Los chin en el estado de Mizoram, India: una respuesta confesional

La comunidad religiosa en el estado de Mizoram en la India ha desempeñado un papel fundamental proporcionando servicios sociales, cambiando las actitudes y percepciones del público respecto a los refugiados y facilitando el acceso y la asistencia, llegando a los más vulnerables allí donde no existe presencia internacional.

Desde el levantamiento prodemocrático de 1988 en Birmania, los refugiados del grupo étnico chin han huido al estado de Mizoram en la India, en la frontera con el estado de Chin, al occidente de Birmania. Debido a su apartada ubicación y las restricciones impuestas por el gobierno a los viajes de los extranjeros al estado de Mizoram, los chin en Mizoram han estado esencialmente fuera de la vista y de la mente de la comunidad internacional. En ausencia del ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) y cualquier tipo de asistencia humanitaria internacional, los chin afrontan problemas de protección y carecen de asistencia humanitaria, mientras se genera un peso en los recursos y la infraestructura de Mizoram.

Aunque el gobierno de la India proporcionó alojamiento y alimento a los refugiados cuando llegaron a finales de la década de 1980, estos servicios se interrumpieron después de unos pocos años, y los chin han afrontado muchas dificultades. A pesar de que los chin han huido de la persecución, la India no los ha reconocido como refugiados; los residentes del estado de Mizoram (“mizos”) los ven principalmente como migrantes económicos, ya que perciben que huyen de la pobreza generalizada, y señalan la carga que crean para Mizoram.

A pesar de que en los últimos años se han presentado algunos cambios positivos en el gobierno de Birmania, la repatriación voluntaria a Birmania aún no es viable en general, y será necesaria la integración segura y humana de los chin por medio de las Iglesias de Mizoram, las ONG y el gobierno estatal, con el apoyo del gobierno central y la comunidad internacional. Durante una revocación temporal de las restricciones de viaje en abril de 2011, visité Mizoram y fui testigo de la forma en que la Iglesia ha desempeñado un papel fundamental en este sentido, proporcionando servicios sociales esenciales para las poblaciones mizo y chin, identificando y asistiendo a los refugiados carentes de servicios en el comunidad, y garantizando que exista un sentido de comunidad y acogida a los chin que viven en su estado.

La Iglesia, el gobierno y los líderes comunitarios de Mizoram se refieren a los chin como “hermanos y hermanas” porque son correligionarios cristianos y provienen de las mismas raíces étnicas. Difícilmente se puede exagerar el influyente papel que el cristianismo desempeña en la vida cotidiana de Mizoram, especialmente porque las confesiones cristianas en Mizoram se enfocan en atender no sólo las necesidades espirituales de la comunidad, sino también las necesidades físicas, emocionales e intelectuales a través de hospitales, clínicas, residencias para personas mayores, orfanatos, albergues, escuelas y programas de desarrollo y asistencia comunitarios dirigidos por la Iglesia.

Contribuciones de las organizaciones religiosas

Una de las principales preguntas que hice durante mi viaje fue cuál es el papel que la sociedad civil –en particular, las organizaciones confesionales– desempeñan en la prestación de asistencia y protección a los refugiados en una zona donde no existe protección o asistencia internacional. Los grupos religiosos en Mizoram han proporcionado los servicios sociales esenciales para los refugiados, y los hospitales y clínicas dirigidos por la Iglesia complementan los sistemas de salud y educación del gobierno y llenan vacíos para garantizar que aquellos que son especialmente pobres –lo que incluye a la mayoría de los refugiados– reciben atención de salud y educación en Mizoram. Muchos de estos hospitales y clínicas también asumen los costos de la atención médica a los mizos en condición de indigencia. Ya que los chin y los mizos comparten una religión común, la Iglesia ha trabajado durante mucho tiempo para brindar a los mizos y los chin proyectos de desarrollo.

La Iglesia Bautista de Mizoram (BCM, por sus siglas en inglés), por ejemplo, inició el Proyecto Lydia en 2011 para ayudar a los desplazados chin y a la población local con bajos ingresos, en colaboración con otras dos confesiones, la Iglesia Bautista de Jesucristo de Lairam y la Iglesia Bautista Zomi. La BCM comenzó encuestando a 10.000 personas –recopilando los nombres de los desplazados, analizando sus necesidades humanitarias y determinando por qué había llegado cada uno de ellos a Mizoram– y enfocándose en el desarrollo de programas para atender a los más vulnerables y a quienes han estado más tiempo en Mizoram. Desarrollaron 33 grupos de autoayuda (el 80% de los miembros eran chin y el 20% población local), con 7 a 15 personas por grupo. Los miembros mensualmente aportan fondos que son depositados en un banco a sus nombres. También existe un programa para el desarrollo de los jóvenes y otro para el asesoramiento comunitario.

