El reasentamiento de jóvenes refugiados en Australia: experiencias y resultados en el tiempo

Los resultados de un estudio longitudinal de experiencias de reasentamiento a largo plazo de jóvenes refugiados que viven en Melbourne muestran que las experiencias de los refugiados —tanto antes como después del reasentamiento— continúan influyendo en las oportunidades y los resultados muchos años después de la llegada.

Los servicios, las políticas y las investigaciones relacionadas con los refugiados en los países de reasentamiento suelen centrarse en los primeros años de reubicación. Las experiencias de reasentamiento de los refugiados, sin embargo, cambian con el tiempo, al igual que el contexto de reasentamiento, ya que se producen continuos ajustes en la política, la prestación de servicios, la recepción de la sociedad de acogida y las políticas de la comunidad étnica y del país natal.

Es insuficiente la comprensión de las experiencias de refugiados reasentados a lo largo del tiempo, en particular de las trayectorias de asentamiento a largo plazo y de las experiencias de jóvenes refugiados reasentados. Se ha observado que los refugiados que se reubican siendo jóvenes deben enfrentar desafíos significativos, entre ellos: educación interrumpida antes de la migración y obstáculos relacionados con el éxito educativo después de la migración; amplias responsabilidades familiares, entre las que se pueden mencionar el cuidado de los hermanos y la ayuda a los padres; y experiencias de discriminación en la sociedad de acogida. Sin embargo, los refugiados jóvenes demuestran tener una resistencia significativa y una gran capacidad para sortear estos desafíos.

“Good Starts” (Buenos comienzos) fue un estudio longitudinal de métodos combinados sobre el asentamiento y el bienestar de refugiados que tuvo como objetivo comprender mejor cómo se podía apoyar el asentamiento de jóvenes refugiados.[1] En 2004, 120 jóvenes refugiados de entre once y diecinueve años de edad (55 mujeres, 65 hombres) formaron parte del estudio; todos ellos se habían reasentado recientemente mediante el Programa Humanitario de Australia. Los jóvenes provenían de 12 países diferentes de África, Oriente Medio y Europa, y su tiempo de residencia promedio en Australia en ese momento era de seis meses. Se recogieron datos cualitativos y cuantitativos anuales sobre sus experiencias psicosociales de salud y de asentamiento durante cuatro años. En 2012-2013, se contactó a los participantes nuevamente; 51 de los 120 del comienzo (25 mujeres, 26 hombres) participaron en una entrevista exhaustiva y completaron un cuestionario breve. Para ese entonces, estos participantes tenían entre 18 y 27 años y habían estado viviendo en Australia durante ocho a nueve años.

Resultados del asentamiento

Una joven de Sudán recordó: “Me llevó un poco de tiempo comenzar a pertenecer en realidad... Tan solo empecé a encajar, después me acostumbré al idioma y a los estudios, y así sucesivamente”. Durante su primer año, la mayoría de los jóvenes (90 %) indicó que sentía que la comunidad australiana se preocupaba por ellos, mientras que el 18 % informó experiencias de discriminación. Entre los ocho y nueve años después de la llegada, los participantes en gran parte imaginaron y planearon su futuro en Australia. Ahora el 96 % sentía que la comunidad australiana se preocupaba por ellos, pero la discriminación seguía siendo un problema para muchos. El 27 % indicó que había sufrido discriminación durante los seis meses anteriores, por parte del público en general, compañeros de trabajo y la policía. Un joven de Sudán expresó: “A algunas personas... les agrada tener diversidad, les agrada tener comidas diferentes y ropa diferente. Y algunas personas solo sienten odio, sabes, como si estuviéramos robándoles su futuro”.

Los participantes informaron que la ciudadanía australiana les dio una sensación de seguridad y una base para construir un futuro en Australia. Les ofreció un seguro contra posibles desplazamientos forzosos y también les permitió mantener identidades transnacionales y vínculos, ya que facilitó viajes al extranjero y de regreso a Australia. Como señaló un joven de Etiopía: “Ahora me siento más cómodo. Si pasa algo, no voy a ir a ninguna parte. Soy australiano... Tengo esa seguridad”.

