Ayudar a los jóvenes refugiados a evitar modalidades de convivencia explotadoras

En un entorno urbano, la relación entre un joven refugiado no acompañado o acompañada y su familia de acogida resulta de vital importancia y suele ser la diferencia entre una vida donde predomine la protección o donde lo haga la explotación. Las agencias deberían aprovechar las oportunidades que existen para protegerlos.

A su llegada a un país de primer asilo los jóvenes refugiados no acompañados deben encontrar inmediatamente un lugar seguro donde alojarse, como la mayoría de los refugiados. Para estos jóvenes refugiados, la urgencia de encontrar un techo en un entorno urbano a menudo significa encontrar a alguien dispuesto a alojarlos. Muchos encuentran quien les aloje de manera informal a veces simplemente yendo por las calles y parando a la gente para pedir ayuda.

En Nairobi la modalidad de convivencia más común para los jóvenes refugiados no acompañados consiste en trabajar para una familia de acogida a cambio de alojamiento. El que dependan de quienes les acogen se traduce en que tienen más posibilidades de trabajar muchas horas sin posibilidad de negociar los salarios ni las horas de descanso. En Kenia, el empleo se encuentra regulado por la Ley de Empleo de 2007, incluido el infantil. Pero la mayoría de los trabajos a los que acceden los refugiados se hace de forma ilegal, por lo que no está regulado y por tanto se encuentra fuera del alcance efectivo de cualquier tipo de protección legal. El hecho de que la naturaleza del trabajo que desempeñan los jóvenes refugiados sea a puerta cerrada y fuera de cualquier régimen regulador, la falta de protección jurídica en el país y la ausencia de parientes adultos que les protejan o que hagan que se les resarza por los abusos que hayan sufrido hace que los jóvenes no acompañados que se dedican al trabajo doméstico sean altamente vulnerables a la explotación laboral e incluso a la violencia física o sexual. Durante los debates del grupo de muestra llevados a cabo por RefugePoint, el 30% de los jóvenes declararon que no estaban registrados en ACNUR porque muchos de sus "empleadores" no les dejaban librar para hacerlo.

La mayoría de las veces el trabajo se realiza en forma de servicio doméstico en domicilios privados y son predominantemente las niñas y mujeres jóvenes quienes lo llevan a cabo. De hecho, los chicos refugiados se quejan de que les resulta difícil encontrar alojamiento porque hay muy pocas oportunidades "laborales" para ellos, mientras que las chicas refugiadas "siempre pueden encontrar trabajo como empleadas del hogar".

Según nuestro estudio, el 80% de las chicas y chicos que son trabajadores domésticos no reciben dinero de sus "empleadores". Trabajan a cambio de alojamiento y normalmente duermen en el suelo de la cocina y comen separados del resto de la familia, a menudo sólo sus sobras. Algunos como Kadir,[1] un joven etíope de 16 años, trabajan todo el día durante la semana completa a cambio sólo de comida. "Lavo la ropa, voy a buscar agua, cocino y limpio el baño. Trabajo desde por la mañana hasta la noche. Me pagan sólo con comida. Si no trabajo, no cobro". Por las noches tiene que "buscar un lugar para dormir", y normalmente lo hace en la calle.

Hay jóvenes refugiados que realizan otros trabajos a cambio de alojamiento. Algunos chicos, y en menor medida también las chicas, trabajan en tiendas, restaurantes, sastrerías, peluquerías y barberías; lavan, recogen agua, hacen recados y lavan los platos. Normalmente trabajan a cambio de que les permitan dormir en el mismo lugar de trabajo.

Muchos jóvenes trabajadores refugiados han experimentado alguna forma de violencia física por parte de su "empleador". A una chica somalí de 16 años le quemaron un lado de la cara con una cuchara que había sido calentada para tal propósito. Las jóvenes refugiadas que trabajan como empleadas del hogar con frecuencia son objeto de acoso sexual, agresiones sexuales, violaciones e intentos de violación por parte de los hombres y chicos de la familia para la que trabajan y con la que viven. Zainab, una somalí de 15 años, explica que "los chicos de la familia solían asustarme cuando su madre estaba fuera de casa; muchas veces intentaron violarme".

