Cuestionarse algunas suposiciones sobre la juventud refugiada

Los jóvenes que migran sin sus padres desarrollan redes entre ellos que no son necesariamente más vulnerables que las redes intergeneracionales.

Muchos niños y jóvenes que viven con gente de su edad tienen un mayor acceso a recursos y más capacidad de decisión que otros muchos que viven con familias u hogares en los que hay un adulto. El estudio presentado por este artículo –llevado a cabo con los refugiados congoleños que viven en la capital de Uganda, Kampala, y en los asentamientos rurales para refugiados de Kyaka II– cuestiona la suposición de las políticas y programas para refugiados de que los menores no acompañados son inherentemente más vulnerables y están en mayor desventaja que sus semejantes acompañados. Por el contrario, el vivir sin los padres o tutores puede ofrecerles oportunidades y algunos jóvenes eligen de forma consciente migrar sin sus padres o vivir con gente de su edad antes que con adultos una vez que llegan a Kampala o a Kyaka II.

En algunos casos la decisión de la gente joven de migrar sin sus padres es el resultado de una estrategia de supervivencia individual o colectiva para acceder a servicios concretos. Por ejemplo, el director de la escuela secundaria de Kyaka II atribuye en parte la matriculación desmesurada de jóvenes no acompañados durante el año académico 2005 al hecho de que sus tasas escolares eran más bajas que en el resto de escuelas secundarias de la zona, lo que constituye un factor que favorece el asentamiento. En 2005 ninguna de las chicas de segundo curso de educación secundaria vivía con sus padres. Algunos jóvenes, sobre todo chicos, vinieron solos a Kampala con la intención de trabajar para mantenerse a sí mismos y ayudar a sus familias en la República Democrática del Congo (RDC).

Una vez que se encuentran por su cuenta en un entorno de refugiados, hay jóvenes que siguen viviendo solos o con otros jóvenes, aun cuando tendrían la oportunidad de estar en hogares liderados por adultos. Por ejemplo, un joven que llegó a Kyaka II para asistir a la escuela secundaria se encontró con un amigo de su padre en el asentamiento y vivió con él durante unos pocos meses. Pero a pesar de la estrecha relación con este hombre adulto, a quien llama "tío", decidió mudarse con un grupo de jóvenes —todos ellos varones— con los que construyó una casucha cerca de la escuela. Su decisión de vivir con gente de su edad se basó no sólo en la proximidad a la escuela sino también en que tenía menos tareas domésticas que hacer y un mayor acceso a recursos como un miembro "igual" de la red de pares.

Aunque algunos jóvenes refugiados eligen mudarse de redes intergeneracionales, que son vistas como desventajosas o en algunos casos explotadoras, resultaría erróneo dibujar este fenómeno como una simple lucha generacional entre mayores y jóvenes. La mayoría de los jóvenes buscaban de manera activa a sus familias o mantenían el contacto y deseaban volver con ellas, e incluso los jóvenes que elegían vivir con redes de pares en lugar de con redes intergeneracionales seguían manteniendo lazos con generaciones más mayores.

Tradicionalmente en la República Democrática del Congo la gente joven no se muda de un hogar intergeneracional hasta que no se casa y está preparada para fundar su propia familia. Sin embargo, salir de las redes intergeneracionales no implica necesariamente que exista un conflicto; las migraciones y los conflictos han originado cambios en las estructuras sociales y las redes de pares se han vuelto socialmente más aceptables.

La toma de decisiones entre pares

Los análisis sobre los procesos de toma de decisiones en las redes de pares reveló dinámicas de poder relacionadas con la edad social, la educación, la lengua y el sexo. Durante un período de 10 meses observé a un grupo de entre 10 y 30 jóvenes (las cifras fluctuaban) de entre 12 y 20 años a los que llamé grupo "Karungi". Sus miembros desarrollaron un gran sentido de la solidaridad basado en algunos casos de parentesco (hermanos o primos) y en todos los casos, en una etnia común. La mayoría procedían de la ciudad de Bunia y muchos ya se conocían o se conocieron cuando todavía se encontraban en la República Democrática del Congo. Estos lazos de parentesco y etnia facilitaron la formación de hogares colectivos, tal y como exigía ACNUR para la distribución de recursos como paneles de plástico y utensilios de cocina.