Algunos factores relacionados con niveles percibidos de salud más elevados a lo largo del tiempo fueron más años de escolaridad antes de la llegada, mayores niveles de autoestima, no haberse mudado de casa el año anterior y mayor apoyo social. Una fuerte identidad étnica se relacionó de manera positiva con la felicidad. Los participantes que habían experimentado discriminación se calificaron a sí mismos con un puntaje significativamente menor tanto en el estado de salud como en los niveles de felicidad. Es importante destacar que, entre los ocho y los nueve años después de la llegada, la inclusión o la exclusión social seguían teniendo un impacto significativo en la salud y la felicidad, con niveles promedio más altos de salud y felicidad entre los que reportaron experiencias de inclusión social (y viceversa).

Asistir a la escuela y recibir educación es una de las oportunidades más deseadas entre los jóvenes refugiados reasentados. Una joven de Sudán afirmó: “Quiero terminar la escuela y conseguir un buen trabajo y formar una familia”. Sin embargo, existen numerosos obstáculos que impiden que los jóvenes refugiados acaben la educación secundaria. Entre los ocho y nueve años después de la llegada, el 62 % de los participantes había terminado la escuela secundaria. Sin embargo, aquellos que eran mayores al momento de la llegada, habían sufrido discriminación en Australia o habían experimentado embarazo adolescente y paternidad temprana, lo que apunta a que tuvieron menos posibilidades de completar la escuela secundaria. Es importante remarcar que los jóvenes que indicaron que no habían experimentado discriminación en Australia tuvieron casi cinco veces más probabilidades de completar la escuela secundaria que aquellos que dijeron que sí la habían sufrido.

No existe una trayectoria de empleo típico para los jóvenes refugiados. En este cohorte, según las entrevistas de seguimiento que se llevaron a cabo en 2012-2013, el 45 % de los participantes tenía empleo, la mayoría en trabajos informales o a tiempo parcial entre los que se pueden mencionar el cuidado de niños, la seguridad, el cuidado de ancianos y las ventas al por menor. Una cantidad similar se dedicaba de manera simultánea o de forma alternativa a continuar con sus estudios, lo que incluye tanto títulos universitarios como de formación profesional. Otros se dedicaban a cuidar a los niños o a los padres, o buscaban empleo. Un joven de Etiopía explicó: “No quiero ser como la gente de menor nivel a mi alrededor. Como por ejemplo, las personas que están desempleadas... No quiero eso para mí. Quiero tener una buena calidad de vida”.

En particular, debido a la presión que ejercen las responsabilidades financieras de la familia en Australia y en el extranjero, varios jóvenes informaron que aceptaron trabajo no calificado —en lugar de continuar con sus estudios— para así generar ingresos inmediatos. Entre los ocho y nueve años después de la llegada, el 90 % de las mujeres jóvenes y el 54 % de los hombres jóvenes señalaron que una parte o la mayoría de sus ingresos se enviaba para apoyar a la familia en el extranjero.

Algunos factores que ayudaron a los jóvenes a conseguir un empleo deseable incluían los siguientes: apoyo emocional y práctico de los miembros de la familia; contactos personales, como profesores, compañeros refugiados y no refugiados, proveedores de servicios y miembros de comunidades étnicas que actuaron como fuentes de información de itinerarios y oportunidades de empleo; lectoescritura en inglés; y programas formales de transición que les ayudaron a ingresar a cursos universitarios.