Es frecuente que a las jóvenes empleadas domésticas que han sufrido una violación por parte de sus "empleadores" se las eche a la calle cuando se descubre que están embarazadas. Una chica que se quedó embarazada como consecuencia de una violación fue acusada posteriormente de ser una prostituta y la echaron de casa. La iglesia que estaba auxiliándole le retiró la ayuda alegando que era inmoral que hubiera tenido un hijo fuera del matrimonio.

Oportunidades de interacción y apoyo

Aunque los organismos que trabajan en Nairobi están de acuerdo en que muchas situaciones de acogida están lejos de ser idóneas, su capacidad de emprender acciones se ve limitada por una grave carencia de recursos para asistir a los refugiados en las zonas urbanas; a veces se ven obligados a aceptar, igual que muchos jóvenes refugiados, que una situación de acogida negativa, aun cuando implique tareas explotadoras, es mejor que nada.

Por ejemplo, Omar, un joven somalí no acompañado de 16 años, encontró un hogar de acogida antes de registrarse en ACNUR a principios de 2010. A Omar le acogió una familia que tenía una sastrería; le encontraron pidiendo limosna en la puerta de la mezquita. Trabaja durante todo el día en la sastrería familiar, todos los días de la semana. A cambio la familia le deja dormir en la tienda y le da las sobras para comer. Por las noches se queda allí mientras que la familia regresa a su casa. Según Omar, numerosos organismos en Nairobi conocen su situación. Pero ninguno ha podido ofrecerle un alojamiento alternativo, lo que le ha hecho llegar a la conclusión de que creen que está mejor con esta familia que sin ella.

Los jóvenes refugiados como Omar se encuentran en su momento más vulnerable justo después de su llegada a una zona urbana, especialmente si se encuentran solos. Encontrar alojamiento resulta tan importante que muchos se sienten obligados a aceptar rápidamente cualquier hogar que encuentren. Es necesaria una coordinación efectiva entre los diversos equipos de programa de ACNUR y los organismos que trabajan en las comunidades de refugiados de Nairobi para identificar a los jóvenes refugiados vulnerables tan pronto como sea posible y darles prioridad a la hora de buscarles soluciones adecuadas. Debido a que muchos de los jóvenes refugiados más vulnerables no son libres de desplazarse —o no pueden hacerlo— hasta las instalaciones de ACNUR para registrarse, resulta primordial que los organismos que trabajan en las comunidades donde viven los refugiados intenten de forma proactiva identificar a aquellos que corran riesgo y remitirlos a ACNUR.

ACNUR y sus organismos asociados deberían aprovechar las distintas oportunidades que tienen para realizar un seguimiento de la situación de un joven refugiado, empezando en el punto de registro y procediendo normalmente a través de entrevistas para la determinación de la condición de refugiado y las diversas intervenciones de protección consecuentes. Resulta especialmente importante que los menores no acompañados sean identificados lo antes posible durante el proceso con el fin de que se pueda determinar qué es lo mejor para ellos de acuerdo con sus intereses[2] y así identificar cuáles son las intervenciones más adecuadas y ayudarles a acceder a los servicios que necesiten para sobrevivir. Estas interacciones tempranas con los refugiados recién llegados deberían verse como oportunidades para identificar a los individuos con vulnerabilidades concretas antes de que se puedan volver crónicas, y acaben mermando de forma permanente las oportunidades de que los refugiados se estabilicen.

 

Claire Beston fue investigadora en RefugePoint y Martin Anderson (anderson@refugepoint.org) es oficial de operaciones en RefugePoint. www.refugepoint.org

Mei Lian Tjia, Gabriel Gill-Austern y Manal Stulgaitis también contribuyeron con un informe más amplio que cubre éstos y otros retos a los que se enfrentan los jóvenes refugiados de Nairobi. Si desean una copia de este informe, por favor, contacten con Martin Anderson.

 


[1] Todos los nombres se han sustituido por otros ficticios.

 

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