El norte de Uganda: protección en el desplazamiento y en el retorno

Ante la ausencia de protección y de asistencia internacional o estatal, los miembros de la comunidad del norte de Uganda aparecieron en escena para llenar este vacío tanto durante el desplazamiento como a lo largo del laborioso proceso de retorno luego del fin del conflicto.

Durante veinte años, desde 1986 hasta 2006, el norte de Uganda fue víctima de una guerra civil larga y cruel. El conflicto, que tuvo lugar principalmente entre el Gobierno de Uganda y el Ejército de Resistencia del Señor (ERS), hizo que se desplazaran entre un millón y medio y dos millones de personas a través de grandes zonas del norte de Uganda. En la subregión acholi, alrededor del 90 % de la población finalmente quedó desplazada, y el gobierno obligó a la mayoría a quedarse en campos de desplazados internos; algunos de ellos permanecieron allí durante casi una década. Otra cantidad significativa (el tema central de este artículo) fue desplazada a las zonas urbanas, especialmente Gulu, el centro urbano principal en el norte de Uganda, que triplicó su población durante el conflicto.

En el transcurso de cinco viajes de trabajo de campo a lo largo de siete años (entre 2008 y 2015), pude encontrar y seguir a más de 100 familias desplazadas por la guerra a Gulu desde sus casas rurales en el subcondado de Atiak, al norte de Gulu. Entrevistar a estas familias en Gulu y en Atiak me dio la oportunidad de aprender cómo pudieron (o al menos intentaron) obtener diferentes niveles de protección de la comunidad de Atiak en general durante su huida inicial de Atiak, su llegada a Gulu y (para algunos) su regreso a casa en Atiak años o décadas más tarde.

Los primeros proveedores de protección en Gulu

Cuando las familias de Atiak llegaron a Gulu, se enfrentaron —al igual que otros desplazados a los centros urbanos a lo largo de la guerra— a una situación en la cual la asistencia para aquellos obligados a trasladarse a nuevos lugares era prácticamente inexistente. Un tercio de estas familias llegó durante dos picos específicos de violencia: en 1986-1987, al comienzo de la guerra, y en 1995-1996, después de una masacre en la ciudad de Atiak que dejó unos 300 muertos. En ambos casos, unas pocas familias informaron que recibieron pequeñas cantidades de comida y otros artículos de primera necesidad de la diócesis católica, la Cruz Roja o World Vision. Sin embargo, la gran mayoría de las familias fue ignorada, no solo por su gobierno, sino por la comunidad internacional. Es por eso que se vieron obligados a depender de sí mismos o de otras personas de Atiak que ya estaban en Gulu para poder sobrevivir en un entorno muy diferente del que habían dejado atrás.

Al principio, la mayoría de las familias de Atiak de la muestra de investigación que fueron desplazadas a Gulu pasaron sus primeros días o semanas (a veces incluso meses) viviendo en espacios públicos: estaciones de autobús, iglesias, hospitales, la estación de policía y Kaunda Grounds, un gran campo abierto al oeste del centro de la ciudad. Después de algún tiempo, sin embargo, la mayoría de las familias informó de que se enteraron de ancianos que habían sido trasladados a la ciudad antes de la guerra y que querían encontrar a uno de ellos para pedirle ayuda. Según la etapa del conflicto, estas personas por lo general no podían hacer más que aconsejar o proporcionar contactos potenciales, debido a que sus recursos ya eran escasos tras haber ayudado a sus familias más cercanas. Aun así, el hecho de que se diera este proceso significaba que la gente de Atiak sentía una afinidad hacia las demás personas de la zona que habían sido desplazadas a la ciudad por la guerra.

Buscar ayuda de compañeros de Atiak (sin importar a cuál de los 12 clanes o de las 136 aldeas de Atiak pertenecieran) ayudó a llenar el vacío creado por la falta de implicación humanitaria o estatal con los desplazados urbanos. Las familias pudieron recibir consejos sobre lugares para alquilar y sobre oportunidades de trabajo y, a veces, sobre cómo acceder a una pequeña parcela de cultivo. De las familias que entrevisté, esta ayuda comunitaria general con frecuencia fue crucial para poder sobrevivir y permanecer en la ciudad. En este sentido, la comunidad de Atiak con base en Gulu fue el primer proveedor de protección durante el desplazamiento.

La protección en la ciudad durante y después de la guerra

Cuando en las primeras entrevistas de 2008-2009 se les pedía a las familias que describieran sus vidas en Atiak antes del conflicto, la gente inevitablemente se refería a una sensación de protección comunitaria y de actividad grupal. Las personas sabían que si tenían una mala cosecha, casi siempre podían encontrar a alguien que los ayudara. Si necesitaban dinero para las cuotas escolares, podían vender una cabra o una vaca, o encontrar un miembro del clan u otro pariente o amigo para pedir ayuda. Los clanes despejaban y cultivaban extensiones comunitarias de tierra, criaban animales y cazaban juntos. Este sentido de pertenencia, aunque se debilitó durante el desplazamiento, nunca quedó destruido por completo. Y no solo fue importante durante el traslado.

Las familias que pudieron y que estuvieron dispuestas a mantener contactos sociales con otros de Atiak durante sus años en la ciudad, a pesar de los cambios y los desafíos, fueron probablemente los que regresaron con éxito a Atiak después de la guerra. De hecho, este sentido de conexión fue clave. Para algunas familias, estas conexiones se entrelazaron de forma muy profunda en sus vidas y en su subsistencia en la ciudad. De esas familias aprendimos que las personas que ayudaron a familiares o amigos en la ciudad casi siempre recibieron el mismo trato cuando intentaron regresar. Pero incluso ante la ausencia de ayuda material específica, mantener relaciones significativas con personas que ya habían "vuelto a casa" constituyó, en última instancia, una forma de aceptación y de protección cuando las familias regresaron a Atiak.

