Las inundaciones en Tailandia: huir, luchar o flotar

La gravedad de las recientes inundaciones en Tailandia y la probabilidad de que se repitan son factores que han provocado que se replanteen los mecanismos de supervivencia empleados por la población tailandesa y el Gobierno.

Las inundaciones no siempre han sido causa de desplazamiento humano en Tailandia. La arquitectura, la cultura y los estilos de vida autóctonos estaban adaptados para permitir a quienes vivían en las fértiles tierras bajas continuar con su vida cotidiana durante las inundaciones anuales. Sin embargo, esto ha cambiado debido al aumento de la población, al crecimiento de los centros urbanos y a la implantación de unos sistemas de gestión del agua cada vez más sofisticados.

Una inundación sin precedentes provocada en 2011 por la tormenta tropical Nock-Ten afectó a más de tres millones de personas de 74 provincias a finales de julio durante más de tres meses. En septiembre los esfuerzos del Gobierno se centraban en desviar el agua de la capital, Bangkok, para proteger el centro económico y financiero de la nación.

Al encontrarse con la necesidad de trasladar lentamente las masas de agua, a los habitantes de Bangkok se les dejó observar, especular y tomar las decisiones que mejor pudieran basándose en la impresionante cantidad de información y de desinformación disponible públicamente.

Basándose en la información que recibían de diversas fuentes diferentes, miles de personas decidieron trasladarse de manera voluntaria adelantándose a la posible llegada del agua de las inundaciones. Las casas se cerraban y se precintaban mientras los coches eran aparcados en los terrenos más elevados que fuese posible o se “envolvían” siguiendo muchas de las instrucciones que circulaban por la red. Algunos residentes se trasladaron a otras provincias para quedarse en casa de amigos o parientes, o en alojamientos alquilados a largo plazo en hoteles y complejos turísticos en las zonas no afectadas del país. Algunos lo consideraron como una oportunidad de llevarse a la familia de vacaciones pero nadie esperaba que la inundación –o su traslado voluntario– fuese a durar tanto como lo hizo y, en muchos casos, regresaron a sus hogares o a sus negocios para encontrarse con que habían calculado mal la dimensión y la fuerza de la riada o que habían utilizado métodos inapropiados contra el agua. A otros muchos les pilló la riada y tuvieron que ser trasladados –a menudo a centros colectivos– o tuvieron que hallar soluciones temporales para aquella ocasión. Varios de estos centros colectivos sufrieron inundaciones posteriores, lo que obligó a sus residentes a experimentar múltiples desplazamientos.

Entre los afectados que eligieron quedarse en las zonas inundadas surgieron tres categorías principales: en la primera se encontraban los que ya estaban acostumbrados a vivir con agua que, por lo general, residían en zonas de Tailandia donde siguen enfrentándose y sobreviviendo a inundaciones anuales. Poniendo en práctica unas sencillas precauciones y con algo de asistencia y apoyo básico – especialmente en los casos en que las actividades básicas para ganarse el sustento se han visto interrumpidas– son capaces de lidiar eficientemente con inundaciones de hasta dos o tres metros de altura.

El segundo grupo consistía en aquellos que tenían los recursos y las estrategias para luchar contra la invasión del agua. Construían un segundo muro, instalaban bombas de agua, bloqueaban las entradas con sacos de arena o se hacían con pequeñas lanchas motoras. En muchos casos, este grupo concreto se encontraba bien posicionado para ofrecer incluso apoyo logístico a otros vecinos.

La última y más extensa de las tres categorías era la constituida por personas que, por varias razones socioeconómicas, decidieron no trasladarse a los centros colectivos pero tampoco disponían de los recursos para marcharse de allí o para ser autosuficientes en casa. Este grupo dependía en gran medida de la asistencia y el apoyo externo para su bienestar general y para satisfacer sus necesidades básicas durante la emergencia.

Reflexión

De la gran parte de la población afectada que había elegido no evacuar sus hogares, algunos actuaron como patrullas comunitarias en sus barrios en servicio de quienes habían decidido trasladarse, y como distribuidores de asistencia humanitaria entre aquellos menos capaces de lidiar con la inundación pero que habían permanecido en sus casas. El acceso a Internet y el abrumador uso de los medios de comunicación sociales implicó que la información sobre el estado de las inundaciones en curso, las necesidades no satisfechas y las oportunidades para unirse al voluntariado se actualizaran de manera regular y fuesen públicamente accesibles. Pero también que las comunidades con poco o ningún tipo de acceso a Internet fueran menos propensas a recibir la asistencia y el apoyo humanitario cuando debían.

