acogida a lo largo del tiempo y en diferentes entornos geográficos.

Kyangwali y Nakivale: economías de “importación y exportación”

El asentamiento de Nakivale existe desde el año 1959 y el de Kyangwali, desde 1989. Se los designa de manera formal como “asentamientos”, en vez de “campamentos”, debido a su distribución relativamente abierta y a las libertades económicas con las que cuentan los refugiados. Ambos se ubican en el suroeste rural del país, y aunque estas zonas sean geográficamente remotas, distan de estar aisladas desde el punto de vista económico. Dentro de los asentamientos no solo existe una actividad económica diversa, sino que sus economías se encuentran dentro de estructuras económicas más amplias que se extienden más allá de sus límites geográficos. Se importan y exportan bienes y servicios, y los refugiados desempeñan un papel activo en estas cadenas de suministro.

Desde su llegada, los refugiados en ambos asentamientos históricamente han tenido acceso a una parcela de tierra para cultivar; es por eso que no es ninguna novedad que la agricultura comercial sea la actividad económica que más se destaca. El asentamiento de Kyangwali es muy conocido entre los comerciantes de cultivos ugandeses por su maíz de buena calidad. Durante la temporada de cosecha, los camiones y camionetas ugandeses viajan fuera de Kyangwali con regularidad, cargados con sacos de maíz adquiridos de refugiados agricultores y destinados a la venta en mercados locales, en Kampala y en otras ciudades de Uganda, e incluso en países vecinos como Tanzania y Sudán del Sur.

Si bien en ambos asentamientos predominan las actividades agrícolas, con el tiempo ha surgido una gran variedad de negocios dinámicos, que se ha incorporado a las redes comerciales nacionales y regionales. De hecho, muchas de las tiendas ya establecidas en Kyangwali y Nakivale compran productos de cadenas de suministro existentes y dirigidas por mayoristas ugandeses que visitan los asentamientos con regularidad y venden productos a comercios satélite.

“Kyangwali es uno de nuestros puntos de venta importantes. En Kyangwali, vendemos nuestros productos a siete tiendas de refugiados”. (Gerente de ventas de una cervecera ugandesa)

En Nakivale, observamos interacciones comerciales similares entre los refugiados y los mayoristas ugandeses. En particular, algunos propietarios de negocios somalíes regularmente importan productos como leche, pasta, carne de camello, ropa, cosméticos y medicamentos al asentamiento de sus colegas somalí-ugandeses en Kampala.

Rwamwanja: una economía emergente

El asentamiento de Rwamwanja comenzó a funcionar en abril de 2012 en una aldea rural del oeste de Uganda en respuesta a la afluencia de emergencia de refugiados congoleses. Para finales de 2013, cuando realizamos nuestra investigación inicial, seguía llegando gente a la zona. Los recién llegados reciben una ración de alimentos y suministros de ayuda, incluidos utensilios de cocina, una azada, mantas, un bidón y machetes. Al igual que en Kyangwali y Nakivale, se asigna a los refugiados una parcela de tierra para vivir y cultivar.

Según el relato de los refugiados que llegaron a Rwamwanja cuando se estableció por primera vez, la actividad económica dentro del asentamiento surgió casi de inmediato, y las primeras transacciones comerciales visibles se basaron en el intercambio de alimentos y artículos no alimentarios de ayuda entre los refugiados. Al poco tiempo, los ugandeses de aldeas vecinas se unieron al canje, a pesar de que los refugiados y las poblaciones de acogida tenían muy poca afinidad étnica, cultural o lingüística. Los refugiados intercambiaban bolsas de maíz o aceites de cocina por cultivos ugandeses, como bananas y mandiocas, y vendían productos no alimentarios. Desde entonces, estas actividades iniciales de comercialización evolucionaron y se transformaron en mercados de refugiados más organizados. Por ejemplo, el mercado de la aldea de Kaihura, uno de los 36 pueblos del asentamiento, actualmente atrae a unos 2000 comerciantes y clientes, incluidos refugiados y ciudadanos ugandeses, todos los días de mercado.

La llegada de refugiados y de trabajadores humanitarios a esta aldea rural de escasa población estimuló las economías locales en las áreas circundantes. Según los aldeanos ugandeses que viven en las cercanías, muchos negocios comenzaron a surgir después de la afluencia de refugiados, incluidos restaurantes, bares, pensiones y tiendas. Henry, el propietario ugandés de un famoso restaurante ubicado a la entrada del asentamiento, abrió su negocio en enero de 2014:

“Tenía un pequeño restaurante en Kampala. Vine aquí y estudié la zona, y no encontré ningún buen restaurante, por lo que decidí mudarme a este lugar. En la actualidad, recibo casi 200 clientes al día. Muchos de ellos trabajan para los organismos humanitarios, pero otros son refugiados y comerciantes ugandeses que visitan el asentamiento”.  

Los propietarios de los negocios existentes en el área de acogida también se han beneficiado significativamente de la presencia de los refugiados y trabajadores humanitarios. Una familia local renovó su bar para captar a la creciente población; el negocio creció con rapidez, y en 2014 la familia hizo remodelaciones para incluir una posada con un restaurante justo fuera de la entrada del asentamiento.

