Las parteras sudafricanas que cuidan de mujeres inmigrantes y refugiadas

En los últimos años, Sudáfrica ha aceptado a muchos refugiados y solicitantes de asilo, entre los cuales se encuentran mujeres que necesitan servicios de maternidad. Dado que los valores y las prácticas culturales de las mujeres embarazadas inmigrantes a veces difieren de los de la partera, es posible que se violen sus derechos con respecto al buen trato.

La partera asume una serie de funciones: es defensora, asesora, confidente, encargada, custodia, maestra y coordinadora del cuidado. A medida que la diversidad cultural se intensifica, aumenta la necesidad de conocimiento especializado en la realización de estas funciones; específicamente, las parteras necesitan tener la habilidad de tender puentes entre culturas.

En Sudáfrica se espera que cada partera cuide de una mujer embarazada sin considerar su raza, color, origen étnico, grupo religioso o nacionalidad; sin embargo, la relación terapéutica entre una partera y la paciente puede verse afectada si la profesional es etnocéntrica, xenófoba o si cuenta con una formación escasa en cuanto a los valores de su profesión o las habilidades de comunicación.

En los hospitales públicos algunas instalaciones clínicas no cuentan con suficiente personal ni equipo, y esto ha dado lugar a que algunas parteras sientan que solo los sudafricanos deben utilizar estos recursos. Al parecer, las mujeres inmigrantes no reciben el mismo cuidado que las mujeres locales (o reciben un trato diferente), y las inmigrantes embarazadas sienten que se las trata de manera poco amable porque son extranjeras y refugiadas.

Las barreras lingüísticas entre las parteras y las mujeres embarazadas inmigrantes tienen un impacto negativo durante el parto. Las inmigrantes se sienten incómodas debido a las dificultades que experimentan al comunicarse con el personal, la imposibilidad frecuente de seguir los consejos dados y la reacción de las parteras. Las mujeres inmigrantes consideran que las parteras son groseras durante el parto, además de que la falta de conocimiento de su idioma hace difícil entender lo que les piden; incluso la entonación, la calidad de voz, el vocabulario y el silencio pueden tener un significado diferente en cada cultura. Una partera que no es consciente de esto puede faltarle el respeto de forma involuntaria a una mujer inmigrante.

"Me dijeron que no podían atenderme porque soy inmigrante, no tengo papeles, no tenía ninguna prueba de residencia".

Las mujeres que reciben atención prenatal en las primeras etapas del embarazo y que tienen más consultas prenatales tienden a reducir la mortalidad maternal y prenatal y tienen mejores resultados de embarazo. Sin embargo, las mujeres inmigrantes embarazadas a menudo se ven apartadas de estos servicios debido a la falta de documentación; la cantidad elevada de quejas sobre su cuidado prenatal ha sido constante durante las últimas décadas.

Las inmigrantes han afirmado que su relación con las parteras no es cordial, algo que puede ser alarmante, y le atribuyen la falta de atención personal al hecho de ser inmigrantes. Muchas de ellas señalan que se las trata de forma despectiva y que las llaman por nombres que indican que son de países extranjeros. A las mujeres inmigrantes se las suele dejar solas; también sufren abusos verbales o amenazas de agresión física, lo que hace que algunas de ellas padezcan estrés postraumático.

"Las enfermeras que conocí ni siquiera estaban preparadas para mirarme a la cara...''

A pesar del compromiso de las parteras a respetar al ser humano, su dignidad y privacidad, sus valores personales, creencias y tradiciones culturales, en la mayoría de los casos las mujeres inmigrantes embarazadas no tienen derecho a tomar decisiones y a menudo se ignoran sus creencias y prácticas culturales. La mayoría de las inmigrantes no recibe la atención y el apoyo al que tienen derecho.

Recomendaciones y desafíos

Los educadores en colegios y universidades de enfermería deben poner más énfasis en la sensibilidad cultural de la atención obstétrica. Las parteras deben capacitarse en relaciones con el cliente y en habilidades de comunicación, y se las debe alentar a participar en talleres sobre derechos humanos y cuestiones culturales.

Algunas parteras sienten que no están obligadas a hablar inglés con las inmigrantes porque piensan que estas mujeres deberían haber aprendido al menos un idioma sudafricano. Debe haber intérpretes cuando las inmigrantes no puedan comunicarse ni siquiera en inglés, a pesar del compromiso potencial de confidencialidad que existe entre la partera y la embarazada. De lo contrario, las parteras podrían incluir al cónyuge o a los miembros de la familia para que faciliten la comunicación y brinden apoyo.

Por último, las autoridades de los hospitales deberían brindarle al personal de primera línea directrices claras sobre cómo admitir o registrar a inmigrantes y debería ayudar en cuestiones administrativas para que la partera pueda ofrecer una atención con sensibilidad cultural.

 

Mamokgadi Gloria Victoria Koneshe Mamokgadi.Koneshe@gauteng.gov.za

Académica en obstetricia, Facultad de Enfermería Ann Latsky, Johannesburgo, Sudáfrica

 

 

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