Los refugiados tamiles de Sri Lanka en la India: ¿retorno o integración?

En el caso de los refugiados tamiles, las consideraciones relacionadas con la sostenibilidad afectan a su decisión de quedarse en la India o regresar a Sri Lanka. Sus opiniones y aspiraciones deben ser el pilar en el que se basen tanto la planificación de la integración como la de la repatriación.

Son varios los momentos en los que los refugiados tamiles de Sri Lanka han llegado al estado de Tamil Nadu, en el sur de la India. Algunos llegaron hace 30 años, otros en el punto álgido de la guerra civil de Sri Lanka a mediados de la década de 2000. Actualmente, más de 62 000 refugiados tamiles viven en 107 campamentos repartidos por todo Tamil Nadu, y algo menos de 37 000 refugiados lo hacen fuera de ellos. Aunque los refugiados tienen derecho a visados de residencia y permisos de trabajo, el vivir de forma prolongada en los campamentos no les conduce a la resiliencia ni al empoderamiento, y consideran que están en un limbo al no pertenecer ni a Sri Lanka ni a la India y que no pueden seguir adelante con sus vidas. Los refugiados tamiles —especialmente los jóvenes— desean que se les desvincule de la etiqueta de “refugiados”, algo que, en su opinión, mejoraría su calidad de vida, la de sus familias y la de sus comunidades.

Para los refugiados tamiles en la India existen dos opciones sostenibles a largo plazo: la repatriación o la integración local. El reasentamiento ha dejado de ser una opción, ya que ahora parece que la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) da prioridad a otros colectivos de refugiados con mayores necesidades de protección. Algunos refugiados desean quedarse en la India para tratar de asegurarse la ciudadanía allí; otros expresan su deseo de regresar a Sri Lanka, pero solo cuando las condiciones mejoren. En Sri Lanka, las divisiones y el resentimiento entre las dos principales comunidades étnicas hunden sus raíces en la discriminación y algunas de estas prácticas discriminatorias siguen imperando. Los refugiados tamiles manifiestan incertidumbre y reservas con respecto a su capacidad de ganarse la vida, de acceder a la tierra y de encontrar seguridad si regresan a Sri Lanka.

Desde 2014, a falta de un acuerdo tripartito entre la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) y los gobiernos de la India y Sri Lanka y a petición de los refugiados, ACNUR ha estado facilitando —pero sin promoverla activamente— la repatriación voluntaria de refugiados de Tamil Nadu a Sri Lanka[1]. Sin embargo, la decisión de regresar o quedarse depende de numerosos factores.

El acceso a la información: Es vital que las decisiones acerca del retorno estén bien fundadas. Actualmente, el gobierno indio evita informar a los refugiados sobre la situación en Sri Lanka. Pero mientras tanto, algunas organizaciones de Sri Lanka plantean una información excesivamente optimista que atiende a sus propios objetivos políticos. La información más precisa para los refugiados provendría de sus familiares que continúan allí. Un refugiado lo describió de la siguiente manera: «Estamos en contacto con nuestros familiares; algunos son desplazados internos. Mi hijo me dice que vuelva, pero aún no, cuando pase un tiempo»[2].

También se observa una carencia de estudios fiables sobre las aspiraciones de las diferentes poblaciones que viven en los campamentos. Por ejemplo, se cree que a los llamados “tamiles de las plantaciones” —descendientes de los jornaleros de las plantaciones de té en las zonas montañosas centrales de Sri Lanka— les gustaría quedarse en la India, aunque son necesarias más investigaciones sobre este tema. Una encuesta a las distintas poblaciones desplazadas en diferentes momentos, junto con más consultas a los líderes de los refugiados alojados en los campamentos, mejoraría la comprensión de los investigadores acerca de las aspiraciones e intenciones de estos distintos colectivos.

