Promover la seguridad en el trabajo para las mujeres desplazadas

Las mujeres desplazadas necesitan oportunidades para ganarse la vida por ellas y por sus familias pero esas oportunidades no deberían aumentar su nivel de vulnerabilidad. Emprender estrategias de protección contra los factores de riesgo permite a los profesionales humanitarios garantizar el diseño y la implementación apropiados de un programa.

El trabajo suele ser un arma de doble filo para las mujeres refugiadas. Para poder satisfacer sus necesidades básicas, aun dentro del campo, a menudo las mujeres desplazadas tienen que trabajar para poder dar de comer a sus hijos y pagarles los estudios; el desplazamiento puede ofrecerles nuevas oportunidades de ganar dinero y de ofrecerse como mano de obra. Sin embargo muchas mujeres se enfrentan con un conflicto entre su medio de vida y su protección, al encontrarse expuestas por tener que moverse mucho en entornos nuevos e inseguros.

La autosuficiencia va ganando importancia para los refugiados y las personas desplazadas internas a medida que los conflictos y el desplazamiento persisten. Las restricciones de financiación y el miedo a crearles una dependencia indebida empujan a los actores humanitarios a promover oportunidades de empleo, pero los especialistas apenas evalúan y planifican los riesgos a los que podrían estar expuestas las mujeres.

Al estudiar la relación entre los medios de ganarse la vida y la violencia de género, la Comisión de Mujeres Refugiadas (CMR) detectó que muchas de las oportunidades económicas a las que las mujeres refugiadas y desplazadas internas tienen acceso –y que son respaldadas por los profesionales humanitarios– las exponen a grandes riesgos, y que pocos profesionales enfatizan la protección y la prevención de la violencia de género dentro de sus programas[1]. En su lugar, se mide el éxito del programa según los puestos de trabajo creados y los ingresos generados, sin prestar atención a los riesgos que corren como la exposición a la violencia sexual, al acoso, a las agresiones físicas, la explotación y el impago de los salarios.

Un informe publicado por el CMR en diciembre de 2011 pretende abordar las lagunas de conocimiento acerca de cómo detectar los riesgos asociados a las intervenciones relacionadas con los medios para ganar el sustento, y de concienciar acerca de cómo hacer que los programas económicos sean más seguros para las mujeres[2]. El informe ofrece orientación y herramientas adecuadas al mismo tiempo que sugiere trabajar sobre el concepto frecuentemente utilizado de “mapa de la seguridad” como un primer paso hacia un análisis más amplio de los riesgos y las respuestas. El “mapa de la seguridad” ofrece a las mujeres una oportunidad de cartografiar de manera colectiva sus propias comunidades y de señalar en qué lugares –en especial aquellos que son importantes para su trabajo– corren un mayor riesgo de ser dañadas y a qué tipo de daños estarían expuestas allí.

Históricamente la recopilación de datos acababa aquí. Sin embargo, el CMR promueve añadidos a este ejercicio con el fin de evaluar múltiples factores de riesgo:

·       Los momentos del día/semana/mes en que los riesgos aumentan.

·       Las situaciones (tomar dinero prestado, vender mercancías, que te pare la policía, etc.) en las que el peligro a ser heridas o víctimas de la violencia tienda a aumentar.

·       Las relaciones (compañero sentimental, compradores, vendedores) que pueden aumentar el nivel de inseguridad.

Estos datos se añaden a la evaluación de la “red de seguridad” del particular o del grupo; en otras palabras, se realiza un análisis de los puntos fuertes de sus redes sociales (por ej.: ¿tienen al menos cinco amigos que no sean miembros de su familia?, ¿disponen de un lugar seguro en el que tomar prestado dinero?) y de las estrategias que utilizan para protegerse. Una vez analizados, estos datos permiten a los profesionales determinar si deberían desarrollar estrategias de protección adicionales para su intervención en el trabajo y con qué mujeres.

Un buen ejemplo es el que se da en Nueva Delhi, donde a los refugiados no se les permite trabajar legalmente pero se les tolera en la economía sumergida. Allí, la ONG Don Bosco Ashalayam coloca a mujeres birmanas en pequeñas fábricas en situación irregular ubicadas en el distrito de Delhi occidental[3]. Dado que reconoce los riesgos potenciales a los que se enfrentan las mujeres en estos entornos, el personal de Don Bosco preselecciona a los empleadores potenciales para asegurarse de que se les coloca por parejas o en lugares donde ya trabajen otras mujeres, y de realizar visitas de control regulares al lugar de trabajo. El personal también ayuda a negociar salarios justos, horas de trabajo y condiciones. Estos esfuerzos reducen de manera significativa el riesgo de que las mujeres refugiadas sean explotadas o sufran abusos. Los empleadores cumplen con los requisitos y establecen acuerdos transparentes acerca de los salarios y las condiciones porque entienden que las mujeres cuentan con el apoyo de otros miembros de la comunidad y tienen a una ONG fuerte que vigila sus espaldas.

Aunque la creación de nuevas oportunidades para las mujeres desplazadas resulte vital para el bienestar de las familias, los profesionales humanitarios tienen la responsabilidad adicional de garantizar que sean lo más seguras posible. Hay que centrarse en que, para las mujeres, sea seguro trabajar.

 

Dale Buscher (daleb@wrcommission.org) es director de programas senior en la Comisión de Mujeres Refugiadas en Nueva York. http://womensrefugeecommission.org

 


[1] Comisión de Mujeres Refugiadas, Peril or Protection: The Link between Livelihoods and Gender-based Violence (Peligro o protección: la relación entre el trabajo y la violencia de género), noviembre de 2009. http://wrc.ms/UeLrFQ

[2] Comisión de Mujeres Refugiadas, Preventing Gender-based Violence, Building Livelihoods: Guidance and Tools for Improved Programming (Prevenir la violencia de género, crear empleos: orientación y herramientas para una mejora de los programas), diciembre de 2011. http://wrc.ms/S3jGQd Este informe está basado en estudios llevados a cabo en el Cairo, Kampala, Johannesburgo, Nueva Delhi, Etiopía y Kuala Lumpur, financiados por la Oficina de Población, Refugiados y Migración del Departamento de Estado de Estados Unidos y la fundación NoVo Foundation. Si desea obtener orientación adicional, vea la herramientas de aprendizaje en línea del CMR: www.womensrefugeecommission.org/elearning

[3] Comisión de Mujeres Refugiadas, Bright Lights, Big City: Urban Refugees Struggle to Make a Living in New Delhi (Luces brillantes, gran ciudad: los refugiados urbanos luchan por forjarse una nueva vida en Nueva Delhi), julio de 2011. http://wrc.ms/zymKlX

 

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