Los actores religiosos locales y la protección en entornos complejos e inseguros

Los líderes religiosos, las organizaciones confesionales y las comunidades religiosas locales desempeñan un importante papel en la protección de las personas afectadas por conflictos, desastres y desplazamiento. Sin embargo, los actores humanitarios sólo recientemente han comenzado a apreciar plenamente la profundidad, el alcance y la variedad de las actividades de protección realizadas por actores religiosos y las complejas interrelaciones entre la religión y la protección.

A pesar de compartir valores y principios humanitarios comunes, e intereses comunes en la prestación de la protección, a veces los actores humanitarios religiosos y seculares operan, en cierta forma, en universos paralelos. A nivel nacional, no es raro ver dos grupos de actores humanitarios que luchan por comprender – por no hablar de gestionar – las estructuras, los sistemas y las formas de trabajo del otro, a pesar del hecho de que ambos se esfuerzan por proteger a las mismas comunidades.

Un motivo de esta división se deriva del hecho de que el humanitarismo occidental ha sido moldeado mayormente por los valores seculares, y ha tendido a subestimar o minimizar la influencia de la religión fuera de la esfera de la creencia privada. Sin embargo, si bien la religión se ha debilitado en los países industrializados, la gran mayoría de las personas afectadas por conflictos, desastres y desplazamientos son personas creyentes. Para muchas, sus creencias y valores religiosos desempeñan un importante papel en sus vidas, ayudándoles a modelar la manera en que entienden el mundo y su papel y su lugar en él, proporcionando una guía moral en cuanto a lo que es correcto e incorrecto, y ayudándoles a afrontar los tiempos de crisis. La fe puede incitar actos de compasión, tolerancia y respeto por la dignidad humana, incentivando la justicia social, la reconciliación y la resolución de conflictos.

Sin embargo, salvar las diferencias entre los actores humanitarios seculares y religiosos, y fomentar el compromiso y alianzas de protección más fuertes, no son tareas fáciles. Las motivaciones y formas de trabajo de los actores religiosos son tan diversas como las culturas y sociedades que las sustentan, y se ha realizado relativamente poca investigación para entender el ámbito y la diversidad de su trabajo de protección o cuáles funciones de protección pueden desempeñar de mejor manera y por qué. La poca visibilidad de su trabajo y el hecho de que las organizaciones confesionales locales y los líderes religiosos raramente están vinculados al sistema humanitario, también producen que la coordinación, colaboración y complementariedad sean un desafío.

También existen otros desafíos. Muchas organizaciones confesionales carecen de pericia técnica, y algunas podrían no estar dispuestas a ocuparse de temas sensibles de protección. Al estar arraigadas en las culturas y creencias tradicionales, pueden perpetuar las prácticas tradicionales nocivas o fomentar la estigmatización (por ejemplo, de los supervivientes de violencia sexual y de género), si bien otros líderes religiosos y organizaciones confesionales intentan afrontar estas cuestiones. Algunos hacen proselitismo. Además, aunque muchas organizaciones religiosas practican una relativa imparcialidad y neutralidad, y la mayoría se suscribe a los principios humanitarios o sus equivalentes, otros no lo hacen debido al contexto político en el que operan.

No obstante, los potenciales beneficios de trabajar con actores religiosos son significativos. Debido a sus vínculos locales y su diseminada presencia, la influencia de las organizaciones confesionales locales en las comunidades afectadas por crisis suele extenderse mucho más allá de aquella de los actores humanitarios e incluso de las autoridades estatales, sobre todo en entornos operativos complejos e inseguros donde en ocasiones se cuestiona la legitimidad de las autoridades estatales y los actores humanitarios.

Por lo general, los líderes religiosos y las organizaciones religiosas locales están profundamente arraigados en las comunidades locales – y generalmente son respetados dentro de las mismas – y están íntimamente sintonizados con los matices culturales locales y las dinámicas sociales y políticas. También tienden a inspirar un alto nivel de confianza dentro de su comunidad, lo que les confiere una gran influencia sobre las normas, cultura y comportamiento locales –todo lo cual es de vital importancia para el trabajo comunitario de protección. El mero tamaño de algunas de estas organizaciones, junto con su influencia y su interconexión, con frecuencia les da un considerable influjo respecto a las autoridades estatales y los actores no estatales. El compromiso a largo plazo de los actores religiosos con las comunidades locales y las autoridades gubernamentales también permite que sus iniciativas de protección se arraiguen y que sustenten los esfuerzos para abordar las causas originarias, cambiar patrones de conducta o abogar por cambios legislativos y políticos.

Su presencia antes, durante y después de los desastres y conflictos significa que tienen las condiciones necesarias para proporcionar alerta temprana y acción temprana para prevenir los conflictos, y preparación comunitaria en caso de desastre o conflicto. Vinculado con esto, su papel brindando la primera respuesta de emergencia después de los desastres suele ser crucial. Escuelas, iglesias, templos y mezquitas suelen utilizarse como refugios seguros y para la coordinación de los esfuerzos de respuesta. Sus estructuras y redes organizativas, aunque suelen interrumpirse, proporcionan una capacidad de respuesta local ya preparada. Los líderes religiosos y las organizaciones confesionales también pueden recurrir a su capital social para poner en marcha nuevas iniciativas y lograr el apoyo de la comunidad y movilizar a los voluntarios.

La falta de conocimiento o de sensibilidad sobre el importante papel que desempeña la fe en la vida de las comunidades afectadas por las crisis puede dar lugar a que los actores humanitarios se encuentren con barreras y consecuencias inesperadas, perdiendo oportunidades para persuadir y movilizar a las comunidades, e incluso causando un daño involuntario. Las organizaciones confesionales y las comunidades religiosas locales entienden el papel que la fe puede desempeñar ayudando a las personas a recuperarse de los abusos y que pueden proporcionar apoyo (tranquilidad espiritual, orientación religiosa, asesoramiento, etc.).

Las organizaciones confesionales también se extienden mucho más allá de la comunidad afectada y por lo tanto están en condiciones de prevenir y resolver conflictos; hacer frente a las tensiones de los refugiados y las comunidades de acogida; combatir la xenofobia y el racismo; movilizar el apoyo de la sociedad en general; y abordar las causas de la inseguridad que requieren un cambio social y político más amplio. Cuando la religión se utiliza como una herramienta para incitar conflictos y polarizar a las comunidades, las organizaciones confesionales y las comunidades religiosas locales potencialmente también tienen la capacidad única de trabajar con sus comunidades religiosas con el fin de contrarrestar los puntos de vista extremistas, y reconciliar las diferencias y tensiones que alimentan el conflicto y conducen al desplazamiento.

 

James Thomson jthomson@actforpeace.org.au es Director Asociado de Políticas y Promoción de Act for Peace, que es miembro de ACT Alliance mundial. www.actforpeace.org.au

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