Nuevos sujetos políticos: los hijos de los kurdos desplazados

 

Desde 1984, el conflicto en curso entre el ejército turco y el Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK) ha provocado el desplazamiento de millones de kurdos del este y sureste de Turquía. En los lugares en que viven las familias desplazadas forzosamente, la participación activa de los niños en las manifestaciones políticas desde 2006 es muy elevada. En lugar de intentar comprender las motivaciones de estos niños, la percepción habitual es que han sido manipulados por el Partido de los Trabajadores de Kurdistán y que no son conscientes de las consecuencias de sus actos.

Sin embargo el desplazamiento ha supuesto un impacto importante tanto en la primera como en una segunda generación de niños. Aunque los niños de la segunda generación no han experimentado el desplazamiento, han vivido las consecuencias sociales, económicas y políticas del mismo y han sido testigos de los traumas experimentados por sus familias. La mayoría de los niños no han podido continuar sus estudios y han tenido que ocupar puestos de trabajo mal pagados o en sectores ilegales para ayudar a sus familias. Debido a las barreras lingüísticas y al analfabetismo de sus padres, en muchos casos los niños han tenido que asumir nuevas responsabilidades dentro de la familia. Y lo más importante de todo, los hijos de familias desplazadas han crecido escuchando historias sobre el desplazamiento y la violencia, y los estudios demuestran que esta generación sufre el mismo estrés traumático y los mismos síntomas depresivos que aquellos que realmente han experimentado el desplazamiento.

Al haberse criado en estas condiciones, los niños adoptaron roles de adultos desde edades tempranas, adquiriendo conciencia política acerca de las desigualdades y la discriminación a las que se enfrentan por ser kurdos. Al ser testigos de las experiencias de sus familias, al vivir en unas condiciones extremadamente complicadas y ser víctimas de la discriminación y la humillación, estos niños han buscado diversas formas de expresar sus sentimientos. Aunque a veces se canalizaba a través de delitos ordinarios o de bandas, el reciente activismo político se ha convertido en el principal medio para expresar sus sentimientos y lidiar con sus traumas secundarios.

Puesto que se les ha dejado “fuera de lugar”, estos niños están cada vez más politizados y radicalizados y reclaman un lugar que a sus familias les fue denegado. En vez de silenciarlos, reducirlos a la pasividad y negar su organización política, es necesario que se les tome en serio y se les escuche.

Yesim Yaprak Yildiz (yaprakyildiz@gmail.com) acaba de terminar un máster en la Universidad de Warwick y también trabajó en Amnistía Internacional y en la fundación Freedom from Torture.

 

 

 

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