Dentro de la cohesión del grupo existían jerarquías internas de poder. En primer lugar, la edad social –las características atribuidas en la sociedad a las diferentes etapas– es importante. Aunque todos los miembros del grupo "Karungi" se consideraban a sí mismos y a los demás "gente joven", se distinguían los unos de los otros empleando diversos "indicadores" de edad social. Por ejemplo, Dominic, de 15 años de edad, era físicamente más pequeño que los otros chicos. Asistía a la escuela primaria mientras que la mayoría de los otros estaban estudiando o habían estudiado educación secundaria. Dominic se consideraba socialmente más joven que el resto de chicos del grupo "Karungi" y tenía menos acceso a la toma de decisiones sobre recursos colectivos y división de las tareas. Cuando había otros chicos presentes, Dominic rara vez hablaba. De hecho, cuando le preguntaban sobre la toma de decisiones en casa, señalaba a Benjamin –el mayor de los chicos, que también había completado la educación secundaria– como la persona responsable. De manera similar, Catherine, la chica mayor del grupo, describía la labor doméstica de Dominic como "trabajo de niños".

Después estaba Joie, que no tenía estudios formales en la República Democrática del Congo y no podía asistir a la escuela primaria porque su inglés era insuficiente. Aunque en relación con Belle (su sobrina, aunque sólo un año más joven que ella), las fotos de sus vidas en la República Democrática del Congo mostraban la importante diferencia de ingresos entre la familia de Joie, que era pobre y de origen rural, y la de Belle, que tenía ganado y podía enviarla a una escuela privada. En Kyaka II Joie pasaba largos días en casa o en el campo mientras que el resto de las chicas "Karungi" iban a la escuela. Como resultado, aunque las jóvenes se dividían las tareas domésticas entre ellas, Joie solía hacer más que las demás.

Aunque los miembros del grupo "Karungi" se comunicaban entre ellos en su lengua nativa, la lengua Hema, saber inglés o francés era importante para acceder a los servicios disponibles en el asentamiento. Esto pone en desventaja a quienes tienen bajo nivel educativo, que a veces confían en otros miembros de la red para que hablen en su nombre. Por ejemplo, Joie quería enviar una declaración por escrito a los responsables de protección de ACNUR en Kampala pero tardó bastante porque dependía de los demás para que le ayudasen con la traducción.

Aunque tanto las chicas como los chicos del grupo "Karungi" participaban en la toma de decisiones sobre las estrategias para ganarse la vida de forma colectiva, la realidad cotidiana sobre el tema del género era compleja. Es cierto que los chicos realizaban diversas tareas domésticas consideradas tradicionalmente como femeninas, como cocinar, recoger leña e ir a por agua, pero los roles por sexo se mantenían en que a los chicos se les veía más en espacios públicos y se hacían escuchar más que las chicas en los grupos mixtos.

Conclusión

El conflicto y las migraciones en la República Democrática del Congo han originado cambios en las estructuras sociales, entre ellos un creciente número de jóvenes que migran sin sus padres y la nueva aceptación social de las redes de pares. Aunque con demasiada frecuencia se plasman estas estructuras como meros productos de la tragedia y el conflicto, es posible que la gente joven las elija conscientemente como parte de una estrategia de vida individual o colectiva.

Tomar a los jóvenes no acompañados como responsables de sus decisiones en los procesos migratorios conlleva importantes implicaciones para la política y la programación. En primer lugar, quienes trabajen con refugiados deberían prestar más atención a la división generacional de las tareas dentro de las familias, los hogares y las comunidades con el fin de entenderlas mejor y predecir las razones socioeconómicas de los jóvenes para migrar de forma independiente. En segundo lugar, los jóvenes no acompañados no constituyen un grupo homogéneo. Necesitamos tener en cuenta las relaciones de poder dentro de cada generación –sexo, edad social, nivel educativo y clase social– que afectan a las experiencias de migración diferenciadoras entre la gente joven, incluso con los grupos de pares. Por último, la gente joven que migra sola no es inherentemente más vulnerable o está en mayor desventaja que sus homólogos que viven con familias. En algunos casos los migrantes independientes tienen más acceso a la toma de decisiones y a los recursos, y por tanto eligen quedarse en las redes de pares.

Christina Clark-Kazak CClark-Kazak@glendon.yorku.ca es profesora adjunta de Estudios Internacionales en Glendon College, Universidad de York www.glendon.yorku.ca/internationalstudies/

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