La inundación de 2011 presenció el nacimiento de un nuevo tipo de voluntario humanitario con destrezas tecnológicas y también de herramientas interesantes como www.thaiflood.com que pretendía llenar el vacío de información sobre la gestión a través de su página de Facebook, y una aplicación móvil desarrollada mediante crowdsourcing que ofrecía información sobre la localización GPS de la inundación; los “anuncios” RooSuFlood[1] de los que tanto se ha hablado y que ofrecían episodios temáticos sencillos y puntuales que ayudaban a sus usuarios a tomar decisiones fundadas; o el servicio RooTanNam[2]  y su línea telefónica directa para aquellos que intentaban comprender la llegada de la inundación y los posibles efectos sobre sus hogares. Con esta amplia gama de actores en expansión el mayor reto era coordinar coherentemente y gestionar de manera consistente la información. .

Una mirada hacia adelante

Mientras que el Gobierno y las comunidades locales se preparan para las inevitables inundaciones futuras, todas las partes necesitan tener en cuenta ambas opciones: “quedarse y luchar” o “huir”. Existen tres componentes clave para el análisis, el diálogo y la planificación de la acción: a) la capacidad de recuperación basada en la comunidad y promover la concienciación en la preparación ante catástrofes; b) un marco adaptable para la asistencia humanitaria coordinada y la protección en relación a diversos escenarios; y c) desarrollar las capacidades a través de un seguimiento por parte de los diversos actores involucrados en la atenuación de los desastres (incluida la prevención de los desplazamientos), los planes de preparación y de respuesta a nivel nacional, provincial y local.

A raiz de las inundaciones de 2011, se saturó al público en general con campañas sobre “cómo hacer...” tanto desde el sector privado como desde el público, ofreciéndoles opciones de “conocimiento” y “hazlo tú mismo” que van desde las mejores maneras para impermeabilizar una casa hasta cuidados médicos durante una inundación e incluso sobre las precauciones necesarias cuando se limpia un edificio tras un largo período de inundación.

Por el contrario, se está ignorando el conocimiento y la interpretación pública de las normas nacionales, así como los principios humanitarios y los códigos de buena conducta. Con el sector privado y los actores de la sociedad civil liderando la respuesta ante las inundaciones, está claro que todos los futuros actores se beneficiarían de una comprensión común de la necesidad de la rendición de cuentas, el reparto de papeles y las responsabilidades en una respuesta global, y de una orientación en el lenguaje y la estructura de los marcos de coordinación tanto nacionales como locales. Durante el primer curso en coordinación y gestión de los centros colectivos que tuvo lugar en Tailandia, que fue diseñada y liderada por la oficina de la Organización Internacional para las Migraciones en Tailandia a principios de 2012 por petición del Departamento de Prevención para casos de Desastre y Migración de Tailandia, los participantes demostraron que se podría reforzar y entender mejor la coordinación.

Mientras que en 2012 Tailandia inició un proceso para renovar su plan nacional de emergencias contra catástrofes naturales, el país está reflexionando y reexaminando estrategias que puedan adaptarse con éxito a las comunidades locales, desarrollando nuevas respuestas ante las inundaciones. Desarrollar capacidades y aumentar la concienciación desempeñarán un papel clave a la hora de garantizar que todos los profesionales que se encuentran bajo mandato o de manera voluntaria estén preparados de manera eficiente y con plena confianza para desarrollar los papeles y responsabilidades que tendrán que asumir en el futuro, cuando de produzcan catástrofes naturales en el país.

Tailandia en su conjunto está empezando a entender que son necesarios unos recursos, una planificación y un plan de preparación consistentes si quiere que la opción de “quedarse y luchar” tenga éxito.

Wan S. Sophonpanich (wan@thingsmatter.com) es consultor externo en cuestiones de refugio para la Organización Internacional para las Migraciones (www.iom.int).

 

 

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