Dar protagonismo a los refugiados en su reasentamiento en el Reino Unido

Cada vez hay más refugiados en el Reino Unido que han pasado por un programa de reasentamiento. Los nuevos estudios realizados en ciudades británicas destacan las posibilidades que brinda la incorporación de la experiencia de los refugiados en el diseño de los programas. 

La contribución del Reino Unido al reasentamiento de los refugiados ha aumentado de manera sustancial en los últimos años, aunque a partir de una base relativamente baja, lo que contrasta sobremanera con la postura altamente restrictiva de prácticamente cualquier otro aspecto de la política británica hacia los migrantes y refugiados, incluido el asilo. En 2015 el Gobierno aumentó la cuota de 750 refugiados que llegaron bajo el Gateway Protection Programme (GPP) con otros 4000 refugiados al año bajo el Syrian Vulnerable Person Resettlement Programme (VPR o programa de reasentamiento de personas sirias vulnerables). También hay numerosos programas, la mayoría de los cuales se centran en reasentar o reubicar a los menores vulnerables.

Los primeros refugiados reasentados a través del GPP llegaron en 2004. Ahora hay varios miles en el Reino Unido que han pasado por un programa de reasentamiento, muchos de los cuales poseen una amplia experiencia vital allí. La reciente ampliación del VPR, la introducción de nuevos programas y el constante perfeccionamiento del GPP suponen una auténtica oportunidad de incorporar la propia experiencia de los refugiados al desarrollo de nuevos programas. De momento, no existen pruebas de que el Gobierno del Reino Unido esté considerando esto como sistema aunque hay muchos ejemplos de lo efectivo que podría ser, como el programa Resettlement Ambassador Programme de la red SHARE Network[1].

Un proyecto de investigación titulado Optimising Refugee Resettlement in the UK (La optimización del reasentamiento de los refugiados en el Reino Unido) propuso que los refugiados debían estar en el centro de la investigación sobre dicho colectivo. El estudio contó con la participación de 11 investigadores homólogos —es decir, refugiados reasentados— de las ciudades en las que se llevaría a cabo. En tres intervalos (anuales) desde 2014 a 2016 y empleando una nueva encuesta y entrevistas se estudiaron los determinantes del bienestar para los refugiados reasentados que habían llegado al Reino Unido antes del año 2010.

Participaron 280 refugiados reasentados, 180 de los cuales rellenaron las tres encuestas y aportaron información transversal detallada sobre el bienestar de los reasentados en el Reino Unido algún tiempo después de su llegada[2]. Ocho de los investigadores del grupo de homólogos asistieron a la conferencia final sobre los hallazgos del estudio. Cuatro de los temas que surgieron fueron los siguientes:

·       Las dificultades con la educación y el empleo.

·       La importancia central del dominio del inglés.

·       El papel de la orientación antes de partir.

·       La interrelación entre la condición de refugiado, la nacionalidad y la pertenencia.

 

Educación y empleo

Charles, de 28 años y originario de la República Democrática del Congo (RDC), describió sus logros a la hora de conseguir un trabajo y más tarde, una titulación:

“Presenté mi candidatura para un trabajo como personal de limpieza. Luego hice una entrevista. Llevaba traje, ¿sabéis? Entonces me dijeron en seguida que no tenía experiencia. ¡Para un trabajo de limpiador! Así que me dije [a mí mismo]: esta va a ser la primera y la última vez que me presente a este tipo de trabajo. Estaba muy disgustado… .Presenté mi candidatura para otro trabajo. Conseguí un trabajo en la asistencia social. Conseguí un trabajo como personal de apoyo. Eso fue en septiembre de 2010. Llegamos en marzo y seis meses después estaba trabajando. En realidad, yo fui la primera persona de nuestro grupo en conseguir trabajo”.

“La única ventaja que realmente pensaba que tenía llegar a Europa era la educación. Yo decía, ya sabéis, esta es una gran oportunidad. Los ministros [de los Gobiernos] africanos envían a sus hijos a estudiar a Europa. Así que yo tenía la oportunidad de venir y estudiar. Lo único que tenía en mente era la educación pero nadie quería saber realmente lo que uno quería hacer en lo que respecta a su educación o a su futura carrera. Eso no formaba parte del paquete porque, ya sabéis, ven a los refugiados como una gran categoría única”.

