Casarse a crédito: la carga del precio de la novia entre los jóvenes refugiados

Puede que los jóvenes refugiados sudaneses se beneficien de una mayor libertad y más oportunidades en los campos, pero el tener que pagar un precio cuando vuelven a su lugar de origen puede suponer severas restricciones a la hora de tomar decisiones y en sus perspectivas de integración.

Tras pasar 15 años en el campo de refugiados de Kakuma, en el norte de Kenia, Peter – que entonces estaba al final de la veintena – decidió regresar a Nyal, el pueblo del sur de Sudán[i] donde nació. Durante su estancia en Kakuma Peter había conocido a Angelina, también de Sudán del Sur. Cuando decidieron casarse, Peter emprendió negociaciones con sus familiares tanto de Kakuma como de Sudán del Sur con respecto al precio. Sin embargo, cuando regresó a Nyal descubrió que su familia había perdido la mayoría del ganado durante el conflicto y el poco que quedaba lo estaban utilizando para casar a su hermano mayor.

"¿Qué voy a hacer ahora? Voy a tener problemas serios con la familia de Angelina. En Kakuma me la concedieron a crédito porque les convencí de que les entregaría las vacas cuando volviera a Sudán. Les di una pequeña suma de dinero como entrega a cuenta del precio, pero ahora esperan que les pague con las vacas. Angelina tiene estudios (terminó los cuatro años de colegio en Kakuma) así que es cara. Me pidieron 60 vacas pero mi familia (en Sudán) no tiene nada".

La historia refleja algunos de los retos que la guerra y el desplazamiento han creado para estos jóvenes hombres y mujeres en términos de perspectivas, negociación y celebración de los matrimonios.

La vida en Kakuma

Los nuer y los dinka, los dos grupos étnicos más grandes de Sudán del Sur, constituían los dos pueblos dominantes en Kakuma en el momento en que realicé mi trabajo de campo, en 2006-2007. Predominantemente dedicados a la agricultura y la ganadería, antes del desplazamiento dependían del pastoreo, del cultivo de las tierras, de la pesca y, hasta cierto punto, del comercio. Las vidas de los hombres y mujeres nuer y dinka estaban íntimamente relacionadas con el cuidado, protección e intercambio de ganado, que utilizaban como pago en el precio de la novia.

La celebración del matrimonio para las mujeres y hombres nuer supone un rito de iniciación a la edad adulta, el acceso a derechos y a un estatus dentro de la familia y de la comunidad. El matrimonio constituye un largo proceso de negociaciones e intercambios, que se hace más seguro con cada pago y cada ceremonia.[ii] Es un punto fundamental en las relaciones intergeneracionales como mecanismo de transferencia de los recursos de padres a hijos, de construcción de alianzas entre familias y de intercambio de ganado para labores productivas y reproductivas.

Durante el desplazamiento se produjeron importantes cambios en las relaciones sociales, en especial para los jóvenes. Debido a los servicios educativos disponibles y en especial al enfoque de que las niñas accedan a la educación en los campos, la vida en Kakuma abría nuevas oportunidades a chicos y chicas, jóvenes mujeres y hombres de (re)negociar las normas sociales y de género. En Kakuma, el matrimonio era el tema predominante en las conversaciones: a causa de la pobreza y los desequilibrios de género que se daban en el campo, el matrimonio resultaba inalcanzable para la mayoría de los residentes. La mayor parte de los matrimonios se celebraban entre "chicos perdidos" que se habían reasentado en los países occidentales y chicas que se habían quedado atrás. Para los jóvenes hombres que se habían quedado en el campo, el matrimonio era solo una posibilidad remota por diversas razones.