El retorno de sus pertenencias: Actualmente, la repatriación ofrecida por el ACNUR se da por vía aérea e incluye una franquicia de equipaje de solo 60 kg. Para algunos esto ya supone razón suficiente para no regresar porque han acumulado muchas pertenencias después de años en el exilio. Muchos refugiados estarían dispuestos a regresar a Sri Lanka si se les proporcionara un barco para transportar sus pertenencias como parte del proceso de repatriación.

El acceso a la tierra: Algunos refugiados descubren cuando regresan que sus tierras han sido ocupadas por otros, incluidos el gobierno y los militares de Sri Lanka, como en Mullaitivu, donde tanto los repatriados de la India como los desplazados internos luchan por recuperar sus tierras de manos de las fuerzas armadas. Ya en 2017 protestaron durante tres meses contra esta ocupación.

El acceso a los medios de vida: Los refugiados que han emprendido programas de formación profesional durante el desplazamiento cuentan cómo esto les ha ayudado a ser autosuficientes, valientes, seguros de sí mismos y colaborativos, y algunos indican que estas formaciones les motivan a ayudar a los demás. Muchas mujeres refugiadas aseguran que la formación profesional les ha permitido escapar de la expectativa cultural de que las mujeres han de quedarse en el hogar. Una mujer explica cómo rompió con esta tradición:

«Le pedí prestadas 200 rupias a mi vecino y abrí una pequeña tienda con cuatro vasos y un bloque de piedra que servía de mesa. En un día gané 400 rupias, así que empecé a reinvertir. Ahora tengo una tienda de ultramarinos a la entrada del campamento, cuyo valor es de 80 000 rupias. El mayor reto para mí ha sido convertirme en una mujer independiente y ser aceptada como tal».

Pero los refugiados también comparten su reserva a regresar sin perspectivas de poder ganarse la vida. Otros retornados les han advertido de que, a menos de que dispongan de capital suficiente y tengan capacidad para montar un negocio, sería mejor que pospusieran su regreso.

El acceso a la educación: Otra preocupación es la incertidumbre que tienen sobre las perspectivas educativas de sus hijos. Por ejemplo, a los refugiados les gustaría que sus hijos terminaran sus estudios en la India, ya que las posibilidades de acceder a la educación superior en Sri Lanka parecen poco favorables para los tamiles. Hay tres universidades en el norte de Sri Lanka, lejos de los hogares de muchos retornados y, si bien muchos cingaleses de Sri Lanka son admitidos, los tamiles se enfrentan a discriminación por razones étnicas. Solo los retornados tamiles que pudieran obtener ayuda del extranjero podrían conseguir que sus hijos accedieran a la educación superior a través de instituciones privadas.

La seguridad y el seguimiento de las condiciones de seguridad: Según el ACNUR, todos los refugiados que regresan a través de la repatriación facilitada, así como los que vuelven de forma espontánea pero se registran en dicho organismo, deberían beneficiarse de un año de vigilancia de la situación de protección[3]. A pesar de ello, los refugiados que regresan —especialmente los que huyeron de las atrocidades hacia el final de la guerra en 2009— han expresado recelo por su seguridad, incluso temor de que se les crea vinculados a los Tigres de Liberación del Ílam Tamil (TLIT).

Recomendaciones

Hay muchos detalles que deben tomarse en consideración tanto en un plan de repatriación como en un plan de integración. Para que haya entendimiento, los actores implicados deben escuchar más atentamente cuáles son las esperanzas, los temores y las aspiraciones de los refugiados que, junto con los estándares internacionales que regulan el retorno, pueden contribuir a dar forma a un marco de respuesta y a unos principios de actuación. Solo entonces los refugiados podrán regresar con dignidad y seguridad. Las siguientes recomendaciones resumen algunas de las acciones que podrían contribuir.

