Límites de género en el programa de aldeas para repatriados en Burundi

Aunque oficialmente la repatriación de refugiados se considera un retorno a las fronteras de su país de ciudadanía, "el hogar" para los repatriados debe analizarse con otros parámetros. El género y el parentesco se cruzan con muchos otros factores importantes en las diferentes experiencias de retorno.

Después del conflicto en 1972, y tras una larga década de guerra civil que comenzó en los noventa, alrededor de un millón de burundeses buscaron refugio en países vecinos, en especial Tanzania. Tras la firma de los acuerdos de paz en el año 2000, los posteriores alto al fuego y los cambios en la políticas de asilo regionales y mundiales, más 700 000 refugiados regresaron a Burundi entre 2002 y 2009.

El programa de Aldeas Rurales Integradas (VRI, por sus siglas en francés) de Burundi se creó para satisfacer el refugio inmediato y otras necesidades humanitarias de los refugiados que ya no eran capaces de acceder a su tierra, no estaban seguros de la ubicación del terreno o simplemente no poseían tierra alguna. Las autoridades lo veían como un medio para contribuir a la reconstrucción, al desarrollo sostenible a largo plazo, a la consolidación de la paz y a la cohesión social en un contexto posconflicto. En cambio, generó una situación que muchos repatriados vivieron como desplazamiento constante incluso en su país de ciudadanía y causó sentimientos de decepción, abandono y distancia social de la familia y de la sociedad burundesa.

El regreso a un país de origen, al igual que el desplazamiento en sí, puede tener diferentes efectos en hombres y mujeres, y puede afectar o ser afectado por las relaciones de género existentes, cuando los individuos, las familias y las comunidades vuelven a negociar y a establecer sus vidas en lugares nuevos. Si bien muchos otros factores, como la falta de paz verdadera en el ámbito nacional, contribuyen al fracaso de estas aldeas, se pueden aprender lecciones importantes sobre el género y las transiciones mediante las formas en que se transformaron las relaciones de género y parentesco por el retorno y el reasentamiento en aldeas, lo que hizo más vulnerables a ciertos repatriados.

El primer programa de "aldeas de paz" en 2004 ofreció alojamiento, pero muchos de los habitantes no podían acceder de forma adecuada a los servicios básicos. El programa de VRI posterior adoptó un enfoque más holístico, al proporcionar tierra —aunque muchas familias aún tenían que recibir tierras cultivables— e incluir varios proyectos de apoyo, con la expectativa de una integración sostenible a largo plazo para los repatriados en un entorno mayormente agrario y con oportunidades de tierra y medios de subsistencia limitados.[1]

Los programas de creación de aldeas no son nuevos en esta región de África y han sido criticados en varias ocasiones por el modo en el que modificaron el uso de los recursos, con efectos perjudiciales en los entornos circundantes y la división del trabajo en función del género. Por ejemplo, una mayor cantidad de personas hace que la tarea cotidiana de recoger leña sea más difícil, ya que todos los residentes de la aldea deben caminar largas distancias para buscar madera, comparado a lo que debían hacer cuando vivían en casas rurales dispersas. La recolección de la leña se considera una tarea que corresponde a las mujeres, como en Burundi, lo que crea un impacto de género muy claro.

La cantidad de mujeres

El análisis de género en el programa VRI parece haberse limitado en gran parte a apuntar a la paridad de los géneros en las actividades. En un comunicado difundido por el personal de varias agencias, un empleado de la agencia de la ONU declaró: "Teníamos temas transversales como el género; ...en la identificación de beneficiarios [...] al menos el 50 % debía ser mujer".

Por lo general, se supone que hay más mujeres que hombres en las poblaciones de refugiados, pero cuando se realizó un conteo había casi la misma cantidad de burundeses refugiados de ambos sexos en Tanzania en la década de 1980.[2] Esto hace que los resultados del conteo de las mujeres en este programa de creación de aldeas sean aún más sorprendentes, porque hay muchas más mujeres que hombres en los VRI. Esto se debe en gran medida a los objetivos de paridad ya mencionados y a la consiguiente inclusión de los hogares encabezados por mujeres. Mientras que los hogares encabezados por hombres a menudo también cuentan con mujeres adultas, la mayoría de los hogares encabezados por mujeres no incluyen hombres adultos.