En primer lugar, a los agricultores y ganaderos nuer y dinka no se les permitía tener ganado o cultivar las tierras y en su lugar tenían que depender casi siempre de la ayuda en forma de alimentos y de las remesas de dinero que les enviaban parientes desde el extranjero; otros dependían del dinero que ganaban mediante el comercio o trabajando para las ONG. A consecuencia de esto y sobre todo por los cambios económicos, el sistema de precio de la novia basado en el ganado se había monetizado parcialmente. Aunque el dinero era el medio de pago dominante en Kakuma, el matrimonio no podía completarse sin la transferencia de algo de ganado, que normalmente se producía entre los miembros del clan que quedaban en Sudán. Aunque el dinero es importante, no tiene "sangre" para los nuer y los dinka y por tanto no se ve como algo que garantice la solidez del matrimonio. "El matrimonio mediante dinero no es un matrimonio real. Cuando los ‘chicos perdidos’ vuelvan a Sudán, tendrán que volver a pagar en vacas", comentaba uno de los jefes locales de la región del Alto Nilo Occidental.

En segundo lugar, la competencia entre los pretendientes era fortísima debido a la escasez de chicas en edad de casarse que había en el campo. Además, con el aumento de los niveles educativos que éstas alcanzaban, el precio se veía incrementado de manera significativa. Para los nuer occidentales, por ejemplo, la cantidad normal de cabezas de ganado que debían pagar era de 20-30 a 60-75 dependiendo del nivel de estudios de la chica y de su posición social. Los jóvenes hombres del campo eran incapaces de competir con los que se habían reasentado en países occidentales, quienes disponían de mayores recursos económicos. Los jóvenes que carecían de ganado – y que se encontraban lejos de sus familias y parientes – acudían a amigos para que les representaran en las negociaciones del precio con las familias de sus novias. Estas negociaciones continuaban mediante conexiones radiofónicas y llamadas a través de teléfonos móviles con los familiares de la novia y del novio que se encontraban en Sudán. Igual que el de Peter, los "matrimonios a crédito" bajo la promesa de realizar el pago al regresar a Sudán predominaban en el día a día de Kakuma.

El retorno: el pago de la deudas

Para los hombres jóvenes que regresaban a Sudán del Sur, el retorno implicaba mudarse del entorno multinacional del campo de refugiados de Kakuma – donde la mayoría había pasado toda su vida – a un pueblo o ciudad que se suponía que era su hogar aunque ellos no lo recordasen o ni siquiera lo conociesen. Separados durante años de sus familias y de los miembros de su clan, cuando regresaban a Sudán del Sur se encontraban compartiendo casa con personas de las que apenas se acordaban. Los jóvenes retornados, que habían llevado una vida más independiente en Kakuma, relativamente libre de obligaciones sociales, se encontraban con responsabilidades domésticas en sus comunidades de Sudán del Sur, y a menudo se sentían abrumados por esas expectativas, explotados e incomprendidos. Aunque las redes familiares pueden actuar de parachoques contra la incertidumbre socioeconómica, también pueden ejercer presión para que se atengan a las obligaciones de género y generacionales del hogar.

Uno de sus objetivos al regresar a Sudán era encontrar a familiares y parientes para devolverles la deuda por el precio de su boda, pero las expectativas de los que se habían quedado en el país y de los que habían vivido desplazados a menudo chocaban en lo referente a los limitados recursos que le quedaban a la familia. Este problema del precio de la novia creaba desavenencias en la familia y la comunidad, que desembocaban en conflictos que a menudo incluso se llevaban ante los tribunales locales. Algunos jóvenes se quejaban de que sus familias "estaban intentando engañarles" al haber utilizado el ganado prometido para casar a otros hermanos o para financiar inversiones. También existían conflictos entre los hermanos que se encontraban desplazados y los que se habían quedado en el país, quienes alegaban que debido a su mayor sufrimiento durante las guerras tenían más derecho al uso del ganado. A menudo se consideraba que los jóvenes retornados se lo merecían menos. Diversas experiencias durante las guerras forjaron las identidades de estos jóvenes hombres de manera diferente, lo que a su vez ha exacerbado los conflictos y las hostilidades en el Sudán del Sur de la posguerra.

