La necesidad de protección de los norcoreanos en China

Ante la continua persecución de los norcoreanos que han sido retornados forzosamente por China a su país de origen, la comunidad internacional necesita reconsiderar cómo podría mejorar su trabajo de garantizar la protección de estos norcoreanos. Algunos son refugiados políticos, otros son refugiados “sur place”: puede que no fueran refugiados cuando abandonaron su país pero lo acaban siendo porque tienen un miedo legítimo de ser perseguidos si regresan a casa.

En febrero de 2012, la prensa surcoreana informó de que la policía china tenía detenidos a unos 30 norcoreanos que habían cruzado la frontera de forma ilegal y que estaban a punto de retornarlos a su país. Aunque esta práctica se ha llevado a cabo durante muchos años, el Gobierno surcoreano protestó públicamente por primera vez y numerosos Gobiernos occidentales y asiáticos elevaron la cuestión a China. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados instó públicamente al Gobierno chino a que no enviara de vuelta a los norcoreanos.

Tras la defensa de esta causa se encuentra la certeza de que, si los retornan, los norcoreanos se enfrentarán a graves castigos. El Gobierno norcoreano considera un delito abandonar el país sin permiso y castiga a las personas que son retornadas. Aquellos que se considera que buscaban asilo político en China o que intentaban llegar a Corea del Sur son los que reciben el trato más duro. Se enfrentan a largas penas de prisión o incluso a ser ejecutados. El grupo de los 30 amenazados con el retorno se encontraba dentro de esa categoría.

Bases para la protección

En los últimos años un creciente número de norcoreanos que han ido llegando al sur[1] nos han ofrecido testimonios sobre cómo, tras la deportación, les golpean, les torturan, les condenan a hacer trabajos forzosos y –en el caso de las mujeres que quedan embarazadas de hombres chinos– les provocan abortos forzados o se perpetran infanticidios[2]. Cuando se les libera de su detención, muchos vuelven a escaparse para intentar regresar a China o emprenden un angustioso viaje hacia Corea del Sur.

Aunque el Gobierno chino permite a miles o decenas de miles de norcoreanos que se oculten en su país, éstos carecen de derechos y pueden ser deportados en cualquier momento. En las últimas dos décadas China ha llevado a cabo el retorno forzado de decenas de miles de norcoreanos. A ojos de China son todos migrantes ilegales que cruzan la frontera por razones económicas. Sin embargo, su estatus no está nada claro porque China no dispone de procesos de adjudicación para los refugiados y ha denegado a ACNUR el acceso a los norcoreanos que se encuentran en la frontera.

Es probable que cierto número de ellos esté buscando asilo político alegando un miedo bien fundado a la persecución. Entre unas 150.000 y 200.000 personas se encuentran encarceladas por razones políticas en campos de trabajo norcoreanos y en otras instalaciones penales[3]. Es normal que a los norcoreanos se les arreste si expresan opiniones políticas inaceptables para las autoridades o si parecen mantenerlas, si escuchan programas extranjeros, si ven DVD surcoreanos, si practican su propia fe religiosa o si intentan salir del país sin permiso. Aquellos que pasan tiempo detenidos por haberse ido a China saben que estarán bajo vigilancia –y se enfrentan a ser discriminados– en Corea del Norte por lo que muchos vuelven a marcharse, esta vez no por comida o trabajo sino en busca de refugio político, en última instancia a Corea del Sur.

Una segunda consideración es que cierto número de los que cruzan de manera ilegal la frontera hacia China por razones económicas podrían clasificarse como refugiados si se vieron obligados a abandonar Corea del Norte por culpa de las políticas económicas que les discriminaban o les perseguían políticamente. En Corea del Norte, bajo el sistema de estratificación social songbun, a los ciudadanos se les asigna una clase concreta basándose en la lealtad política de sus familias (leal, indeciso u hostil)[4]. Los que se encuentran en las categorías más bajas no tienen el mismo acceso a los alimentos ni al suministro de materiales que la élite política y gran parte del ejército. Su búsqueda de la supervivencia económica podría ser el resultado, por tanto, de la discriminación o de la persecución política, y la forma correcta de manejar estos casos sería examinarlos en un proceso de determinación de la condición de refugiado.