Charles pudo superar las barreras para acceder a la educación y conseguir finalmente una titulación. Sin embargo, le preocupaba que el hecho de canalizar a los refugiados en sectores concretos tuviera graves implicaciones a largo plazo:

“Tenemos un problema que realmente me resulta muy doloroso. El setenta o tal vez el ochenta por ciento de los refugiados está trabajando como personal de apoyo. ¿Cuál es el futuro de esta comunidad? ¿Cuál es el modelo a seguir?”

 

El dominio del inglés

Incluso acceder a cursos de inglés era complicado, dejando a un lado las dos horas semanales de clase que les ofrecían. Los resultados de nuestro estudio demostraron la importancia fundamental de las aptitudes lingüísticas para el bienestar de los refugiados a la hora de dominar el idioma, así que esta es una omisión especialmente sorprendente. Tuvieron éxito los que fueron proactivos a la hora de buscar y acceder a otras clases que no se ofrecían específicamente a los refugiados. Suzanne, de 36 años y procedente de la RDC contó que:

“Empezamos a buscar otros lugares, como el Centro Cívico, donde pudiéramos ir a aprender inglés. Así que íbamos los lunes a la universidad porque el lunes es el día que nos dan para ir a aprender inglés. Fuimos a otra clase en el Centro Cívico y a otra que encontramos en el [...] Castle Museum. Simplemente íbamos allá donde se diera inglés”.

La decepción y la frustración por las limitadas oportunidades para aprender inglés eran comunes para la mayoría de los refugiados. Esto es lo que, de manera más general, influía en los intentos de buscar trabajo y estudios. Eremias, de 36 años y oriundo de Etiopía, había montado una próspera empresa social aunque esto iba claramente en contra de la dirección hacia la que le habían empujado en un primer momento:

“Algunos vienen siendo doctores, abogados o maestros. Ese es su origen. ¡Eran respetados! Pero llegan aquí con esas aptitudes en su CV y la Oficina de Empleo les dice: ‘Busca trabajo en la limpieza y dedícate a limpiar aseos’”.

También manifestó la auténtica decepción que siente porque los refugiados reasentados en el Reino Unido, cuando son mayores, cuando están por encima de la edad normal de ser universitarios, no pueden acceder de la misma manera a su sistema de educación continua o superior.

Ali, que originalmente era de Somalia pero se crio en Kenia, estaba confuso con la convalidación de sus calificaciones en el Reino Unido:

“Mi peor experiencia fue con el sistema educativo cuando intentaba ir a la universidad o acceder a un curso. Envié todos mis papeles desde Kenia, incluido mi diploma avanzado de primer ciclo de la Universidad de Nairobi... Lo envié todo y me dijeron que dejara el diploma fuera porque decían que no lo podían aceptar porque no eran calificaciones de una universidad inglesa. Dije: ‘¡¿Qué?!’”

 

La orientación antes de partir

Estas cosas no se las explicaban bien durante las sesiones de orientación antes de su partida. A lo largo de los años, esta orientación había ido recortándose mucho poco a poco, de las dos semanas completas que ofrecían al principio de que se estableciera el GPP a unas simples tres horas en 2016. Nuestro estudio destacó la importancia de unas expectativas realistas para su futuro bienestar. Muchos de los refugiados se quedaron perplejos con la orientación que recibieron. Suzanne recordaba una información concreta:

“Nos hablaron de la gente de aquí, de cómo es su cultura. Nos enseñaron algunas películas. Nos mostraron lo limpio que está todo aquí en comparación con donde estábamos en África. Incluso nos dijeron ‘los británicos no saludan’. Donde nosotros estábamos, ¡saludamos a todo el mundo! ¡Y damos la bienvenida a todo el mundo! Simplemente nos dijeron que fuéramos conscientes, que no fuéramos a saludarles o nos llevaríamos una decepción. Así que nos dijeron: ‘Solo sonreíd; así que deberíais aprender a sonreír’. Y esa profesora, realmente me acuerdo de ella, fue uno por uno e intentó enseñarnos cómo sonreír”.

Todos los investigadores homólogos destacaron lo mucho que creían que podrían ayudar a los refugiados si les invitaran a impartir orientación en esas sesiones previas a la partida. Las tres horas en total que se imparten actualmente solo dan para explicar lo que ocurrirá durante el vuelo mientras que unas sesiones más largas tendrán un impacto demostrable incluso años después de la llegada. La oportunidad de hablar con alguien que hubiera pasado por esa experiencia hace diez años o menos tendría unos tremendos beneficios a largo plazo y, sin embargo, rara vez se plantea esto.

