La calle como elección durante la crisis

Los menores a menudo eligen las calles durante las crisis y se quedan atrapados allí. 

Recientes estudios[i] revelaron que un número importante de menores se quedaron en la calle en la provincia del Valle del Rift, en Kenia, tras la violencia brutal que siguió a las elecciones de 2007, y muchos siguen allí. El 37% de todos los menores entrevistados en 2011 relacionados con las calles eran desplazados internos como resultado de la violencia tras las elecciones (el 64% en la profundamente marcada ciudad de Naivasha).

Estos menores desplazados internos señalaron diferentes factores que les llevaron a quedarse en las calles:

  • La separación de sus familias causada por el desplazamiento.
  • Las heridas o muertes de sus familiares.
  • La retirada de la ayuda humanitaria.
  • La incertidumbre de disponer de alimentos debida a la pérdida de sus trabajos o a su incapacidad para restablecerlos por culpa de programas de reasentamiento apresurados.

 

La mayor razón de que los menores se unan a las calles es la falta de seguridad para conseguir alimentos (59%). Esta emergencia oculta se ha producido por culpa del desplazamiento y la pérdida de sus trabajos después de la violencia, pero también por la sequía y el aumento del coste de los alimentos de primera necesidad y del carburante.

Aunque la explotación y la violencia hacia los menores es frecuente, no todos perciben su estancia en las calles como algo totalmente negativo. Para algunos resulta una experiencia liberadora el socializarse, ser independientes o ayudar a sus familias. Muchos menores eligen las calles para ganar dinero vendiendo chatarra y otros materiales reciclables, haciendo pequeños trabajos, pidiendo limosna u ofreciendo sexo, y consiguen comida directamente de los programas de alimentos para personas que viven en la calle o rebuscando en la basura.

Los menores se organizan en fuertes subculturas para crear identidad de grupo y protegerse mutuamente en las calles. La mayoría se unen a ‘bases’, un sistema estructurado de bandas que controlan territorios concretos en ciudades y que disponen de jerarquías internas sólidas y códigos de comportamiento. Las chicas suelen ser menos visibles o se encuentran en las periferias de las calles: en mercados, trabajando en bares y clubes por las noches como trabajadoras del sexo o intercambiando sexo por comida durante el recreo de la escuela.

La gente puede ser cruel e intolerante hacia los niños de las calles, puesto que los ven como a criminales, no como a niños. Este estigma hace que sea difícil para algunos de ellos imaginarse volviendo a casa o reinsertándose alguna vez en la sociedad. Su mayor temor es que la policía y las autoridades municipales los pillen en una de las violentas redadas de menores que se llevan a cabo con regularidad, de forma que su consiguiente invisibilidad “voluntaria” implica que muchos no tengan acceso de ningún tipo a la asistencia sanitaria. Muchos abandonan la escuela y las iniciativas para reintegrarlos escasean. Los niños cambian a medida que crecen expuestos en las calles y se vuelven progresivamente más incapaces de reintegrarse en la escuela. Esta situación es más grave en aquellos que son adictos a esnifar pegamento.

Resulta irónico que cuando abandonan su condición de menores vivan en un estado de limbo prolongado, incapaces de “crecer”, de alcanzar los indicadores de la edad adulta en Kenia: casarse, incorporarse al trabajo como mano de obra y fundar un hogar y una familia.

Entre nuestras recomendaciones consideramos que es necesario:

  • Garantizar una planificación adecuada de la respuesta humanitaria que reconozca las necesidades específicas de los menores (prevención de la separación, reunificación inmediata, etc.)
  • Retirar la ayuda de forma responsable.
  • Hacer que los servicios preexistentes sean accesibles, entre ellos la sanidad; la educación y la formación; los departamentos de servicios para menores y los registros de nacimiento o de identidad; las unidades policiales de protección de menores.
  • Desarrollar programas que traten la cuestión desde la raíz, no sólo los síntomas, ofreciendo alternativas de educación y formación flexibles y ayudas para ganarse la vida orientadas hacia las familias vulnerables.
  • Proporcionar a los niños de las calles espacios de protección a través de centros de paso y programas de difusión combinados con apoyo emocional y juegos.
  • Tratar directamente con las ‘bases’, es decir, las estructuras callejeras y con los menores.
  • Hacer que los departamentos gubernamentales se responsabilicen jurídicamente de la legislación y el compromiso de proteger a los menores.

 

 

Bridget Steffen (bridget_steffen@yahoo.co.uk) es profesora de Estudios Humanitarios en la Escuela de Posgrado de Gestión Pública y de Desarrollo de la Universidad de Wits, en Johannesburgo. Zephania Owino (zeph.owino@yahoo.com) fue un joven de la calle que en la actualidad trabaja ayudando a los niños de las calles en Nakuru, Kenia.

Puede disponer de los resultados completos del estudio a través de s.hildrew@scuk.or.ke o en http://resourcecentre.savethechildren.se/content/library



[i] Llevados a cabo en cinco ciudades de la provincia del Valle del Rift en 2011, con el apoyo de UNICEF y realizadas por Save the Children bajo el auspicio del Grupo de Trabajo sobre Protección Nacional para los Desplazados Internos, durante los cuales se extrajo el perfil de 2.404 niños de las calles.

 

 

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