Los refugiados de África Oriental se adaptan a la vida en el Reino Unido

El presente artículo refleja de primera mano las experiencias de los refugiados procedentes de África Oriental y del Cuerno de África en el Reino Unido. Las experiencias – algunas de las cuales parecerán cómicas o tristes – pueden ser informativas y relevantes para otros profesionales. 

Durante los últimos años un número cada vez mayor de grupos de refugiados de África se han “asentado” en ciudades y localidades del Reino Unido lejos de la capital, Londres. Esto se debe en parte a la introducción por parte del Gobierno de un sistema de dispersión para los nuevos solicitantes de asilo en el Reino Unido y, en parte, a la escasez de alojamiento en la capital. Estos refugiados y solicitantes de asilo africanos llegaron al Reino Unido tras huir de la persecución política y religiosa y de las guerras prolongadas en sus países de origen. Entre los retos a los que se enfrentan está la compleja cuestión de adaptarse a la cultura autóctona y a sus normas económicas. Veamos algunos ejemplos de experiencias iniciales de esos refugiados en el Reino Unido.

“Durante mi primer viaje en tren por el Reino Unido, en el trayecto a mi lugar de dispersión después de mi entrevista con el Ministerio del Interior, llevaba puesto un traje y una corbata que me había prestado un amigo y acabé sentándome en primera clase. Los demás vagones estaban al completo y cuando encontré uno que era bonito, lleno de asientos libres y con poca gente me senté allí cómodamente mientras me preguntaba por qué el resto de los que estaban de pie en los demás vagones no hacían lo mismo. Además de tener un asiento cómodo, me ofrecieron bebidas gratis y aperitivos sin cobrarme nada. De hecho, hasta repetí... Entonces empecé a hablar con el hombre que estaba sentado enfrente de mí chapurreando en inglés, mientras reflexionaba y disfrutaba del cómodo tren de mi país “adoptivo” y sus golosinas gratis.

Hasta que llegó el revisor todo iba bien y yo estaba contento. Cuando le enseñé el billete me dijo que estaba en el asiento equivocado y que o pagaba la tarifa completa de primera clase, o tendría que salir de ese vagón. Al pasajero con el que iba hablando, también vestido de traje y corbata como yo, le dio un ataque de risa. Creo que tanto el pasajero como el revisor debieron pensar que estaba forrado por mi traje prestado, sin darse cuenta de que solo era un nuevo solicitante de asilo confuso y sin un céntimo, aunque en mi país tenía un respetable negocio con grandes ganancias antes de tener que huir por miedo a ser perseguido por el Gobierno. El resto del viaje no fue lo mismo en absoluto”.

(Refugiado varón de 45 años)

Tal vez no sea sorprendente que al principio, y dado que la mayoría de los refugiados proceden de países en los que las autoridades suelen ser arbitrarias y atroces, algunos se mostraran reticentes y tuvieran reservas a la hora de buscar o recibir ayuda por parte de las autoridades encargadas de aplicar las leyes del Reino Unido, tal y como reflejan los siguientes extraños casos:

“Unas personas a las que no conocíamos nos atacaron inesperadamente mientras caminábamos cerca de nuestra casa. Nos hablaban a gritos y a toda prisa en inglés sin razón aparente. Por suerte unas personas que pasaban por allí y que también eran blancas como las que nos estaban atacando, nos salvaron por completo de ser agredidos. Nos dejaron allí plantados y se fueron persiguiendo a los que nos habían atacado, y llamaron a la ambulancia. También le explicaron la situación a la policía, hablando a nuestro favor a pesar de que no nos conocían.

Sin embargo, cuando la policía vino a nuestra casa al día siguiente para preguntarnos por el incidente, estábamos aterrados. Creíamos que nos iban a pedir los papeles y nos iban a deportar. Sobre todo volvimos a sospechar cuando en la comisaría nos ofrecieron algo de beber y un abogado gratis. Para nuestra sorpresa, fueron educados y no nos molestaron mucho excepto para comprobar nuestros registros en el Ministerio del Interior y tomar nuestras declaraciones”.

(Tres refugiados varones adultos).

Los nuevos refugiados se enfrentan también a la compleja cuestión de adaptarse a nuevas normas socioculturales. En concreto la adaptación a la cultura británica, que es relativamente progresiva y liberal, les resulta peliaguda. Una observación interesante es la dificultad para adaptarse a los cambios relacionados con el estatus por razón de género y las relaciones familiares. La siguiente discusión que tuve con una de las familias refugiadas durante la fiesta de cumpleaños de sus hijos nos da una idea de esto:

Verás, cuando llegamos a este país, el estatus del marido y la mujer automáticamente cambió. Hombres que en nuestro país han recibido una buena educación y tienen empleos respetables, se encuentran de repente sin trabajo, confinados al hogar o realizando pequeñas chapuzas. Por otro lado, las mujeres, que en nuestra tierra tienen pocas oportunidades laborales o ninguna, consiguen trabajo en la limpieza o en restaurantes. Aquí ellas están, como poco, en mejor posición que nosotros (los hombres).