Kess fue la única investigadora homóloga del proyecto que había llegado al Reino Unido en edad escolar, así que pudo disfrutar de un acceso directo y relativamente fácil al sistema educativo solo porque estaba en la edad adecuada; pero aun así hubo cosas que todavía le sorprenden:

“Solo pequeños detalles como llevar uniforme y el respeto al maestro. Nunca en mi vida había oído a nadie responderle al maestro. Cuando vi que aquí lo hacían, fue bastante chocante”.

 

La condición de refugiado, la ciudadanía y la pertenencia

Llegar a una edad más temprana evidentemente hace que sea más fácil sentir que uno forma parte del Reino Unido. Al contrario que sus padres, Kess habla inglés perfectamente y con fluidez, sin ningún rastro de acento extranjero. Sin embargo, aunque ahora tiene la nacionalidad británica, ser una refugiada sigue siendo relevante para ella en determinados momentos:

“Creo que ser una refugiada se queda en el fondo de tu ser, forma parte de tu mente, de ti misma. Pero, en lo que a mí respecta, no me veo a mi misma como una refugiada. Así que cuando opto a un trabajo o a la universidad, no voy y digo que soy refugiada. Me limito a hacer lo mismo que los demás. Pero a veces es bastante difícil olvidar que lo eres. [...] Pero no, no me veo a mí misma como una refugiada aunque lo vea como una parte de mí”.

En el Reino Unido los refugiados reasentados pueden solicitar la nacionalidad tras haber permanecido en el país durante cinco años. Nuestro estudio, en el que la encuesta inicial tuvo lugar al menos cuatro años después de que la gente hubiese llegado y la final al menos seis años después, cubrió el periodo de tiempo en el que cumplían los requisitos para ser naturalizados. La inmensa mayoría había conseguido la nacionalidad británica al final del estudio aunque las opiniones diferían acerca de hasta qué punto seguía importando ser un refugiado. Charles sugirió que era a veces, cuando realmente tenía problemas, cuando volvía a sentir la etiqueta de refugiado y, cuando las cosas mejoraban, eso cambiaba:

“Si te encuentras en una situación muy difícil como no poder acceder a la educación, no poder aprobar el examen sobre la vida en el Reino Unido o como que tu nivel de inglés es muy bajo, creo que el hecho de ser un refugiado siempre será doloroso. Pero si las cosas van bien, yo estaré orgulloso de ser un refugiado. Estoy realmente orgulloso de ser un refugiado”.

Del mismo modo, Eremias también reconoció que las asociaciones negativas con la condición de refugiado hacían que fuese una condición más difícil de reivindicar:

“No porque ser un refugiado sea malo sino porque ser un refugiado o la manera en que se trata a un refugiado en cuanto a la educación o si quieres ir a la universidad, o si quieres tener trabajo... por el hecho de venir de un país diferente, sabes que no es fácil conseguir trabajo. Por ese motivo, esa forma de pensar está en nuestra cabeza y por eso la gente no quiere ser categorizada como refugiada”.

Para Eremias, todo estaba relacionado. Las dificultades a la hora de encontrar trabajo o de acceder a la educación y la lucha por aprender inglés estaban inevitablemente relacionadas con cómo se siente uno al ser un refugiado. Por esta importante razón rechazaba la etiqueta. Sin embargo concluyó que:

“La mayoría de las veces, nosotros, los refugiados, venimos con los bolsillos vacíos pero no con la cabeza vacía. Si nos dan suficiente apoyo y oportunidades podemos aportar mucho también”.

Todavía es relativamente inusual que en los estudios se reconozca la experiencia de los refugiados. Hay incluso menos ejemplos en los que se les ponga en el foco de la planificación de los programas de reasentamiento de refugiados. Sin embargo, sus beneficios son evidentes.

 

Michael Collyer m.collyer@sussex.ac.uk

Profesor de Geografía, Universidad de Sussex.

 

Rupert Brown r.brown@sussex.ac.uk

Profesor de Psicología Social, Universidad de Sussex.

 

Linda Morrice l.m.morrice@sussex.ac.uk

Profesora de Educación, Universidad de Sussex.

 

Linda Tip L.Tip@sussex.ac.uk

Investigadora adjunta, Escuela de Estudios Globales, Universidad de Sussex.

University of Sussex www.sussex.ac.uk



[2] Los resultados iniciales están disponibles en la web del proyecto www.sussex.ac.uk/migration/refugeeresettlement. También hay una serie de publicaciones de blogs basadas en las presentaciones de los invitados a la conferencia final que tuvo lugar en la Universidad de Sussex en septiembre de 2016.

 

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