Para 2012-2013, un tercio de los participantes había visitado su país o región de origen. De los participantes que aún no habían vuelto, el 61 % esperaba hacerlo en el futuro, mientras que el resto no tenía intenciones de realizar una visita. Las razones de las visitas incluían hacer turismo, ver a la familia, asistir a bodas, conectarse con su patria y contraer matrimonio. Un joven que nació en Sudán fue a Eritrea, su patria ancestral; recordó: “En realidad estaba en el país de donde realmente vengo, donde está mi pueblo; fue una sensación que nunca antes había sentido y fue algo bueno”. Las visitas de retorno ofrecieron una oportunidad valiosa para renovar y mantener los vínculos con la tierra natal. Sin embargo, ningún participante expresó su intención de regresar de manera permanente, y las visitas de retorno no deterioraron su sentido de pertenencia a Australia.

Conclusiones

Entre los ocho y nueve años después haber llegado a Australia, la mayoría de las personas jóvenes reasentadas en el estudio “Good Starts” demostró una orientación positiva y con aspiraciones hacia la vida en Australia, que incluye una percepción de sentirse cuidados, valoraciones positivas sobre su salud, felicidad y calidad de vida y un compromiso para convertirse en ciudadanos australianos y planear un futuro en su país de asentamiento. Los factores que permiten estos resultados —así como otros resultados más prácticos como el logro educativo y ocupacional— se vinculan con experiencias anteriores y posteriores al reasentamiento. Entre los factores anteriores al reasentamiento que hicieron que el establecimiento tuviera resultados positivos se incluyen la edad menor al momento de la llegada y más años de educación antes de la migración; la etapa posterior al asentamiento, las redes sólidas y el apoyo social tienen un impacto poderoso; además, se valora mucho la fuerte identidad étnica. Las experiencias de discriminación tienen el efecto adverso más significativo en la salud y el bienestar percibidos y el desarrollo de la educación.

Por lo tanto, es fundamental resolver la discriminación, aumentar las vías a través de las cuales los jóvenes refugiados pueden acceder a bienes sociales y a oportunidades como la educación y el empleo, y promover vínculos con las personas y el lugar. Esto aumentará la eficacia de los programas de reasentamiento de refugiados a largo plazo, y apoyará a los jóvenes refugiados para que puedan lograr sus aspiraciones y alcanzar futuros positivos.

 

Celia McMichael celia.mcmichael@unimelb.edu.au

Profesora, Escuela de Geografía, Universidad de Melbourne http://geography.unimelb.edu.au/

 

Caitlin Nunn caitlin.nunn@durham.ac.uk

Investigadora adjunta internacional junior, Escuela de Ciencias Sociales Aplicadas, Universidad de Durham; Investigadora adjunta, Centro para la Diversidad Cultural y el Bienestar, Universidad Victoria, Australia www.dur.ac.uk/sass/

 

Ignacio Correa-Velez ignacio.correavelez@qut.edu.au

Profesor asociado, Escuela de Salud Pública y Trabajo Social, Universidad de Tecnología de Queensland www.qut.edu.au/health/about/schools/school-of-public-health-and-social-work

 

Sandra Gifford sgifford@swin.edu.au

Profesora de Antropología y Estudios sobre Refugiados, Instituto de Investigación Social de Swinburne, Universidad de Tecnología de Swinburne www.swinburne.edu.au/research/institute-social-research/



[1] Gifford, SM, Correa-Vélez I y R Sampson (2009) Good starts for recently arrived youth with refugee backgrounds: Promoting wellbeing in the first three years of settlement in Melbourne, Australia [Buenos comienzos para jóvenes refugiados recién llegados: la promoción del bienestar durante los primeros tres años de asentamiento en Melbourne, Australia]. Centro de Investigación de Refugiados de La Trobe http://apo.org.au/node/34674 y McMichael, C, Nunn, C, Gifford, S y Correa-Velez, I (2014) “Studying refugee settlement with longitudinal research: methodological and ethical challenges from the Good Starts study” [El estudio del asentamiento de refugiados con una investigación longitudinal: desafíos metodológicos y éticos del estudio “Good Starts”] Journal of Refugee Studies, 28(2) http://jrs.oxfordjournals.org/content/28/2/238.full.pdf+html

 

 

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