Tanto los pobladores de las aldeas como el personal del programa conjeturaron que la razón de la gran cantidad de mujeres en los pueblos se relacionaba con las leyes y las prácticas de herencia de tierras para las mujeres. La mayoría de las mujeres no hereda la tierra de sus padres, las viudas no heredan la tierra de sus cónyuges y las mujeres divorciadas en general no tienen derecho sobre la tierra de sus exmaridos. Los efectos de la herencia de tierras en función del género no solo afectó a las mujeres, sino que también determinó la presencia de muchos hombres, incluidos aquellos cuyas madres estaban divorciadas, o aquellos que no fueron reconocidos por sus padres y, por lo tanto, no tenían derecho a heredar tierra.

Es cierto que el programa VRI les proporcionó viviendas en Burundi a las mujeres que de otra forma no habrían podido tener acceso a una casa propia luego del retorno. Sin embargo, el hecho de que más mujeres se ven afectadas por la repoblación se vuelve problemático debido a los retos desproporcionados de reintegración y el restablecimiento de los medios de subsistencia que enfrentan las mujeres en este programa de reasentamiento.

La mano de obra en función del género

La presencia de una gran cantidad de pobladores sin tierra aumentó el suministro de trabajadores agrícolas, por lo que las oportunidades de trabajo asalariado en las aldeas circundantes son escasas. Los salarios han disminuido, y para satisfacer sus necesidades básicas, muchas familias dependen de la migración laboral de algunos de sus miembros a otras regiones de Burundi o a Tanzania. Como es más probable que las mujeres se encarguen de los hijos, tienen menos posibilidades de migrar por motivos laborales. En consecuencia, los hogares encabezados por mujeres no tienen acceso a fuentes de ingreso que son fundamentales para la supervivencia de otras familias.

Las mujeres repatriadas destacaron la transición de los medios de subsistencia establecidos a lo largo de los años en Tanzania, donde tenían mayor acceso a la tierra y a los recursos, o tenían derecho al régimen humanitario distributivo en los campamentos de refugiados que aseguraba las necesidades básicas de la vida diaria. Según los reasentados, la incapacidad de suministrar comidas de forma permanente a sus familias estaba vinculada a las expectativas basadas en género respecto del papel de la mujer en el hogar, la mano de obra en función del género y las formas en las que las experiencias previas determinan la percepción y las expectativas de la vida en la aldea.

Algunos factores relacionados e importantes para muchos repatriados fueron: si consideraban a la aldea dentro de su región de origen y si tenían familiares en la región a la que volvían. Los repatriados para los cuales la aldea de reasentamiento se encuentra cerca de sus familiares destacaron la importancia de la familia en el acceso a la tierra para cultivar, las oportunidades de trabajo remunerado o mutuamente compartido para cultivar y construir, cuidar a los niños, atender a los enfermos y participar en ceremonias. Sinarizi, un repatriado en una de las aldeas, describió cómo fue reubicarse lejos de su región de origen: "... aquí seguimos viviendo como refugiados, a pesar de que había una aldea cerca [nuestro lugar de origen] donde fácilmente podíamos haber tenido familiares . ... Llevo cinco años aquí y nunca he visto a alguien [de mi familia] que viniera de visita. … La ONU, junto con los Gobiernos de Tanzania y Burundi, dijeron que cada persona volvería en la dirección de su provincia de origen. Es por eso que nos pareció interesante, porque queríamos volver, queríamos ver nuestra casa. … Porque una persona no puede sembrarse como si fuera una semilla."

 

Yolanda Weima yweima@gmail.com

Doctoranda, Universidad de York (Toronto) www.yorku.ca

La investigación en la que se basa esta obra fue financiada a través de un programa canadiense de becas de posgrado del Consejo de Investigación de Ciencias Sociales y Humanidades de Canadá.


[1] Véase Falisse J-B y Niyonkuru R C (2013) "Aldeas de paz para repatriados en Burundi", Revista Migraciones Forzadas n.º 43 www.fmreview.org/es/estadosfragiles/falisse-niyonkuru.html

[2] Daley P (1991) ‘Gender, displacement and social reproduction: Settling Burundi refugees in Western Tanzania’ [Género, desplazamiento y reproducción social: el establecimiento de refugiados burundeses en el oeste de Tanzania], Journal of Refugee Studies, 4 (3) http://jrs.oxfordjournals.org/content/4/3/248.abstract

 

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