Además, en Kakuma los jóvenes solían transgredir la norma de casarse con personas de su misma comunidad. A su regreso a Sudán del Sur, algunos familiares no aceptaban sus elecciones y presionaban a los jóvenes para que se divorciasen de sus esposas de Kakuma sin realizar pago alguno a la familia.

Esta dificultad concreta para el matrimonio que supone el pago del precio en las comunidades de desplazados y retornados tiende a pasarse por alto tanto en la literatura como en los programas de reintegración. Sin embargo afectan a la voluntad de los refugiados de regresar y a sus perspectivas de establecerse entonces. Las deudas por precio de la novia tienen graves consecuencias para los jóvenes varones que desean establecerse una vez retornados, construir un nuevo hogar y mantener la relación con los miembros de la familia que se quedaron en Sudán del Sur o que fueron desplazados a otros lugares (como Jartum, por ejemplo). A menudo estos jóvenes no son capaces de saldar sus deudas y algunos se ven obligados a abandonar a sus esposas o prometidas. Entonces estas mujeres se consideran "usadas", son deshonradas la mayoría de las veces y por tanto son menos valiosas para un (segundo) matrimonio. Y aquellas que no consigan casarse serán aún más estigmatizadas. Si los jóvenes pueden garantizar el pago por sus hijos (aunque no por sus esposas) mediante ganado se los quedarán. Pero en el caso de los niños nacidos de "matrimonios a crédito", la familia de la esposa podría apoderarse de ellos. En cualquier caso, eso supondría una separación forzosa de la familia. El alto precio de las novias también afecta a los jóvenes que se han quedado. Frustrados por su incapacidad para contraer matrimonio y por tanto para acceder a la mayoría de edad, algunos se unen a bandas de ladrones de ganado, se enrolan en las milicias o se fugan con mujeres jóvenes. El aumento reciente del robo de ganado en algunas de las regiones de Sudán del Sur puede explicarse en parte gracias a este fenómeno.

Conclusión

Aunque a menudo se sostiene que para la gente joven el desplazamiento supone una oportunidad de conseguir una mayor autonomía y capacidad para negociar sus elecciones (incluida la de una pareja para casarse), el retorno durante la posguerra y el deber de completar los pagos en concepto de matrimonio a menudo limitan su independencia y su libertad. Los hallazgos anteriores indican una necesidad por parte del Gobierno de Sudán del Sur, de la comunidad internacional y de las comunidades locales de:

  • Trabajar con los jefes locales implicados en la resolución de problemas relativos a la celebración de matrimonios.
  • Controlar el aumento del precio de las novias trabajando en conjunto con jóvenes mujeres y hombres, con sus padres y con los ancianos de la comunidad.
  • Crear oportunidades educativas, laborales y de generación de ingresos para jóvenes hombres en Sudán del Sur.
  • Ofrecer servicios de protección y generación de ingresos para mujeres jóvenes mientras asesoran a las familias que han sufrido una separación.

 

Katarzyna Grabska kgrabska@yahoo.com es becaria de investigación posdoctoral del Proyecto Migración y Movilidad (Migration and Mobility Project) del Centro Nacional de Competencias en Investigación Norte-Sur (NCCR) www.north-south.unibe.ch en Basilea, Suiza. Véanse también los artículos de la autora sobre Género y Desarrollo (www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/13552074.2011.554026



[i] En el momento al que nos referimos aún no se había creado el estado de Sudán del Sur sino que todavía se hacía referencia a esta zona como "el sur de Sudán"; en adelante nos referiremos a ella en este artículo como "Sudán del Sur".

[ii] Hutchinson, S (1996) Nuer dilemmas: coping with money, war and the State (Los dilemas de los nuer: lidiar con el dinero, la guerra y la propiedad), University of California Press: Berkeley.

 

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