Encima, algunas de nuestras mujeres llegan hasta el punto de que empiezan a reñir a sus maridos para que cuiden de los bebés durante todo el día y para que les cambien los pañales y esas cosas. Cuando van a la universidad o a su lugar de trabajo, se mezclan con las llamadas mujeres feministas de este país. Creen que todos los hombres británicos realizan todas las tareas domésticas para sus mujeres, aunque algunos hombres de aquí que conocemos se comportan como los hombres de nuestra tierra: ni siquiera saben cocinar en condiciones, al contrario que algunos de nosotros. Creemos que existen ideas equivocadas y expectativas exageradas entre algunos miembros de nuestra comunidad sobre cómo funcionan las familias y los matrimonios en este país”.

Quienes tratan de mantener su statu quo tradicional corren el riesgo de chocar con la nueva realidad, que en algunas ocasiones acaba incluso con crisis en la familia y en tragedias más graves. Quienes se adaptan con sensatez para acoger esta nueva realidad y los aspectos positivos de las tradiciones liberales del Reino Unido, consiguen desenvolverse a través de estos cambios extras en sus vidas.

Las propias relaciones sexuales han sido otra experiencia “chocante” para las nuevas comunidades de refugiados. Observamos aquí la reacción de una pareja al respecto:

“Una vez nos perdimos y acabamos en un desfile gay que estaba cerca de la estación de autobuses. Al ser nuevos en el país y en la ciudad, no teníamos ni idea de lo que estaba ocurriendo y ni siquiera podíamos distinguir a los hombres de las mujeres, ya que llevaban maquillaje y ropas engañosas. Todos nos parecían mujeres. Mi esposa, que habla inglés mejor que yo, se acercó a una mujer que pasaba por allí (y que luego, de cerca y por su voz, resultó ser un hombre) para que nos indicara el camino a la estación. En ese momento mi mujer no pudo disimular la sorpresa y el impacto que esto le causó. Sin embargo, para nuestra sorpresa, el gay y sus amigos resultaron ser muy educados y nos ayudaron. Nos indicaron pacientemente el camino a la estación de autobuses. En nuestro continente, de actuar así en las calles, o incluso en lugares privados, los gays tendrían serios problemas. Pero reitero que éste es un país libre y diferente. Es bueno saber que los gays son amables pero, para ser honesto, nos va a costar un poco acostumbrarnos a la idea de que existan relaciones entre personas del mismo sexo”.

Hasta acostumbrarse a la comida envasada de los supermercados puede constituir un reto para los que vienen por primera vez al Reino Unido, en especial para los que proceden de comunidades rurales dedicadas a la agricultura y la ganadería. A pesar de los retos iniciales y de los numerosos percances, resulta sorprendente que los miembros de la comunidad de refugiados se adapten a estas nuevas situaciones y algunos incluso prosperen y contribuyan de manera positiva a una comunidad más amplia con mucha mayor rapidez de la que se podría prever. Pero, ¿cómo?

Mecanismos de apoyo y de adaptación

Entre los recursos más importantes e incuestionables están los lazos culturales con la comunidad y con la familia, una fuerte disciplina de trabajo y una gran fe. Los miembros de las comunidades de refugiados tienden a vivir muy cerca los unos de los otros por una cuestión de comodidad y apoyo mutuo, además de para aliviar los problemas iniciales del nuevo asentamiento. En esta etapa, la interacción social y el ocio suelen limitarse a visitar a los amigos. Su alojamiento se convierte en el mayor entorno para la socialización aunque por otro lado también se convierte en un lugar de exclusión y aislamiento, en especial cuando las viviendas se encuentran dispersas en zonas deprimidas y en entornos hostiles.

En el actual duro clima económico de recortes presupuestarios y disminución de los servicios generales de ayuda, las organizaciones benéficas y los voluntarios locales británicos a menudo salen en ayuda de grupos más desfavorecidos como los refugiados. Resulta esperanzador el hecho de que los refugiados también se organicen en comunidades formales y grupos religiosos de ayuda. Los grupos religiosos, en colaboración con las iglesias locales, tienen un papel clave a la hora de animar a los refugiados recién llegados que vienen abatidos por la odisea que han vivido durante su viaje y por los retos que se les presentan en este nuevo mundo. Aunque resulta complicado cuantificar la contribución de los grupos religiosos/eclesiásticos, parecen ser más sostenibles que otros grupos oficiales de refugiados. En qué medida y por qué esto es así es otra cuestión que requiere más tiempo y un análisis más cuidadoso.