El ACNUR debería actuar como organismo consultor del gobierno indio para asistirle en la formulación de un plan estratégico que concediera la ciudadanía a los refugiados que deseen quedarse e integrarse en la India. Muchos de los refugiados, sobre todo los de las plantaciones, desean convertirse en ciudadanos indios para no acabar siendo apátridas. Al concederles la ciudadanía, el gobierno central y los gobiernos estatales de la India podrían cerrar los campos de refugiados en Tamil Nadu, lo que supondría un ahorro de US$17 millones anuales, un dinero que podría invertirse en ayudar a los refugiados a montar pequeños negocios con el fin de facilitar su integración. Estos planes de desarrollo también podrían beneficiar a las comunidades locales indias.

En colaboración con el Gobierno de Sri Lanka y el conjunto de ONG, el ACNUR también debería crear un plan de repatriación responsable que abordase la seguridad física, el acceso a la tierra y a las oportunidades laborales, y que facilitase la reintegración y la continuidad de la educación (incluida la superior). Esto debería incluir el reconocimiento de las titulaciones y la acreditación del profesorado y del alumnado que haya recibido su formación en la India. Sería necesario aumentar las oportunidades formativas para los jóvenes, incluidos los chicos. Los jóvenes refugiados necesitan información sobre las oportunidades laborales en Sri Lanka, y los programas formativos deben reorientarse y pasar de los conocimientos tradicionales a desarrollar competencias para los sectores de la informática, la salud, la educación y otros similares. A los refugiados que planeen regresar, se les debería orientar para identificar dónde pueden acceder a buenas oportunidades formativas en Sri Lanka.

La necesidad de reconciliación debería integrarse en todos los programas y actividades llevados a cabo en Sri Lanka mediante la educación para la paz tanto en entornos formales como en informales. Las organizaciones locales e internacionales, en colaboración con los líderes religiosos y comunitarios, deben generar confianza y promover la reconciliación no solo entre las comunidades tamil y cingalesa, sino también entre los retornados y las comunidades de acogida. Asimismo, debería priorizarse la cuestión de la propiedad de la tierra. Un organismo supranacional —que reúna a los donantes y a los organismos de las Naciones Unidas— debe persuadir al Gobierno de Sri Lanka para que devuelva las tierras a los repatriados con el fin de evitar tensiones y potenciales conflictos[4].

Si bien es cierto que la situación de la seguridad de los tamiles en Sri Lanka ha mejorado, el gobierno indio y los gobiernos donantes deberían animar al de Sri Lanka a que siga aumentando las condiciones de seguridad y a que reduzca las prácticas discriminatorias. El ACNUR debería llevar a cabo un seguimiento sistemático de la protección de los repatriados, incluido su acceso a la tierra y a los medios de vida ya que de no abordarse, podrían ser fuente de posibles tensiones y, por otro lado, tienen el potencial de servir de base para una solución real y sostenible. De la misma forma, debería garantizarse que los derechos de los repatriados sean respetados y que se consolide la seguridad y la no discriminación en el acceso a los servicios sociales.

Si se da prioridad a la coordinación y se tienen en cuenta estos múltiples puntos de vista, los refugiados podrán conseguir una vida mejor para ellos y para sus familias, con independencia de que decidan quedarse en la India o de que opten por el retorno.

 

Amaya Valcárcel Silvela avalcarcel@comillas.edu
Doctoranda, Instituto Universitario de Estudios sobre Migraciones (IUEM), Universidad Pontificia Comillas www.comillas.edu

 

[1] ACNUR (2016) Sri Lankan Refugee Returnees in 2015 www.unhcr.org/en-lk/5bbb31064.pdf

[2] Todas las citas proceden de entrevistas realizadas por la autora a refugiados (anónimos, por razones de seguridad).

[3] ACNUR (2016) Sri Lankan Refugee Returnees in 2015 www.unhcr.org/en-lk/5bbb31064.pdf

[4] Como se hizo en Ruanda. Véase Bruce J (2007) Drawing a line under the crisis: Reconciling returnee land access and security in postconflict Rwanda, HPG
www.odi.org/sites/odi.org.uk/files/odi-assets/publications-opinion-files/4174.pdf

 

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