Prepararse para la autopreservación

Es demasiado común que la violencia exceda nuestra capacidad de actuación y que obligue a los organismos de ayuda internacional a recular y dejar que los civiles autóctonos se enfrenten al peligro ellos solos. Los actores externos han de profundizar sobre la experiencia y las estrategias de las comunidades locales para protegerse a sí mismas, y aumentar su compromiso de apoyarlas. 

En cada nueva crisis suele ser la base de la comunidad la que proporciona las primeras, las últimas y tal vez las únicas respuestas tácticas para la supervivencia. Pero la comunidad humanitaria internacional no suele estar predispuesta a reconocer estos elementos, y prefiere confiar como socias en las instituciones, aunque los socios institucionales de los sectores gubernamentales y no gubernamentales carezcan de legitimidad y durabilidad, y sean irrelevantes. Tendemos a vincular a los socios ONG con la sociedad civil aunque estos sean solo una pequeña parte de la misma. Cuando se agravan las atrocidades, las personas protegen y buscan ser protegidas por quienes están más cerca; no van a la oficina de una ONG. La sociedad civil tiene la respuesta sobre la autoprotección a nivel local pero de una forma que está mucho menos asentada a nivel institucional.

Por ejemplo, hay líderes con legitimidad que infunden confianza, cohesión y cuya palabra se acata sin demora, factores esenciales en medio de un flujo de violencia. A menudo esos líderes no se han elegido de forma oficial y sus estructuras no están legalmente constituidas ni ocupan edificios de ladrillo y cemento. Son individuos que por su posición social, contrato social, o unidad social quieren ayudar a su propio pueblo. Pueden ser proveedores de servicios que por su profesión ayudan a la población. O los mayores de la comunidad que, por tradición, están pendientes de la gente. O, tal vez, los cabezas de un clan o familia que protegen a los suyos. En este artículo, la palabra “comunidad” será la abreviatura para este esquema de protección más amplio.

El Cuny Center ha recogido cientos de modos en que los autóctonos sobreviven a la violencia. El listado documenta estrategias de autoprotección relacionadas con la seguridad, el sustento y los servicios vitales para la subsistencia. En medio de un conflicto, la malnutrición y la enfermedad son amenazas mayores que los machetes o las balas; en estas situaciones muere mucha más gente por la caída de los servicios y suministros que por la violencia directa, y los civiles a menudo arriesgan su seguridad para conseguir elementos básicos. Algunas estrategias locales han salvado las vidas de millones: tratos con los combatientes, sistemas caseros de alerta temprana, ganadería y pastoreo de subsistencia, redes para compartir y realizar envíos, economía sumergida y de subsistencia, prestación discreta de servicios, y la huida.

Si los civiles deciden que huir es la mejor opción, cuanto mejor se preparen más posibilidades tendrán de llegar a sus destinos con sus unidades sociales y activos económicos intactos, lo que les ayudará a posponer el día en que tengan que sucumbir a prácticas de subsistencia peligrosas o terminen siendo objeto del comportamiento predador de otros. También previene el agotamiento de recursos en esos destinos, que a menudo entraña una huida secundaria o terciaria más peligrosa. Disponer de este capital social y financiero podría incluso ayudarles a sortear los retos y costes de regresar a casa y reconstruir sus vidas en una fase más temprana.

Límites y duras realidades

“Por su origen, todos los mecanismos de resolución de problemas están por debajo de lo óptimo. [...] Sin embargo representan una respuesta a la crisis mejor fundada porque están desarrollados por aquellos cuyas vidas y medios de subsistencia son más vulnerables”.[1] Sin embargo los cálculos y las elecciones que quienes están en peligro llevan a cabo para protegerse a sí mismos y a sus comunidades no siempre tienen en cuenta todas las alternativas, consecuencias y necesidades.

En primer lugar, el fuerte ímpetu de la gente a la hora de proteger lo suyo podría excluir a las minorías. Luego, las creencias sociales también afectan a los cálculos de protección, a veces de manera que hacen que las personas de fuera se sientan incómodas, especialmente en lo que respecta al género ya que quienes llevan a cabo las acciones protectoras suelen ser hombres. Y, en tercer lugar, las comunidades a menudo se hacen con armas o se alinean con grupos armados, lo que podría protegerles pero les pone en peligro de caer en un ciclo de abusos violentos. Respaldar las competencias no violentas para la supervivencia puede paliar las fuerzas de atracción y expulsión que impone la respuesta violenta; puede ofrecer opciones donde parecía que no había otra más que la pistola.