El sistema de ayuda y el, en gran medida, justo gobierno del Reino Unido (incluidos los recursos de apelación) han resultado cruciales para que estos refugiados hayan podido establecerse. Dado que proceden de países problemáticos en el sentido de que no se respetan los derechos humanos y la paz, reconocen y aprecian la libertad, la paz y la tranquilidad del Reino Unido. Su gentileza innata y el respeto por el estado de derecho que han tomado de su país adoptivo animan a los miembros de estas comunidades de refugiados a mantenerse alejados de los problemas y a intentar seguir adelante.

Los jóvenes de las comunidades de refugiados africanos ya están dejando sus huellas imborrables en muchos escenarios económicos y socioculturales de muchas ciudades y municipios del Reino Unido. Hace menos de una década, la vibrante comida y cultura africanas no existían fuera de Londres, especialmente en el norte. Tanto en los buenos como en los malos tiempos económicos, han contribuido de manera significativa al mercado laboral local, trabajando hasta horas intempestivas, durante las vacaciones y especialmente en los trabajos menos especializados del mercado, donde suele haber una gran demanda. También han contribuido – y se sienten orgullosos de ello – en actividades empresariales de creación de empleo y de aumento de las competencias profesionales. Los somalíes y los etíopes, por ejemplo, destacan por haber abierto pequeños negocios como restaurantes y cibercafés desde donde transfieren dinero a otros países. Sólo se puede esperar que los jóvenes y ambiciosos refugiados africanos continúen ofreciendo una contribución única a la multicultural Gran Bretaña.

Pero esta discusión quedaría incompleta sin tocar los efectos del actual clima económico global. Resulta inevitable que la recesión económica afecte a estos refugiados, aunque sólo sea porque les cueste mantener o encontrar los escasos empleos que quedan con los recortes. Una vez más están recurriendo a su capacidad de recuperación e inventiva. Con respecto a recortar el disparado coste de las facturas de electricidad, por ejemplo, los consejos que he escuchado por casualidad podrían ser relevantes para otras personas que, como yo, viven con un presupuesto ajustado – aconsejan no encender la calefacción hasta que llegue la época de las nieves, taparse de pies a cabeza con mantas de lana baratas (pero que abriguen) y dormir con una bolsa de agua caliente en los pies (se recomiendan dos por persona). Uno de los problemas urgentes para el que todavía nadie ha encontrado una solución es cómo darse una ducha caliente sin incurrir en gastos energéticos. Dicen que no hay remedio para esto. Otra cuestión crítica es que dicen que no hay manera de librarse de aprender inglés. Tienen que aprenderlo sea como sea, aunque la reducción por parte del Gobierno de las clases de inglés gratuitas desde 2007 hace la vida más difícil para los nuevos refugiados y solicitantes de asilo. Algunos consiguen acceder a los cursos de lengua inglesa gratis que ofrecen las asociaciones benéficas o los grupos religiosos. Otros lo intentan con un método de autoaprendizaje y advierten que:

“Incluso cuando se ve la televisión se debería considerar como deberes y utilizar un diccionario, y no sólo a modo de entretenimiento. Después de una hora puede que te duela un poco la cabeza de tanto concentrarte en la tele con un diccionario pero, si eres constante, te acostumbrarás. Al final, valdrá la pena. Yo tardé más o menos un año en hablar inglés bastante bien”.

Las comunidades de refugiados han llegado a reconocer las fortalezas y las limitaciones de sus tradiciones y de las del Reino Unido. Y se están construyendo un futuro para sí mismos y para sus hijos tomando lo mejor de ambas culturas. Para mí resulta fundamental que tengamos en cuenta y apoyemos la lucha y las ambiciones de las nuevas comunidades de refugiados con el fin de conseguir de manera progresiva una mayor cohesión social. Como dijo un refugiado, dicha inclusión debe ir más allá de los llamativos espectáculos corporativos de poesía y cultura. Lo más importante es abordar de manera rápida y adecuada los importantes retos culturales iniciales; esto podría hacerse contratando a miembros multiculturales y políglotas de las comunidades de refugiados. Finalmente sería interesante e instructivo revisar y reflexionar de forma periódica acerca de la experiencia de estas comunidades de jóvenes refugiados africanos.

 

Samuel Bekalo (Samuel@ayele90.freeserve.co.uk) es investigador adjunto autónomo, pedagogo y voluntario para el desarrollo de las minorías y los refugiados. www.ein.org.uk/bekalo

 

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