El Grupo Arco Iris en el campamento de Mae La

La discriminación, el abuso verbal y la violencia física y sexual siguen a las personas LGBTI birmanas que cruzan hacia Tailandia buscando refugio en los campamentos.  

Al crecer en Birmania siendo gay no entendía muy bien lo que significaba ser ‘gay’, pero creía que mis sentimientos eran incorrectos. Pienso que más personas LGBTI que huyeron de Birmania a los campamentos de refugiados en Tailandia estaban igualmente confundidos acerca de su identidad sexual o habían sufrido agresión mental o física por parte de sus familias y/o comunidades. Esta es la realidad de la vida para las personas LGBTI en Birmania. Las creencias culturales y religiosas tradicionales impiden que la mayoría de nosotros viva abiertamente como miembros respetados de nuestras comunidades.

La mayoría de las personas LGBTI en el campamento de refugiados de Mae La en la frontera entre Tailandia y Birmania decidió abandonar Birmania debido a la discriminación que experimentaron allí. Huimos a Tailandia con la esperanza de encontrar la libertad. En realidad, las cosas no iban a ser lo que esperábamos. Llegamos a Tailandia sin documentos legales, por lo que tuvimos que vivir en uno de los campamentos de refugiados establecidos a lo largo de la frontera. Los campamentos son grandes y bien establecidos pero no existen organizaciones o grupos que ofrezcan apoyo específicamente para la comunidad LGTBI.

La vida en los campamentos es un gran reto para las personas LGBTI. Los campamentos están atestados  y los chismes se propagan rápidamente. Las burlas y la agresión contra las personas LGBTI son observadas con diversión por los transeúntes, y los intentos de encontrar protección de los líderes de los campamentos instituidos reciben el consejo de “cambiar nuestra apariencia” o incluso más agresión.

Después de darme cuenta de que el campamento de refugiados no era mejor que la situación de la que había huido, comencé a pensar por qué nos habían tratado tan mal, qué habíamos hecho de malo y qué podíamos hacer para vivir en paz con la comunidad. Entonces, se me ocurrieron algunas ideas sobre cómo creía que podíamos cambiar las percepciones. Participando en el trabajo comunitario tal vez podríamos crear comprensión entre la comunidad y las personas LGBTI.

Al principio, no teníamos idea de cómo podíamos empezar. Un amigo que trabajaba para una ONG que opera en el campamento nos dio consejos sobre la organización de un grupo. Nos reuníamos dos veces al mes con el objetivo de proporcionar un lugar seguro para que las personas LGBTI nos reuniéramos, habláramos de nuestras experiencias y, con suerte, mejoráramos nuestra situación en el campamento. Nos enfrentamos a muchos desafíos, incluso sólo para tener la confianza de reunirnos. En el campamento existe un gran temor de identificarnos como LGBTI y teníamos diez miembros como máximo. Nos reuníamos en casa de alguien, invitando a personas que pensábamos podrían identificarse como LGTBI. El ACNUR nos pidió que consideráramos la creación de una organización comunitaria (OC) más formal, pero nos resistimos ya que no creíamos que podríamos ofrecer a nuestros miembros una protección suficiente si fuéramos más visibles al convertirnos en OC.

Sin duda existen muchas más personas que viven vidas secretas en los campamentos, demasiado asustadas para vivir una vida libre o ponerse en contacto con otras personas LGBTI. Al crear una percepción más positiva sobre ser LGBTI, contribuyendo con la comunidad, esperábamos que fuese cada vez más admisible para las personas identificarse como LGBTI en el campamento y afrontar las actitudes intolerantes. El lema del grupo fue muy claro: “Amamos vivir pacíficamente con la comunidad”.

Establecimos nuestro Grupo del Arco Iris con siete miembros y todos asumimos responsabilidades diferentes. El Grupo trabajó con la creencia de que teníamos habilidades diferentes que podían ayudar a la comunidad del campamento en general. Decidimos que podíamos aumentar la visibilidad de las personas LGBTI en el campamento involucrándonos en la labor social y así el Grupo Arco Iris comenzó decorando en las bodas, ayudando en funerales, dando clases de baile y facilitando parques de atracciones o eventos especiales. Debido a nuestra renuencia a convertirnos en una OC formal nunca recibimos financiación, aunque podíamos asistir a las reuniones comunitarias.

A pesar de nuestra participación en las actividades de la comunidad, no sentía un gran cambio en las actitudes. Tolerancia, tal vez, pero no aceptación.

Habíamos creído que las percepciones dentro del campamento podían cambiar, pero existen enormes obstáculos. Las posiciones de liderazgo en los campamentos de refugiados con frecuencia son ocupadas por líderes religiosos y la mayoría de las personas en la comunidad del campamento tiene poca cultura  y creencias conservadoras respecto a la sexualidad. Evitamos convertirnos en una OC reconocida formalmente por temor a lo podría conllevar el tener una mayor visibilidad – pero eso quería decir que no recibíamos protección de ninguna autoridad en el campamento.

Para la mayoría de los refugiados LGBTI en Mae La y en los otros campamentos de refugiados, la elección está entre abandonar el campamento para trabajar ilegalmente en las cercanías de las comunidades tailandesas o vivir vidas secretas en los campamentos hasta poder trasladarse a un tercer país. Salí de Mae La para estudiar cerca de Mae Sot. Ahora, la mayoría de los ex miembros del grupo también viven fuera de los campamentos y nuestro Grupo Arco Iris ha dejado de existir. Todavía estoy en contacto con amigos en el campamento y creo que la intolerancia y la agresión continúan.

El Ministro del Interior de Tailandia ha anunciado recientemente que, dadas las actuales reformas en Birmania, todos los refugiados podrían ser repatriados en dos años. No creemos, sin embargo, que las personas LGBTI puedan vivir abiertamente y con seguridad en Birmania como LGTBI. Pero como no estamos en los campamentos no estamos en condiciones de solicitar el reasentamiento a otro lugar.

Moses ghothicmoon@gmail.com es un refugiado kachin del campamento Mae La. Ahora está estudiando un Diplomado en Estudios Liberales que ofrece la Universidad Católica Australiana a refugiados y migrantes birmanos.

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