La capacidad local de autoprotegerse está lejos de ser perfecta. Pero como señala Nils Carstensen de la iniciativa Local to Global Protection (L2GP), necesitamos alcanzar el perfecto equilibrio entre los principios y el pragmatismo; trabajar con estructuras “no convencionales” y estrategias que exigirán que desarrollemos “nuevas modalidades de ayuda ágiles y flexibles”[2]. Ya tenemos las destrezas necesarias para desempeñar la mayor parte de este trabajo; los mayores retos surgen por culpa de nuestra mentalidad. Demasiado de lo que llamamos “innovación” son en realidad remiendos. Bernard Kouchner de MSF una vez argumentó que “la profesionalización y burocratización dañarían la orientación revolucionaria, ágil y herética de la organización” y “abrumaría sus tácticas basadas en la improvisación”[3]. En la actualidad necesitamos más de la herejía de Bernard Kouchner y de la brillante y exasperante falta de ortodoxia de Fred Cuny. Muchos llevan tiempo instando a que se apoyen las competencias locales para autoprotegerse pero no se ha sistematizado ningún enfoque semejante a través del sector de la ayuda.

Respaldar la autoprotección

De las diversas organizaciones preocupadas por cuestiones relacionadas con la paz y el conflicto, con mucha frecuencia será el proveedor de servicios de ayuda quien esté mejor posicionado para respaldar las capacidades locales de autoprotección ya que, por lo general, goza de mejor acceso, contactos y confianza sobre el terreno, y es más consciente del contexto y de los matices culturales. Los proveedores de ayuda disponen de las destrezas necesarias (partiendo de la provisión de servicios y sustento vital) y están comprometidos con la movilización de la comunidad. También son los más propensos a tener razones justificables por hallarse en zonas de conflicto, y, en comparación con los demás, tienen más autonomía a la hora de actuar.

Cuando los proveedores de ayuda internacionales y los locales trabajan juntos pueden aumentar de forma significativa el grado de preparación para autoprotegerse en las zonas remotas e inestables. A medida que se acerca la violencia, un proveedor de ayuda puede ser más útil a la hora de respaldar la capacidad de sus homólogos —su personal y socios locales— para enfrentarse solos al peligro y, con esos homólogos al frente del liderazgo, aumentar el respaldo de la capacidad de las comunidades de sobrevivir solas ante el peligro.

De todas las protecciones posibles, las que fomentan la capacidad local serán las que sigan en pie porque refuerzan a las personas que estarán solas cuando la violencia les aísle del mundo. Incluso aquí tenemos que tener cuidado de que cualquier iniciativa que llamemos “autoprotección basada en la comunidad” de verdad nazca de ella y no sea un mero proyecto que nosotros concebimos y que la comunidad luego gestiona. También debemos asegurarnos de que dicha protección no se base principalmente en la capacidad de influir sobre la violencia o en la presencia de partes externas.

A veces, los que trabajamos en la comunidad internacional de ayuda creemos en aquello de que “presencia equivale a protección”, pero corremos el riesgo de que nuestros homólogos y comunidades locales lo crean también y, como consecuencia, desarrollen un falso sentimiento de solidaridad y seguridad que podría retrasar su propio instinto natural de luchar por la supervivencia. Esto a su vez viola otro dictado de la protección: “no hacer daño” a aquellos a quienes servimos, una máxima que tiene las mismas dos responsabilidades. Una es no ponerles en peligro, por ejemplo, dándoles falsas esperanzas. La otra es no dejarles solos antes el peligro, por ejemplo, retirándonos sin haber respaldado su capacidad de supervivencia.

 

Casey Barrs contact@civiliansinharmsway.org

 Investigador adjunto sobre Protección en The Cuny Center y fundador del Center for Civilians in Harm’s Way (Centro para civiles en situaciones de peligro)

Si desea obtener información general y orientación sobre el apoyo a la preparación local, visite  www.civiliansinharmsway.org.

 


[1] Lautze S and Hammock J (1996) Coping with Crisis, Coping with Aid: Capacity Building, Coping Mechanisms and Dependency, Linking Relief and Development [Lidiar con la crisis, lidiar con la ayuda: el desarrollo de la capacidad, los mecanismos de resolución de problemas y la dependencia. Unir la ayuda y el desarrollo], p. 3 www.alnap.org/pool/files/erd-2690-full.pdf

[2] Correspondencia con el asesor superior de L2GP, Nils Carstensen, 27 de enero de 2016.

[3] Barnett M (2011) Empire of Humanity: A History of Humanitarianism [El imperio de la humanidad: historia del humanitarismo], Cornell University Press, p. 152.

 

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