Pero sobre todo, el argumento más convincente por el que los norcoreanos no deberían ser retornados forzosamente es que la mayoría encajan en la categoría de refugiados “sur place”. Como define ACNUR, los refugiados “sur place” son personas que puede que no fueran refugiados cuando abandonaron su país pero llegaron a serlo porque tienen un miedo legítimo a ser perseguidos si regresan a casa. Los norcoreanos que abandonan su país por razones económicas – probablemente la mayoría – tienen motivos válidos para temer la persecución y el castigo una vez retornados.

Resistir a la presión

Durante una visita a China en 2006, el Alto Comisionado para los Refugiados planteó el concepto de refugiados “sur place” ante los funcionarios chinos. Les dijo que la repatriación forzada de norcoreanos sin ningún proceso de determinación y a un lugar en el que podían ser perseguidos a su retorno infringía la Convención de los Refugiados. Desde 2004, ACNUR ha considerado que los norcoreanos que se encuentran en China sin permiso son “personas de interés” que reúnen los requisitos para recibir protección humanitaria. Ha propuesto a China un estatus humanitario especial para los norcoreanos que les permitiría obtener documentación temporal, acceso a los servicios y protección frente a los retornos forzados.

Otros organismos de las Naciones Unidas también han solicitado a China que detenga las repatriaciones forzadas de norcoreanos. El Comité contra la Tortura, el órgano experto en control e implementación de la Convención contra la Tortura, ha pedido a China que establezca un proceso de control y permita el acceso de ACNUR[5]. El Comité de los Derechos del Niño ha pedido a China que garantice que los menores no acompañados norcoreanos no sean retornados a unas condiciones en las que existan “riesgos de daño irreparable”[6]. Los informes del Secretario General de las Naciones Unidas y del Relator Especial sobre los derechos humanos en Corea del Norte así como las resoluciones de la Asamblea General, adoptadas por más de cien Estados, han apelado a los Estados vecinos de Corea del Norte para que cesen las deportaciones de norcoreanos[7].

China se ha opuesto hasta la fecha a tres de esas peticiones. Sólo en los casos en que los norcoreanos se han abierto paso para llegar a embajadas o consulados extranjeros o a las instalaciones de ACNUR en Beijing, China se ha visto obligada a cooperar con los Gobiernos o con ACNUR a la hora de facilitar su salida hacia Corea del Sur u otros países. En marzo de 2012, a pesar de todas las llamadas internacionales, China envió de vuelta a Corea del Norte a un grupo de treinta norcoreanos, aunque permitió partir hacia el sur a otros once que se habían ocultado en misiones diplomáticas de Corea del Sur en China[8].

A China le preocupan los potenciales flujos de migración a gran escala procedentes de Corea del Norte y su impacto en la estabilidad del país vecino. También se dice que le preocupa el potencial del nacionalismo coreano en sus zonas fronterizas, en las que existen reivindicaciones coreanas históricas. Pero al colaborar con Corea del Norte en la denegación a los norcoreanos del derecho a salir de su país y buscar asilo en el extranjero China está incumpliendo las obligaciones que le imponen las leyes sobre refugiados y derechos humanos y sus responsabilidades como miembro del Comité Ejecutivo de ACNUR. 

