Las lecciones aprendidas de la movilización causada por los desahucios en las barriadas de Tanzania

Los desalojos forzosos constituyen un reto prominente para las comunidades de los países en vías de desarrollo y uno de los grandes detonantes de las migraciones forzadas. Un estudio sobre los desalojos forzosos urbanos en Tanzania muestra que solamente con la movilización popular no es posible enfrentarse a los retos del desplazamiento y que es peligroso cuando la movilización en torno al desplazamiento se basa en expectativas irreales.

Se estima que 4,3 millones de personas en total fueron afectadas por desalojos forzosos en 2007-08. Especialmente en los países en vías de desarrollo, existe la esperanza de que las movilizaciones populares puedan servir como medio para que los grupos marginados aborden tales retos.

El distrito de Kurasini en Dar es Salaam se encuentra junto al puerto de la ciudad y es el hogar de aproximadamente 35.000 personas. En octubre de 2007 el Gobierno empezó a desalojar a los residentes para poder ampliar la capacidad de almacenamiento de combustible en la zona. La Tanzania Federation of the Urban Poor (Federación de Tanzania de pobres en zonas urbanas o TFUP, por sus siglas en inglés) –afiliada a la red Slum Dwellers International (SDI)– fue el principal grupo que movilizó a los residentes contra a los desahucios. Los principales esfuerzos de movilización que los miembros de la TFUP llevaron a cabo en Kurasini antes del desalojo consistieron en un censo de la población liderado por la comunidad y en un cartografiado que incluyera todas las parcelas de terreno y los hogares. La TFUP aceptó que el desalojo tendría lugar, así que utilizó esta información para presionar al Gobierno con el fin de que garantizara a la comunidad la cesión de unas tierras en las que reasentarse. Seis meses después del desalojo todavía no se les había garantizado una cesión de tierras y los desahuciados se vieron obligados a buscar viviendas por su cuenta en otros lugares de la ciudad.

Con respecto a los resultados posteriores al desalojo, los desahuciados que se reasentaban como propietarios tendían a hacerlo mucho más lejos de sus antiguos hogares que aquellos que lo hacían como arrendatarios (una media de 4,5 km. de distancia frente a 1,3 km). Pero los impactos más negativos se hallaron en el empleo más que en la vivienda. Y a los miembros de la TFUP les iba incluso peor que a los que no lo eran, especialmente en lo que se refiere a este factor.

Parece que pertenecer a la TFUP afectaba negativamente a los resultados del reasentamiento al aumentar las expectativas que se hacían sus miembros e influía de forma negativa en sus estrategias para garantizarse una vivienda tras su desahucio. En vez de encontrar una nueva vivienda enseguida, los miembros de la TFUP retrasaban este proceso de forma intencionada y quedaban a la espera de obtener tierras y una vivienda como resultado de los esfuerzos de movilización de la organización. Seis meses después del desalojo, ninguno de los desahuciados declaró haber recibido ningún tipo de ayuda a la vivienda por parte del movimiento. En el competitivo mercado de la vivienda de Dar es Salaam, la demora de los miembros de la TFUP a la hora de buscar alojamiento les obligó a reasentarse relativamente más lejos de sus antiguos hogares respecto a los que no eran miembros de la organización.

Dado que los propietarios se reasentaron significativamente más lejos de sus antiguos hogares que los arrendatarios, la estrategia de retrasar la búsqueda de una vivienda resultó especialmente problemática para los miembros que se reasentaron como propietarios, algunos de los cuales se vieron obligados a mudarse a terrenos que se encontraban a más de 20 km de sus antiguos hogares. La demora en asegurarse una vivienda tras el desalojo también llevó a los miembros de la TFUP a experimentar los peores resultados respecto al empleo. Estos desahuciados tenían que recorrer a diario largas distancias para llegar a sus puestos de trabajo, que se encontraban cerca de sus antiguos hogares, o debían buscar nuevas formas de ganarse el sustento en sus nuevos lugares de residencia.

La conclusión es que cuando las expectativas sobre los resultados de la movilización no son realistas, se puede acabar no llevando a cabo acciones más pragmáticas para proteger los intereses de los desahuciados. Aunque los organizadores del movimiento no hicieron promesas directas a los miembros de la TFUP con respecto al reasentamiento, la sólida creencia por parte de los desahuciados de que los miembros recibirían tierras en cesión se daba por sentada en los debates cotidianos y a la hora de planificarse. Esto ocurrió en parte como consecuencia de una “lluvia de ideas” en la que los miembros de la TFUP trabajaron con los arquitectos locales para visualizar las viviendas que habría tras el desalojo. Los resultados sugieren que se deben realizar esfuerzos proactivos para apoyar a las comunidades en sus esfuerzos por lidiar con sucesos en gran medida perturbadores como los desahucios y la consiguiente migración. Pero aunque los enfoques participativos tienen un potencial considerable, especialmente en contextos en que los Gobiernos son incapaces o no están dispuestos a actuar en nombre de las comunidades, este caso demuestra que los organizadores deben ser especialmente cuidadosos a la hora de establecer unas expectativas claras y realistas.

 

Michael Hooper (mhooper@gsd.harvard.edu) es profesor adjunto de Planificación Urbanística en la Universidad de Harvard.

 

El presente artículo está basado en los hallazgos de un estudio de dos años sobre los desahucios y el reasentamiento involuntario en Kurasini, Dar es Salaam, Tanzania que está disponible en http://tinyurl.com/Dar-post-eviction-resettlement

 

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