Las familias de Atiak en Gulu, ya sea que se desplazaron durante la guerra o que vivían allí antes del conflicto, hicieron sacrificios dentro de sus propias familias más cercanas para ayudar y proteger a las personas que necesitaban asistencia en su comunidad extendida de Atiak. Estas acciones solían ser respetadas por aquellos que recibían la ayuda, la cual devolvían cuando les era posible.

La protección en el proceso de retorno

Como el proceso de retorno de los campos se extendió desde los años 2008-2009 en adelante, muchos observadores internacionales advirtieron que el proceso de retorno generaría otro conflicto: guerra por tierras, entre familias y clanes, y también entre inversores gubernamentales o comerciales y clanes. Un tema común que acompañó dichas advertencias fue el argumento de que veinte años de guerra y de desplazamiento habían ocasionado una "desintegración social" y una ruptura en la cultura acholi.

Aunque el proceso de repatriación estuvo sin duda marcado por numerosos problemas relacionados con la tierra, se resolvieron una gran cantidad de casos de propiedad de tierra gracias a mediaciones que realizaron los líderes de la comunidad, lo que generó muchas dudas sobre las afirmaciones (o suposiciones) de la descomposición social en la cultura acholi. Aunque aún se generan conflictos por la tierra, hecho que veces conduce a la inseguridad y a la posibilidad de que a viudas, huérfanos y otros se les niegue el acceso a la tierra, parece ser que estas preocupaciones y temores generalizados se resuelven con más frecuencia y eficacia de lo que se temía.[1]

De hecho, solo diez de las 61 familias de Atiak de la muestra de investigación que habían intentado regresar no pudieron hacerlo. Y solo cinco de ellas relataron que estuvieron involucradas personalmente en una disputa de tierra (mientras que otra de las familias pudo regresar en última instancia después de solucionar una disputa). En realidad, a dos de las familias que no pudieron regresar se les ofreció acceso a la tierra, pero lo rechazaron porque no les agradaba el tamaño o la ubicación. Otras tres familias (dos encabezadas por mujeres y una por un hombre) experimentaron disputas genuinas que no se pudieron resolver.

Las 51 familias que intentaron repatriarse, y que en su mayoría habían mantenido relaciones a lo largo de su desplazamiento con los que permanecieron en Atiak, fueron aceptadas con gusto al volver a la zona. Esto incluyó a 23 familias encabezadas por mujeres, 16 de las cuales habían regresado de forma permanente, y siete de las cuales se trasladaban constantemente entre Gulu y Atiak. Estas historias de retorno muestran las diferentes formas de protección que ofrecieron los miembros de la comunidad: las parejas casadas pudieron regresar al punto exacto que habían dejado durante la guerra gracias a que el clan había mantenido el lugar disponible para ellas; los padres les brindaban un espacio a sus hijas en Atiak después de que estas mujeres perdieran o se separaran de sus maridos; y los cuñados tomaron la iniciativa de invitar a volver a mujeres que sufrían en la ciudad.

Esto no quiere decir que el proceso de retorno se llevó a cabo sin problemas. Después de regresar a Atiak, algunas de estas familias desplazadas urbanas tuvieron que hacer frente al resentimiento debido a que los que habían permanecido en la zona percibían que habían tenido una vida más sencilla o próspera en la ciudad, o por el deterioro de las respuestas inicialmente positivas de los familiares con respecto a su regreso. Aun así, la mayoría de las familias que regresó expresó una creencia firme de que sus vidas eran mejores debido a su conexión renovada con Atiak.

Así, las familias de Atiak, es especial aquellas que habían mantenido en el tiempo relaciones con la comunidad general de Atiak, recibieron ayuda de su comunidad tanto en su desplazamiento a Gulu como en su regreso a Atiak. Y gran parte de esta asistencia se relacionó con el concepto de la cultura acholi kit mapore, que hace referencia a la manera correcta o adecuada de convivir con otros.[2] A su vez, esto ayudó a crear una situación en la que las comunidades locales brindaron protección a sus propios miembros a través de las diferentes etapas del desplazamiento.

Denise Dunovant denisedunovant@gmail.com

Investigadora independiente



[1] Atkinson R R, Latigo J y E Bergin (próxima publicación en  2016) Piloting the Protection of Rights to Customary Land Ownership in Acholiland: A Research Project of the Joint Acholi Sub-Region Leaders’ Forum (JASLF) and Trόcaire: A Report on the Field-Research Component [Guiar la protección de derechos hacia la posesión tradicional de tierra en el pueblo acholi: un proyecto de investigación del Foro de líderes de la subregión conjunta acholi (JASLF) y Trócaire: informe sobre el componente de investigación de campo] www.trocaire.org/resources/policyandadvocacy/protecting-rights-customar… http://bit.ly/Trocaire-customary-land-2016; véase también Hopwood J y Atkinson R R (2013) Land Conflict Monitoring and Mapping Tool for the Acholi Sub-Region [Herramienta de supervisión y detecciónde conflictos de tierra para la subregión acholi], Programa de Construcción de la Paz de las Naciones Unidas en Uganda /Human Right Focus www.lcmt.org/pdf/final_report.pdf

[2] Para analizar un ejemplo de cómo se desarrolla esto en la cultura acholi, véase Porter H (disponible desde 2016)"After Rape: Violence, Justice, and Social Harmony in Uganda" [Después de la violación: violencia, justicia y armonía social en Uganda], Cambridge University Press.

 

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