Comparadas con Nakivale y Kyangwali, las actividades económicas de los refugiados en Rwamwanja aún se encontraban en un estado embrionario y no estaban demasiado conectadas con las economías nacionales y transnacionales. No obstante, Rwamwanja revela el proceso dinámico a través del cual emerge una nueva “economía inducida por refugiados” después de una afluencia masiva de refugiados incluso en una región de acogida subdesarrollada.

Kampala

  Con una población estimada en más de 1,5 millones, Kampala es la ciudad más grande de Uganda. Aquí, los refugiados trabajan junto a ciudadanos ugandeses y migrantes de todas partes del continente. La mayoría de los refugiados ugandeses viven junto a personas somalí-ugandesas y migrantes económicos somalíes en Kisenyi, Kampala; aprovechan sus vínculos étnicos con las dinámicas economías somalí-ugandesas y subsanan deficiencias en la demanda de trabajo en los sectores en los que los ugandeses que no son somalíes no buscarían empleo. Muchas grandes empresas somalí-ugandesas en las industrias del petróleo, la gasolina y la venta al por menor contratan a una gran cantidad de refugiados somalíes. Un gerente somalí-ugandés de una de estas empresas explicó que contratar a refugiados somalíes es una decisión simple:

“Nos sentimos más cómodos al trabajar con somalíes porque tenemos mucho en común, como el idioma, la religión y los hábitos culturales”.

Por el contrario, los refugiados congoleses viven aislados en numerosas áreas en Kampala, como Nsambya y Katwe, y viven junto a comunidades ugandesas. Si bien están asociados con varias actividades económicas, la venta de bitenge (tela congolesa tradicional) es la más común por dos motivos principales: en primer lugar, la inversión inicial es relativamente pequeña y, en segundo lugar, los estereotipos positivos relacionados con las artesanías congolesas entre los ugandeses proporcionan muy buenas oportunidades de comercialización. Estos refugiados congoleses encuentran relaciones económicas mutuamente beneficiosas con los comerciantes ugandeses; los ugandeses han llegado a depender de refugiados congoleses, que actúan como los principales distribuidores y minoristas de sus productos.

Luchar contra las percepciones prevalecientes

Entre los responsables políticos, existe una percepción predominante por la que se cree que la presencia de refugiados intensifica la competencia por el empleo con las poblaciones nacionales en un país de acogida. Sin embargo, al contrario de esta percepción, en Kampala, los refugiados congoleses y somalíes buscaron su propio espacio económico en la amplia economía de acogida, sin generar necesariamente conflictos con los habitantes locales. De hecho, en cada uno de nuestros estudios, la presencia de las actividades económicas de los refugiados dio como resultado una interdependencia entre los refugiados y las comunidades de acogida, en lugar de generar un juego de suma cero de rivalidad económica.

En los contextos prolongados de refugiados en Nakivale y Kyangawali, los asentamientos de refugiados se incorporaron al comercio regional a través de la “importación y exportación” de productos, y se convirtieron en centros de comercio activos en sus lejanas ubicaciones rurales. Incluso en la reciente Rwamwanja, las actividades comerciales de los refugiados comienzan a vincularse gradualmente con las economías circundantes y parecen desempeñar un papel significativo en la revitalización de las comunidades de acogida. Si bien las formas en las que los refugiados se posicionan a sí mismos en las economías de acogida difieren en cada asentamiento, los refugiados juegan un papel importante, o quizá indispensable, en los sectores comerciales más amplios de Uganda.

De este análisis surgen algunas implicaciones para la política y la práctica. A menudo, los intentos para apoyar las actividades generadoras de ingresos de los refugiados se conciben de una forma abstracta, en vez de con una comprensión de los contextos comerciales más amplios. Los agentes que trabajan para mejorar las oportunidades económicas para las poblaciones de refugiados y de acogida necesitan una comprensión clara y mejor de las estructuras y los sistemas económicos pertinentes. Además, las intervenciones deben apuntar a aprovechar los mercados y los negocios existentes, o a ayudar a los refugiados a participar de una manera más eficaz en estos mercados. Y, por último, los agentes externos deben ayudar a crear un ambiente propicio. Los refugiados pueden ser creadores de mercados si se cumplen ciertos derechos y condiciones, que les permitan identificar y emplear sus medios de subsistencia únicos al tiempo que evitan la intensificación de la competencia con las poblaciones de acogida.

 

Naohiko Omata naohiko.omata@qeh.ox.ac.uk

Oficial sénior de investigación, Programa Economías de Refugiados, Centro de Estudios sobre los Refugiados, Departamento de Desarrollo Internacional de Oxford, Universidad de Oxford www.rsc.ox.ac.uk
 


[i] Véase Betts A, Bloom L, Kaplan J y Omata N (2016) Refugee Economies: Forced Displacement and Development www.rsc.ox.ac.uk/news/refugee-economies-forced-displacement-and-development-new-book-out-now

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