De la Colombia rural a la alienación urbana

La relación entre la pobreza, la desigualdad y el conflicto agudiza migración de los jóvenes de las zonas rurales.

La gran mayoría de los jóvenes en el departamento de Antioquia afectados por el desplazamiento forzado emigran a su capital, Medellín, donde la población es ahora más de seis veces mayor que hace 50 años. Esta migración los aleja de las estructuras sociales y culturales en las que crecieron, destruyendo su seguridad ya que los jóvenes no están preparados emocionalmente para hacer frente a sucesos cargados de tanta tragedia y dolor. Estos hechos llevan a que poco a poco se acostumbren a convivir con el conflicto, donde todos pueden ser el adversario y se está en una constante deriva física y moralmente, llevándolos a vivir inseguros y temerosos en sus propias casas, en su propia tierra.

Con el paso del tiempo esto genera efectos devastadores, ocasionando desengaño, rompimiento del tejido social y el retraimiento de los jóvenes. Es por eso que muchos jóvenes parecen aferrarse a la necesidad de sobrevivir en lugar de mirar hacia su futuro; su juventud ha sido una época de trasformaciones perturbadas por la violencia que no les ha permitido ser y pensar como jóvenes 'normales', sino que se les ha obligado a asumir responsabilidades de adultos sin ser consultados y sin estar preparados.

Cuando los jóvenes desplazados llegan a los grandes centros urbanos como Bogotá y Medellín se ven obligados a ocultar su temor a un lugar desconocido que se rige por valores y creencias diferentes. Tienen que adaptarse a un nuevo ritmo de vida para poderse acoplar a este territorio, haciendo que sus referentes personales y familiares se transformen de forma abrupta frente a este nuevo panorama del cual conocen muy poco. Esto amenaza su sentido de identidad y destruye sus raíces al tratar de acoplarse a su nuevo estilo de vida.

A menudo tienen miedo de hablar, recordar, contar sus historias. Prefieren no comentarlo pero en su pensamiento existen recuerdos repetitivos de esos hechos que los han dejado marcados para siempre. Es por esto que para los jóvenes desplazados crecer en un contexto de conflicto constante representa un desafío enorme. Deben enfrentarse a las mismas problemáticas e incertidumbres que cualquier adolescente pero no cuentan con las suficientes oportunidades para educarse, ni lograr destrezas específicas, y mucho menos con las condiciones necesarias para llevar una vida sana, tanto física como mentalmente.

Este estado permanente de confrontación hace que los niños y jóvenes interioricen como algo natural las formas violentas de resolver las diferencias y los conflictos, ya que el ambiente donde han crecido ha trivializado este tipo de reacciones y muchas veces el silencio y la pasividad se convierten en las únicas maneras de sobrevivir.

Esta situación se agrava a medida que transcurre el tiempo y la vida de estos jóvenes no cambia, generándose un profundo sentimiento de frustración e inconformismo con el entorno que los rodea, ya que perciben que no les ofrece las condiciones y oportunidades necesarias para salir adelante. En ocasiones esto los puede llevar a ingresar en bandas barriales como opción para conseguir dinero, segregándose de la sociedad y manifiestan su rencor contra ella, dando inicio nuevamente a ese ciclo de violencia, que de seguir así será un proceso de nunca acabar.

Las ciudades aparentemente ofrecen una mayor seguridad frente al  conflicto armado, pero la realidad es que las urbes están asociadas con nuevas formas de violencia que afectan a los desplazados por ser una minoría débil en ese entorno. En realidad han cambiado el escenario,  pero no las condiciones de violencia que los han hecho abandonar sus territorios

A todos estos cambios que deben afrontar los jóvenes, se suma la búsqueda de un asentamiento donde vivir. La mayoría de ellos se ve obligado a engrosar los cinturones de miseria de las grandes ciudades, en muchos casos  deben vivir en tugurios, carpas y casas de madera; problemática que llega al punto de no poseer los servicios públicos fundamentales como son el agua y la energía, y por consiguiente son muy pocos los jóvenes que pueden acceder a otros servicios igualmente importantes como son la salud y la educación. Esto genera que los jóvenes desplazados se vean obligados a comportarse y vivir como adultos cuando todavía no lo son, perdiendo en ocasiones su identidad debido a las circunstancias de discriminación social que deben enfrentar en el momento de radicarse en otro territorio, y a la incertidumbre de su futuro.

Cómo afrontar la problemática del desplazamiento juvenil.

Para analizar la problemática de la migración en la población juvenil rural es importante cuestionarse sobre el punto hacia dónde se deben enfocar los esfuerzos, ya que la migración juvenil del campo a las ciudades siempre se asocia con una decadencia de las zonas rurales y no como una oportunidad para las ciudades que los reciben. Los incentivos deben estar encaminados a crear un ambiente que posibilite un verdadero proceso de retorno y reinserción, creando alicientes y factores motivantes para que los jóvenes que presentan dificultades en las ciudades o que desean retornar a sus territorios lo puedan hacer. Esto se puede lograr mediante la creación de oportunidades laborales en las zonas rurales, el mejoramiento de los servicios públicos, elaboración de procesos normativos claros para el retorno y un acompañamiento permanente en las zonas rurales por parte de las autoridades municipales.

Es evidente que retornar no se debe relacionar con el solo hecho de volver a habitar el territorio; sino que es una opción que debe estar asociada a estrategias efectivas de protección y reintegración de los retornados. Volver a las tierras no garantiza la finalización del desplazamiento; el mejoramiento de las condiciones de vida es el factor que verdaderamente ayuda a estabilizar a los jóvenes que deciden retornar.

Finalmente, la mayoría de políticas hacen énfasis en la preocupación de frenar el desplazamiento de los jóvenes desde las zonas rurales, pero ya son muchos los jóvenes que se han desplazado hacia las ciudades. El verdadero objetivo debe ser plantear opciones que les brinden oportunidades de vida que realmente los motiven a permanecer en sus tierras y recuperarse del conflicto armado.

 

Alejandro Valencia Arias javalenca@unal.edu.co es Becario de la Universidad Nacional de Colombia en Medellín.

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