El Proyecto Lydia se centra en pequeños proyectos de generación de ingresos para estos grupos, y también trabaja para crear conciencia sobre, por ejemplo, las oportunidades financiadas por el gobierno. El proyecto también incluye actividades de educación y reconciliación. El departamento de asistencia y desarrollo de la BCM provee coordinación general entre las Iglesias y comunidades chin en las zonas de Mizoram con altas concentraciones de refugiados chin, mientras que los líderes de proyectos enfatizan por qué es importante no separar a los chin de la población local cuando se proporciona asistencia humanitaria.

A pesar de que los refugiados no tienen reconocimiento legal, el Proyecto Lydia ha ayudado a empoderar a los refugiados y a proporcionar un espacio seguro donde se pueda comenzar un diálogo comunitario para abordar las tensiones entre las comunidades de refugiados y de acogida. Al no dar un trato especial a los refugiados como población necesitada, el proyecto cuenta con gran aceptación en la comunidad local, y ya que los chin y los mizos son capacitados juntos, el proyecto ha creado relaciones de trabajo que ayudarán a fomentar un entorno más positivo para los refugiados. El proyecto también ha identificado y ha llegado a algunas de las zonas y poblaciones más carentes de servicios en Mizoram, trabajando a través de las redes de Iglesias de las tres confesiones en áreas donde es difícil llegar, incluso para los funcionarios del gobierno local.

Las organizaciones basadas en la fe proporcionan atención comunitaria integral acoplando la asistencia con la promoción de actitudes y percepciones más favorables hacia los migrantes en sus comunidades. Para la protección básica de los refugiados no sólo es fundamental su protección y reconocimiento legal, sino también su aceptación por parte de la comunidad local. En un estado donde casi todos los funcionarios del orden público, los funcionarios electos y los empleados públicos asisten a una Iglesia, la influencia de la Iglesia para cambiar la percepción pública de los inmigrantes no es exagerada.

Además de tratar de satisfacer las necesidades físicas y educativas de los refugiados, ofreciendo asistencia a través de sus hospitales y escuelas, las Iglesias también se han empeñado en esfuerzos educativos para ayudar a la comunidad de Mizoram a entender mejor a la comunidad chin y, desde una perspectiva religiosa, por qué deberían acoger y atender a los chin que viven entre ellos. La Iglesia Bautista de Mizoram, por ejemplo, ha realizado diversos eventos educativos en torno a la perspectiva teológica de solidaridad hacia los inmigrantes. Ha repartido folletos en iglesias, realizado eventos públicos educativos, y en algunas iglesias ha hablado desde el púlpito acerca de la respuesta cristiana a la inmigración. El Sínodo de Iglesia Presbiteriana de Mizoram contrató a un ministro para que trabaje específicamente con los chin en Aizawl, la capital del estado; sus funciones incluyen misión, evangelización y servicios sociales, y también coordina una reunión de oración mensual llamada “Oración por Birmania” que incluye a todas las Iglesias y congregaciones Chin en Aizawl.

Manifestándose a favor de las personas vulnerables en su comunidad, las Iglesias contribuyeron a evitar actividades contra los chin en el pasado y continúan proporcionando enseñanza fundamental para garantizar que la comunidad no sólo acepte simplemente a los refugiados chin sino que los acoja activamente en ella. Durante el actual período de cambio en Birmania, existe la gran oportunidad de seguir el enfoque regional recientemente formulado que proporcionará protección y soluciones duraderas a largo plazo a los chin, trabajando a través de organizaciones confesionales locales confiables que han estado operando en la región durante décadas. Estas organizaciones no sólo pueden proporcionar actividades de socorro y desarrollo fundamentalmente necesarias, sino que también pueden influir en la formación de las actitudes y percepciones de las comunidades de acogida para recibir a los refugiados en ellas.

 

Jenny Yang jyang@wr.org es Vicepresidenta de Promoción y Políticas, World Relief. www.worldrelief.org

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