Más allá del punto muerto

¿Ayudaría en algo que los Gobiernos intensificaran sus protestas formales privadas hacia China y también que emitieran comunicados públicos para persuadir a este Estado de que cambiara su política de repatriación? El acuerdo del presidente de China Hu Jintao a permitir a los norcoreanos misiones diplomáticas surcoreanas para que partan hacia Corea del Sur, vino tras conversaciones con el presidente de este estado a finales de marzo. Si otros gobiernos dieran a conocer su opinión, se podrían hacer mayores progresos. Y ACNUR podría ganar más relevancia. Aunque algunos miembros del personal de esta organización teman que la agencia pueda estar poniendo en peligro su acceso a otras poblaciones de refugiados en China por decir la verdad acerca de los norcoreanos, las prácticas de China hacia estos ciudadanos amenazan con menoscabar los principios del régimen internacional de los refugiados. ACNUR podría instar a China a que solicitara una moratoria sobre las deportaciones y a que adoptara la legislación, lo que implicaría incorporar las obligaciones impuestas a este Estado por la Convención de los Refugiados. También se podría plantear que la política actual de China no sólo no va a impedir que los norcoreanos intenten cruzar la frontera sino que causará más miseria humana y someterá a China a un mayor oprobio internacional.

Dado que el éxodo de norcoreanos afecta a muchos más países además de a China, debería desarrollarse una respuesta multilateral. La Constitución de Corea del Sur ofrece ciudadanía inmediata a las personas del norte y otros países también se han prestado a aceptar a los norcoreanos. Por parte de China, como mínimo, se deberían proporcionar permisos de residencia a las mujeres norcoreanas que se han casado de manera consentida con hombres chinos y a sus hijos. En este caso debería desarrollarse una distribución de las obligaciones a nivel internacional – como se ha hecho con otras poblaciones refugiadas – como el mejor modo de poner fin al maltrato de los norcoreanos y de hallar soluciones para ellos. Un enfoque multilateral no podría resultar más oportuno, mientras el hambre continúa cerniéndose sobre Corea del Norte y que su nuevo líder Kim Jong Eun parece seguir con las políticas de sus predecesores.

 

Roberta Cohen (rcidp@msn.com) es miembro senior no residente de la Brookings Institution y codirectora del Comité de Derechos Humanos de Corea del Norte.



[1] En la actualidad hay unos 25.000 “desertores” en Corea del Sur.

[2]Véase: David Hawk, Hidden Gulag Second Edition (El Gulag escondido, segunda edición), Comité de los Derechos Humanos de Corea del Norte, , 2012, en www.hrnk.org; “North Korean Prison Camps Massive and Growing” (Campos de prisioneros norcoreanos masivos y crecientes), New York Times, 4 de mayo de 2011; y Departamento de Estado, 2011, Informe de derechos humanos. La República Popular Democrática de Corea, en www.state.gov/j/drl/rls/hrrpt/2010/eap/154388.htm

[3] Ibid. Véase también Casebook of North Korea’s Infringement of Human Rights (Registro de violaciones de los derechos humanos por parte de Corea del Norte), Comisión Nacional de Derechos Humanos de Corea, abril de 2012 en:

www.humanrightskorea.org/tag/case-book-of-north-koreas-infringement-of-human-right/

[4] Véase Robert Collins, Marked for Life: Songbun, North Korea’s Social Classification System (Marcados de por vida: Songbun, el sistema de clasificación social de Corea del Norte), Comité de Derechos Humanos de Corea del Norte, 2012.

[5]Comité contra la Tortura. Observaciones finales: China, CAT/C/CHN/CO/4, 12 de diciembre de 2008.

[6] Comité de los Derechos del Niño. Observaciones finales: China, CRC/C/CHN/CO/2, 24 de noviembre de 2005, párrafos 80-82.

[7] Véase la Resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas A/66/462/Add.3, 2011; y el Informe del Relator Especial sobre la situación de los derechos humanos en la República Popular Democrática de Corea, A/66/322, 24 de agosto de 2011, párrafo 70.

[8]“China deja desertar a 11 refugiados en consulados”, Joongang Daily, 28 de marzo de 2012.

 

 

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